Latest / Carne Cruda Podcast / Derroteros: Identidad, con Santiago Alba Rico (CARNE CRUDA EXTRA)
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- Adiós se va igualmente derrotero. Pértalo bien camino dirección medio tomado para llegar al fin, propuesto conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar, pero que nos vamos dirección que se da por escrito para María Díaz. Además, va a seguir en fin de libro que contiene un derrotozo luego una línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos en rota. Derrotero ro Déjate déjate, derroteros Iroso pensar paseando con Santiago alba Rico, qué falta nos hace pasear tranquilamente, hablando y dejando que el hilo de la conversación nos lleve. Santi Crudos, Días, crudos días, javier A, dónde nos vamos a ir, pues Mira, nuestra amiga y compara llega Celtia, me había sugerido que me hablásemos de la identidad, que es un tema complicado, sin duda donde los haya y a mí a un riesgo de decepcionarla. Se me había ocurrido que podíamos, en efecto, abordar este tema, pero recapitulando conversaciones anteriores y prolongando. Yo creo que justificadamente la última conversación que se perdió entre la hojarasca del bosque, como todas cuando empezábamos a hablar de la literatura, entonces bueno. Quería comenzar contando un cuento de Sánchez Ferlosio. Si te parece bien, me parece estupendo, pues Mira. En mil novecientos ochenta y siete, Sánchez Ferlosio, en realidad, en una especie de columna del país, publicó un cuento que se llamaba El reincidente, que cuenta la historia de un lobo viejo, de un lobo ya despellejado de pelo cano, flaco en justo y hambriento, decide que ha llegado el momento de subir hasta la cumbre más alta de la montaña y tratar de entrar en el cielo. Y allí llega trabajosamente y se encuentra en la puerta del cielo con el querubín guardián que así lo llama Sánchez Carlosio, que al mirarlo lo reprocha severamente que cómo se atreve a intentar entrar en el cielo, en el paraíso de los justos, con las fauces todavía llenas de sangre, de sus últimas recepciones sangrientas. Y entonces el pobre lobo se marcha y, naturalmente, pues, decide dejar de comer, de comer carne y se convierte, como dice Sánchez Ferlosio en esa lengua maravillosa que él es frecuentada. No decías, hombre, te un merodeador y descuidero de meriendas y se dedica a comer solamente mendrugos de pan duro y pasan los años, pasan varios ciclos de inviernos y veranos y considera que quizá ha llegado el momento de intentarlo de nue y vuelve a subir trabajosamente hasta la cumbre más alta. Ahora ya más viejo escurrido en los huesos y vuelve a llamar a la puerta y vuelve a salir el Krubing Guardian que lo vuelve a mirar con severidad tremenda y le dice pero cómo te atreves a entrar aquí ladrón de despensas delincuente y lo echa con cajas destempladas. Y está aquí que el lobo vuelve a bajar a los bosques y a los cerros más bajos. Y ya claro, pues, está totalmente culpabilizado, pues prácticamente nos alimenta, se alimenta dice ferlosio de la gota de miel que cae de la teta de un higo maduro o lame los restos que ha dejado un trozo de queso en la mesa de un mesón abandonado. Y cuando pasan otros ciclos de invierno y de verano, pues decide subir, subir de nuevo po robar, aunque ya tiene como el presagio de que no va a salir mal, no va a salir bien. Y en efecto, así ocurre cuando sale el Kerubin Guardián lo vuelve a mirar con severidad y le dice tú ya sabías lo que te esperaba aquí verdad. La primera vez te expulsé por asesino, la segunda por ladrón, pero ahora te expulso aquí y no vuelvas más. Por lobo. Quiero decir que nada podía hacer el pobre lobo viejo para entrar en el paraíso, porque, en definitiva, era un lobo algo que de alguna forma él no podía cambiar de lo que no podía liberarse y que no quería decir con ese cuento. Bueno, pues mira yo lo enlazaría