Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Brujas Atormentan El Pueblo De Mi Abuela Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Mi nombre es liborio. Les ama y contaré una historia de mi abuela, quien, una noche fría de invierno, nos contó a todos sus nietos algo que le pasó muchos años antes, algo que debo decir fue aterrador y muy desolador. Todo sucedió una noche en Navidad, en la que el frío helaba los huesos y toda la familia estaba reunida, contando experiencias e historias, puesto que eso era lo único que se podía hacer en esos años. Estaban esperando que la cena estuviera lista y mientras los niños se deleitaban con esas historias aterradoras, Después de que la abuela escuchara una historia horrorosa, dio un grito que se escuchó por todos lados y era por eso que hasta sus primos estaban completamente aterrados, abrazados a las piernas de sus padres. Eso fue hace mucho tiempo cuando mi abuela aún era una niña, y es importante recordar que por aquellos años, los niños se impresionaban enormemente con cualquier historia así fuera fantasía o paranormal es más, muchas veces los mismos adultos llegaban a sentir miedo con ellas, incluso más que los pequeños, debido a que aún muchas cosas allá afuera eran desconocidas. En fin, quien contaba la historia era mi bisabuela, quien, lanzando un rápido vistazo a sus hijos y sobrinos, les dijo que era importante nunca salir de noche y luego les preguntó que si habían entendido y ellos aterrados asintieron con la cabeza contaba mi abuela que después, cuando la cena estaba lista, toda la familia se sentó a la mesa, Comieron y bebieron como tenían planeado y aunque poco a poco se fueron relajando el estado de alerta en el que estaban, seguía en sus cuerpos y la noche estaba lejos de haber acabado ya haciendo la sobremesa y con algunos de los familiares listos para dormir, la bisabuela ordenó que se cerraran con llave las puertas de la casa. Ella, tomando en mano su enorme llavero, se dirigió personalmente a cerrar la puerta principal. Mi abuela recuerda, como vio a su madre, congelarse de miedo frente a la puerta antes de introducir la llave en la cerradura, sin que nadie lo pidiera. Todos guardaron silencio, quedándose completamente callados como nunca lo hubieran podido lograr. Las más de quince personas que estaban reunidas en total silencio poco a poco, a lo lejos comenzaron a escuchar lo que había asustado a la bisabuela entre el soplido del viento, el grito aterrado de una mujer se dejaba escuchar punzante y escabroso. Entonces las tías de mi abuela comenzaron a murmurar y a preguntarse si era ella como si fuera algo normal escuchar aquellos alaridos. Una de las tías llamadas socorro al instante comenzó a ponerse nerviosa y por un momento estuvo al borde del llanto, pero la bisabuela interrumpió diciendo que probablemente no fuera ella, que pusiéramos mucha atención al llanto y volviendo a prestar atención, todos ya reunidos alrededor de la bisabuela junto a la puerta lograron oír otro sonido que poco a poco se fue abriendo camino en el ambiente. Aparte de los gritos de mujer que lograban oírse a la distancia, Toda la familia se percató de que había gritos, gritos de hombres en medio de los agudos gritos de mujer Y aquello que se lamentaba esa noche no eran personas del pueblo a las que algo les estaría pasando. Peor aún se lamentaban ante el horror de lo desconocido. La bisabuela y las tías abrieron la puerta, salieron corriendo a la calle, donde voltearon en todas direcciones, solamente para poder apreciar una densa niebla que inundaba todo el ambiente, que no dejaba ver más allá de unos cuantos metros, Y entonces todos vieron salir a la vecina. Quien gritó que se metieran porque ya iba a llegar la vecina había escuchado el portón de la casa y los mismos gritos horribles es porque se había asomado a su ventana preocupada. También la bisabuela se acercó a ella para contarle rápidamente lo que acechaba esa noche, y tan pronto ella se retiró de la ventana de la vecina. Aquella mujer se encerró con su familia hasta la mañana siguiente. La tía Socorro salió para meter a su hermano nuevamente a la casa, pero antes de que ella regresara, la bisabuela gritó que nadie saliera de sus casas, esperando que fuera una advertencia suficiente para los vecinos alrededor. Más tarde llegó la tía Socorro llorando desconsoladamente, diciendo que no había encontrado a su hermano. Era como si