Latest / Cultura y Audiolibros / La caía de la casa Usher (Edgar Allan Poe) | Cuento de Terror 8
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- Cultura y audiolibros estás dispuesto a reflexionar sobre la fragilidad, la soledad y la locura humana. En este relato, el narrador llega a visitar a su amigo Roderyk Ossher, quien sufre de una enfermedad indefinible. Acá, el terror no llega en forma de monstruos o fantasmas, sino en detalles más sutiles y en la atmósfera agobiante que envuelve a la casa Usher. Escuchemos el hundimiento de la casa de Sher durante un día entero de otoño oscuro sombrío silencioso, en el que las nubes se cernían pesadas y opresoras en los cielos. Había cruzado solo a caballo a través de una extensión singularmente monótona de campiña y al final me encontré cuando las sombras de la noche se extendían a la vista de la melancólica casa de Usher. No sé cómo sucedió, pero al primer vistazo al edificio, una sensación de insufrible tristeza penetró en mi espíritu. Digo insufrible porque aquel sentimiento no estaba mitigado por esa emoción semi agradable por ser poético con la que generalmente el ánimo acoge las imágenes severas de la desolación o del terror. Contemplaba la escena ante mí, la simple casa, el simple paisaje característico de la posesión, los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos, algunos juncos alineados, unos cuantos troncos blancos y enfermizos, con una completa depresión del alma que sólo se puede comparar entre las sensaciones terrenales. Con ese ensueño posterior del opiomano, con ese amargo regreso a la vida diaria, a la caída atroz del velo. Era una sensación glacial, un abatimiento, una nausea en el corazón, una tristeza irremediable del pensamiento que ningún estímulo de la imaginación podía elevar a lo sublime. Qué era aquello me detuve a pensarlo. Qué era aquello que me desalentaba hacía al contemplar la cara de sher era un misterio completamente insoluble. No podía luchar contra las sombrías visiones que se amontonaban sobre mí. Mientras reflexionaba en ello, me vi forzado a llegar a la insatisfactoria conclusión de que existen, sin lugar a dudas, combinaciones de objetos naturales muy simples que tienen el poder de afectarnos de esta manera. Aunque el análisis de ese poder se base en consideraciones en las que perderíamos el rumbo era posible, pensé que una simple diferencia en la disposición de los detalles de la decoración de los pormenores del cuadro fuera suficiente para modificar, para aniquilar quizás esa capacidad de impresión dolorosa. Actuando de acuerdo con esta idea, guie mi caballo hacia la orilla escarpada de un negro y lúgubre estanque que se extendía con tranquilo brillo ante la casa y miré fijamente hacia abajo, pero con un estremecimiento más aterrador. Aunque antes las imágenes refleja e invertidas de los juncos grisáceos, de los troncos lívidos y de las ventanas parecidas a ojos vacíos. Sin embargo, en aquella sombría mansión me proponía recibir unas semanas su propietario, Rother Recosher, fue uno de mis joviales compañeros de Infancia, pero habían transcurrido muchos años desde nuestro último encuentro Recientemente me había llegado una carta suya a una parte remota del condado, una carta cuyo tono urgente no admitía otra respuesta que mi presencia. La letra mostraba una evidente agitación nerviosa. El autor de la carta me hablaba de una dolencia física, aguda de un trastorno mental que lo oprimía y de un ardiente deseo de verme como a su mejor y, en realidad, su único amigo, pensando que encontraría en la alegría de mi compañía algún alivio a su mal. Fue la forma en que expresaba todas estas cosas y muchas más. Fue la UAs formas suplicante de abrirme su corazón, lo que no permitió ninguna vacilación y, por lo tanto, obedecida inmediato, considerándolo, a pesar de todo, como una solicitud muy extraña. Aunque de niños habíamos sido camaradas íntimos. Sabía muy poco de mi amigo siempre fue reservado en exceso. Sin embargo, sabía que pertenecía a una familia muy antigua que se había distinguido desde tiempos inmemoriales por una peculiar sensibilidad de temperamento, manifestada a través de los siglos en muchas obras, de un arte elevado y que se expresaba desde hace mucho tiempo en actos repetidos de generosa aunque recatada, caridad, así como en una apasionada devoción a las dificultades, quizás más que a las reconocibles bellezas ortodoxas y sin esfuerzo de la ciencia musical. También tenía conocimiento del hecho muy notable de que de la estirpe de los sher por gloriosamente antigua que fuera no se r nunca había brotado una rama duradera. En otras palabras, la familia se había perpetuado siempre en línea directa, salvo por unas muy insignificantes y pasajeras excepciones. Tal deficiencia pensé mientras revisaba, en mi imaginación la perfecta concordancia de esas afirmaciones con el carácter proverbial de la estirpe y