con una con un libro. Acabo de leer el último libro que ha escrito Villacañas, que se llama era hace una vez España, con un subtitulo muy elocuente mal radical de la españoles, en el que cueña con la erudición que le caracteriza. Pero esta vez en clave, muy narrativa y con una sensibilidad exquisita, cuenta un poco la prehistoria de España, tratando de explicar por qué se forja mal España desde el principio que pero como Estado imprudente y después como nación tardía y tiene que ver sin duda, con la persecución del otro. Es lo que él llama el mal radical. A mí siempre me da miedo a hablar de mal radical, porque siempre de alguna manera parece que sitúas a algunos sujetos ontológicamente al margen de la humanidad. Yo creo que no hay que dejar que nadie escape de la humanidad. Pero lo que dice Villacañas o lo que insinúa vila Cañas es que el mal radical está precisamente en cada uno de nosotros. Cada vez que localizamos el mal radical en el otro y lo localizamos allí de tal manera que la única forma de erradicarlo, de erradicar el mal radical es suprimir al otro, que eso es un poco lo que ha hecho la historia de España. Entonces, fíjate, yo diría cuál es el mal radical y te juro que no quiero de ninguna manera asociarlo con la actualidad política. Pero yo diría que el mal radical es la unidad. Es el hecho de querer que tú tú, como unidad buena determinas qué sobra y qué puede ser incluido, de tal forma que cualquier unidad exterior que no se integra, que no sea asimilable la tratas como una unidad negativa y debe ser exterminada, es decir, como un lobo. Y aquí es la cuestión del lobo. El lobo, por más cosas que hiciera, seguía siendo un lobo, pues como el judío o el musulmán, por más que se convirtieran al cristianismo, seguían siendo siempre sospechosos y, por lo tanto, debían ser perseguidos y eventualmente exterminados. Se elimina la posibilidad de cambiar. Eso elimina la posibilidad de cambiar. Y eso sin duda tiene que ver con la identidad, porque idéntico lo recordábamos cuando hablábamos hace unas semanas. Creo que la empatía, la identidad, en principio es un operador lógico. Es igual a esto, que es una y otra vez él mismo. Una y otra vez una y otra vez lo mismo? Y, por lo tanto, de alguna forma. La identidad no quiere cambiar. Entidad quiere ser siempre ella misma, que es un proyecto, pues imposible. Identidad tiene una relación directa con lo idéntico, también unidad a veces con la uniformidad exactamente. Yo creo que las dos cosas están ligadas fíjate, porque en latín esto lo recordaba por Paul Ricker, el filósofo pul Ricker, en un libro reciente que escrito sobre narración y relato, decía que los romanos el latín se distinguía hablando de la identidad entre IDEM e ipse no idem era un poco lo mismo donde viene. En efecto, el término identidad iDen venía de id que era un pronombre efórico o enfático para anticipar un nombre que se iba a mencionarlo con el texto o para referirse a un nombre ya mencionado en el texto. Tenía que ver también, por lo tanto, con la repetición. De ahí identidad también la identidad lógica es igual a, igual a, Y luego tenía este concepto de IPSE que tiene que ver más más que con lo propio. No o sea que la identidad tendría como dos vertientes, una lo mismo que quiere repetirse una y otra vez y ser idéntico a sí mismo y lo propio lo que consideramos propio de uno Y no sé qué es lo propio. Lo propio lo podemos interpretar como lo auténtico, como lo que sentimos nosotros, que somos por encima de todos los cambios. Pero yo creo que el único propio que tenemos y este ha sido tema de muchas conversaciones nuestras es precisamente nuestro cuerpo. Y qué pasa con el cuerpo. El cuerpo es una repetición fallida y lo hemos definido otras veces como una combinación chapucera o analógica de carne y de palabra. Y, por tanto, si lo propio es el cuerpo, lo propio