Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Ronda De La Muerte ( Recopilación De Hospitales #4 ) Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos Hace un año. Tuve un accidente de automóvil. Era cerca de fin de año y había decidido salir a visitar a los familiares que tengo en el Estado de Hidalgo, pues a principio de año había recuperado la comunicación con una prima que quería mucho y no había podido ver porque nuestras mamás comenzaron a tener problemas. Entre ellas me acompañaba a mi pareja Raúl, que hoy es mi esposo. Aquel día decidimos salir un lunes por la madrugada. Queríamos evitar el tráfico, así que nos fuimos a las cuatro de la mañana. En punto, Raúl me había recogido en la casa de mis papás la noche anterior ellos nos habían dicho que no iban porque sentían que mi mamá no iba a aguantar el frío del pueblo. Sinceramente sé que ella no quería ir por lo de mi tía. Ahora le doy gracias a Dios que no fuera con nosotros, porque hubieran pasado por el accidente, donde probablemente no hubieran tenido tanta suerte como nosotros. Todo iba bien. El carro de Raúl estaba en buenas condiciones. Le checamos todo llantas anticongelantes y además le había comprado unas luces nuevas a los faros. No supe que pasó porque iba dormitando a causa de que había dormido poco, pero sentí un dolor horrible cuando desperté iba en una ambulancia y después vi todo negro. Al final de muchos días pude recobrar bien el sentido. Así que supe que estaba hospitalizada por el accidente. Raúl estaba menos grave que yo sólo había recibido golpes. Tenía collarín por el choque y aunque se movía con dificultad en el momento que desperté por completo, él fue el primero que entró a ver. Al parecer, raúl había alcanzado a reaccionar y dio un volantazo hacia la izquierda, pero no había sido suficientemente rápido, porque alcanzamos a impactarnos en diagonal contra un camión golpeando justo del lado donde yo iba dormida en el asiento del copiloto. Afortunadamente, me salvé, aunque tuve que pasar por varias cirugías. Si quisiera decir que lo peor de estar en el hospital era el dolor o la atención, pero no fue así. Jamás pensé que ahí podría ver algo tan increíble y terrible que no me quedarían más dudas de la existencia del mal. No vi nada. Al momento de accidentarme. Tampoco sentí alguna presencia, como dicen las personas que casi mueren. Yo en mi cuarto vi que el demonio estaba a mi lado cuando estaba recuperándome en la cama del hospital. Nunca he sido una persona de esas que se la pasan en la iglesia. O que sigue todo lo que aprendió en el catecismo, pero hubo unos días en mi estancia en el hospital que hubiera querido salir corriendo del cuarto donde estaba, porque sé que lo que vimos mi hermana y yo no era algo de Dios. Aquello era muestra de que el demonio siempre está entre nosotros. Lo peor es que estar cerca del mal no sólo es mirarlo. El mal también temida. En aquellos momentos cuando llegó aquella mujer con una extraña enfermedad, habían pasado las cirugías de mi pierna para dejarla funcional y estaba en recuperación. Tenía dos meses en el hospital, uno en terapia intensiva, el otro en un piso en donde podía estar mi familia, mi mamá, mi hermana, mi papá y hasta raúl se turnaban para cuidarme. Hacia finales del segundo mes había podido moverme un poco más. El dolor era menos, por lo que pasaba más tiempo. Sentada poco a poco, sentía que me iba recuperando. Los doctores me decían que me estaba yendo muy bien. Yo esperaba que se cumplieran quince días más para ver si ya podía irme a mi casa. Estaba cansada de la cama, de la comida y de la gente. Era pesado estar escuchando los problemas de las personas que se quedaban a cuidar a sus familiares en las otras camas que había en el cuarto. También era soportar las quejas sin sentido o los problemas que tenían en el iste donde estuve internada, son cuartos pequeños para tres personas apenas caben las camas y si tienen suerte los familiares, hay una silla disponible para que pasen el tiempo cuidando al paciente, sin tener que estar parados todo el tiempo. Ya me había cansado de la señora que estaba al lado mío. Cada persona que venía a verla era un problema. Afortunadamente, de alguna forma había mejorado su salud, así que la habían dado de alta y sentí el gran alivio de mi vida. Me arrepiento de estar pidiéndole al cielo que esa señora se fuera pronto. Pasé unas cuantas horas de tranquilidad y silencio tras su alta hospitalaria. Era era un viernes por la noche. No pasó mucho tiempo antes de que se ocupara esa cama. Cuando llegó la señora con su hija vi que parecían personas tranquilas. La hija hablaba en voz baja a su mamá, quien parecía que iba medicada con algo fuerte, porque tenía los ojos entreabiertos muy raros. No hablaba, sólo hacía gestos para expresarse al acomodarla en la cama. Mi hermana estaba en ese momento y también se portó amable intentando ayudar, pero sentimos que ponía como una barrera, como que no quería involucrarse con nosotras. La muchacha muy seria me dijo amablemente que era la hija de Lourdes. Nos dio las buenas tardes y luego cerró la cortina que nos separaba para darnos algo de intimidad dentro del cuarto. Después de eso jamás volvió a hablar conmigo o alguien más. Además, procuraban mantener sus cortinas cerradas supe hasta después. Por qué razón aquella noche para amanecer un sábado de febrero. Pero Raúl se había quedado a cuidarme y, como yo, me sentía mucho mejor. Nos habíamos puesto a platicar de la escuela donde trabajábamos también de los pendientes y las cosas que habían pasado durante los meses que llevaba en el hospital. Raúl me decía que todo estaba bien en nuestra escuela de trabajo. Yo creo que para no preocuparme, pero sabía que nuestra directora estaba como loca a causa de haber perdido a dos maestros durante las vacaciones. También comenzamos a hablar acerca de la madrugada del accidente, mientras estábamos en ese momento tan importante, porque no habíamos querido tocar el tema del momento del accidente escuchamos unos ruidos extraños por el sonido. Pensé que estaba temblando, pero al mirar a todos lados no se movía nada aún así. Escuchaba como que algo vibraba, pero también como si crujiera, como si se torcieran algo o se tronara un metal y sentía un miedo muy profundo, como era imposible que me moviera por completo. Volteé a ver con terror a todas partes. Sentía la urgencia de moverme y escapar de ahí. Raúl fue el que se dio cuenta que pasaba. Se acercó a mí con expresión de apuro y muy bajo. Me dijo que la señora de al lado tenía algo raro. Me dijo que de repente se habían comenzado a mover sus piernas como si estuviera temblando. Me quedé en silencio. Lo miraba esperando que los ruidos pararan. Terminó aquello en unos minutos, pero sentí que fue un tiempo muy largo. Raúl se quedó callado conmigo, acomodó su silla más cerca de mí para no alcanzar a ver nada desde la posición en la que estaba. Ambos nos tomamos de las manos sintiéndonos incómodos. Escuchamos cómo la hija de la señora la atendía. Luego la escuchamos al ir hacia el pasillo para pedir que un médico fuera a revisar a su mamá. A los pocos minutos. El espacio estaba lleno de personas. El médico había llegado acompañado de otros jóvenes y el enfermero que nos atendía en ese turno nocturno. La señora, al parecer, tenía una enfermedad rara que le provocaba desmayos, algo que le ocasionaba que de repente perdía el conocimiento. En cualquier lugar, también presentaba temblores, extremos cambios de humor muy drástico. Si parecía que tenía tiempo, sin poder caminar, sin explicación médica alguna, tampoco tenía fuerza en la voz. Casi no hablaba. Ella tomaba muchos medicamentos para calmar todo lo que le pasaba. Su hija sabía todo de forma muy detallada y ella era la que informaba siempre lo que pasaba. Nos sorprendió escucharla como hablaba con el doctor, casi como un doctor con otro. No vimos nada por la cortina, pero escuchamos que aquello era algo nuevo lo que le pasaba a la señora porque su hija parecía estar angustiada. El doctor se tomaba su tiempo revisándola. Las luces fueron encendidas para verla bien y ella comenzó a llor. Gemía de dolor se quejaba, pero yo claramente escuchaba como si la voz se le hiciera alta y baja, como si fuera su voz primero y luego otra voz. Eso me mortificaba porque no podía ver nada, así que me imaginaba que la estaban moviendo ojalando muy fuerte. Pensé que la lastimaban. Los doctores le hablaban con tranquilidad para intentar relajarla. Ella sólo se agitaba más y más. Su voz se escuchaba como cuando haces mucho esfuerzo. La hija le decía que no le estaba pasando nada, que se calmara. El enfermero entró a inmovilizar a la señora Prendieron la luz de todo el cuarto. Ella se movió muy brusco o algo así. La sombra de la cortina medio dejaba ver que ella se contorsionaba como una serpiente. Los dos chicos estudiantes de medicina, así como el enfermero se movían de un lado a otro haciendo que la cortina y los objetos alrededor sonaran. Ella no paraba por más que se lo per También se escuchaba cómo la cama rechinaba, pero esos rechinidos eran inexplicablemente fuertes, agudos y lastimosos para los oídos. A pesar de lo raro de aquella situación, hasta ese momento me pareció normal. Todo otra persona más sufriendo una enfermedad mientras la hija hablaba con el doctor. De nuevo escuché esos rechinidos raros de cuando ella comenzó a temblar y los chicos doctores le dijeron al doctor que ella se estaba lastimando los dientes rechinándolos. Tras decir eso comenzó a descontrolarse la situación de la señora. Comenzó a quejarse. El temblor se apoderó de ella tan intensamente que podíamos escuchar cómo vibraba toda la cama. La hija sacó su teléfono y comenzó a grabar lo que pasaba desde el lado donde estaba mi cama, desde la esquina cerca de mi cama. Apuntaba con su celular a la cama de su mamá mientras los médicos y el enfermero se hacían cargo de ella agarrando. Sentí que el enojo se apoderaba de mí cómo se le ocurría a la hija grabar a su madre. En ese momento me intenté mover por instinto. Me aferré a Raúl y él a mí por el miedo. Yo quería decirle que estaba loca la hija por estar grabando aquello, pero no podía hablar. Sentía que estaba mal moverme. Me sentía tensa de cada parte del cuerpo como si sintiera algo que me inmovilizaba. Era como si estuviera esperando a que algo malo pasara. No sentí el dolor hasta rato. Después, incluso no sentí cuando di un pequeño salto hacia los brazos de raúl en el momento que dos o tres episodios de temblores seguidos parecieron despertar las cuerdas vocales a la pobre mujer, quien decía bajito que tenía miedo, que tenía mucho miedo. Al escuchar aquella voz quebrada, se me erizaron todos los vellos del cuerpo. Luego un