reflexionaba sobre la posible influencia que una de ellas podría haber tenido a lo largo de siglos en la otra era, quizás la causa de la falta de ramificación lateral y, por lo tanto, de la transmisión directa de padre a hijo del patrimonio del apellido, lo que al final había identificado tan fuertemente a ambos, uniendo el título original de la posesión con la arcaica y ambigua denominación de casa de Osher, nombre utilizado por los lugareños y que parecía fusionar en su espíritu la familia y la mansión ancestral. Ya he dicho que el único efecto de mi experiencia un tanto pueril al contemplar el estanque que desde arriba fue intensificar esa primera impresión. No puedo dudar de que la conciencia de mi creciente superstición, por qué no llamarla así, sirvió para acelerar ese crecimiento. Esa es, desde hace mucho tiempo lo sé, la paradójica ley de todos los sentimientos basados en el terror, y tal vez esa fue la única razón por la cual cuando mis ojos desde la imagen del estanque se elevaron hacia la casa misma, surgió en mi mente una extraña visión, una visión tan ridícula en verdad que, si la menciono es para demostrar la intensa fuerza de las sensaciones que me oprimían, mi imaginación, había trabajado tanto que realmente creía que había una atmósfera peculiar que envolvía toda la casa y la propiedad, así como los alrededores más inmediatos, una atmósfera que no tenía afinidad con el aire del cielo, sino que emanaba de los árboles enfermizos, de los muros grisáceos y del estanque silencioso, un vapor pestilente y místico opaco pesado apenas perceptible de tono plomizo. Sacudí de mi espíritu lo que no podía hacer más que un sueño, y examiné más detenidamente el aspecto real del edificio. Su característica principal parecía ser su excesiva antigüedad. El deterioro causado por los siglos era evidente. Pequeños hongos se esparcían por toda la fachada, cubriéndola con una fina capa que parecía un tejido desde los tejados. Sin embargo, esto no implicaba ningún daño extraordinario. No se habían desprendido trozos de la mampostería y parecía existir una fuerte contradicción entre la perfecta integridad de las partes y el estado especial de las piedras desmoronadas. Esto me recordaba mucho a la preservada integridad de esas viejas maderas talladas que han dejado pudrir durante muchos años en alguna cueva olvidada sin contacto con el soplo del aire exterior. Aparte de este indicio de extenso deterioro, el edificio no presentaba el menor síntoma de inestabilidad. Quizás la mirada de un observador detallista habría descubierto una grieta apenas perceptible que desde el techo de la fachada se abría camino en zigzag por el muro y se perdía en las tétricas aguas del estanque. Observando estas cosas seguía a caballo por un corto terraplén hacia la casa. Un lacayo que esperaba tomó las riendas de mi caballo y entré por el arco gótico del vestíbulo. Un sirviente de paso furtivo me condujo desde allí en silencio a través de muchos corredores oscuros y complicados hasta el estudio de su amo. Muchas de las cosas que encontré en mi camino contribuyeron. No sé por qué a intensificar esas vagas sensaciones de las que hablé anteriormente. Los objetos que me rodeaban, los adornos del techo, los sombríos tapisces ons en las paredes, la oscuridad de ébano de los pisos y los fantasmales trofeos de armas que tintineaban con mis pasos eran cosas muy familiares para mí, a las que estaba acostumbrado desde mi infancia y, sin embargo, me sorprendía lo inusual de las visiones que esas imágenes ordinarias despertaban en mí. En una de las escaleras, me encontré con el médico de la familia su semblante pensé mostraba una expresión mezcla de astucia baja y perplejidad. Me saludó con asombro y pasó el sirviente. Entonces abrió una puerta y me condujo ante Su señor. La habitación en la que me encontraba era muy amplia y alta. Las ventanas largas, estrechas y en forma de ojiva estaban tan alejadas del oscuro suelo de roble que eran inaccesibles desde el interior, tenues rayos de luz rojizas se abrían paso a través de los cristales enrejados, iluminando lo suficiente los principales objetos de a su alrededor. Sin embargo, la mirada luchaba en vano por alcanzar los rincones distantes de la habitación o los detalles del techo abovedado y con artesonado colgaban oscuros tapices de las paredes. El mobiliario en general era excesivo, incómodo, antiguo y deslucido. Numerosos libros e instrumentos de música estaban dispersos por todas partes, pero no lograban infundir vida a la escena. Sentía que respiraba un ambiente opresivo, un aire de severa, profunda e inevitable melancolía se cernía sobre todo a mi llegada. Ossher se levantó de un sofá en el que estaba completamente tendido y me saludó con una calurosa viveza que se asemejaba mucho. Tal vez fue mi primer pensamiento a una cordialidad exagerada, al esfuerzo obligado de un hombre sofisticado y