es no repetirse nunca a uno mismo, porque el cuerpo está cambiando permanente, permanentemente. Y bueno, pues, lo único que no cambia son los objetos manufacto turados en fábricas por la industria fordista, que es capaz de repetir. Digamos objetos idénticos, los unos a los otros que hasta tal punto tienen que ser idénticos, que cuando de pronto uno no es idéntico a la anterior se considera fallido, se considera un desperfecto y hay que tirarlo. Esto ahora es una lógica que se aplica también incluso a las frutas. No necesitamos que todas las manzanas sean iguales, cuando en realidad, lo que caracteriza a los objetos sublunares es su carácter analógico. Es el hecho de que se parecen unos a otros, pero no son, pero no son idénticos. Entonces digamos que no hay idem más que en la industria o en las nuevas tecnologías, como hablábamos cuando reflexionábamos sobre los espejos allí donde de pronto yo soy todo el rato yo mismo y soy una imagen a la que mi cuerpo más bien quiere, quiere parecerse. Pero incluso te diría que en el mundo analógico de la manufactura, lo idéntico por el paso del tiempo acaba envejeciendo también, es decir, no existe nada identico a sí mismo más que en el mundo digital. En el mundo analógico, todo acaba deteriorándose, todo acaba cambiando totalmente. No hablábamos de las cosas de lo que eran las cosas, y una de las características era precisamente esa que por muy idénticas a otras que hubieran nacido su estancia sublunar, las iba degradando, las iba corrompiendo, las iba deteriorando y, por lo tanto, acababan siendo también no sólo diferentes de todos los otros objetos en medio de los cuales habían nacido idénticas, sino que, además, dejaba de parecerse a sí misma con el tiempo. Así que bueno, pues creo que es interesante, en todo todo caso, distinguir entre esto, entre lo mismo y lo propio, y recordar que lo que lo propio es el cuerpo y que al pobre lobo de Sánchez, Carlos y o lo que le impedían de alguna manera era ser un cuerpo, le obligaban a ser una una idea, unas especie de unidad especulativa, de unidad abstracta, no ser un lobo, mientras que él una y otra vez iba envejeciendo, iba creciendo pelo, iba cambiando sus hábitos dietéticos y nunca bastaba, nunca era lo suficientemente distinto de sí mismo. Su identidad lo acababa siendo una maldición para él, de la misma manera que digamos la condición Ángel. La unidad Ángel era la que decidía quiénes tenían derecho o no entrar en el cielo y, por lo tanto, era la unidad que aspiraba a conquistarlo todo que ese es el problema de la identidad, también una identidad que se repite, que quiere ser idéntica a sí misma y que quiere, de alguna manera, conquistar el mundo. No sé, de hecho, si veo aquí un salto muy bestia cuando digo que todo esto viene del platonismo y, después de hegel que ha generado muchos más mismos. Bueno, Sí, a mí no me gustaría. Desde luego, yo que soy platónico y dice galiano, de alguna manera, no me gustaría establecer un vínculo automático y de necesidad histórica entre las obras de Platón y Hegel, como tampoco lo haría con nitche. Pero es verdad acuérdate que citábamos. No me acuerdo ya cuándo creo cuando hablábamos de empatía, precisamente el Platón del Cedón en el que decía eso de que el alma es lo que es siempre idéntico a sí mismo, mientras que el cuerpo es lo que es mortal, multiforme, ininteligible, soluble y nunca idéntico a sí mismo. Y claro, la idea se pretende que sea siempre idea idéntica a sí misma. Y la idea es la que de alguna manera refleja eso que el concepto de idem inscribe la identidad y también por lo tanto, en esa unidad entendida como como mal radical, como el mal radical que localiza el mal radical fuera de uno fíjate lo que pasa. En efecto, cuando pasamos el otro día, hablábamos de las metáforas políticas del cuerpo humano, cuando pasamos del cuerpo físico, al cuerpo