Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Maldición De La Tumba Olvidada Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos me llamo Joaquín. Me agradan las historias de terror y hasta hace poco conocí este canal. La razón por la que me gusta mucho es porque muchas de las experiencias relatadas se parecen a las que hemos vivido algunos amigos y yo por esta vez quisiera contarles una que me pasó a mí. Suelo tener una personalidad un tanto extrovertida. Me gusta estar de fiesta, salir a explorar y buscar retos día a día. No suelo quedarme quieto en un solo lugar. No me gusta y mucha gente, e incluso familia, me ha comentado que debo parar por un tiempo más que nada, que tengo que llevar las cosas a un ritmo más tranquilo. A mí siempre me parecen tonterías todo lo que me dicen. Pero como consecuencia de mi forma de ser y por un acto tan irrespetuoso hacia un sepulcro sagrado en un cementerio de mi colonia, tuve la mala fortuna de cargar con una maldición. Recuerdo bien, cuando todo comenzó fue una tarde nublada de un fin de semana. Apenas acababa de terminar de llover y el ambiente estaba húmedo. Vivo en un poblado llamado San Sebastián, un antiguo poblado allá por nayarit Debido a las condiciones alejadas en las que vivimos de la ciudad, llegamos a tener nuestro propio campo santo y por eso no hay necesidad de enterrar a nuestros muertos. En otro lugar. Me encontraba caminando por este antiguo panteón. Tenía tiempo sin visitar el lugar, pues no me agradaban mucho los panteones. Sin embargo, hace unos meses había fallecido un amigo y no tuve la oportunidad, o mejor dicho las ganas, de ir a darle el último adiós. Después de un tiempo reuní el valor para hacerlo. No suele ser un lugar concurrido, incluso se puede considerar como un lugar envuelto en silencio y misterio. Por eso se han creado un sinfín de historias del lugar. Tenía pensado sólo que darme algunos minutos frente a la tumba de mi amigo. Había traído conmigo una botella de refresco, la cual vertí sobre su tumba, pues yo sabía que le gustaba mucho y disfrutaba de tomarla. Me sentía algo extraño al estar platicando al viento mis problemas sin obtener una respuesta a cambio, pero de alguna manera llegué a sentirme cómodo. Al quedarme ahí, sentía como si mi amigo estuviera a un lado mío escuchando y cuando menos me di cuenta ya faltaba poco para anochecer. Me sentía algo intrépido y pensé que sería una buena idea que darme tarde y esperar a ver qué sucedía, más que nada, verificar si alguna de las tantas historias que se contaban del lugar me llegaría a pasar. Así que me quedé hasta que por fin, la oscuridad gobernó todo el campo Santo. Caminé por unos momentos a ciegas mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad y la luz de la luna iluminaba todo el lugar. No fue mucho lo que esperé, así que empecé mi recorrido nocturno y me di cuenta de que había varias veladoras aún encendidas. Siendo honesto, no me percaté de eso en ningún instante, pero al cabo de un rato noté que varias de ellas aparecieron encendidas. Como por arte de magia. Ya llevaba un buen tramo recorrido sin ninguna novedad. De hecho, me empezaba a aburrir cuando me percaté de una tumba en particular, una que me llamó mucho. La atención parecía olvidada, sin ningún arreglo o veladora. Realmente se le veía muy triste a ese rincón en el que estaba pareciera que no le habían dado mantenimiento desde hace siglos. Se podía notar el musgo y hongos creciendo a los lados. Tenía las señales claras de que se trataba de una tumba abandonada. El nombre del difunto apenas ser alegible, pero al raspar bien me di cuenta de que la persona que estaba en ese lugar, era muy joven y realmente tenía un siglo de muerto. De pronto, una sensación terrible en mi espalda hizo que me estremeciera allí. Entonces escuché que detrás de mí alguien respiraba agitadamente. Me di la vuelta esperando encontrar a alguna persona, pero no fue así. Pero luego una voz sepulcral me dijo vete de mi hogar. Esto provocó que yo me sobresaltara y me molestara. Sin duda había experimentado algo, pero aparte de sentirme asustado, también me sentía molesto y me dejé llevar por esa sensación y pateé con fuerza a la tumba. Además de eso, le grité un par de groserías y acto seguido, me di la media vuelta y salí de ahí tan rápido como pude. Apenas me alejé unos metros cuando un viento helado sopló a mi alrededor de nueva cuenta. Un horrible escalofrío recorrió mi cuerpo. En eso tuve una inquietad dura sensación de que algo estaba justo detrás de mí. Podía percibir una extraña presencia y sabía que sí me volteaba, me toparía con algo de lo cual me arrepentiría el resto de mi vida, así que me dispuse a correr