Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Esto Me Pasó En La Casa Del Diablo Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, Comenzamos por petición de los involucrados. Hemos cambiado los nombres de esta historia. Juan Marco Aurelio y Tomás eran tres amigos que se conocían desde que eran pequeños, pues crecieron y siguieron viviendo en el mismo vecindario a pesar del tiempo y que ahora ya tenían todos más de veinte años de edad. Se llevan muy bien entre ellos porque no habían perdido la amistad en esa temporada. Siempre se veían en las mismas reuniones de amigos. Frecuentan los mismos lugares, pues les gusta el mismo tipo de música y divertirse yendo a reuniones los fines de semana para tomar algo y pasarla bien una noche de fiesta. Un poco pasados de alcohol, comenzaron a contar historias de fantasmas porque caro una chica vecina les había dicho que había visto sombras en la casa de la esquina, donde estaba la tapicería. Ella les contó que en la noche de hace una semana estaban pasando por ahí. Cuando iban a comprar más cerveza y mientras todos estaban burlándose de algo que pasó, ella alcanzó a ver cómo en la segunda planta de la casa, a contra esquina, algo los miraba desde las sombras. Al momento de contar eso, Alicia le decía que sí conocían alguna historia de aquella casa y algunos respondieron que sí, pues era un lugar muy famoso. La casona era conocida como la Casa del Alacrán. Era llamada así porque en la fachada había como un cuadro de piedra donde estaba un alacrán. Ese lugar tenía algunas historias. Se decía que ahí habitaban los fantasmas de niños que eran llevados contra su voluntad. También decían que en las noches de luna nueva podían escucharse algunos gritos, pues habían torturado gente ahí durante la década de los setentas por pertenecer a movimientos estudiantiles. Una de las historias que llamaba más la atención era la de que había funcionado como una cárcel provisional. Este lugar estaba resguardado por algunos guardias y había espacio para mantener a varios reos. Cerca de unos cuarenta o cincuenta en esa casa, casi todas las habitaciones eran usadas como celdas. Sólo una permanecía cerrada aquella llamada la celda, donde habitaba el diablo. La leyenda contaba que una noche de invierno muy fría, varios hombres recién llegados a las ciudades de pueblos vecinos. Caminaban ya tarde por entre las calles cerca de esa cárcel provisional. Cuando llegaron ahí, al ver que estaban unos vigilantes, le dijeron que sí podían permitirles pasar la noche, aunque sea en el patio del lugar, pues querían resguardarse del viento helados. Ellos les dijeron que sólo había un solo lugar en donde podían meterse si querían dormir ahí en la celda, que nadie usaba. Al entrar, vieron que era una cárcel y sospecharon pensaban que iban a ser encerrados en ese lugar. Al final de los cinco hombres que habían pedido asilo ahí, sólo uno se había animado a dormir en aquel lugar. Necesitaba descansar después de caminar tanto para ir a la ciudad a buscar trabajo. Los otros hombres salieron de ahí rumbo al hospicio cabañas para ver si podían ser cobijados unas horas sólo hasta que saliera el sol, así que siguieron su camino. El hombre que se quedó en la cárcel les dijo que si tenían un petate, aunque sea para no dormir en el suelo frío y le dieron uno de los que usaban los reos. Además le dejaron una vela con una caja de cerillos. Le dijeron que ese lugar no se usaba porque quien entrara ahí era víctima de horribles visiones, tan terribles que varios hombres habían quedado mal de su cabeza. Incluso mencionaron que el último reo que metieron ahí había amanecido muerto. Al día siguiente. El hombre no se echó para atrás. Él era creyente de la Virgen, así que creía que estaba protegido contra todo mal. Sin decir más, encendió la vela y se internó en esa celda maldita mientras todos lo miraban entrar seguros que tendrían que cargarlo al día siguiente. Hasta el panteón pasó la noche. Había sido una noche oscura llena de ese viento helado que chifla entre las paredes y las ventanas del hombre. En la celda no se escuchaba nada. Algunos hombres prisioneros esperaron durante la noche escuchar algún grito, presenciar alguna cosa sobrenatural, pues varios de ellos tenían tiempo encerrados y habían sido testigos de lo que aquella celda le hacía a los hombres fueran inocentes o culpables. Pasó la noche y el hombre salió como si nada, agradeciendo el espacio prestado para descansar. Cuando se despedía a a a l o la, los guardias le preguntaron si había visto o escuchado algo durante su estancia. Tranquilamente dijo que sí, pero que pudo atrapar al mal para que no hiciera más daño. Todos asombrados no creían lo que decía el hombre, pero tampoco se explicaban porque no había muerto o se había vuelto loco como otros que habían