político, al cuerpo extenso. No hay toda una serie de cuerpos extensos. En el tiempo y en el espacio. Tenemos la nación, la sociedad, sí, pero también la tradición, que es un cuerpo en el tiempo, la democracia de los muertos, de la que hablaba, de la que hablaba Chesterton, o el peso de las generaciones muertas, de las del que hablaba, del que hablaba Marx. Entonces claro que sí, o sea, cuando la idea como unidad pretende dominar a los cuerpos, pues los cuerpos le sobran o son siempre cuerpos fallidos o cuerpos condenables. Ahí les expresaba mucho mejor, pero era un poco la idea que yo perseguía. Esa persecución, la redundancia de una idea inamóvil idéntica a sí misma, que no tiene relación con los cuerpos, termina para aplastarlos totalmente, como hace con él, con el lobo, el ángel, el ángel Rubín, no que lo condena ser a ser iDen cuando él quiere más bien ser ipse quiere ser algo propio, pero algo distinto cada vez porque el tiempo pasa y porque él también va cambiando oye y que conecta lo mismo y lo propio lo idem con lo ipse. Ah pues, pues, es una buena pregunta, Javier. Yo creo que fíjate que solo hay una cosa que lo conecte, que es el hilo de la memoria. No o sea tú qué es lo que cómo sabemos que ese niño que aparece en la fotografía en la que yo tengo nueve años y es hoy en el pueblo tiene algún vínculo con este señor mayor de sesenta y dos que está hablando contigo. Pues, pues, solo porque hay un hilo de la memoria y aquí yo creo que es bien importante insistir en que la memoria solo puede ser un hilo. Es imparnte que sea un hilo, que sea un hilo frágil, quebradizo, que hay que mantener siempre hilado, hay que mantener siempre enhebrado, pero que conviene que sea un hilo, porque eso es lo que respeta también el paso del tiempo y lo que hace que sea capaz de hebrar cuentas de collar diferentes, porque aquí creo que hay que decir que el peligro de que no sea un hilo es caer en eso que llamamos identitarismo. Es justamente el esfuerzo fanático de la unidad, de la idea, por imponer la repetición, por evitar la analogía, es decir, por evitar la diferencia en el tiempo y en el espacio es creer y en el espacio es como un esfuerzo por detener el tiempo y el cuerpo mediante un esfuerzo de memoria total. Y entonces ahí la memoria no es un hilo, es un bloque de piedras. Y por eso el conservadurismo, en el mal sentido de esa palabra, es tan aplastante, exactamente, exactamente fíjate. Y yo, como quiero acabar hablando de literatura, recordaría que un cuento fabuloso y famosísimo de Jorge Luis borges Funes, el memorioso. Me recuerdas claro, claro qué pasa con Funes, Le pasa que, en efecto, él tiene una memoria tan prodigiosa que ya no tiene memoria, ha suspendido el tiempo y el espacio es capaz de recordar hasta tal punto todos los detalles de la primera imagen que recuerda que queda detenido en esa imagen fuera del tiempo y del espacio. De alguna forma es eso es todo él mismo, todo el rato su memoria, impidiendo que pase el tiempo, impidiendo que entre que entre el espacio, que es exactamente lo contrario de lo que les ocurre A estos amnesicos pobres con síndromes neurológicos, severos que son incapaces de recordar lo que ha ocurrido recientemente, incluso tienen que anotarlo, porque la única garantía que tienen de que siguen siendo ellos mismos es que han escrito su nombre y lo último que dijeron antes de perder la memoria. Y así todos todos los días, y exactamente lo mismo. No el amnesico, al contrario, ya no tiene nada propio, o sea, el memorioso, es solo idem y el amnesico ya no tiene nada ipse, no tiene nada propio. Se ha perdido a sí mismo, no y no puede entrar él en el mundo. Es todo si quieres espacio y tiempo, pero sin él y, por lo tanto, sin algo que lo ordene en una memoria, que en hebre esos datos en una continuidad, Y entonces qué es la identidad, algo que tiene que ser