grito ahogado de miedo se escuchó de varias personas en el cuarto ella tras terminaron temblor más dijo llorando ahogada. Ahí viene de nuevo. Esa fue la primera noche que no podía dormir desde que me habían quitado los medicamentos para que pudiera descansar por la noche. Comencé a sentirme intranquila tras escuchar todo aquello, las sensaciones del cuarto me dejaban sofocada en alerta y mi novio estaba como si nada se había quedado dormido recargándose en el barandal, a pesar de que en el hospital siempre hay luces apagadas en la noche para dejar dormir a los pacientes. Ese fue el primer momento en que sentí que la oscuridad del cuarto me daba miedo. Comencé a tener emociones desastrosas. Imaginaba que me iba a morir y nadie se iba a dar cuenta. Pensaba que la pierna se me estaba pudriendo y que nadie se iba a dar cuenta raúl dormía en la silla recargado en el barandal de la cama. Pero aún teniéndolo tan cerca, sentí que estaba sola. Comencé a abrumarme por un miedo terrible, que no entendía de donde donde venía. En la oscuridad del cuarto, recuerdo que escuché una mosca volar, pero eso era imposible cómo se iba a meter una mosca al hospital. Intentaba tranquilizarme porque pensé que ya estaba escuchando cosas por la histeria. Cuando me pasaron el medicamento de la noche, le dije al enfermero que estaba muy nerviosa por lo que le pasó a la señora muy comprensivo. Me dijo que me entendía que iba a ver si podía pasarme algo para que pudiera descansar rato. Después llegó con un medicamento. Tras eso tuve un sueño profundo e intranquilo. Recordaba fragmentos del accidente que tuve y sentí que de nuevo me dolía la pierna, pero en mi sueño había perdido la pierna. Incluso me vi sin una mano. Aún así me dolía. Soñé que estaba en aquel cuarto de hospital. Todo se veía igual como si estuviera despierta, pero al mirarme no estaba mi mano derecha ni mi pierna derecha. Me buscaba con terror, pero no no había nada y era horrible. Llenando de oscuridad la cortina que me separaba de la mujer que temblaba alrededor. Parecían haber un zumbido de moscas por todos lados, pero no lograba ver ninguna mosca. Desperté con calor. A pesar de ser muy temprano por la mañana, el cuarto se sentía caliente y sofocado. Raúl estaba despierto mirando a la nada. Cuando me miró agitada, me preguntó cómo estaba en ese momento. Escuchamos al urdes hablar de nuevo con voz quebrada y dijo lento está viniendo. Tras eso, su hija salió corriendo del cuarto. En segundos comenzó un temblor de la cama, seguido de golpes. El colchón sonaba fuerte. También vimos cuando le dio un golpe a la cortina estaba convulsionando. Un médico distinto al de la noche llegó ella sacó su celular. Luego le contó todo lo que había pasado por la noche mientras le mostraba el vídeo. Pero en medio de la explicación, ambos se lanzaron hacia la cama. Dejé de verlo. Si sólo escuché que comenzó a llamar a las enfermeras. Yo me arrepentí de estar molesta por pensar que la hija se quería hacer famosa por los videos de su madre enferma. Tras decir muchas indicaciones, el personal del hospital se movía con rapidez. Lourdes empeoraba y de la nada, un grito desgarrador salió de su boca. Era irreconocible esa voz en ella no parecía la temblorosa voz femenina que había escuchado cuando decía que algo venía. Justo después de aquel grito llegó corriendo una mujer que era parte de los servicios sociales. Pero también escuché tras el grito que alguien por los pasillos rogó a Dios diciendo en voz alta que aquel grito no parecía normal. Raúl se había parado de su silla. Se dirigió hacia mí y me abrazó con fuerza tapando mis oídos. Me dijo que no escuchara, que no volteara a ver, Pero en el pequeño intento que hice por saber por qué merecía eso a r alcancé a ver que había un charco de sangre en el suelo. Goteaba sangre de la cortina. Me regresé al pecho de Raúl buscando refugio. Mientras un aroma podrido llenó por completo. El cuarto, el miedo me hizo temblar y tuvimos que llamar a la enfermera para que me pusiera algo. El dolor comenzó a ser insoportable en mi pierna, pero también el aroma ha podrido era peor y vomité la enfermera me dijo que esperara, pues comenzó a hacer algunas maniobras en la cama de la señora. Al parecer, algo estaba mal en sus desechos. Olía a sangre con algo descompuesto. Un sinfín de médicos comenzó a llegar la mañana. Se volvió un caos la hija de la señora se salió a llorar, Escuché sus súplicas y aguantando el dolor, escuché cómo raúl comenzaba a rezar en ese momento lo supe acompañada de la certeza de la presencia aterradora del mal absoluto en ese cuarto con una risa burlona de Lourdes. Me confirmaba que el demonio estaba con ella y, por ende, al lado mío, era como estar en una película de terror como a las tres de la tarde. El sol se colaba muy fuerte por la cortina en mal estado del cuarto. Desgraciadamente, yo estaba justo al lado de esa cortina, dormitada sin poder despertar bien a causa de los medicamentos para el dolor. Mi mamá estaba conmigo a esa hora del día. Había relevado a mi novio y estaba tratando de acomodar unas sábanas para combatir la entrada del sol al cuarto, cuando terminó por romperse por completo la vieja cortina. Al caer el sol nos dio de lleno a todas las pacientes, a pesar de las cortinas que nos separaban. Y fue entonces cuando la señora de Allado comenzó a gritar. Después una serie de temblores le dieron en el cuerpo. De nuevo. Mi mamá se persignó porque ella jamás había visto a alguien así de enfermo. Yo le intentaba explicar que todo iba a estar bien para que no se asustara. Tras pasar la crisis, su marido se puso como loco con mi mamá. Le dijo que por qué había tocado la cortina. Su esposa estaba teniendo sensibilidad al sol, pero eso era imposible, que lo supiéramos. Tras varios comentarios groseros, entró una enfermera a calmar al esposo de la señora Lourdes, quien comenzó a gritar y pude ver cuando él movió por completo la cortina, entrando a tocar a su esposa agarrándola de los hombros. Vi que Lourdes tenía las venas muy vistosas en su piel, casi transparente. Se veía amarillenta de la cara, Los ojos se veían amoratados, se volteaban quedando blancos exponiendo sus hojas venas. El temblor comenzaba a subir por sus piernas. Ella bajito decía ahí vienen. Primero comenzaron a brincar sus pies. Poco a poco se extendió a sus piernas y al llegar al torso, ella se arqueaba un poco hacia arriba, exponiendo su estómago, dejando ver cómo se mojaban las sábanas. Cuando se orinaba las las las las manos no se ponían rígidas. Temblando menos violento que el resto del cuerpo y su marido evitaba que se moviera mucho de su cabeza, sosteniéndola de los hombros. Mi mamá se persignó varias veces del espanto. Yo no podía apartar la vista, pero al mismo tiempo no quería ver y de pronto bajo los ojos mientras temblaba, volteó el rostro y nos miró. Era como si sus ojos brillaran de maldad. Algo había en ella que nos miraba desde sus pupilas. Brevemente parecía cambiar su pupila mientras la atacaba violentamente el temblor, el esposo comenzó a gritar para pedir ayuda. Aquel episodio estaba durando mucho más de lo que habían durado antes. Lourdes nos miraba temblando, moviéndose sin control, pero con la vista clavada en nosotras. Al fijarse en mi pierna sonrió, sé que sonrió de maldad y aunque mi mamá diga que estaba yo muy alterada, sé que ella maldijo mi curación porque no he podido recuperar totalmente el movimiento en mi pierna. Supe que el mismo demonio me miraba a través de sus ojos y creo que es algo que no debí ver. Por eso me maldijo en ese momento. Los escalofríos me recorrieron todo el cuerpo, haciendo que mi pierna y mi cuello comenzaran a moverse en espasmos, provocando mucho dolor. Era como un calambre, pero creo que tiritaba de miedo. El cuarto había pasado de estar con una sensación sofocante a estar helado como yo. Tenía más de un mes en ese cuarto sabía que al bajar el sol se sentía mejor el ambiente menos caliente y no me explicaba como ahora de pronto era un frío el que nos congelaba. El dolor insoportable se apoderó de nuevo de mi pierna. Era tanto que las lágrimas se me salían, a pesar de que intentaba aguantarlo hasta que llegara mi madre, quien había salido a toda velocidad a buscar a alguien que me ayudara. Volvieron a cerrar la cortina que me separaba de Lourdes y yo caí en un sueño prono por el medicamento para el dolor. Inmediatamente después de que los aplicaran de nuevo, tuve sueños intranquilos. Soñaba con el accidente en el carro, pero ahora veía que el hombre descarnado de rojo sangre iba de piloto. Me llevaba a estrellarme directo con la parte trasera del camión de carga. Una risa iba y venía así como mi angustia, aunque no recuerdo que más soñé la angustia me consumía desperté cuando mi mamá me dio un beso en la frente. Había caído la noche y le tocaba dejar subir a mi hermana para que me cuidara. El cuarto se sentía frío. Yo tenía una cobija más sobre mí. Mi hermana llegó y entró con cara de miedo. Me dijo que no sentía bien el ambiente del cuarto. Ella cree mucho en las vibras de los lugares. Yo no podía hilar bien las ideas. Estaba comenzando a sentirme realmente mal. De nuevo la temperatura del cuarto comenzó a aumentar y con ella una nueva crisis de la paciente. A mi lado, Esta vez la intensidad era menor, pero los gritos de su garganta eran incontrolables. Gritaba que venían. Luego lloraba mientras el temblor la invadía, haciendo vibrar su cama, dejando que sus fluidos salieran por todos lados, haciendo que el cuarto tuviera aroma fétido. El esposo de la señora se había quedado en la noche. También él le decía que se tranquilizara y que dejara de sobreactuar lo. Escuché regañarla mientras ella gritaba, mientras temblaba. Mi hermana se levantó de su silla y se fue directo A mi lado me abrazó, diciéndome si tenían mucho rato. Así le dije que desde que ella se había ido habían pasado cosas muy raras. Poco a poco le conté lo que había visto y oído. Intentaba resumir todo en pequeñas frases. El cansancio me ganaba, pero también no quería sonar chismosa ante los oídos del señor. Mientras mi hermana y yo platicábamos en secreto, escuchábamos que que que los episodios se descontrolaban, iban o venían enfermeras. El enfermero de la noche anterior se volvió el blanco de una ira inexplicable de la señora. Comenzó a acusarlo de querer matarla. Le decía que ella lo iba a matar primero porque sabía que era un sucio enfermo, que ella sabía lo que él hacía con los pacientes. El doctor intentaba calmarla. Le pedía a su esposo que la sostuviera. La estaban amarrando a la cama. Lo supe porque escuchábamos claro todo, pero absolutamente todo lo que iba indicando el doctor. Cuando entró de nuevo el enfermero con la dosis que había solicitado el