aburrido. Sin embargo, al lanzar una mirada a su rostro, me convencí de su perfecta sinceridad nos sentamos y durante unos momentos, mientras él guardaba silencio, lo observé con un sentimiento de piedad y temor de seguro. Ningún hombre había cambiado tan terriblemente y en tan poco tiempo como Rollerykusher. Apenas podía persuadirme de admitir que la persona frente a mí era el mismo compañero de mi infancia. Sin embargo, el carácter de su fisonomía siempre había sido notable. Tenía una tes cadavérica, unos ojos grandes, líquidos y luminosos, más allá de cualquier comparación, unos labios ligeramente delgados y muy pálidos, pero con una curva excepcionalmente hermosa, una nariz de delicado estilo hebreopero inusualmente ancha, una barbilla finamente esculpida que revelaba una falta de energía debido a su falta de prominencia el cabello tan suave que parecía tela de araña. Estos rasgos, junto con un desarrollo frontal excesivo u onon, llamaban en conjunto una fisonomía inolvidable. Y ahora, en la exageración misma del carácter predominante de esas facciones y en la expresión que las acompañaba, se notaba un cambio tal que dudaba de la identidad del hombre con quien estaba hablando. La palidez espectral de su piel y el brillo milagroso de sus ojos me sobrecogían de sobremanera incluso me aterraban. Además, había dejado crecer su sedoso cabello sin preocuparse y al flotar alrededor de su rostro, parecía un adorno arácnido. No podía relacionar esa expresión arabesca con la idea de simple humanidad, ni siquiera con un gran esfuerzo. Lo primero que me chocó fue cierta incoherencia, una contradicción en las maneras de mi amigo, y pronto descubrí que esto provenía de una serie de pequeños y triviales esfuerzos por superar su habitual ansiedad, su excesiva agitación nerviosa. Ya estaba preparado para algo así. No o o o o ono sólo por su carta, sino por los recuerdos de ciertos rasgos de su infancia y por las conclusiones que había sacado de su peculiar constitución física y su temperamento. Sus acciones eran tan cambiantes, a veces vivas y otras veces indolentes. Su voz variaba rápidamente desde una indecisión temblorosa, cuando su entusiasmo parecía convertirse en completa inacción hasta una especie de concisión enérgica. Una enunciación brusca pesada lenta una enunciación hueca gutural, plomisa, pero muy bien modulada y equilibrada, como se puede observar en un borracho empedernido o en un consumidor incorregible de opio durante los períodos de máxima excitación. Así que habló del motivo de mi visita, de su ardiente deseo de verme y de la alegría que esperaba de mi presencia. Se extendió durante bastante tiempo sobre lo que pensaba de la naturaleza de su enfermedad. Según él, era un mal constitucional hereditario para el cual no veía remedio, una simple afección nerviosa que sin duda desaparecería pronto. Experimentaba una multitud de sensaciones sobrenaturales, algunas de ellas mientras me las detallaba, me intrigaron y confundieron, aunque tal vez los términos y gestos de su relato tuvieron cierta influencia en ello sufría mucho por una agudeza mórbida de los sentidos. Sólo toleraba alimentos insípidos, Sólo podía usar prendas de cierto tejido. Los aromas de todas las flores los sofocaban incluso una luz tenue atormentaba sus ojos y sólo algunos sonidos peculiares, como los de los instrumentos de cuerda. No le inspiraban horror pique. Estaba esclavizado por una especie de terror anómalo. Moriré dijo debo morir a causa de esta lamentable locura. Así y no de otra manera. Debo morir temo los eventos futuros no en sí mismos, sino por sus consecuencias. Me estremezco al pensar en cualquier cosa en el incidente más trivial que pueda afectar esta insoportable agitación de mi alma. Siento un verdadero rechazo hacia el peligro excepto en su efecto absoluto, el terror en este estado de excitación, en este estado lamentable presiento que llegará un momento en el que la vida y la razón me abandonarán juntas en algún enfrentamiento, con el horrendo fantasma, con el miedo también supe a través de insinuaciones interrumpidas y ambiguas. Otra particularidad de su estado mental estaba atormentado por impresiones supersticiosas relacionadas con la mansión en la que vivía y de la cual no se había atrevido a salir en muchos años. Impresiones relacionadas con una influencia cuya supuesta fuerza expresaba en términos demasiado oscuros para ser repetidos aquí, una influencia que, debido a ciertos detalles en la forma y la materia de su antigua casa, había logrado a costa de un largo sufrimiento ejercer un efecto sobre su espíritu. Más allá de lo físico de los muros, las torres grises y el oscuro estanque en el que todo se reflejaba, había creado un efecto en lo moral de su existencia. Sin embargo, admitía, aunque con vacilación, que gran parte de la especial tristeza que lo afligía podía atribuirse a una causa más natural y palpable, a