colocado constantemente entre el idem y el ELIPSE, no entre lo mismo y lo propio, entre la memoria, la amnesia y la memoria total. La memoria total es la falsa memoria fijante que tú hablabas de los conservadurismos reaccionarios, de aquellos que recuerdan la nación como no habiendo salido nunca, de la gran proeza imperial detenida en el tiempo y a la que habría que sucumbir de nuevo y repetir una y otra vez y frente a eso, pues, la amnesia total, el olvido de los muertos, el olvido de las cunetas, el olvido de nuestros, de nuestros, de los gigantes, en cuyos hombros estamos apoyados como enanos, el olvido también, por lo tanto, de la tradición bien entendida. La identidad tiene que estar en medio. No porque, como recordaba y alguna vez lo he citado también aquí el gran escritor católico marxista Terry Ggelton, solo hay algo peor que a la identidad, y es no tener ninguna que bueno. Y eso me parece muy bueno. No sí, me parece que, en efecto, es así lo que ocurre. Nos damos cuenta de cómo la identitarismo es, en realidad algo así como un ipse fallido, como un IPSE que quiere ser todo el rato y de que hay el español inseguro quiere repetirse como español, todo el rato, el macho inseguro quiere repetirse como macho, todo el rato, no. Y hay un identitarismo, por tanto, nacional imperial Y hay un identitarismo macho que tiene que ver con esta inseguridad, que quiere a toda cosa repetir un momento del tiempo pasado. Y hay que tener cuidado a la izquierda también con los identitarismos, no, porque también hay una derrota de la vieja izquierda que convierte el obrerismo en un identitarismo proletario, el peligro siempre de que los feminismos acaben en esencialismos incapaces de dialogar con otros feminismos, en fin que en ese riesgo estamos siempre no ya diría como españoles, sino por lo que hablábamos el otro día, de esta falta de de porosidad creciente entre entre las identidades, absolutamente de acuerdo De hecho, eso acaba siendo demoledor por ese inmovilismo que me parece todo lo contrario, el espíritu proteico que debe tener la izquierda totalmente proteico, dejar entrar el espacio y con el espacio el otro y dejar entrar el tiempo Y con el tiempo, pues la comprensión a veces digamos que melancólica, pero en todo caso, necesaria de que con el tiempo se producen, se producen cambios en uno mismo, en los otros y en en los contextos políticos. Bueno, Por eso diría yo que lo unida la Unidad, lo contrario de la Unidad, es la comunidad, porque sí, la Comunidad implica siempre el tener en cuenta el otro, eso que llamaba el otro día empatía y en sofía, todo eso, esa porosidad es indisociable de la Comunidad y, en cambio, de alguna manera viene abolida o impedida por la identidad entendida comunidad que se repite. Sí, porque, de hecho, lo que le ocurre a la izquierda en esa persecución de la unidad identitaria es que acaba sumido en la melancolía, porque nunca esa idea se parece a la realidad exactamente y entonces acabas curiosamente reproduciendo tics mentales, dinámicas mentales que son muy propias las derechas reaccionarias, absolutamente, Y cómo solucionamos esto. No sé cómo soluciona esto. Pero volviendo al último tema, que toqué el otro día, yo creo que ese fracaso de la identidad del cuerpo, que quiere repetirse y es una repetición fallida, es lo que permite una de las conquistas más grandes de la historia de la humanidad, que es la diferencia entre la realidad y la ficción, o sea, la conquista de la ficción como un espacio tiempo paralelo en el que ocurren cosas a veces más verdaderas que en la realidad, en la que de alguna forma nos permite un distanciamiento que muchas veces la realidad no nos permite y en el que, además, podemos correr riesgos, que es algo que en la realidad no debemos permitirnos. O con prudencia, no debemos permitirnos, desde luego, correr riesgos en el trabajo, ni