doctor, la señora comenzó a escupirle. También se vomitó. El doctor salió y llamó a unas personas para sostener a la señora en lo que comenzaba a hacerle el medicamento que le había puesto el enfermero, mientras le gritaba lourdes enloquecida afuera, comenzaron a hablar el esposo, El médico y el enfermero atacado Apenas entendido vimos algo de lo que hablaban, pero era evidente que todo estaba mal. Parecía que le solicitaban un consentimiento al esposo para cambiarla. De lugar. También escuchamos al enfermero alterado con el esposo por lo que había pasado. Mi hermana y yo ya estábamos abrazadas por el terror e intentábamos rezar, porque era insoportable el aroma, también los gritos y las actitudes de la mujer nos comenzó a suceder algo muy raro. Por más que intentábamos hilar una oración, se nos olvidaba. Fueron momentos de sentir sólo un pánico extremo cuando escuchamos que estaba calmado adentro. Aunque la plática del médico seguía con el esposo, Mi hermana tuvo que salir al baño, a pesar de que le dije que quizás no era buen momento. Ella no podía esperar. Tras salir pasó un buen rato y no regresaba. Pensé que había quedado muy impresionada, o quizás estaba escuchando más de cerca la situación con las indicaciones del doctor para enterarse bien de lo que estaba pasando, pues es algo que le encanta conocer los detalles de las cosas. Mientras me preguntaba dónde se había metido mi hermana, la señora de la cama. Al lado de la entrada había comenzado a toser de nuevo, primero despacio, luego de forma incontrolable, en segundo césato se había convertido en un sonido agonizante. Un hombre mayor que quizás era su esposo había salido llamando con urgencia por ayuda. Como dije en segundos latos, se había convertido en otra cosa. La señora estaba teniendo problemas para respirar y se ahogaba de nuevo. Escuché todo casi muere esa paciente. Habían sacado a todos el cuarto no dejaron entrar a mi hermana ni al esposo de la señora Lourdes, quien parecía molesto, mientras revivían a la señora en crisis. Eso ha sido lo peor que he escuchado en mi vida. La risa de una mujer que estaba poseída. Es la cosa más horrible que he escuchado. Mi hermana entró llorando al cuarto cuando al fin pudieron salvar a la señora que se ahogaba. Esa señora fue sacada del cuarto donde estábamos y fue llevada a otra zona para cuidarla. A la señora Lourdes, la que estaba en la cama de al lado, se le informó que iba a ser trasladada lo antes posible a la clínica para tratamientos especiales con personas en crisis nerviosas. Los resultados de sus exámenes indicaban que no tenía más males físicos que su rara enfermedad. Así que cada cosa que había experimentado, como los temblores, parecían ser sólo respuestas de su mente intranquila y enferma. Mi hermana intentaba no llorar mientras escuchábamos todo le afectó mirar a la agonizante mujer de la tos vi su pánico. Cada vez que pasaba por el pasillo de salida. Ella podía ver a la señora Lourdes me dijo que parecía sonreír de forma diabólica. Cuando ella pasaba, mi pobre hermana estaba muy afectada. Me juraba que había visto una mosca pegada a los ojos en blanco de la señora Lourdes y que eso no era normal para ella. Fue ver la escena de una película de terror, verla reír sonreír torciendo las manos o cuando la miraba llorar mientras se movía en temblores agresivos. Por mi parte, no quise decir más cualquier cosa que le confirmara a ella. Podría ser que entrara en pánico, ya que siempre ha sido más creyente que yo de las cosas paranormales, Pero sé que esas noches, desde que llegó la paciente Lourdes al cuarto hasta que se la llevaron el lunes por la mañana al psiquiátrico. El diablo nos rondó cerca todo el tiempo, impregnándonos de su maldad, pues el aroma ha podrido Nunca se fue y la siguiente persona en ocupar la cama de ella falleció al poco tiempo de ser instalada. Entré a trabar r en el año de mil novecientos noventa y tres a un hospital privado a trabajar como secretaria. Tenía poco de convertirme en mamá, mi pequeño tenía cinco meses, pero como era madre soltera, tenía que encontrar pronto un trabajo para hacerme cargo de mis gastos, ya que mis papás no podían mantenernos. Me habían colocado una amiga. Ella trabajaba como enfermera en el turno matutino y aunque yo esperaba trabajar en ese turno. Me sorprendió saber que el puesto era para el turno nocturno. Había una vacante como recepcionista. La paga no era mala, así que decidí aceptar. Quizás era la mejor oportunidad que tendría para pasar tiempo con mi hijo y llevar dinero a la casa. El trabajo consistía en estar pendiente de la recepción del área interna. Junto a otra chica. El trabajo consistía en atender a los pocos familiares que llegaban por la noche a preguntar algo, por los que buscaban a los médicos para pedir informes. También nos hacíamos cargo de los teléfonos. Contestábamos si conectábamos todos los pisos. La red antes era así. No era automática. En ese tiempo, las comunicaciones eran menos limitadas. También había menos maneras de pasar la noche activa para poder mantenerme despierta. Pero afortunadamente, me llevé bien con mi compañera vero, las primeras semanas platicamos mucho para conocernos supe de sus hijos. Le platiqué de mi bebé y mis padres. Congeniamos en muchas cosas y fue ameno. Pero pasando los días, comencé a aburrirme, así que comencé a sacar otros temas para despertar mi interés. Como no era mucho el leer o tejer como lo hacía vero, comencé a preguntar si había algo interesante que saber de ese hospital. Ella tenía algunas historias de los dueños de ese hospital. Los rumores en general eran interesantes, pero sólo fue un rato, así que pronto nos quedamos sin que hablar una noche, quizás por mi insistencia de que quería ocuparme en algo interesante, porque el trabajo se me estaba haciendo aburrido. Me asusté con una sombra imagino que hasta yo misma me provoqué la peor de las experiencias en mi vida. Esa noche me había ido a descansar en la parte interna de una puerta donde estaban los archiveros. Ahí cabíamos en el pequeño pasillo que quedaba al lado del escritorio de trabajo. Poníamos unas cobijas que nos prestaban de la lavandería y dormíamos una o dos horas cada una turnándonos para descansar un rato. Me había ido a acostar. Dejé la luz apagada. Sólo quedó encendida una pequeña lámpara de escritorio. Dejé mis zapatos a un lado de donde me acosté aplané un poco la cobija y al voltearme para dormir alcancé a ver una sombra humana entre la oscuridad de los archiveros acomodados a mis pies. Estaba extremadamente cerca de mí pen n n n SR. Que alguien se había metido a esperarme jamás recordé que aquel archivo permanecía cerrado todo el tiempo. Sólo las recepcionistas teníamos las llaves. Aventé los tacones con fuerza esperando lastimar a quien sea que fuera esa persona, pero los zapatos golpearon entre los archiveros. Las cortinas se movieron, pero no había nada. Verónica llegó corriendo a ver qué me pasaba. Escuchó el grito y los golpes entró y yo estaba pegada a la puerta tratando de entender que había pasado. Aquella sombra había aparecido de la nada. Parecía que se levantaba de entre los archiveros sólo que no tenía color. Era totalmente negra, a pesar de que era sólo una sombra por la pequeña luz VI que era como un hombre muy delgado. Por eso pensé que alguien se había metido, pero al pasar los segundos de la impresión por el susto ya no había nada. Después de calmarme no podía dormir. Nos quedamos en la recepción atenta por sí, de nuevo veíamos algo, pero veo me decía que eso no iba a pasar. Me pareció curioso que me lo dijera con tanta seguridad, así que le pregunté por qué me decía eso directamente. La cuestioné. Quizás a ella ya le había pasado algo así. Ella me dijo que en el hospital pasaban algunas cosas que eran inexplicables. Muchos de los que trabajaban ahí habían visto a aquel hombre sombra, pero yo era la única que lo había encontrado tan cerca. Estaba asustada por haberme topado con esa cosa, pero también tenía muchas dudas. Siempre he sido muy curiosa y en esa ocasión fue esa misma curiosidad la que me enseñó la lección de no saber más de lo que debería saber, pues al final, mi amiga enfermera tenía toda la razón. Una vez que ves a aquellos que no deberías ver, ellos saben que los ves y no hay marcha atrás, no podrás ocultarte mirar siempre te deja con la responsabilidad de que te miren las en ondas. Aquello me lo dijo después de que le platiqué a ella todo lo que pasó. A continuación, después de la primera aparición del hombre sombra esa noche vero, me platicó que ella no había visto a ese hombre sombra, pero que la anterior recepcionista si lo había hecho y que, desgraciadamente, sus nervios no se habían podido ajustar a aquello, así que por eso dejó el trabajo pronto la vi nerviosa. Me preguntó si iba a renunciar también, pero a mí no me daban miedo los cuentos de terror. Además, las cosas como ese hombre sombra sólo me parecían historias. Sí, había visto eso, pero quizás sólo era una única vez en la vida. Por eso le aseguré que no iba a irme del trabajo sólo por un pequeño susto. Además, cuando uno se está quedando dormido, suele imaginar cosas, así que me dejé de lado aquello y seguí como si nada. Pese a todas las historias, de las películas o de las que cuentan para asustar, no se quedó tranquilo el ambiente. Esa misma noche vero vio por primera vez a uno de esos hombres sombra ella tenía más de cinco años trabajando ahí y jamás había pasado por alguna situación paranormal. Así que realmente le afectó cuando sucedió a la hora de que yo había visto aquella sombra. Ya estábamos platicando como si nada, pero había ido por un té me dio un café mientras esperábamos que hubiera algo de movimiento, porque ya casi eran las seis de la mañana. Comenzamos a acomodar todo para que quedara listo para el siguiente turno. Checamos la bitácora y mientras acomodaba la máquina de escribir para llenar las hojas que faltaban de los pendientes, pero me dijo que parara un segundo con lo que hacía y volteara la mirada a las puertas de Cristal. La recepción se componía de una puerta grande de cristal con dos manijas para abrirla. Luego estaba la sala de estar, la barra para servirse café, agua, ote de los pacientes y luego nos otras. Del otro lado de la puerta estaba un macetero con flores que separaban la banqueta del estacionamiento. Luego estaba la caseta de vigilancia. Ahí detrás de la maceta con flores. Vi que la figura que había visto en el archivo nos miraba no veía con claridad su rostro o facciones. Todo era negro. Lo único que era evidente era que su oscuridad era más intensa que la misma noche, pero se tapó la cara con las manos mientras yo veía cómo se desvanecía en la oscuridad de la madrugada tras pasar el