la cruel y antigua enfermedad, a la muerte, sin duda cercana de una hermana a quien amaba profundamente su única compañera durante muchos años, su última y única pariente en la tierra. Su fallecimiento dijo con una amargura que nunca podré olvidar me dejará a mí el desesperado, el débil como el último de la antigua estirpe de los ossher durante varios días consecutivos ni sher Ni yo mencionamos su nombre y durante ese tiempo hice esfuerte esos ardientes para aliviar la melancolía de mi amigo Pintábamos si leíamos juntos, o simplemente escuchaba como en un sueño, sus apasionadas improvisaciones en la elocuente guitarra. Y a medida que una intimidad cada vez mayor me permitía una mayor franqueza en los secretos de su alma, percibía con más amargura la inutilidad de cualquier esfuerzo por alegrar un espíritu cuya negrura, como una cualidad positiva inherente, arrojaba sobre todos los objetos del universo moral y físico, una irradiación constante de tristeza. Conservaré siempre el recuerdo de las muchas horas solemnes que pasé solo con el propietario de la casa de sher A pesar de todo, sería en vano intentar expresar con precisión el carácter exacto de los estudios o las ocupaciones en las que me involucraba o cuyo camino me mostraba una idealidad ardiente, elevada y enfermiza. Arrojaba su lusulfuria por todas partes. Sus largas improvisaciones fúnebres resonarán siempre en mis oídos. Entre otras cosas, recuerdo dolorosamente una singular perversión amplificada del área impetuosa del último vas de Weaver en cuanto a las pinturas que su laboriosa fantasía engendraba, que se desarrollaban tras su atraso hasta alcanzar una vaguedad que me estremecía profundamente, sin saber por qué en vano intentaría extraer la más mínima parte que pudiera ser contenida en simples palabras escritas, con su completa sencillez y la desnudez de sus dibujos, lograba capturar y sobrecoger la atención. Si alguna vez un ser humano pintó una idea, ese ser humano fue rolder y sher al menos para mí, en las circunstancias que me rodeaban de las puras abstracciones que el hipocondriaco proyectaba en su lienzo, surgía un terror intenso e insoportable, cuya sombra nunca he sentido en la contemplación de los sueños, incluso los más os vívidos, pero demasiado concretos de Fuseli. Una de las concepciones fantasmagóricas de mi amigo en la que el espíritu de abstracción no participaba con tanta rigidez se puede esbozar, aunque apenas con palabras. Era una pequeña pintura que representaba el interior de una cueva o un túnel extraordinariamente largo y rectangular, con paredes bajas, lisas blancas, sin interrupciones ni adornos. Algunos detalles accesorios en el dibujo insinuaban la idea de que esa excavación se encontraba a una profundidad excesiva bajo la superficie de la tierra. No se veía ninguna salida a lo largo de su vasta extensión, ni se divisaba una antorcha u otra fuente artificial de luz y, sin embargo, una ola de rayos intensos se desplazaba de un extremo a otro, bañándolo todo en un brillo lívido e inadecuado. Acabo de mencionar ese estado mórbido del nervio auditivo que hacía que toda música fuera insoportable para el paciente, excepto ciertos efectos producidos por instrumentos de cuerda. Quizás fueron los límites estrechos a los que se había confinado él mismo al tocar la guitarra, los que le dieron a sus interpretaciones ese carácter fantástico, pero en cuanto a la ferviente facilidad de sus improvisaciones, no se podía comprender de esa manera. Tenían que ser y lo eran tanto en las notas como en las palabras de sus apasionadas fantasías. A menudo las acompañaba con improvisaciones verbales rimadas. El resultado de esa intensa concentración mental y recogimiento a los que me refería anteriormente y que sólo se observan en momentos especiales de la más alta excitación artificial. Recuerdo bien las palabras de una de esas rapsodias tal vez me impresionaron más porque, bajo su sentido interior o místico, percibí por primera vez que Osher era plenamente consciente de su estado, que sentía como su sublime razón tambaleaba en su trono. Esos versos titulados El Palacio hechizado eran más o menos, sino literalmente los siguientes banderas amarillas gloriosamente doradas flotaban y ondeaban en su cima. Esto todo esto ocurrió hace mucho muchísimo tiempo y con cada suave brisa que jugueteaba en esos días gratos. Desde los muros pálidos y adornados se elevaba un aroma con alas. Los que vagaban por aquel valle alegre a través de dos ventanas iluminadas veían espíritus danzando musicalmente al son de un laúd bien afinado, alrededor de un trono donde, sentado con una pompa digna de su gloria, aparecía el señor del Reino y reluciente de perlas y rubíes. Era la puerta de la de la el hermoso Palacio, desde donde fluyendo, fluyendo, fluyendo, centelleaba sin cesar una multitud de ecos cuya agradable tarea era sólo cantar con voces de asombrosa belleza, la