al volver a casa de noche ni en un hospital. Pero sí debemos correr riesgos en en la ficción y el arte, la literatura, el cine. Digamos la narratividad es la que gestiona las aproximaciones, las semejanzas, los parecidos, el fracaso de esas unidades que quieran repetirse constantemente a sí misma y por eso es muy peligroso. De la misma manera que hablábamos de las contracciones identitarias en el ns izquierda. También es muy peligroso en la izquierda que no se defienda esa diferencia entre realidad y ficción y se trabaje la ficción como algo que nos es absolutamente necesario, precisamente para luego poder abordar la realidad. Tú fíjate lo que lo llama á decir y por eso tiene que ver mucho con la identidad o con ese l más bien con lo propio que con lo mismo. El hecho de que esto que he llamado disforia narrativa evocando la historia de género, no esa disforia que existe entre el autor y su obra, por un lado, y entre el lector y su propia vida como una victoria del mundo y del otro en el hilo de la memoria. Qué quiere decir literatura? Literatura quiere decir que el autor el que escribe es muchas más cosas que sí mismo? No es más más hombre, más mujer, más animal que sí mismo, más bueno y más malo que sí mismo, más tonto y más listo que sí mismo, O sea lo ver que era un burgués machirulo podía ser Madame Bovary y vomitar cuando Malambo Vary. En la novela consume el veneno que la matará y no sé. Y Margarit jursenar puede ser un emperador romano que se llama Adriano y que es bisexual y que conquista a países. No quiere decir que eso es la historia narrativa, pero también para los lectores. Los lectores y lectoras podemos ser de todo. Podemos ser de pronto, no solamente ese administrativo bancario triste y soltero que vive precariamente y llega raramente al final de mes o, esa cajera de supermercado que acaba de reñir con el novio y que está muy triste, no o sea como lectores y lectores. Podemos ser mucho más que nosotros mismos. Podemos ser marineros, ni colonizadores gladiadores. Podemos ser hombres o mujeres, ponernos en el pellejo, incluso de un hombre que se convierte en escarabajo, de una mujer que se arroja a las vías del tren. Podemos, en definitiva, ser mucho más que nosotros mismos. Al lado de nosotros mismos, sin dejar de ser lo que somos. Podemos ser mucho más y, por lo tanto, diría yo que la literatura, la narratividad, es el colapso de todos los identitarismos. No es una buena fórmula para mantenerse de ese equilibrio entre lo mismo y lo propio, en el que existe todavía la posibilidad del otro de del otro, exactamente la posibilidad del otro. Y bueno tú que eres, además de periodista, que eres poeta, eres novelista, pues todavía no. Pues bien, bueno, pero sí lo eres, lo eres, ya, pues sabes. En efecto, con qué sufrimiento a veces, pero con qué éxito otras eres capaz de dejar tu pellejo como una serpiente que cambia de piel a un lado y meterte e infiltrarte en lo propio de lo propio de otros y que estoy recodo que decía kits que la literatura no es más que dejar entrar el mundo en uno mismo, totalmente, totalmente. Y por eso y para cerrar me gustaría acabar con una frase estupenda que dice todo lo que yo he intentado decir durante estos años en distintos libros y cientes artículos de Patrick Stashny. Hace unos meses escribía un artículo que se llama supera la realidad, a la ficción y acababa así el artículo decía. Es posible que esta incapacidad para ver más a ya del provincianismo de la experiencia, que es alguna fórmula que me gusta mucho, sigo se deba a que la mayoría de la gente cree actualmente que vive en la realidad y que las obras de ficción no son más que fantasías de la mente, cuando lo más probable es que lo opuesto sea verdad, es decir, que vivimos en fantasías de la mente y que las obras de ficción son a menudo la realidad más sólida de la que disponemos