susto. Ahora yo le decía si tan sólo por ese pequeño susto se iba a ir a otro trabajo. Ella me dijo que, aunque quisiera, no podría, ya que sólo el sueldo de su esposo no alcanzaba para mantenerse todos. Me sentí mal por ella. Se veía pálida, realmente afectada por el encuentro. En cambio, yo estaba como si nada, pensando que no iba a pasar a mayores en ese momento. Era joven e imprudente se r así que le pedía a Verónica que pensara en alguien a quien pudiéramos preguntarle de aquellas sombras. Quizás no éramos nosotras las únicas que los veíamos andar por el hospital. Ella me dijo que no quería moverle involucrarse en esas cosas. Le parecía estar llamando al demonio para que se metiera a tu casa. Como dije, en ese momento no me importaba era algo interesante de aquel trabajo, así que yo misma me dediqué a preguntar a una que otra persona hasta que logré encontrar a quien conocía un poco más, el enfermero Carlos salí de mi turno cansada. No había descansado y también por curiosidad, me acerqué a la jardinera donde había visto la sombra. También antes de salir revisé el archivero. No había nada raro. Todo estaba normal. A la semana siguiente fue cuando veo me presentó a Carlos Rotaba en el hospital y cubría en todos los turnos. Así que un día le pregunté si por casualidad había podido pudo ver algún fantasma o algo en el hospital. Le conté mi experiencia para que entrara en confianza y me dijo que no le dijera a nadie, pero en algunas ocasiones, cuando iba por atrás del edificio cerca de la entrada de la lavandería, ya tenía bien sabido que aparecía una silueta negra caminando como a él no le gustaban esas cosas, había optado por salir por otro lado, a cenar, convencido que sólo pasaba de noche, siguió pasando por ahí de día, pero entre la oscuridad del pasillo o su sugestión me dijo que había visto a aquella silueta de un hombre delgado, pero que en ese momento se había quedado quieta como mirándolo en lugar de seguir su camino atravesando una de las paredes. Por esa razón decidió no volver a pasar por ahí y, en caso de tener la necesidad por cuestiones del trabajo, intentaba ir acompañado. Comencé a ir disimuladamente hacia la zona de Lavandería, pero al final no pudo uerda ver nada. Quizás sólo podría ver el de la recepción. En ese momento no había Internet, como ahora así que no podía investigar lo que se decía que eran los hombres sombra y sí me daba miedo investigar, pero también quería saber más sobre ellos. Pero me dijo que ella no quería preguntar directamente, pero que podía ir en mi momento de la cena, a preguntarle al guardia de seguridad porque tenía fama de conocer muchas de las historias sobre el hospital. Al final no me contó gran cosa. Cuando pude hablar con él, contaba sobre algunas voces de personas llorando en la zona de la ambulancia o que había visto prenderse la luz de los consultorios en desuso con el tiempo. Algunas personas más me contaron historias sobre el hospital que podían ver también luces prendidas de los consultorios cerrados o que había un fantasma que se escuchaba susurrar en la cafetería. Creo que el hospital si estaba embrujado lo que pasó después me hace preguntarme si él era sólo un embrujo o una maldición o quizás algo peor. Tras los avistamientos de los hombres sombra, me seguían pasando cosas raras en ese trabajo. Al tener los seis meses trabajando ahí, no me había encontrado muchas veces con los seres sombra, pero me había quedado la sensación de que me observaban intensamente se me perdían cosas. Aparecían huellas en los vidrios, recién limpiados, pero estaba intranquila. Me dijo que en todos sus años no se había sentido con esa presión tan intensa. Uno se acostumbra a todo, así que yo comencé a no darle importancia a la sensación. Era normal para mí también esas habían sido las únicas dos veces que los había visto, pero mi compañera decía que ella los había visto otras dos veces, pero no en el hospital, sino afuera entre la gente. Era algo muy peculiar para mí, que no conocía la religión de ningún tipo. Había sido criada sin pensar que algo más or existía. Por eso me parecía tan interesante cuando me contaban esas historias, aunque debo de admitir que estaba buscando esa sensación de adrenalina, quería volver a ver a ese ser sombra. Le había comentado a mi amiga, la enfermera, que me sentía atraída por esos temas, pero ella me decía que dejara de estar jugando con algo que no entendía. A ella le habían pasado ya algunos eventos ligados a los muertos o espíritus, pues ella contaba que estar trabajando tan cerca de la muerte siempre trae sus consecuencias. Me advertía que debería de tener cuidado, porque ahora que los veía y los buscaba a ellos ya sabían de mí el mal siempre tiene formas de entrar. Yo me quedé igual, pues esa vez que me quedé a esperarla para platicar con ella, yo estaba buscando que me dijera que eran esas sombras o si sabía quién podía decirme, pero me cambió la conversación por un sermón. De todas maneras, seguía a la expectativa por las noches iba a revisar así a la lavandería. También entraba al archivo y además me mantenía pendiente de la puerta para ver si podía encontrar esos seres. Tanto, lo deseé que pude ver uno de nuevo la noche que cumplí exactamente un año de haberme integrado al equipo de trabajo del hospital, lo vi de nuevo estaba al lado de la caseta de vigilancia. Quise caminar hacia donde estaba la sombra, pero sentía miedo en la espalda, como si algo me estuviera acechando desde atrás. Me di la vuelta rápido para ver qué era. No había nada, pero de la nada vi los faros de un carro que se estacionaba. Me golpeo levemente porque no iba con gran velocidad, pero si me caí de espaldas quedando a dolorida, el conductor no me vio tampoco. El vigilante sabía que estaba ahí. Cuando le dio el paso al carro y jamás alcancé a ver las luces. Juro que eran unos faros muy grandes, como para ni siquiera alcanzar a sentir la luz lejana llámenme loca, pero inmediatamente sentí que el accidente se vinculaba a aquella sombra. El pequeño accidente no pasó a mayores me revisaron dentro del hospital y todo estaba bien. También se calmaron las cosas con el señor que iba manejando porque se había alterado mucho como estaba nervioso por la hospitalización de su hija o alguien cercano que ya no recuerdo bien. Parece que tampoco él estaba poniendo mucha atención a lo que hacía. Por si acaso esa noche no trabajé, me mandaron a descansar a mi casa pidiéndome que por cualquier cosa regresara. Al momento de regresar me fui en un taxi que pagó recursos humanos, así que estaba contenta, a pesar del golpe iba a dolorida, pero con la idea de pasar una noche tranquila para descansar. Al llegar vi que mi niño estaba enfermo, había comenzado con fiebre y mi mamá no había tenido tiempo de avisarme. Ellos habían ido con el pediatra. Primero, el l des urs se transformó en una noche en vela. Más. Me quedé al lado de la cuna para que mis papás pudieran descansar y agarré una revista porque ya no había programación en la tele Bruno dormía tranquilo. Yo lo revisaba de vez en cuando con el termómetro. Tras mucho rato, me acomodé un poco para recargarme en el barandal sentada en mi cama. Me estaba quedando dormida, o quizás me dormí, pero vi que algo se movía debajo de las cobijas del niño. No hice nada por revisar. Me sentía como aturdida. Poco a poco, la luz de noche me pareció más y más tenue hasta que se apagó, dejándome a media luz porque el foco de la farola de enfrente se colaba por la ventana, dejándome ver un poco de nuevo la sensación de que me miraban desde atrás me invadió, pero esta vez sentí como los vellos de mi cuello se erizaron. Me toqué el cuello con una mano para calmar la sensación y mientras hacía eso buscando si me picaba algo o si tenía algo en la espalda que me provocara eso con terror de reojo vi que una línea negra crecía poco a poco. Llegando a la cuna del niño, miré la ventana esperando ver claramente aquello que proyectaba esa sombra. Quizás estaba moviéndose algo afuera, pero fue traumante darme cuenta que no había nada afuera. La sombra crecía por sí misma carente de cuerpo y una mano muy fina se dibujó cerca de la cabeza del niño. Lo abracé quitándolo de inmediato bruno se soltó en llanto. Me quedé con la sensación de electricidad por todo el cuerpo me paralizó el miedo. Supe que lo que vino era algo físico. Quizás el hombre sombra ahora me estaba siguiendo. Fue hasta ese momento que entendí perfectamente lo que me dijo mi amiga. Si tú los ves ellos te ven por estar buscando constantemente un encuentro con esa entidad. Ahora me estaba persiguiendo. Tras una semana de terror, me sentía harta de lo que pasaba. Veía a el hombre sombra más seguido. Lo vi parado detrás del refrigerador, viendo a mi madre revisar las cartas que habían llegado. También lo vi entre las cortinas del baño en el trabajo, lo vi nuevamente en el cuarto de archivos. Comencé a alterarme de todo. Me sentía nerviosa, con ganas de llorar a cada minuto. Le platiqué a ver o lo que pasaba. Ella me dijo que no había vuelto a pensar en esa cosa desde que lo vio en la jardinera hacía muchos meses, pero yo le pregunté si seguía sintiendo el ambiente pesado con la sensación de que nos miraban trabajar. Ella no quiso contestar. Me insistió en que olvidara lo que había visto y me pidió que no le comentara más del tema porque ella era muy miedosa. Dejé de mencionar el tema a ella, pero seguía preguntando entre otros compañeros si habían llegado a verlo. Todos me decían que se rumoraba del fantasma de una niña en el área de pediatría, pero que no sabían alguna historia de hombres sombra. Fue por eso que decidí buscar de nuevo al enfermero Carlos. Quería respuestas a algo que supe tiempo después no las tiene cuando por fin pude coincidir con su turno para saber más detalles. No pareció sorprenderse cuando le dije que me acosaban las sombras y antes de darme algún consejo, me regañó recordando que cuando comencé a trabajar ahí lo busqué. Para preguntarle lo mismo, me dijo que buscara las cosas malignas, era como atraerlas que él no podía Ayudarme. Me aconsejó ir a la Iglesia o preguntar en alguna comunidad de oración si podía entrar. Le expliqué que no creía en Dios que jamás había ido a la Iglesia. Creo que se le hizo tan raro que por eso me escribió rápido en un pedazo de papel un lugar que se llamaba Casa de oración divina providencia. Aunque dijo que no me iba a ayudar, me dio el domicilio y los horarios en los que podía ir. No dijo nada más y tan o o o o or volvimos a hablar del tema esa noche. Estuve dudando si ir o no al lugar que me había dicho desconfiaba. Quizás me mandaría a un lugar peligroso. No podía encontrar a esas horas a algún amigo para pedirle que me acompañara a ver el lugar. Pensé