sabiduría y el talento de su rey, pero seres malignos vestidos de luto asaltaron el alto rango del monarca. Ah Lloremos, pues nunca el alba volverá a aparecer sobre él, el desolado y alrededor de su morada. La gloria que resplandecía y florecía es sólo un oscuro. Recuerdo de las antiguas épocas sepultadas y ahora los viajeros en aquel valle, a través de las ventanas rojizas, ven amplias formas, moviéndose fantásticamente en una melodía discordante, mientras cual un rápido y terrible río a través de la pálida puerta, un horror prosa multitud se precipita eternamente riendo, pero nunca volviendo a sonreír Recuerdo muy bien que las sugestiones suscitadas por esta balada no sumieron en una serie de pensamientos en los que se manifestó una opinión de sher que menciono aquí, no tanto en razón de su novedad, pues otros hombres han pensado lo mismo dos, sino a causa de la tenacidad con la que él la mantuvo. Esta opinión en su forma general era la de la sensibilidad de todos los seres vegetales, pero en su trastornada imaginación, la idea había asumido un carácter aún más audaz e invadía bajo ciertas condiciones el Reino inorgánico. Me faltan palabras para expresar toda la extensión o el serio abandono de su convencimiento. Esta creencia, sin embargo, se relacionaba, como ya antes es sugerido, con las piedras grises de la mansión de sus antepasados. Aquí se cumplían las condiciones de la sensibilidad, según él imaginaba, por el método de colocación de esas piedras, por su disposición, así como por los numerosos hongos que las cubrían, ni los árboles enfermizos que se alzaban alrededor, pero sobre todo por la inmutabilidad de esa disposición y por su reflejo en las tranquilas aguas del estanque la prueba, la prueba de esa sensibilidad. Estaba decía él y yo le escuchaba hablar sobresaltado en la gradual pero evidente condensación sobre las aguas y alrededor de los muros de una atmósfera que les era propia. El resultado se descubría añadía él en esa influencia muda, aunque importuna y terrible, que desde hace siglos ha moldeados los destinos de su familia y que le hace el tal como le veo ahora, tal como es semejantes opiniones no necesitan comentarios y no los haré nuestros libros. Los libros, que desde hace años formaban una parte no pequeña de la existencia espiritual del enfermo, estaban, como puede suponerse, en estricto acuerdo con ese carácter fantasmal. Estudiábamos minuciosamente obras como El Berdburt de Chartreuse, de Gresset, el Belfegor de Maquiavelo, el cielo y el infierno de Swedenbourg, el viaje subterráneo de Nicolás clim de Olberg, la quiromancia de Roberto Flaud, de Gindin, Dahineide de la Chambre, el viaje por el espacio azul de Tieck y la ciudad del Sol de Campanella. Uno de sus volúmenes favoritos era una pequeña edición en octavo del Directorium Inquisitorum por el dominico emeric de Hiron y había pasajes en Pomponius Mela acerca de los antiguos sátiros africanos o egipcios, sobre los cuales Ossher soñaba durante horas enteras. Su principal deleite, Sin embargo, lo encontraba en la lectura atenta de un raro y curioso libro gótico, en cuarto, el manual de una iglesia, olvidando las vigilia y Mortuorum secundum, chorrem Eclesia y maguntinae pensaba, a mi pesar, en el extraño ritual de ese libro y en su probable influencia sobre el hipocondriaco. Cuando, una noche, informándome abruptamente de que Lady Maidline ya no existía, anunció su intención de conservar el cuerpo durante quince días antes de su entierro final, en una de las numerosas criptas situadas bajo los gruesos muros del edificio. La razón profana que daba sobre esa singular manera de proceder era de esas que no me sentía libre para discutir como hermano había adoptado esa resolución, me dijo él en consideración al carácter inusual de la enfermedad, de la difunta, a cierta curiosidad importuna indiscreta por parte de los hombres de ciencia y a la alejada y expuesta situación del panteón familiar. Confieso que, al recordar el siniestro semblante del hombre con el que me encontré en la escalera el día de mi llegada a la casa, no sentí deseo de oponerme a lo que consideraba como una precaución inocente, pero muy natural. A petición de Usher le ayudé personalmente en los preparativos de ese entierro temporal. Colocamos el cuerpo en el féretro y entre los dos lo transportamos a su lugar de reposo. La cripta en la que lo dejamos y que estaba cerrada desde hacía tanto tiempo que nuestras antorchas, apenas encendidas en esa atmósfera sofocante, no nos permitían ninguna investigación. Era pequeña húmeda y no dejaba pasar la luz. Estaba situada a gran profundidad justo debajo de esa parte de la casa donde se encontraba mi dormitorio. Había sido utilizada, al parecer en los lejanos tiempos feudales como Mazmorra y en días posteriores como depósito de Pólvora u otra materia inflamable, pues una parte del suelo y todo el interior de una larga