hubiera desaparecido entre las hierbas, pero dijo que había visto a un cerdo muy grande atrás de ella. Su presencia sen tiró tía aterradora y de un momento a otro comenzó a correr detrás de ella. La bisabuela cerró la puerta con llave y metió a la tía Socorro, quien pedía que salieran a buscar a su hermano, pero todos hicieron caso omiso. Aquella noche fue larga y los niños, incluida mi abuela, cayeron dormidos apenas unos momentos después y los adultos pasaron la noche prácticamente en vela sentados a la mesa rezando rosarios una y otra vez, mientras aquellos gritos ocasionalmente se escuchaban interrumpir la calma de la madrugada tan pronto como se hizo de día tocaron la puerta. Era el hermano de la tía Socorro, quien venía totalmente lleno de lodo y raspado de la cara. Cuando le preguntaron qué había pasado, dijo que un cerdo negro muy grande lo había embestido, pero que había logrado esconderse en un lugar toda la noche hasta que amaneció y se sintió seguro de regresar. La bisabuela y las tías se prepararon, tomaron sus rosarios, sus misas y envolvieron sus cabezas en rebozos, dispuestas a asistir a la iglesia, donde, aparte de reafirmar su fe, discutirían los hechos de la noche anterior y se enterarían quién o quiénes eran los que gritaban en la iglesia. Varios pobladores, visiblemente preocupados, esperaban afuera a que la tía Socorro, quien ayudaba al padre, abriera las puertas. El padre no había llegado y los vecinos aprovecharon para comentar el claro estado de histeria el terror que algunos habían vivido la noche anterior, a decir, de algunos pobladores que vivían más cercanos al templo las horas anteriores. Durante la madrugada habían tenido experiencias muy extrañas. Algunos de ellos decían haber escuchado mujeres hablando afuera de sus puertas y ventanas, pero al salir no habían podido encontrar a nadie ahí. Otros comentaron que sus hijos les advertían de la figura de una mujer que tocaba sus portones, pero nuevamente, los padres no pudieron encontrar nada. La tía socorro, tomada de la mano de sus primas y frente a todo el pueblo, narró lo que ella había visto la noche anterior y todos la escucharon con un suspiro de asombro. Se quedaron totalmente atónitos. Aquella noche fue que algunos vecinos dijeron haber escuchado claramente cerdos afuera de sus puertas. Pero estas personas ni siquiera habían querido asomarse a espantarlos. A excepción de un señor que abrió su portón y en ese momento, un cerdo enorme color negro salió de entre la neblina para tomar a su pequeña hija de su vestido y arrastrarla violentamente. Su padre alcanzó a tomarla de la mano, gritando a su familia, que también estaba reunida, logró que todos fueran a ayudarlo y tratar de detener aquel inusual animal que parecía decidido a sustraer a esa pequeña de los brazos de sus familiares. Toda la familia gritaba en un forcejeo que duró minutos. Esos fueron los gritos que todos en el pueblo escucharon al al principio lo s s ons. Los otros lamentos que se oyeron ya avanzada la noche no tuvieron explicación. Algunos decían que venían del monte, otros de la iglesia. Lo cierto es que nadie tenía respuestas claras. Una joven de unos dieciséis años dijo haber visto a la tía Socorro. Al parecer, la familia de esta chica tenía una gran olla de ponche calentándose en el patio, al acompañar a su hermano y a su primo para que la metieran a la casa. Ella se quedó un momento detrás. Cuando escuchó los gritos de la tía Socorro, apenas por encima de su cerca de maderos viejos, la vio pasar corriendo en dirección opuesta al templo. La joven sin entender bien qué ocurría. Se quedó expectante para ver si alguien venía detrás de la tía socorro y vio que la venían persiguiendo. Pero ella no vio un cerdo como el que habían visto. Al contrario, ella vio una figura de mujer con el cabello negro y un vestido negro y mangas largas, más parecido a una prenda fúnebre que a un vestido festivo digno De esas fechas, por supuesto, el alboroto en la iglesia no se hizo esperar y todos, en claro estado de terror, comenzaron a comentar. Pero la joven agregó que después de eso dio a dos mujeres más persiguiendo a la tía socorro. Eran tres con vestidos largos y negros, el cabello muy largo y zapatos de piso, aunque por un momento quiso creer que eran la bisabuela y sus hermanas las realidades que algo no se sentía bien en todo eso y la joven no pudo hacer más que meterse a su casa y esperar a