en mejor llamar a mi amiga la enfermera y pedirle que fuera conmigo, pero sus horarios eran muy pesados. Me quedé pensando si estaría bien o mejor. Preguntaba a algún doctor en consulta si realmente estaba bien de la cabeza en ese punto. Ya me estaba preguntando si no. Me estaba volviendo loca, aunque también me sentía casi segura de no estar delirando, pues otras personas también habían sido testigos de aquella sombra mientras trabajaba, escuchaba el teclear de la máquina de escribir a toda velocidad, pero pasaba en limpio todos los documentos organizando los cobros del día. Yo tenía la bitácora, pero hacía rato que no me podía concentrar en lo que hacía. Seguía pensando no si si ir a esa casa de oración o simplemente preguntarle a mi mamá si conocía algo similar. Quizás ella podría ayudarme. Seguía dándole vueltas al asunto. Cuando mi mamá me llamó, me dijo que Bruno se había puesto enfermo de nuevo, pero que en esta ocasión no se lo habían podido llevar a la casa para cuidarlo y lo tenían en una cama de hospital en la clínica de Lymes. Fui directo a hablar con el suplente de director, a quien le supliqué que me dejara irme de permiso para ir con mi hijo, pero no me dio el permiso y me regresé con lágrimas en los ojos a mi puesto, pero intentó tranquilizarme, pero sentía que el alma se me salía del cuerpo por la preocupación, así que, en un momento de lucidez, decidí que prefería perder el trabajo que estar lejos de bruno. Tomé todas mis cosas, le dije a ver o qué le llamaría para avisarle cómo seguía el niño y salí lo más rápido que pude. Iba a pedirle a Don Pepe, el señor de Seguridad, que me que me pidiera un taxi, pero me detuve cuando escuché que las llaves se me cayeron. Me agaché a levantarlas, pero justo cuando iba a reincorporarme la sensación de escalofríos, me invadió todo el cuerpo. No miento cuando digo que cada uno de los bellos de mi cuerpo se erizó. Mis piernas me pesaron por la sensación de inmediato. Recordé el accidente con el carro y rápido miré a todos lados. No había carros, no había nada en la soledad del estacionamiento poco iluminado alcancé a ver cómo varios hombres sombra me miraban desde distintas partes, desde atrás de los árboles que rodeaban el lugar atrás de mí, sobre todo al lado de la caseta de vigilancia, por lo que no tenía a dónde correr. Por esa razón, en mi desesperación le grité a Don Pepe desde donde estaba. Mi cuerpo. Había cedido ante el susto y quedé de rodillas en el pavimento, llorando sin control mientras temblaba. Todos me dicen que fue el miedo por bruno lo que me puso así, pero sé que los vi no sólo ahí, incluso de camino a la sala de urgencias. Ahí estaban todo lo que pasó esa noche está fragmentado en mi mente. No sé si ya pasaron muchos años o fue tanto el estrés que olvidé algunas partes, Pero lo importante es que fui. Estuve con mi hijo y después de dos meses y muchos antibióticos, se salvó de una salmonelosis, algo rarísimo para todo el cuidado que teníamos, tanto mi mamá como yo, con todo lo que el niño ingería o se llevaba a la boca. Sé que ellos fueron. Hay una intuición que una persona tiene clara en su interior cuando sabe que sabe algo es inexplicable. Sé que esas sombras intentaron arrebatarme a mi hijo. Al final sí, fui a la casa de oración. Era un lugar muy particular. Ahí iban personas que se atendían de cosas raras. Nos recibía una monja. Ella era quien preguntaba nuestros problemas y mandaba a hacer algunas cosas específicas para ayudarnos. A mí me pidió que fuera a la iglesia que intentara encontrar a Dios para pedirle su protección, pues el mal estaba tras de mi familia. Trabajé dos años más en aquel hospital. No me corrieron, a pesar de que abandoné el trabajo por irme a medio turno sin permiso. Las sombras poco a poco han desaparecido. Ya no las veo cerca de mí, pero si puedo intuirlas, están en todos lados buscando algo acechándonos. Desgraciadamente, yo no lo entendía. El mal está ahí. Sólo tenemos que dejarnos llevar un poco para que pase algo malo. En los hospitales. Es muy común que las personas fallezcan y muchos en el personal médico. Tenemos que tomarnos eso de forma natural para poder seguir con las actividades. Yo trabajo en Cirugía. El año que inició la pandemia, por falta de espacio, pusieron varias especialidades en el l mismo piso. Estábamos a reventar el piso era una locura de tantos pacientes que había. Pero lo peor que pasó no fue a causa de tanta gente, sino que algo extraño, como dice la gente, algo sobrenatural. He de mencionar que no creo mucho en las cosas paranormales, pero hay dos o tres cosas que no he podido explicar y aunque me imagino existe alguna explicación, no la he buscado porque siempre la prioridad es el trabajo. Quizás algún día encuentre las respuestas a lo que pasó aquel mes de octubre del año dos mil veinte cuando comenzó la locura por saturación y el terror de las personas por el virus, también teníamos cirugías que no podían esperar. En ese momento me encargaba de cirugía general. El encargado del servicio tenía más de sesenta años, así que había decidido ir a cuidarse del contagio a su casa. Por ese momento recibí muchas cirugías normales, como vesículas o úlceras, algo que es que casi rutinario en el servicio. El detalle era que no podíamos atender de forma normal a los pacientes. No había posibilidad que sus familiares estuvieran todo el tiempo al pendiente, Nos faltaba personal y la saturación era abrumadora. Por eso mismo pienso que todas las historias que me contaron las enfermeras del Piso cuatro era porque siempre provoca cosas en la mente de las personas. El estrés constante. Cuando llegué al servicio por primera vez tuve que compartir los lugares con las especialidades de cardiología y ortopedia. Así que había pacientes de todo tipo de los que estaban estables hasta de los que estaban inestables o podían cambiar su estado a grave de un momento a otro. Antes de que pasara esto, estaban sólo los pacientes de nefrología en ese piso y las enfermeras tenían algunas historias a las que llamaban la Ronda de la muerte. El nombre era porque había una especie de silueta oscura que se aparecía a ser la de los pacientes que iban a fallecer. La ronda era porque este espectro o, como dicen las historias, la misma muerte se pasea acerca del paciente dos o tres días antes de que fallezca. Una vez vista a la sombra siempre se cumplía la sentencia no había paciente al que lo hubiera rondado la muerte y no hubiera fallecido. A los días de ver al espectro eran conocidas tres historias. La primera era la de la silueta de la muerte. Contaban las enfermeras que, por la noche, en la guardia de una antigua jefa, ella había visto por primera vez a la figura. Había sido de recién que había tomado el puesto. Algunas compañeras ya le habían dicho que por las noches era más frecuente ver a la muerte rondar cerca de aquellos que seguían en su lista y le advertían para que no se asustara. Cuando pasara ella al principio, creía que querían hacerle una broma como una especie de bienvenida al puesto. Así que se pasó varias semanas en alerta esperando el susto para que no la tomaran desprevenida. Pero no pasó nada. Fue hasta el tercer mes de estar a cargo que una noche, cuando se colocó en el centro del control a revisar los expedientes, vio por primera vez la ronda de la park. Esa noche era verano. Las puertas de emergencia se quedan abiertas, vigiladas, pero abiertas para que circule el aire al interior porque hace demasiado calor. La jefa había visto de reojo que alguien estaba parado en las escaleras de emergencia. Volvió la mirada dos o tres veces y sólo una vez medio alcanzó a ver que la figura entraba por el pasillo. Tras estar parada afuera, siguió trabajando. Miró de nuevo al pasillo del fondo, pero ya no vio nada más en las escaleras de emergencias. Regresó a su trabajo y preguntó a los que estaban terminando de organizar el área de trabajo si ya tenían hambre. Así fue que todos decidieron ir a cenar de una vez porque el el el turno estaba tranquilo. Sólo se quedó la jefa, el doctor dormía un rato en el consultorio y una compañera enfermera se había quedado para vigilar. En lo que los demás regresaban de la cena, la chica que se había quedado a cuidar le dijo que había visto que un paciente grande se había sentado solo y no sabía cómo. A pesar de presentar debilidad siempre, la jefa fue con ella rápido a ver qué pasaba. Ambas al llegar vieron que una figura se deslizaba hasta el final del cuarto, pasando hacia el último espacio de la camilla. Al final del cuarto, tras esta visión, fueron a revisar al paciente, que estaba solo sentado sin nadie. Al lado, acomodaron al paciente como de costumbre y regresaron al control. Después, la jefa, revisando los anaqueles de medicamento, había visto salir aquella sombra del mismo cuarto, donde había ido a revisar al paciente inquieto. Dos guardias más pasaron así, viendo de reojo la que salía alguien del cuarto. Aquel también había visto que, de forma extraña, el elevador se abría cuando ella sentía que alguien pasaba por el pasillo y aunque sentía la presencia de alguien acercándose al alzar la vista, no veía nada, pero el elevador se abría solo, pues el botón parecía haber sido presionado por alguien para pedirlo. Tras esos dos días, a pesar de que el paciente inquieto no padecía algo grave, había fallecido súbitamente por una complicación menor. Al pasar aquello, la joven enfermera. Le había preguntado a la jefe enfermera si ella también había visto a la sombra caminar por el pasillo hacia el fondo del cuarto. Ambas habían visto lo mismo. Así fue que la historia comenzó a circular con más fuerza entre el personal del hospital. El segundo encuentro con la muerte, rondando lo tuvo un doctor nefrólogo. Contaba que él sí creía que la muerte avisaba en ese piso a quien le tocaba, pero que él lo usaba ría para preparar a los familiares para lo que iba a pasar. Le había pasado la primera vez donde, haciendo la revisión de algunos pacientes a colocación de catéter le había tocado ver cómo una figura doblaba en la esquina para desaparecer. Era algo rápido. Sólo alcanzaba a ver que alguien iba delante de él allá a lo lejos y luego doblaba rápidamente. Así alguno de los cuartos. Al principio pensaba que era algún familiar, pero poco a poco se dio cuenta que eso no tenía sentido. Siempre era en cuartos diferentes. Además, siempre era la misma silueta. La constante era que aquella sombra se paseaba por las madrugadas. Siempre la veía después de las tres de la mañana. Más de una vez coincidió que la figura aparecía cerca de los cuartos de los pacientes que fallecían a los pocos días. Para él era casi una coincidencia, pero una madrugada había estado muy cargado de trabajo. Además, uno de