bóveda que cruzamos para llegar allí estaban cuidadosamente revestidos de cobre. La puerta de hierro macizo también estaba protegida de la misma manera. Cuando ese inmenso peso giraba sobre sus goznes producía un ruido singular, agudo y chirriante depositamos nuestro lúgubre fardo sobre unos soportes en esa región de horror. Apartamos un poco la tapa del féretro, que aún no estaba atornillada, y contemplamos el rostro del cadáver un parecido sorprendente entre el hermano y la hermana. Atrajo inmediatamente mi atención y sher tal vez adivinando mis pensamientos, murmuró unas palabras por las cuales supe que la difunta y él eran gemelos y que siempre había existido entre ellos una simpatía de naturaleza casi inexplicable. Nuestras miradas, sin embargo, no permanecieron mucho tiempo fijas en la difunta, pues no podíamos contemplarla sin horror. La enfermedad que había llevado a la a la tierra tumba a Lady Maide Line en la plenitud de su juventud, había dejado como suele suceder en las enfermedades de carácter estrictamente catalepto, una débil coloración en su pecho y rostro y en sus labios, una sonrisa ambigua y morosa que es tan terrible en la muerte. Volvimos a colocar y atornillamos la tapa y después de asegurar la puerta de hierro, emprendimos nuevamente nuestro camino hacia las habitaciones superiores de la casa, que no eran menos sombrías. Y entonces, después de varios días de amarga tristeza, ocurrió un cambio visible en los síntomas de la enfermedad mental de mi amigo. Sus modales habituales desaparecieron, Descuidaba o olvidaba sus ocupaciones ordinarias. Vagaba de una habitación a otra con paso precipitado, desigual y sin propósito. La palidez de su rostro adquirió si era posible un tono aún más lívido, pero la luminosidad de sus ojos desapareció por completo. Ya no oía ese tono de bosas, pero que solía tener en ocasiones, y un temblor que parecía causado por un gran terror caracterizaba su habla. A veces, de hecho, pensaba que su mente incesantemente agitada, estaba atormentada por algún secreto opresor cuya divulgación no tenía el coraje de realizar. Otras veces me veía obligado a pensar que se trataba de rarezas inexplicables de la demencia, pues lo veía mirar al vacío durante largas horas en una actitud de profunda atención, como si estuviera escuchando un ruido imaginario. No es de extrañar que su Estado me aterrorizara que incluso yo sufriera su contagio. Sentía como esa influencia violenta de sus supersticiones fantásticas, aunque impresionantes, se deslizaba gradual, pero seguramente dentro de mí fue especialmente una noche, la séptima o la octava, desde que depositamos a Lady Maidline en la cripta antes de retir tirarnos a nuestras camas. Cuando experimenté toda la intensidad de esas sensaciones, el sueño se negaba a acercarse a mi lecho. Mientras las horas pasaban y pasaban, traté de encontrar una explicación para el nerviosismo que me dominaba. Me esforcé por convencerme de que lo que sentía se debía al menos en parte a la influencia perturbadora, del opresivo mobiliario de la habitación, a los oscuros tapices desgarrados que azotados por las ráfagas de una tormenta que se avecinaba, se balanceaban de un lado a otro en las paredes y crujían dolorosamente alrededor de los adornos de la cama, pero mis esfuerzos fueron en vano. Un temblor incontrolable invadió gradualmente miseri Finalmente, una verdadera pesadilla se apoderó por completo de mi corazón. Respiré con fuerza, hice un esfuerzo por sacudirme y me levanté en la cama, clavando una mirada ardiente en la densa oscuridad de la habitación, presté atención, sin saber por qué, impulsado por una fuerza instintiva a ciertos ruidos vagos apagados e indefinidos que llegaban hasta mí a través de los intervalos de la tormenta, dominado por una intensa sensación de horror inexplicable e insoportable, me vestí rápidamente, pues sentía que no iba a poder dormir en toda la noche y caminando rápidamente por la habitación, intenté liberarme del estado lamentable en el que me encontraba. Apenas había dado unos pasos. Cuando escuché unos pasos ligeros en una escalera cercana, reconocí de inmediato que eran los pasos de Usher. Un instante después llamó suavemente a mi puerta y entró llevando una lámpara su rostro. Era como de costumbre pálido, como el de un cadáver, pero había en sus ojos una especie de risa loca y en todo su aspecto se percibía una histeria evidentemente contenida. Su apariencia me atita, terrorizó, pero cualquier cosa era preferible a la soledad que había soportado durante tanto tiempo, así que recibí su presencia como un alivio. Y no has visto esto dijo bruscamente después de permanecer en silencio mirándome durante unos momentos. No has visto esto, pues espera lo verás. Mientras hablaba y habiendo protegido cuidadosamente su lámpara se precipitó hacia una de las ventanas y la abrió de par en par a la tormenta. La furiosa ráfaga de