la mañana para comentarlo en la Iglesia aquella mañana no había un consenso entre los hechos ocurridos. Algunos pensaron que las otras dos figuras seguramente eran una representación de unas niñas perdidas que venían a tomar venganza. También otros mencionaron brujas, pero lo cierto es que nadie tenía la respuesta y el sacerdote al que todos estaban muy apegados, no aparecía por ningún lado. Aquel pueblo tuvo que enfrentarse sin su consejero espiritual, llenos de incertidumbre los siguientes días, en los que a partir de las seis de la tarde, las calles se quedaban absolutamente solas y todos pasaban las noches a puerta cerrada en sus casas sin querer salir. Además de que aquel pueblo era un lugar lleno de sembradíos y mucha vegetación, árboles muy grandes que hacían ver el lugar por las noches demasiado aterrador no había luz, así que se alumbraban con velas. Por eso todo el escenario por donde se viera era completamente horrible y a todos les daba miedo, incluso a los más valientes. Los sucesos extraños y avistamientos continuaron sonidos de cerdos afuera de las puertas, siluetas de mujeres escondidas en las sombras de la noche. Algo que particularmente narraba la bisabuela era que una vez en una velada de aquella semana se levantó al baño y se asomó por la ventana de su cuarto porque había escuchado ruidos y vio a una mujer preparada justo afuera de la puerta de su casa. Claramente se asustó muchísimo y más por los eventos que estaban pasando esos días. Pero a pesar de eso, intentó reconocerla, intentó confirmar si la recordaba siendo niña, pero el cabello que se notaba enmarañado le cubría el rostro. La bisabuela entonces bajó desesperada, corriendo por la escalera para verla por la ventana de la sala, pero al llegar ahí, aquella figura se había desvanecido. La bisabuela entró al baño y con pasos cansados, regresó a su habitación. Pero antes de volver a meterse a la cama con el rabillo del ojo, pudo volver a anotar algo en la ventana Allá abajo. Esta mujer continuaba ahí donde la había visto por primera vez. Por segunda ocasión y totalmente confundida, la bisabuela bajó corriendo las escaleras, pero nuevamente no pudo ver nada. Estando ya en la planta baja, la bisabuela no pudo hacer nada más que subir a la planta alta dispuesta a ir al cuarto de sus hijos, donde los encontró sorpresivamente despiertos. Mi abuela con sus hermanos estaban parados junto a la ventana viendo algo allá afuera. Algunos de ellos decían que había un cerdo grande allá afuera, pero mi abuela y una de sus hermanas veían claramente la silueta oscura de una mujer. La bisabuela, prácticamente obligándolos, los quitó. De ahí los recostó a todos y ella pasó la noche sentada junto a ellos, sin poder conciliar el sueño. Los días pasaron extraños y al llegar el año nuevo en el pueblo no pudo celebrarse misa, ya que ni el sacerdote ni la camioneta donde viajaba aparecían. Ya habían pasado siete días desde su desaparición la noche de Navidad y la gente parecía realmente agotada después de pasar varias madrugadas viviendo con todo lo que estaba ocurriendo ahí, las apariciones, los lamentos, los ruidos extraños, la oscuridad y todo aquello que no les permitía descansar a. Además de la constante incertidumbre en la que vivían por las mañanas, no era extraño ver mujeres que habían llorado toda la noche, pero no de dolor, sino de miedo de terror provocado por la angustia de perder a uno de sus pequeños que a veces parecían atraídos hacia algo allá afuera, algo que, lamentablemente, durante esa semana se llevó a dos pequeños. Pero la abuela no recuerda exactamente cómo fueron sus desapariciones. Muchas personas aún tenían esperanza de que el treinta y uno de diciembre, de algún modo, esos espíritus también decidieran irse en esa misma fecha. Pero no fue así. Por la mañana, los nubarrones negros de tempestad bloquearon el cielo, convirtiendo las primeras horas del día en un cristal gris y aterrador. Al dar las ocho de la mañana, las esperanzas de muchos de los habitantes del pueblo parecieron desvanecerse al comenzar a escuchar los lamentos nuevamente y en pleno día. La bisabuela estaba tan preocupada ese día, así que tomó a sus hermanas de la mano cada una empuñando un rosario. Salieron de la casa y comenzaron a tocar las puertas de los vecinos, que a su vez llamaron a más vecinos más que valor. Probablemente, el cansancio fue lo que impulsó a que el grupo de gente a caminar