los pacientes presentaba un cuadro de fiel incontrolable. Era la cuarta vez que iba a verlo. Tras el llamado de las enfermeras. La situación se estaba complicando y estaba pensando en moverlo a la unidad de cuidados intermedios. En ese momento llegó a la puerta, desde donde alcanzó a escuchar que el paciente estaba hablando muy bajo. Creyó que algún familiar estaba ahí escuchándolo en medio de las alucinaciones por la fiebre. Desde la puerta también alcanzó a mirar que había alguien parado a su lado, pero no alcanzó a divisar bien. Miró rápidamente a otro paciente que lo detuvo preguntándole algo y al regresar la mirada no había nadie. El paciente cayó en paro. A las horas de aquel encuentro, también una enfermera contaba que el familiar de un paciente que se encontraba justo al final del cuarto le comentaba que tenía dos días mirando como los pájaros de los alrededores se golpeaban al intentar entrar al cuarto, pero como la ventana estaba cerrada la no lograban pasar. La enfermera extrañada le reportó a mantenimiento para que fuera a checar si había algo raro, alguna cosa que provocara que los pájaros se desorientaran o se enfermaran, pero no encontraron nada. Después de eso, el familiar de ese señor mayor había dicho que su padre le contó que un joven hombre lo había ido a saludar y le había contado que los pájaros seguían a la muerte. Cuando estaba esperando cerca a los días, el señor había fallecido. Y así fue como se había hecho el mito en aquel piso del hospital, que si veías a una sombra caminar por el mismo pasillo, ingresara a un cuarto verla cerca de un paciente o que algún pájaro se acercara de extraña manera. Era señal que la muerte estaba rondando cerca, esperando el momento para llevarse al enfermo. Cuando llegué a ese piso, al escuchar la historia de la muerte que ronda, me pareció una tontería de los colegas que creen en supersticiones. Para mí, como dije antes, es normal que las personas fallezcan en los hospitales. No es necesario que pase algo paranormal para llevarse a los enfermos. Todos están ahí por algo y mi trabajo es hacer lo mejor que pueda para que salgan bien de sus cirugías si se recuperen de la mejor forma. Durante la primera guardia caótica por tantos internados, las enfermeras estaban hablando de que iban a ir a rezar para que fuera una buena guardia, pues una de las compañeras del turno Vespertino les había comentado que la muerte andaba rondando los pasillos que ya la habían visto pasar por dos cuartos desde la noche anterior y querían librar un buen turno. Dejé sus historias de lado y seguí pasando mis seguimientos posquirúrgicos a los días. Vi que varios pacientes habían fallecido en una sola noche. Era rarísimo que tres pacientes bajaran de un mismo piso, pero como había de varias especialidades mezclados, no le tomé importancia. Aunque las enfermeras insistían que la muerte estaba cerca. Al día siguiente, las enfermeras habían puesto una pequeña imagen muy austera de una virgen. Estaba dentro de una bolsa de plástico, ya que había muchas prohibiciones de cosas que poner o usar en ese momento, ya que se buscaba tener lo menos posible de infecciones cruzadas a causa de materiales ajenos al hospital. Pasaron los días y una noche observé de reojo una silueta de una mujer delgada sentada al lado de una cama donde un paciente dormía tranquilo. Con las luces apagadas a ese hombre. Me tocó regresarlo del paro cardíaco porque casualmente logré ver que algo pasaba con él mientras pasaba de regreso por el pasillo. Al principio me molesté porque su familiar no se había quedado para recibir los informes tras lo sucedido, pero luego me sorprendió que era su padre el que estaba cenar en la parte de abajo cuando pasó todo era imposible lo que vi. Además, la figura que yo había visto brevemente al lado del paciente dormido no se parecía ni cercanamente al papá del joven. Yo vi una mujer no entendía lo que pasaba, pero tampoco me iba a poner a investigar. Mi prioridad son los pacientes, no cazar fantasmas. Pasaron las semanas y ya me estaba acostumbrando a pasar guardias tranquilas. Poco a poco fui olvidando el mito de la muerte que ronda. No escuchaba que alguien más lo mencionara, a pesar de que siempre se prestan los descansos para platicas, que muchas veces terminan en historias de fantasmas. En ese momento, al fin me fue asignado como ayuda a otro doctor suplente. Íbamos a pasar el turno de cirugía juntos, así que ya no tendría jornadas tan largas. Podía estar tranquilo. Ahora que éramos dos en el servicio, nos llevamos bien. El trabajo se sentía fluido y y y poco a poco comencé a sentir el alivio de dormir al menos una o dos horas seguidas por la noche para aguantar las guardias. En esos días nos habían dejado un pequeño espacio en la oficina del piso para poder llenar los formatos, hacer el papeleo general y demás cosas, pero también comenzamos a usarlo para poder dormir un rato sentados en las sillas. Era descansar ahí o no hacerlo. Las reglas no nos habían dejado espacio para dormir. Las áreas comunes como colchones o la cafetería, estaban cerrados o se limitaban a pocos usuarios para evitar el contagio del personal por el cruce del virus debido a la convivencia. A pesar de todo, teníamos que seguir trabajando. Eso no podía detenernos. Yo estaba bastante harto una noche a causa de una paciente que parecía habría que mandarla a interconsulta, a psiquiatría por su ansiedad tras la cirugía e iba revisando su expediente para ver todo do sus antecedentes. Cuando, al alzar la vista, pude ver casi imperceptible el pasar de una figura esbelta oscura hacia dentro de la oficina, me quedé parado en seco. No me moví intentando darle explicación a lo que había visto a los segundos. Salió mi compañero para decirme que iba a bajar a atender una urgencia. Pasé a la oficina y me acomodé para dormir un rato, pero lo que pensé ver me había dejado con una sensación extraña por qué vi de tan cerca aquello. Quizás me faltaba sueño. Todavía pienso que pudo ser eso, pero realmente sentí muy cerca esa presencia, por lo que de inmediato recordé aquellos relatos. La muerte estaría pasando en un lugar donde no había pacientes y la vi de muy cerca. No pude dormir la sensación de estar siendo observado desde una esquina. No me dejaba en paz. Al día siguiente me fui tarde. Había muchas hojas sin terminar. Me había quedado mucho rato pensando en la aparición, Así que se presentó la oportunidad de conversar un poco con la jefa de enfermeras. Ella me dijo que desde hacía unos días, todos los del turno habían visto rondar a la muerte. Quizás habría un turno muy movido en los próximos días. Me preguntó si yo también había presenciado su andar por los pasillos. Le dije que no y me fui no quería seguir dándole vueltas al asunto. Tras esa breve conversación, sólo falleció una mujer muy mayor que había sufrido una fractura tras caer en el baño de su casa. De ahí, en más nada, recuerdo bien claro el número de pacientes y que revisé a los que podrían pasar a un Estado más delicado de un momento a otro. Los de otras especialidades. Cuando les pregunté también estaban tranquilos, pues al parecer no tenían muchos pacientes con posibilidades de recaer de forma súbita. Pensaba que todo estaba tranquilo, así que no entendía por qué me sentía tan inquieto a a a A prdo, pesar de mi malestar, no podía seguir sintiendo esa ansiedad, así que seguí con todo lo más normal que pude. Intenté no pensar en eso y fue sencillo, pero cuando de nuevo vi la ronda de la parca, sentí que había cruzado una línea que no entendía. Pensaba que aquella presencia realmente me estaba anunciando la muerte, pero no entendí por qué. Además, en ese momento la vi en circunstancias completamente diferentes a las usuales. Iba caminando apurado a la oficina a sacar unas recetas, cuando, por el reflejo del vidrio alcancé a ver una presencia oscura que me seguía por la espalda. Me giré asustado, pero dueño de mí mismo no iba a gritar o hacer algún ruido, y eso sólo por terquedad, pero no quería que nadie supiera lo que estaba viendo. Tras unos segundos de mirar a mi espalda, de nuevo me giré y observé con terror que la Presencia ahora estaba más lejos, pero seguía detrás de mí. Alcanzaba a ver la delgada silueta, oscura y casi transparente detrás de mí. El reflejo me dejaba ver que era una presencia oscura alargada, que no me dejaba ver claro un rostro, pero que sabía perfectamente que me estaba mirando la figura no se movía ni un milímetro. Emitía una especie de transparencia extraña que me hacía pensar que el viento podría llevarse aquella visión. En ese momento, el miedo, si me heló las piernas, no supe reaccionar. Me congelé. Quise alzar la mano para tocar la perilla. Así podría abrir la puerta, pero la muerte me estaba viendo fijamente. No pasó mucho tiempo, o eso creo, yo miré aquel espectro negro desvanecerse poco a poco hasta que pareció que una estela se disolvió en el ambiente. Solté todo el aire que estaba conteniendo y a pesar de que fue muy breve, puedo recordar, tras estos años, muy claramente a ese espanto, esa figura delgada, como si fuera un hueso cubierto de negro, como un manto oscuro que camina. Tengo que admitir que tras aquella visión imaginé de inmediato que la muerte me perseguía, porque yo era el siguiente en morir. Nadie me había contado de un médico que muriera tras haber encontrado a la muerte o ser visitado por ella. Pero podría ser, pues todo apuntaba que si ella llegaba a donde está tu cama te toca. En ese momento yo dormía en esa oficina. Además, me perseguía de cerca abrí la puerta. Mi colega estaba despierto viendo videos en la computadora. No sé qué semblante habré tenido al entrar que dejó de lado su serie para preguntarme cómo estaba. Me preguntó si me sentía mal de forma automática. Le dije que sentía que me faltaba dormir. Me dejó el escritorio con el asiento él se iba a poner al corriente por mí en lo que dormía un poco me tomé el pulso. Sentí que estaba agitado, pues había sido demasiada impresión para mí. Traté de bajar el susto platicando de trabajo. Ambos nos quedamos quizás unos diez o quince minutos hablando, a pesar de que él me dijo que ya quería salir para pasar al baño. Yo no entretuve, no quería quedarme solo, pero tras ese tiempo él abrió la puerta para salir y desde mi posición recargado en el escritorio, alcancé a ver nítidamente como la figura negra giraba en la esquina desapareciendo. Sentí que el cuerpo se me puso helado mientras toda la sangre corría hacia mis piernas. Jamás había sentido lo que era el terror. Creí firmemente que la muerte me estaba esperando, pero se había marchado al ver que no era yo quien salía para seguirme. Me quedé como tonto mirando a la puerta cerrada. Después me paré como enloquecido. Me