ahora hacia la salida. Pero aún así esa horrible sensación me perseguía a donde fuera. Ya estaba por llegar a la salida. Cuando tuve el valor de voltear hacia atrás. Ya no percibía que algo me siguiera. Ya no sentía esa presencia tan abrumadora que me perseguía, pero en cuanto sentí que la había librado una fuerza extraña, cayó sobre mis hombros haciéndome caer al suelo. Apenas podía levantarme sentía como si algo estuviera sentado sobre mí y no podía erguirme con mucha facilidad. Miraba a mi lado y no se veía nada. Tomé las pocas fuerzas que me quedaban y salí de ahí como pude y al cruzar la puerta del Campo Santo, tuve una sensación de libertad que me ayudó a escapar. Sin siquiera saber lo que había provocado. Traté de convencerme de que lo que había pasado no había sido nada más que mi conciencia. Así que al llegar a casa, procuré dormir, pues me sentía muy agotado y no tenía ganas de hacer varias cosas. Era como si mi energía hubiera sido drenada de la nada y yo apenas caminaba por inercia. Abrí la puerta de la casa y en cuanto vi el sofá me acosté boca abajo y caí en un profundo sueño. No sé cuánto pasó desde que llegué a casa hasta que me desperté, pues no presté atención a la hora en que caí dormido. Pero lo que me despertó fue un aliento caliente. Resoplando en mi nuca. Me di la vuelta y no había nada ahí Me levanté aún agotado y con pocas fuerzas. Todo estaba a oscuras. Imaginé que mi madre ya se había ido a dormir, así que me acerqué al reloj de la pared y me di cuenta de que apenas pasaban unos minutos después de las tres de la madrugada. Apenas tengo recuerdos de haberme ido a dormir a mi habitación por la noche. Tuve una pesa de lla horrible. No tenía control sobre mi sueño y no podía despertarme algo. Se había apoderado de mis sueños y había una criatura muy alta frente a mí, que me hablaba en un idioma que no comprendía y de pronto desperté sudando frío y mi corazón estaba muy acelerado. No me sentía del todo bien. La cabeza me daba vueltas a tal grado que fui a vomitar al baño. Me sentía muy desorientado e incluso me era complicado distinguir entre la realidad con lo que estaba soñando. Pero la pesadilla fue lo de menos. Al siguiente día experimenté algo que me convenció que algo estaba ocurriéndome. No sé si en algún momento les ha llegado a suceder que se sienten tan cansados que no pueden dormir el mismo cansancio te mantiene despierto, pues esa era la sensación que tenía en ese instante. Fue tanto así que mejor me levanté, pues estaba dando vueltas en la cama. Me senté un momento en la sala a ver televisión, me serví un poco de agua y coloqué el vaso justo al la la mitad de la mesa. Cuando me dio sed me incliné para tomar el vaso, pero el vaso se alejó de mi mano. Ni siquiera lo había tocado con las puntas de mis dedos, y éste se alejó de mí como si fuera un imán, repeliéndose de mí los objetos que comenzaron a mover por sí solos en la cocina. No le encontraba ninguna explicación lógica, así que traté de convencerme que todo se debía a que no había descansado debido a las pesadillas. Así que decidí poner algo de música tranquila y relajarme un poco acostado en mi sillón. Mis ojos temblaban era como si estuviera bajo el efecto de algún medicamento o de alguna hierba. Apenas si podía mantenerme consciente. Realmente me costaba mucho trabajo mantenerme en un estado de alerta. De pronto comencé a escuchar susurros inquietantes. Muy cerca de mi rostro. Abría los ojos, pues me asustaban. Era como cuando uno de mis sobrinos me hablaba muy cerca de mi oreja, pero estos susurros apenas si los escuchaba, pues eran en voz baja. Definitivamente no me estaba relajando, así que apagué todo y preferí salir de casa. A pesar de la hora. Me ayudó bastante salir a caminar. Me relajé mucho, así que, en vez de regresar a casa, preferí ir a visitar a uno de mis amigos que vive muy cerca a mí, que yo sabía que aún estaba despierto. Apenas llegué a su casa. En cuanto quise entrar por el cáncel, hubo algo que me detenía y no me dejaba avanzar. Empecé a gritar desesperado. Mi amigo se dio cuenta de que yo estaba fuera de su casa y me pidió que entrara, pero le comencé a decir que no era posible, que algo no me dejaba pasar. Obviamente, esto le pareció bobo, pues la puerta era más grande que yo fue por mí a la entrada y lo miró él mismo. Era como una especie de campo de fuerza que no me dejaba seguir avanzando. Mi amigo me preguntó si me pasaba algo, pero me dio bastante pena comentarle lo que había hecho en el panteón, que mejor preferí con tarle una mentira. Me di cuenta que, al parecer, sólo podía entrar a mi propia casa. Apenas amaneció. Fui a comprar algunos víveres a la tienda, pero me pasó igual que