viento nos levantó del suelo. Era una noche tempestuosa, pero espantosamente hermosa, de una extraña rareza, tanto en su terror como en su belleza. Un remolino concentró su fuerza cerca de nosotros, ya que el viento cambiaba violentamente de dirección y las densas nubes tan bajas que pasaban sobre los techos de la casa no impedían apreciar la rápida velocidad con la que convergían desde todos los puntos. En lugar de disipar, aunque no podíamos ver la luna, ni las estrellas, ni un solo destello de relámpago, iluminaba el cielo. Las superficies cercanas reflejaban una claridad sobrenatural emitida por una emanación gaseosa que envolvía la casa como una mortaja luminosa y claramente visible. No debería, no deberías presenciar esto. Le dije temblando a Usher y lo llevé suavemente desde la ventana hasta una silla. Esas apariciones que te perturban son simples fenómenos eléctricos, nada fuera de lo común, o tal vez tengan su origen en los olores fétidos del estanque cerraremos esta ventana. El aire frío es peligroso para tu salud. Aquí tienes una de tus novelas favoritas. Leeré y tú escucharás. Así pasaremos esta terrible noche juntos. El antiguo libro que había tomado era Matt trist decir, lanzelot Canning, aunque en realidad lo llamabas en broma como el libro favorito de Sher porque en verdad, con su tosca y pobre elaboración, ofrecía poco atractivo para la elevada e idealista sensibilidad de mi amigo. Sin embargo, era el único libro que tenía a mano en ese momento y tenía la vaga esperanza de que la excitación que agitaba al hipocondríaco podría encontrar alivio, ya que la historia de los trastornos mentales está llena de anomalías similares, incluso en la exageración de las locuras que iba a leerle. A juzgar por el gesto de intenso interés con el que escuchaba o fingía escuchar las frases de la narración, podría felicitarme por el éxito de mi propósito. Llegué a la parte conocida de la historia en la que es el redo el Héroed Matt Trist después de intentar en vano ingresar pacíficamente a la morada del ermitaño decide entrar por la fuerza aquí, como se recordará, dice la narración, y es elredo que era valiente o o la naturaleza y se sentía muy fuerte debido al poder del vino que había bebido. No espero más se habló con el ermitaño, que en verdad tenía un carácter obstinado y malicioso. Pero al sentir la lluvia en sus hombros y temer la furia de la tormenta, levantó su masa y con un fuerte golpe, abrió un camino a través de las tablas de la puerta con su mano enguantada de hierro. Luego, tirando con fuerza, hizo crujir, hundir y saltar todo en pedazos, de modo que el ruido de la madera seca y hueca resonó de un lado a otro del bosque. Al final de esa frase, me estremecí e hice una pausa porque me había parecido, aunque pensé de inmediato que mi imaginación excitada me estaba engañando que desde una parte muy distante de la mansión llegaba a mis oídos un sonido que se asemejaba exactamente al eco, aunque apagado y tenue del ruido real de crujir y romper descrito con tanto detalle por Sir Lancelot. Sin duda, la única coincidencia fue lo que atrajo mi atención, ya que entre el golpeteo de las ventanas y los diversos ruidos de la creciente tormenta, el sonido en si no tenía nada que pudiera intrigarme o perturbarme continuó la narración. Pero el valiente campeón es el redo. Después de sortear la terrible furia del dragón y recordar el escudo de bronce y aquel encantamiento que lo cubría había sido roto, apartó los restos de su camino y avanzó valientemente sobre el suelo de plata del castillo, hacia donde el escudo estaba colgado en la pared pero el escudo no esperó a que se acercara. Cayó a sus pies sobre el suelo de plata con un estruendo fuerte y aterrador. Justo después de pronunciar estas últimas sílabas y como si en ese momento hubiera caído un escudo de bronce pesadamente sobre un suelo de plata, escuché claramente un eco claro, profundo, metálico y resonante. Aunque parecía apagado excitado al máximo, me puse de pie mientras Ossher continuaba balanceándose suavemente. Tenía los ojos fijos hacia adelante y su rostro mostraba una rigidez pétrea. Pero cuando puse mi mano en su hombro, todo su cuerpo se estremeció y una débil sonrisa tembló en sus labios. Vi que hablaba con un murmullo apagado, rápido y entrecortado, como si no se diera cuenta de mi presencia, inclinándome sobre él. Finalmente, entendí el horrendo significado de sus palabras. No escuchas, Sí escucho y he estado escuchando durante mucho, mucho tiempo, muchos minutos, muchas horas, muchos días. He estado escuchando, pero no me atreví. Poh piedad para mí, miserable desdichado que soy, no me atreví no me atreví a hablar. La hemos enterrado viva. No te dije que mis sentidos están agudizados. Te te te te o digo ahora que he escuchado sus primeros movimientos débiles dentro del ataúd. Los he estado escuchando durante muchos, muchos días y, sin