tomé el pulso, la temperatura, la presión y resolví en ese mismo momento ir a pedir un favor al laboratorio para tomarme algunas pruebas, pues quizás podría enterarme si me pasaba algo grave antes de que la muerte me tocara para llevarme con ella. Salí de ahí aún sin descansar me. Fui al laboratorio y pasé un día más haciéndome pruebas, Me reporté como enfermo, me hice análisis completos de sangre. Incluso fui con un amigo a una revisión rápida del corazón. Quizás por ahí estaba el problema silencioso. No tengo que mentir. No salió algo en las pruebas. Absolutamente nada estaba más sano que la última vez que me hice un chequeo y comencé a culparme por mi paranoia, así que fui a pedir que me medicaran. Pensé que la ansiedad por la carga de trabajo, más la sensación de peligro por la pandemia, estaba acabando con mi tranquilidad. Justo antes de comenzar mi turno fui por el medicamento para la ansiedad. Me lo tomé, fui a checar mi entrada y me dediqué a trabajar, como usualmente lo hacía. Raramente, mi compañero no apareció. Falleció durante la mañana en un accidente con su moto. Lo extraño es que jamás volví a ver aquella fibra. Tampoco volví a escuchar que alguien la viera y duré trabajando ahí otro año más la vida me puso en otro lugar, pero me quedé con esa duda hasta la fecha. No entiendo qué era lo que decían que venía por los pacientes. Si era la muerte, no sería evidente que seguiría ahí llevándose a los enfermos. No entiendo por qué desapareció junto con mi colega en ese tiempo estaba haciendo mi residencia. Estaba por segundo año y tenía un compañero que siempre me pareció raro. Era un muchacho, muy alegre, divertido, muy normal, diría yo, pero siempre parecía hacer cosas inusuales, como que de pronto se iba a otro lado, se paraba en seco, lo veía hablar hacia sí mismo. En algunos momentos. Como yo soy muy callado, siempre buscaba la forma de platicar conmigo claro que buscaba llevarse bien con las otras dos chicas que hacían la residencia con nosotros, pero a mí me contaba chistes o buscaba la forma en la que nos lleváramos bien. Tiempo después, cuando me relajé un poco porque ya teníamos tiempo de conocernos, me dijo que le había caído bien desde que nos presentamos por primera vez al servicio. Como digo, él siempre ha sido raro. Yo no estimo bastante, pero en ese momento me cansaba seguirle el ritmo. Las personas que me conocen saben que soy una persona callada tranquila. Si participo en los eventos o voy a reuniones, pero me gusta más observar. Lo que voy a contar es algo sobre él. Este amigo quien me dio permiso de poder contar lo que pasamos, por lo cual nos volvimos cercanos. Él no dice mucho de cosas paranormales. Es raro que se meta en la conversación cuando alguien saca esos temas y en el hospital no falta la noche en la que alguien está aburrido y comienzan a contar historias de las cosas sobrenaturales que pasan ahí. Mi amigo, al que llamaré paco para mantener su identidad en secreto, parecía no interesarle esos temas hasta llegó a irse varias veces cuando comenzaban a contar sucesos fantasmales. Como me gusta terminar mi trabajo y no creo en esas cosas. También me iba al escuchar tonterías de aparecidos. Así que poco a poco hicimos como buena relación. Yo quería trabajar, él trabajaba y seguíamos el ritmo, aunque fuera agotador. Las residencias son muy cansadas. Es muy desgastante el nivel de trabajo. Así como las horas de desvelo, pero el grupo que estudiábamos ese año nos ayudábamos. Así que recuerdo con cariño ese tiempo. Al principio no le hacía mucho caso a paco, a pesar de que se le notaba que buscaba llevarse bien conmigo. Yo no era grosero ni nada. Sólo no es mi personalidad ser tan extrovertido como él. Íbamos una noche caminando por el pacíllo que lleva a Quirófano. Cuando me dijo que sí podíamos regresarnos porque se le había olvidado algo en urgencias, le dije que podía ir solo, que aprovecharía ese momento para ir por un café y que sí quería podía traerle uno paco. Se quedó inmóvil unos segundos mirando el largo pasillo. Luego me miró diciéndome que prefería que fuéramos juntos me pareció una tontería perder el tiempo. Así si yo podía ir por el café y él, por lo que se le olvidó, insistió dos veces más, pero yo me irrité, así que le dije que iba a ir de una vez por el café porque no tenía tiempo para sus asuntos. Caminé por el pasillo, intenté no voltear, pero me pareció curioso que no sentí que me siguiera. Usualmente eso hacen las personas cuando uno se va caminando molesto, pero al mirar desde la vuelta donde termina el pasillo, justo para pasar por el lugar donde desinfectan todo el material del hospital, vi que paco estaba parado donde lo dejé. No se movía. Tampoco me miraba a irme estaba mirando a un punto en la nada. Me arrepentí de como lo traté. Quizás estaba muy cansado o algo más. Si yo ni siquiera le había preguntado de buena manera que había perdido. Se veía concentrado en otra cosa, como cuando te quedas muy profundamente en tus pensamientos. A pesar de que lo vi así, no regresé. Me fui por el café rato. Después lo encontré sentado afuera de los consultorios en las sillas para pacientes. Le había estado marcando para localizar, pero jamás contestó. Al llegar a la sala de descanso, no lo encontré. Quizás no había encontrado lo que perdió, pero tampoco sabía si lo que estaba perdido era muy importante. Incluso pudo ser el celular y yo estaba marcándole desesperado para saber si se iba a dormir primero un rato o podía hacerlo. Yo salí a buscarlo porque me preocupó. Cuando lo vi sentado, llegué molesto a pregunté porque no me contestaba. Me dijo que no había escuchado las llamadas porque estaba en vibrador el celular. Le pregunté si había encontrado lo que perdió y que era tan importante como para regresarse a urgencias para encontrarlo. Me dijo que lo había encontrado, pero no me dijo que era. Después se quedó callado mirándome estaba con esa sensación de que le había pasado algo malo. Se veía decaído. Le pregunté si estaba bien. Le dije que su café estaba en la sala de descanso y me dio las gracias. Mandándome a dormir, dijo que él se quedaba despierto. Lo vino verme veía otra cosa. Me hablaba, pero no era directo a mí. La sensación de que pensaba en otra cosa me incomodaba, pero lo que realmente me hizo irme de ahí sin decir nada. No fue mi orgullo, fue la sensación de que alguien estaba detrás de mí. Me fui sin decir nada el escalofrío en la nunca me quedó, pero no vi nada. Jamás Había sentido al a, algo, algo parecido en mi vida y tampoco lo he vuelto a experimentar Esa semana. Estuvo intranquilo, lo vi más cansado de lo usual. Estaba molesto con él. Me parecía una tontería su fatiga porque el servicio no estaba tan lleno, así que el trabajo no estaba acumulado. No me explicaba por qué se veía tan acabado. Las chicas también habían notado su cambio. Estuvieron animándolo en los ratos que nos juntábamos para el pase de guardia a los ocho días de aquello. Decidí hablar con él directamente porque había estado tan bien descuidado en su trabajo y eso era algo peligroso para un doctor. Lo busqué. Cuando estaban las chicas entrando a su turno, nosotros íbamos de salida y le dije que le invitaba a un café, pero no quiso a los segundos. Me dijo que mejor si aceptaba la invitación, pero que no iba a pedir café. Me miraba de una forma inquietante. Después de un rato de estar platicando del trabajo, me soltó sus pensamiento, así como los tenía sin filtros o delicadeza. Me preguntó si había sentido algo raro los últimos días. Me dijo ser sensible a cosas que las personas no ven y algo malo estaba acechando a todos en el servicio. Me contuve de reírme. También me quedé en silencio. Me imagino que cualquiera al que le digan esas cosas tendría preguntas, pero yo me quedé en blanco. Después pensé en las veces que lo veía. Inquieto la forma en que desaparecía los ratos enormes que pasaba fuera del consultorio de la especialidad. Incluso pensé en su agotamiento. Supongo que juzgó mi silencio como algo bueno, y ahí fue donde me comentó que sentía cosas sobrenaturales. Me dijo que no pensara mal de él, que simplemente era algo que toda su vida lo había llevado y que, además, por esa razón había elegido ser doctor. Quería ayudar a las personas después de que le recomendé ir a que le dieran medicamento para él estrés. Comenzó a contarme que no era algo directo, que no era de esas personas que dicen pueden hablar con los muertos o pueden ver demonios o esas cosas, sino que podía sentir los lugares y a veces comenzaba a inquietarse o a tener la sensación de ir a algún cuarto de los pacientes por una especie de presentimientos. Siempre había sido así para él, pero todo había cambiado así a unos días donde de la nada había visto a alguien parado en el pasillo de quirófanos, una mujer. Ella nos miraba fijamente. Yo estaba en silencio revisando mi tabla con los pendientes. Él sintió un frío que le invadió desde los pies hasta el torso. Poco a poco, no pudo con la sensación de peligro que sintió. Se quedó parado. Luego fingió que había olvidado algo para alejarse. De ahí. Yo no quise seguirlo. Aquella entidad nos miraba, pero no podía decir nada. Temía pasar a su lado o sentir que lo tocara. Se veían ns muy real me dijo, pero también era horrible. Tenía el rigor mórtis en la cara. Era una mueca de dolor congelada en su rostro. Los labios permanecían ligeramente curvados, semi abiertos, amoratados. La piel era de una palidez transparente. Sus ojos eran grandes, como si el miedo estuviera en ellos escondido. Las pupilas eran opacas, completamente negras y la zona blanca de los ojos se veía amarillenta. Sus cabellos se veían grasos, se pegaban a su cuello y cara como si estuvieran humedecidos. Llevaba la bata del hospital, pero se veía rota como si fuera muy vieja. Además, tenía manchas como si hubiera sangre o solución antiséptica en ella. No alcanzaba a verle los pies era transparente. Un escalofrío me llegó desde atrás de las orejas al escucharlo y sentí como se enfrió poco a poco el ambiente. Mientras Paco me describía a aquella mujer se veía cansado contando sus ojos. Parecía que iban a dejar soltar lágrimas. Le dije que pensara, que le creía que confiara en mí que iba a hacer. Con eso se quitaban los espectros. Me dijo que jamás le había pasado algo así. Lo peor es que lo tenía loco verla en todos lados. Los reflejos de las ventilas le regresaban la mirada de aquella mujer, una mirada de furia inquietante. También siempre la veía en la esquina de la sala de usos múltiples, ahí donde nos reuníamos a pasar las guardias. Tomaba mi café con tranquilidad, pensando en cómo iba a convencerlo de llevarlo a psiquiatría. Era obvio que Paco estaba teniendo un cuadro de alucinaciones muy severo. Mientras