pasado la noche entre aquellos muros. El hombre les aseguró que no fue nada increíble, sólo que el seguro de su fe pudo triunfar. Gracias a Dios. De nuevo dio las gracias por hospedarlo. Les comentó que dejaran su sombrero en las celdas sin moverlo un rato y salió de la casa. Se fue sin que nadie supiera su nombre o a donde iba, pues sólo había aclarado que había llegado desde lejos buscando trabajo. Los vigilantes incrédulos fueron a la celda para ver si podían averiguar que había pasado y al llegar encontraron el sombrero del hombre al lado de la vela que había recibido de ellos. La vela estaba completamente intacta, como si si sólo la hubiera encendido para entrar y entre la luz del día que se colaba detrás de ellos vieron que las paredes estaban llenas de manos negras pintadas hasta en el techo. Todos comenzaron a preguntarse qué había pasado. Era imposible que aquel hombre tan bajo alcanzara sin una escalera el techo, que estaba tan alto y un curioso había decidido levantar el sombrero del suelo. Todos gritaron al momento de ver a un alacrán monumental salir de debajo del sombrero. Era un enorme alacrán, el cual aseguraban ser de más de veinte centímetros de largo. Era de un color amarillo peligroso y se veía aturdido agazapado entre los gritos para decidir quién iba a matar al animal. Éste pareció despertar y salió corriendo entre los pies de los guardias. Tras esto, las cosas no volvieron a ser iguales para la casa prisión, la desgracia, se había apoderado de la finca. Había pasado de mano en mano, pero todos terminaban vendiendo la Casa casa por razones poco claras. Al momento que Caro les había contado que vio una sombra en uno de los balcones, la casa estaba abandonada. Como la historia parecía poco real. Algunos se burlaban del cuento, otros se lo tomaban en serio, pues era conocido por sus abuelos que en aquella casa habitaba algo oscuro que salía de vez en cuando a deambular entre los pasillos de la segunda plantallera. Por eso que podían ver la silueta moverse de un lado a otro entre las ventanas rotas y las puertas de los balcones abiertas. En ese momento, al calor de la fiesta y el alcohol, Tomás hizo una apuesta con los presentes. Dijo que él podía encontrar la forma de entrar a la casa para grabar con su cámara para ver si realmente había un ente oscuro. Rondando la segunda planta. Acordaron que fuera el siguiente viernes para aprovechar el ruido de las fiestas y las trasnochadas de los vecinos y que no los escucharan. Al momento de entrar al lugar. Entre Broma y broma se habían involucrado. Juan y Marco, el primero quería acompañar a Tomás para que no fuera a hacer una tontería, como siempre lo hacía, y el segundo gustaba de hacer exploraciones urbanas para visitar edificios abandonados, como habían prometido. Los involucrados en la puesta habían llegado puntualmente a la una de la mañana afuera de la casa del Alacrán. Uno de los que estaba seguro que no se iba a animar sabía que las puertas estaban cerradas, así que había llevado una escalera con la cual podrían subir hasta el balcón que tenía la puerta totalmente abierta y poder entrar a la casa. El grupo de amigos ya estaba tomando para entrar en ambiente pasó un rato en lo que se decidían a entrar a la casa o no, porque Caro estaba preocupada de que fueran arrestados por meterse a la casa sin permiso. Los demás la pintaban de santurrona por no permitirles a ellos que cumplieran con su apuesta y si ellos no pagaban, ella tendría que pagar el día involucrado por no permitirles entrar. Tras una hora aproximadamente, los tres chicos habían subido por la escalera corta habían brincado al balcón adentrándose en la casa abandonada. Los otros habían quitado la escalera para disimular y la habían acostado al lado de un carro que estaba estacionado en la acera de enfrente. Esperarían una hora su regreso unas cuadras más abajo para no verse sospechosos. Luego regresarían a poner la escalera para que pudieran salir los tres. Una vez que entraron, Juan fue el primero en decir que ya se quería salir o que mejor los esperaba en el cuarto, por donde habían entrado, pues un escalofrío en la nuca no lo dejaba en paz. Juan creía en las almas en pena y les dijo que seguramente había alguna. Por ahí pues no se sentía bien. Tenía ese escalofrío continuo. Además, la sensación de Mareo se había apoderado de él. Marco era al que menos le interesaba pensar en fln fantasmas. Él quería saber cómo era la casa por dentro y no se iba a perder la oportunidad de explorar el lugar. Tomás intentaba llevar a Juan con ellos para que no se quedara solo, pues podía caerse o pasar por algo sin que lo vieran. Al final, los tres comenzaron a deambular juntos por la casa. Llevaban una cámara y tres linternas. Caminaban con cuidado porque la maleza salía de entre los adobes de la