con mi amigo. Por alguna razón sentía un peso enorme sobre mis hombros, el cual se desvanecía cuando llegaba a casa. El día transcurrió y yo no mostraba alguna mejoría. Me di cuenta que mi salud comenzó a deteriorarse rápidamente. El insomnio se convirtió en el principal problema. Apenas cerraba los ojos para descansar. Podía sentir que alguien estaba a un lado mío y comenzaba a hablarme. Mis amigos principalmente notaron mi cambio drástico. Mi rostro se volvió pálido y demacrado, mis ojos se hundieron en las órbitas y mi voz se volvió ronca y temblorosa. No pude guardarlo más, así que les expliqué lo que me estaba sucediendo a consecuencia de lo que parecía ser faltarle el respeto a la tumba abandonada. Mi amigo con el que inicialmente había ido ido a ver me ayudó a buscar ayuda con un chamán. Resultó ser un especialista en el tema y, al parecer, tenía una solución a mi pesar. Aunque me advirtió sobre la maldición que había desatado al faltarle el respeto a la tumba olvidada, todo parecía indicar que traía al muerto encima y por eso no podía ingresar a diversos lugares. Por esas razones por la que siempre me sentía agotado. Al final de cuenta, me comentó que mi falta de consideración había perturbado el descanso eterno del fallecido el chamán me instó a pedir perdón y realizar un rito de purificación para liberarme de la maldición. Sin embargo, me dejó muy en claro que bien podía o no servir este ritual debido a que podía tratarse de un espíritu antiguo, era probable que guardara rencor por un buen tiempo. Aún así. Siguiendo sus indicaciones, me dirigí nuevamente al campo Santo a la noche siguiente, A pesar de que mis amigos me insistieron en acompañarme, yo les comenté que esto era algo que debía hacer por mi propia cuenta y no dejar que se involucrara a alguien más en esto y que saliera perjudicado. Traía conmigo veladoras, un rosario y agua bendita por sí me servía de algo. Siendo honesto. En ese instante me arrepentí completamente de haber cometido esa tontería y de ser como era en ese instante, dentro del panteón. Con cada paso que daba podía sentir las miradas sobre mí que, aunque no veía a nadie a mi alrededor, podía escucharlos. También se escuchaban las risas de niños y mujeres. Estas provenían del interior de las tumbas y de las capillas que estaban por todas partes. Por fin llegué a la tumba olvidada, me senté a un lado para acomodar todo. Las veladoras, sin razón alguna, no podían mantenerse de pie. Además, se apagaban por sí solas y eso que no hacía nada de aire. Después de un buen rato, me dispuse a orar por el difunto y tener una planta tranquila con él, tal cual me lo recomendó. El chamán saqué el agua bendita y la rocié sobre la tumba como la había hecho con el refresco con mi amigo, sin saber si esto iba a funcionar. Por último, me arrodillé ante ella. Aún estaba temblando de miedo y arrepentimiento. Cerré mis ojos y le supliqué por el perdón al espíritu. Yo sentí que mis palabras brotaban de mi boca. Con sinceridad implorando por clemencia y prometiendo enmendar mi error. Antes de retirarme, le prometí que lo visitaría también a él. Me encaminé de regreso. Podía escuchar risas y burlas. Sabía muy bien de dónde provenían. Sentí tanto terror que tuve que huir corriendo y sin mirar hacia atrás. Las burlas se intensificaban conforme me acercaba a la puerta. En eso una ráfaga de viento helado pasó sobre mí y un susurro suave pero amenazante me hizo que me detuviera. Pude ver frente a mí la figura de un hombre con una vestimenta muy antigua y una figura que aterradora y demacrada, que se me quedó mirando atentamente hasta que se desvaneció. No sé por qué, pero algo me decía que se trataba de mi verdugo espiritual. Sentí que de alguna manera el espíritu había aceptado mi disculpa y me liberó de su ira. A partir de ese momento, tuve la sensación de que un peso enorme se me iba de mi espalda por la noche ya pude conciliar el sueño y las pesadillas cesaron, así como los fenómenos extraños dejaron de ocurrir en mi casa. Mi salud comenzó a mejorar y volví a ser el mismo de antes. Aunque todavía había un rastro de miedo en mi corazón. Sabía que tenía que cumplir con mi promesa. Hasta el día de hoy, no puedo olvidar la experiencia que viví. La maldición de esa tumba olvidada me enseñó que hay fuerzas más allá de nuestra comprensión y que no debemos burlarnos de lo desconocido. Cada vez que paso cerca de un cementerio, siento un escalofrío recorrer mi espalda recor dando la fragilidad de nuestro mundo y la importancia de respetar los límites entre la vida y la muerte. Hoy en día, aún continúa asistiendo a la tumba, a darle una visitada y a platicar relato escrito y adaptado por lengua de brujo