pensaba eso, él seguía describiéndome como la mujer se colaba en todas partes. Me dijo que la causante de que a una de las chicas se le atorara el cabello en una ventana que terminó por arrancarle un mechón de cabello había sido ella. Obviamente, no le creí eso había sido un accidente. Además, los últimos ocho días todo había estado como de costumbre. Lo único diferente era su actitud y su apariencia enferma. Cuando terminó de enumerarme los momentos en que aquella aparición se había manifestado. Según él, tomé aire para decirle de la forma más calmada si quería que lo acompañara a valoración. Él se molestó muchísimo conmigo. Me dijo que sí. Me contaba eso era en confianza que no esperaba que lo fuera a juzgar de loco de inmediato. Estaba tan molesto que se paró de golpe, sacó la cartera y se puso a buscar un billete para dejar los gastos de su desayuno. Antes de irse, intenté calmarlo, pero no me escuchaba en ese momento la taza en la que yo estaba tomando café se estrelló dejando caer el asa. Miré a todos lados paco se veía casi azul de susto. Me paré de inmediato. Le toqué un hombro para sacarlo de sus pensamientos inmediatamente. Me dijo ves sí, sigue aquí, incluso fuera del hospital. Yo le dije que quizás algo entró por la ventana y le pegó a la taza, pero la mesera que recogía la taza, me pedía disculpas diciéndome que no entendía por qué aquella taza había reventado parecía que estaba tan caliente el café que no había soportado la temperatura. Paco salió de la pequeña fonda, un lugar de comida económica a una cuadra del hospital. Tras eso evitó hablarme para algo que no fuera trabajo. Yo podía vivir con eso con su falta de conversación, pero la situación comenzó a tornarse algo siniestra. Dentro de los turnos llegó el punto de que quería preguntarle más sobre sus visiones. Primero fueron las chicas. Ellas nos habían dicho que las habían encerrado en el baño para aseo del personal. Se habían metido a bañar y cuando quisieron salir la puerta no se abría por nada, ni siquiera pateándola. Así que comenzaron a gritar tras un grano en el que llamaron las enfermeras, que escucharon los gritos al personal de mantenimiento Lograron abrir con una barra el cuarto, pues parecía que se había hinchado la puerta hasta quedar atorada en todo el marco. Al romper un poco, la puerta se dio, pero no se abrió fácilmente. Parecía que algo la estaba deteniendo, algo como bolas de hilos de cabello negro. Era tan inexplicable aquello que comenzaron los rumores de que las regaderas estaban embrujadas. Cuando escuché aquello, inmediatamente pensé en paco. Ese día él no había querido ir por nada del mundo a la zona de descanso. Al momento de terminar su turno, había pedido a alguien más que le llevara su mochila. Salió con el uniforme dispuesto a cambiarse al baño de la gasolinera, pues en ese momento estaba prohibido salir con el traje quirúrgico a la calle para tomar transportes públicos. Pensé que Paco había hecho aquello a escondidas. Por eso su actitud tal evasiva y sospechosa a los dos días nos tocaba guardia nocturna. Iba a comprobar o desmentir que Paco estaba desequilibrado mentalmente. Era demasiado lo que pasaba, incluso sospeché de él como el autor del incidente de las regaderas. Al momento de comenzar el turno lo vi normal, se veía recuperado más tranquilo, no lo vi separarse ni buscar la soledad sospechosamente. Al momento de ir al siguiente pendiente, pasamos de nuevo por el pasillo que nos llevaba A los quirófanos me dijo que la mujer estaba de nuevo parada en el pasillo. Le dije que en donde que yo no veía nada. Incluso le reclamé porque pensé que ya se le había pasado el episodio de estrés, pero al momento de que paré en seco para mirarlo directamente, él salió volando hacia atrás desde mi ángulo justo al lado de él, vi como si algo lo hubiera empujado con fuerza hasta tirarlo al suelo boca arriba. Lo vi ponerse rica. Parecía que algo le oprimía la garganta. Pude ver muy claramente cómo se hundían unas marcas de dedos en su garganta, mientras él se ponía rígido con la boca abierta intentando respirar de inmediato. Me fui a su lado, comencé a darle los primeros auxilios. Grité para que llegara alguien desde urgencias para llevarlo a una sala. Desde las cámaras de vigilancia. Se puede ver que cae hacia atrás como si algo lo hubiera empujado. Después se ven los primeros auxilios cómo se recupera del episodio y cuando lo subimos a la camilla para llevarlo a observación en urgencias, lo extraño es que más de una persona notó o mejor dicho, notamos que cuando Paco parecía tener una convulsión atípica en el piso, su sombra había crecido. Paco duró dos semanas hospitalizado por el trauma en la cabeza por cómo había caído al suelo. En sus resultados no se veía nada raro ni en la sangre, porque muchos se aseguraban que usaba drogas, pero todo estaba limpio, incluso los electronfalogramas aquellos que mostraban que su actividad en el cerebro era normal. Nadie se explicaba aquel episodio, así que la justificación a lo que nadie pudo aclarar fue que había tenido un momento de estrés tan intenso que su cuerpo había reaccionado ante eso de una forma muy violenta. Yo estaba ahí con él e incluso podría haber dicho que era estrés, porque tampoco yo le creía, pero vi con mis propios ojos como algo lo asfixiaba e incluso durante el episodio me dio un aroma muy fuerte a desinfectantes que no tendría por qué oler de esa manera en ese momento, y menos en ese lugar, pues era el mismo que desprendía todo el conjunto de cosas que se usan para hacer algún procedimiento quirúrgico a los pacientes contra mi propia lógica. Creí en las palabras de Paco, quien reaccionó llorando cuando le dije que le creía que algo sobrenatural había pasado. Desafortunadamente, para Paco, aquello había dejado una mancha en su carrera. Ahora, algunos médicos dudaban de su salud y eso podría comenzar a tener problemas para conservar el internado también sus posibles puestos de trabajo futuros. Paco lo sabía, pero prefería que todos pensaran que estaba enfermo de estrés a hablar acerca de aquella mujer que veía en el servicio, pues si se detectaba el mínimo problema mental o cualquier cosa que se interpretara como eso, podría quedar completamente quemado ante la comunidad médica. Esto era que no podía ejercer la medicina e incluso podría perder su cédula profesional mientras se recuperaba. Merecía que, desde que no había puesto un solo pie cerca de los demás compañeros ni a los consultorios, había estado mejorando él. Pensaba que aquella mujer quería algo, pues durante el ataque había escuchado bien claro que le decía que ellos tenían la culpa. No tenía la menor idea, pero severamente la mujer estaba pegada a todo el servicio porque pensaba que estaba muerta por su culpa, o quizás había pasado algo horrible que la llevó a la muerte y pensaba que eran ellos. Hasta donde yo recordaba no conocía a una paciente con las características que me había dicho Paco. Siempre he sido de personalidad bastante curiosa, así que comencé a investigar entre enfermeras, los de trabajo social y mis mismos colegas. Le pregunté a los residentes de último año si conocían alguna paciente con las señas que había dado Paco. En Mascaré esa absurda búsqueda paranormal con mentiras cobrando también algunos favores, mientras mi ya amigo Paco descansaba a punto de ser dado de alta. Había sido medicado contra la ansiedad y estaba casi listo para reincorporarse al trabajo. Le conté mis avances. Todo llevaba a que había una chica joven que había fallecido un año antes de que en nosotros llegáramos. Me enteré de su apellido, así que con eso podríamos preguntar a alguien por lo que había pasado. Afortunadamente, Paco tenía el don de caerle bien a todos, Así que fue la señora de trabajo social quien le contó toda la historia de aquella paciente sin negarle la información, y Paco, por su parte, juró que era sólo por curiosidad casi como conocer un rumor que había entre los pacientes. Alicia era su nombre, era una chica joven de veintitantos y había fallecido por una peritonitis aguda. Sus familiares habían dicho que sucedió por culpa del doctor que la atendía el hospital Tenía en el registro que se había dictaminado, que fue una complicación normal por el procedimiento que se le realizó. Paco lo tenía claro. Esa ánima quería matarlo, porque pensaba que era él el que la había matado, pero también se dedicaba a provocar accidentes a todos los que llegáramos ahí. Así y que Paco resolvió que tendría que ir a la iglesia a pedir ayuda al padre o a quien sea para librarse de aquel espectro. No supe mucho de lo que hizo. Al salir de alta. Le habían dado cinco días más de incapacidad y lo vería hasta el lunes de la siguiente semana de un mes de agosto, muy lluvioso. Esa noche estuve solo en la guardia. Le había mandado un mensaje a Paco, pero no me contestó los pacientes comenzaron a ponerse mal. Otros más llegaban de emergencia y llamé a una de las chicas para que vinieran a cubrir. Se estaba poniendo de terror el hospital. Muchas urgencias acompañadas de una tormenta que iba y venía haciendo que incluso llegaran accidentados. Cuando me di cuenta de la hora, eran eso de las cuatro de la mañana. La tormenta hacía bajar un poco la luz. Las bombas del agua en algunas zonas del hospital se habían apagado. El hospital estaba bajo cierto caos. Cuando me descubrí caminando por l aquel pasillo que lleva a los quirófanos, pensé por un momento en el episodio que había vivido paco alcé la cabeza. Tras recordar lo que pasó con él en aquel piso, recordé la sombra ese extraño movimiento de la piel en su cuello y su terror. Al describir a aquella entidad terrorífica, entonces brevemente la vi caminar desde lejos del pasillo allá en la puerta de acceso a la zona del jardín. El aire se agitó sincronizándose perfectamente con un rayo que iluminó todo, mientras las luces parpadeaban, prendiéndose y apagándose. El trueno intenso que hizo vibrar todos los vidrios me hizo temblar las manos, por lo que dejé caer la tabla que llevaba. No me creía lo que veía. Aquella figura femenina, impregnada de ese aroma extraño me miraba con odio. Luego desapareció cuando un grito rompió todo el silencio que había en el hospital. Una anciana gritaba en medio de una crisis senil l a lo que lejos la escuchaba. A partir de ese día, jamás dudé de las palabras de paco. Tampoco volví a ver nada y por su parte, mi ahora mejor amigo había decidido dejar el internado, pues decía que el espíritu comenzó a seguirlo, no dejándolo en paz, hasta que dejó de ejercer la medicina, ni las peregrinaciones, las limpias o alguna de esas cosas que hizo para poder librarse de ella. Lo pudieron ayudar a librarse de su ira. Relatos escritos y adaptados por Patricia González