todos juntos rezando en dirección de la Iglesia. Pusieron rosarios, escapularios y cristos, pero los lamentos aquella mañana no pararon es más. En aquel momento se escucharon con más fuerza, pero provenían no de la Iglesia ni siquiera del pueblo. Parecían provenir del cerro y sin tener respuestas o saber realmente que los provocaba. Los pobladores de aquel lugar actuaron con lo único que podían. Tomaron materiales a su disposición con adobe, levantaron cruces en las orillas del pueblo que terminaron rodeando la periferia de aquel lugar. Eso no detuvo los lamentos, pero, para sorpresa de muchos, los mantuvo fuera del pueblo hasta que pasados varios días se desvanecieron. Fue una de esas noches que la bisabuela sentada en el patio. Sintiéndose más segura, les dijo a la familia algo importante. Comentó que seguramente alguno de esos cerdos se había devorado al padre de la iglesia y seguramente aquellas criaturas provenían del mismo infierno. E incluso dijo algo que alarmó a todos. Dijo que seguramente nunca se irían y que no podían ser sólo fantasmas. Sus hermanas le preguntaron entonces qué era, pero la bisabuela no podía explicarles. No lo sabía. En realidad. Dijo que podían ser brujas o nahuales, pero sólo estaba segura de que no era algo bueno, de que era algo que apareció ahí por la culpa de los pecados del pueblo, los cuales se habían acumulado todos esos años. Después de todo, las fiestas de diciembre despiertan muchas sensibilidades y arrepentimiento falso. En fin, dos semanas después del año nuevo, el sacerdote regresó y se dieron la rueda de que las sospechas de la bisabuela eran falsas. Eso fue algo bueno. Aquel cura les contó a todos que la noche de Navidad había salido en la camioneta con su acompañante cuando en carretera vieron algo inusual, era una mujer con un vestido largo y negro. Después aparecieron otras dos, una de ellas sentadas sobre una piedra, mientras que las otras dos bailaban dando saltos en la carretera, cuando el padre y su acompañante redujeron la velocidad para que aquellas tres mujeres de vestido negro les permitieran el paso. El cura recuerda haber sentido como si algo muy fuerte. Los golpeara Tres días después, los hombres débiles y con varios huesos rotos despertaron en una casa de madera y los cuidaban dos viejitos que amablemente, los atendieron durante varios días hasta que pudieron comunicarse con alguien para que fuera por ellos. Los viejitos les dijeron que las brujas los habían ido a tirar allá y tras ser llevados por un comerciante al pueblo más cercano, fueron hospitalizados unos días gracias a la intervención de la iglesia local y por fin habían regresado al pueblo. Todos se sorprendieron y se asustaron. Por eso la bisabuela aquella noche dijo que no salieran a la calle solos en los días siguientes. Cualquier fecha cargada de sentimientos y emociones podía abrir paso a portales que podrían ser allanados por espíritus malignos. El padre bendijo el pueblo casa por casa, llevó agua bendita y rezó por todos. Y esa fue la solución, pues las tres mujeres nunca volvieron al pueblo de la abuela mientras ella vivió ahí, aunque es cierto que un par de noches llegó a escuchar lamentos horribles a la distancia. La noche en que la abuela nos contó. Esto la dejamos tranquila al terminar su historia. Al menos eso creemos. Entonces mis primos y yo nos fuimos a mi cuarto a jugar videojuegos. Habíamos tenido suficiente terror. Aquella velada a mí me tomó un tiempo poder contar esta historia. Y es que el año pasado, hablando con unos primos por videollamada, quienes no pudieron llegar en Navidad por la pandemia no dejábamos de escuchar cómo sonaba el timbre en casa de uno de ellos. Al preguntarle por qué no iba a ver, nos dijo que tenía tres noches que por momentos tocaban a su puerta. A veces incluso escuchaba como si alguien se alejara corriendo de ahí, pero al salir a ver no había nadie en los pasillos y ahora prefería ignorarlo. Nos dijo que su mamá había escuchado sonidos de cerdos y cuando se asomó se dio cuenta de que había una mujer en la puerta. Por supuesto, todos se asustaron, pero con los días esos ruidos en su casa desaparecieron. Supongo que cualquiera de nosotros puede ser víctima de esas energías que me rodean las sombras. Quizás en este mes lleno de emociones, tengas a tu lado a alguien que no ves alguna energía que está contigo o alguna bruja acechando. Relato escrito y adaptado por Lira John