casa. Se dieron cuenta que era un lugar mucho más antiguo de cómo se veía en la fachada que, a pesar de estar descarapelada y garafateada, daba una impresión de no tener más de treinta años de construida, pero por dentro parecía tener más de setenta. Caminaron por los dos tres cuartos de la parte superior. La luz se colaba por las dos puertas de los balcones. Estaba lleno de varias cosas que parecían ser arrojadas por las personas. Desde afuera había globos con agua sin reventar, también globos reventados, algo de basura, una o unas llanta de bicicleta, pero sobre todo se alcanzaba a observar restos de cera de veladora en el piso, y eso era algo que no podían entender. Cómo había terminado ahí al pasar al espacio de las escaleras que los llevaría al primer piso, tomás que iba grabando todo con su pequeña Cámara. Les dijo que por un segundo había visto pasar algo oscuro por entre las luces de la linterna cuando alumbraron escaleras abajo Marco dijo que iba a bajar primero para ver si estaban seguras las escaleras y se encaminó sin darle tiempo a los otros dos de seguirlo. Tomás estaba siendo testigo de cómo su amigo Juan estaba temblando por el terror que sentía, pero no justificaba que le tenía tanto miedo si parecía cualquier casa abandonada normal. De pronto dejaron de ver la luz de la linterna de Marco, por lo que Juan se puso a gritar si estaba bien, pero él no contestaba por más que lo llamaran. Tomás temió que algo hubiera pasado, pero no había indicio de lo que podía haber pasado, porque no habían escuchado nada ni un grito o palabra, tampoco cosas cayéndose o ruidos de golpes. Tomás le dijo a Juan que tomara la cámara y que se pusiera detrás de él. Iban a bajar a ver que había pasado, pero no podía dejarlo solo en la parte de arriba. Iban bajando poco a poco con cautela y pasando la última parte de las escaleras la luz con la que alumbrara. Tomás se pagó. Justo después de eso un sonido parecido al de un rugido los hizo gritar, subiendo de prisa hasta la mitad de la escalera. Mientras se tropezaban por el terror en la huida, Juan se había tropezado pegándose en las rodillas con el filo de las escaleras y había dejado caer la cámara en la parte de abajo marco se burlaba de ellos por el susto que les había dado. Mientras les apuntaba con su linterna para verle las caras. Tomás comenzó a pelear por su cámara. Le dijo que iba a pagar por la reparación, pues ahora no prendía por el golpe. Juan sentía que una de sus rodillas sangraba, así que les dijo que él tenía que salir de ahí para ir a limpiarse el golpe. Marcos se disculpó con los dos, pero más con Juan, quien estaba tan enojado que había intentado darle algunos golpes para que se quedara en paz un rato y dejara de burlarse de ellos. Entre la discusión que tenían escucharon a lo lejos unas risas. Pensaron que eran los demás que regresaban a poner la escalera para dejarlos bajar. Marco revisó la hora y les dijo que apenas habían pasado quince minutos desde que habían entrado. Se quedaron en silencio y las risas se convirtieron en una pelea tras escuchar bien aquello. A lo lejos eran sus propias voces, como si un eco repitiera de forma atrasada lo que ellos habían dicho anteriormente. Tomás sintió pánico y fue a tomar a Juan del brazo para levantarlo de las escaleras. Cuando un golpe Secos escuchó Marcos, se supo que r el sonido se había escuchado detrás de él y al sentir un leve toque en su talón derecho brincó de miedo dando un pequeño grito ahogado, puso la luz de la linterna en dirección de lo que le había tocado el pie y vieron los tres una veladora en el suelo. De alguna manera había rodado hasta Marco desde algún lugar y eso les aterraba. Marco les dijo que eso era imposible. Alguien tendría que estar dentro de la casa sin que ellos lo hubieran visto antes. Juan dijo que sintió algo en su espalda y voltearon los tres saber hacia los cuartos de la segunda planta. Entre la poca luz que rebotaba de sus linternas, vieron con claridad como una sombra pasó de un lado a otro, siendo iluminada por la luz que entraba desde el balcón abierto. Los tres bajaron completamente a la primera planta y corrieron sin fijarse a donde iban, terminando en el espacio que parecía ser la entrada principal. Ahí había arrumbadas algunas cosas antiguas, una bicicleta vieja nas, algunas cannas s s o des mimbre y unas veladoras usadas en un carrito con el que se sirven los platos en un hotel. Tomás fue a la puerta e intentó abrirla, pero se dio cuenta que estaba bien cerrada por una cerradura nueva. Al parecer, habían reforzado la entrada para que no pasara nadie. Los tres amigos se miraban con miedo. Tendrían que volver a subir si querían salir de ahí, porque seguramente no había otro lugar, ya que la única puerta abierta era la del balcón, por donde habían entrado. Marco se puso