embargo, no me atreví a hablar. Y ahora esta noche es el redo ja ja la puerta del ermitaño rota el grito mortal del dragón y el estruendo del escudo, mejor dicho, la apertura de su ataúd y el chirrido de las bisagras de hierro, de su prisión y su lucha dentro de la bóveda de cobre po. A dónde escapar estará ella aquí, pronto aparecerá para reprocharme mi precipitación. He escuchado sus pasos en la escalera. Siento los latidos, pesados y horribles de su corazón insensato y en ese momento se levantó furiosamente de puntillas y gritó las sílabas, como si en ese esfuerzo estuviera exhalando su alma insensato. Te digo que ella está detrás de la puerta ahora, en ese mismo instante, como si la energía sobrehumana de sus palabras hubiera adquirido el poder de un hechizo. Las grandes y antiguas puertas que él señalaba, se abrieron lentamente con sus pesadas mandíbulas de Ébano. Fue obra de una ráfaga furiosa, pero en el umbral estaba a la alta y envuelta figura de Lady Maid Line de sher Había sangre en su vestido blanco y todo su demacrado ser mostraba claras señales de una lucha encarnizada. Por un momento, se tambaleó y vaciló en el umbral. Luego, con un grito apagado y lamentoso, cayó de bruces sobre su hermano y en su violenta y definitiva agonía, lo arrastró al suelo, convirtiéndolo en un cadáver víctima de sus terrores anticipados. Hui de esa habitación y de esa mansión horrorizado. La tormenta seguía desatada en toda su furia. Cuando salí del antiguo camino, de repente, una luz intensa iluminó el camino y me volví para ver de Dónde provenía esa extraña claridad, ya ya ya que da sólo tenía detrás de mí la vasta mansión y sus sombras, la irradiación provenía de la luna llena que se alzaba en un rojo sangre y ahora brillaba intensamente a través de esa grieta apenas visible que, como mencioné al principio, serpenteaba desde el techo del edificio hasta el suelo. Mientras la observaba, la grieta se ensanchó rápidamente. Hubo otra ráfaga impetuosa, un remolino y el disco completo del satélite se rompió repentinamente ante mis ojos. Mi mente se nubló al ver los pesados muros, colapsar y partirse en dos un largo y estruendoso ruido retuulbo como la voz de mil cascadas y el estanque profundo y fétido a mis pies se cerró de manera tétrica y silenciosa sobre los restos de la Casa de Osher? Mi mente se nubló al ver los pesados muros, colapsar y partirse en dos. Un largo y estruendoso ruido retulbo como la voz de mil cascadas y el estanque profundo y fétido a mis pies ser de manera tétrica y silenciosa sobre los restos de la Casa de Usher. Gracias por unirse a cultura y audiolibros. Acompáñame en este breve análisis. El hundimiento de la Casa Usher de Poe es un relato publicado por primera vez en mil ochocientos treinta y nueve. El cuento explora temas de decadencia, enfermedad mental y la relación inquietante entre lo físico y lo psicológico. La ambientación de la historia juega un papel crucial. La Casa Sher no sólo es una estructura física, sino un personaje en sí misma y un símbolo de la decadencia de la familia sher Pol utiliza descripciones detalladas para crear una atmósfera de tensión y ansiedad. El paisaje desolado, la casa en ruinas y el lago oscuro y tranquilo crean una sensación palpable de presagio. Los personajes principales, Roberrick y mayde Line Asher son los últimos miembros de la familia or sher Rotherrick sufre de una enfermedad nerviosa aguda, y Madeline, aunque casi no aparece en la historia, sufre de catalepsia, una condición que causa episodios de rigidez y pérdida de la sensibilidad al dolor. Roderick representa la mente holopsíquico, mientras que Maiteline simboliza el cuerpo olofísico. La enfermedad mental de Rothrick se refleja en la deteriorada condición física de la casa y en la enfermedad física de mait Line. La muerte de Maidline y su posterior resurrección simbolizan la negación de Roderick a aceptar la muerte y su lucha interna entre la razón y la locura. La historia es un estudio profundo del miedo. Roderick vive en constante terror, primero de la enfermedad de Madeline y luego del presagio de su propia muerte. Su miedo se convierte en locura, lo que a su vez se refleja en el estado de la casa. La casa, como Rothrick finalmente sucumbe a este miedo y se hunde en el lago, arrastrándose a Roderick con ella. El narrador de la historia es un viejo amigo de runs Oderick que ha sido llamado a la Casa sher para ayudar a Rothrick durante su enfermedad. A través de su punto de vista, experimentamos la opresiva atmósfera de la casa y el lento descenso de Rothry hacia la locura. El hundimiento de la casa Usher es un cuento profundamente simbólico y psicológico que utiliza la ambientación, los personajes y la trama para explorar temas de miedo, locura y la interconexión de la mente y el cuerpo. Es una representación de cómo la negación y el miedo pueden llevar a la destrucción tanto física como mental,