en una modalidad de héroe y les dijo que iba a encontrar la forma de salir por otro lado, así que les dijo que lo acompañaran a dar una vuelta para ver si por alguna otra puerta o ventana se podrían brincar hacia afuera. Juan les dijo que no quería hacer eso, que prefería subir corriendo e intentar bajar brincando hacia la calle, aunque no hubiera escalera que buscar por la casa. Cuando dijo eso se escuchó que algo se cayó de nuevo y al apuntar la luz al lugar de donde venía el sonido, un valero antiguo rodaba por el movimiento. Tomás le dijo a Marco que estaba loco si quería revisar la casa, que primero le diera una explicación lógica de cómo había llegado el valero rodando hasta sus pies so la vela y que con gusto iba a ayudarlo a encontrar otra salida entre la oscuridad. Marcos sacó una navaja oculta en su pantalón y les dijo que fuera quien fuera, él iba a encontrarlo. Juan y Tomás se alarmaron, le preguntaron por qué traía eso en la bolsa, y él solo se volteó a buscar por entre las otras habitaciones de la casa, sin decirles nada más. Mientras intentaban hablar con Marco para hacerlo entrar en razón llegaron al fondo de la casa, donde había una pequeña habitación cerrada. La perilla se veía antigua y endeble, así que Marco, sin pensarlo dos veces metió la navaja en la perilla, dejando la puerta abierta. Descubrieron que esa tampoco era una salida y Tomás preguntó en voz alta si aquella sería la celda de la leyenda. Pero antes de que pudieran contestar, Juan no se empujó por moverse de donde estaba. Mientras les decía una y otra vez que una mano le había tocado el hombro entre la confusión. Las linternas habían apuntado en todas direcciones y los tres se habían dado cuenta que ese cuarto tenía algo en las paredes que se estaba moviendo. Se quedaron quietos y Marco le puso la mano en la boca a su amigo para que se callara el sonido de pequeñas voces murmurando los rodeaba a la par de que muchos alacranes se movían huyendo de la luz con que les apuntaban al revisar las paredes del pequeño cuarto de inmediato, salieron corriendo de ahí Antes de que les fuera a caer algún alacrán llegaron hasta las escaleras. Tenían que salir de ahí lo más rápido posible, pero al momento de comenzar a subir las escaleras, apurándose unos a otros, Marco gritó dolorosamente. Miraron hacia atrás los otros dos amigos y hl h chino pisaba con fuerza algo en el piso. Les mostraba una mano diciéndoles que ahora si tendrían que correr hacia afuera, porque uno de esos alacranes había caído sobre él picándole un dedo de la mano. Mientras les decía eso, Juan y Tomás apuntaban las linternas para iluminar la dirección de Marco, así que pudieron ver que la figura oscura de un hombre sucio con harapos lleno de cortes y con un rostro tan oscuro que era imposible verlo tocaba el hombro de su amigo desde atrás. Marco gritó al instante de sentir el toque y los otros dos lo apuraban a que se subiera pronto, diciéndole que algo estaba detrás de él. Subieron hasta uno de los cuartos y una especie de bufido de hombre molesto se escuchó en un ecofantasmal por toda la casa. Sin mirar más, llegaron hasta el balcón, donde ya estaba el chico que los había retado a entrar la casa. Les preguntaba dónde habían estado, porque habían pasado dos horas si había tenido que subir a r buscarlos para saber qué había pasado con ellos, como no tenían tiempo de explicar nada, sólo le dijeron a Uriel que ayudara a bajar a Marco. Primero, el chico se estaba poniendo amarillento decía que estaba mareado y estaba perdiendo la fuerza de las piernas. Al bajar, Marco se sentó en la banqueta y les dijo a los demás que le había picado un alacrán dentro de la casa. Al instante caro le dijo a Uriel que ella iba a ir corriendo a su casa para decirle a su papá que habían tenido un accidente con un alacrán. Los minutos que siguieron fueron un caos. Todos corrían para poder llevar a tiempo a Marco a la sala de urgencias porque tenían que ponerle un suero contra la picadura. Pronto, afortunadamente, llegaron a tiempo y todo había quedado en un gran susto para todos, excepto para Juan, pues él se había quedado traumatizado al revisar la Cámara que le había confiado. Tomás, al momento de moverse para ir al hospital, la cámara no estaba rota. Había grabado un poco de su entrada a la casa y en una de las tomas había visto al mismo hombre con los cortes en cuerpo y vestido de harapos asomarse por entre las escaleras. En la imagen, aunque era de manera rápida algo borrosa, casi como transparente y gris, se alcanzaba a intuir su silueta. Además, al momento de grabar el primer cuarto entre las sombras que se veían al lado del balcón, por donde no daba bien la luz del alumbrado público, la cara demoníaca de una entidad se divisaba mirando a marco. Relato escrito y adaptado por Patricia González