Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Descubrí Que Mi Padrino Era El Diablo Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Me llamo diego. Soy un chico de michoacán. Mi vida ha estado llena de misterio y terror desde que tengo memoria. Permíteme contarte mi historia. Nací en el seno de una familia muy humilde, rodeado de carencias y dificultades. Mi infancia transcurrió en un pequeño pueblo donde el dinero era escaso y la vida era una lucha constante. No tenía muchos amigos, pero lo que sí tenía era a mi padrino, Don Felipe. Don Felipe había sido el único padrino de mi bautizo. Era un hombre mayor de aspecto, distinguido con una barba canosa y un sombrero que parecía formar parte de él, a pesar de de nuestra situación económica precaria. Siempre se las arreglaba para traerme regalos en ocasiones especiales, y nunca supe cómo se conocieron mis padres y él, ya que parecía haber un abismo social entre ellos. Mi padre decía que Don Felipe había sido su amigo desde hace años, pero siempre me pareció extraño que dos personas de mundos tan diferentes fueran tan cercanas, ya que Don Felipe tenía muchísimo dinero y mis padres eran muy pobres. En fin, a medida que crecí, mi relación con Don Felipe se fortaleció. Siempre estaba presente en los momentos importantes de mi vida, como mi cumpleaños o Navidad, cuando el hambre apretaba y mi familia apenas tenía para comer. Don Felipe llegaba con bolsas de víveres y juguetes. Para mí, mi madre solía agradecerle con lágrimas en los ojos, mientras mi padre asentía en señal de gratitud, aunque nos ayudaba desinteresadamente. Ya siendo más grande, me intrigaba a saber porque era tan generoso, pero mi padre decía que los padrinos son los segundos padres y esa era la razón de su bondad hacia mí. Y bueno pasaron los años y mi familia seguía siendo pobre, pero Don Felipe continuaba siendo nuestros salvavidas. Los demás niños en la escuela no podían entender como un niño de una familia tan humilde como la mía podía tener tantos regalos y comodidades. Sin embargo, guardaba celosamente el secreto de mi padrino Rico. Don Felipe solía llevarme a pasear por los parques cercanos a nuestro pueblo. Caminábamos mucho mientras me preguntaba que tal había estado la escuela y sobre mis caricaturas favoritas me llevaba por el lado o pizza. Me gustaba mucho salir con él, porque era muy amable, aunque serio, y siempre me compraba todo lo que se me antojaba. A medida que me hice mayor. Empecé a notar que Don Felipe no envejecía sus rasgos. Seguían siendo los mismos como si el tiempo se su bubieraera detenido. Para él su sonrisa, aunque amigable, siempre tenía un maticerio que me hacía sentir que algo no estaba bien. Me preguntaba si Don Felipe era un ser humano común y corriente o escondía algún secreto, como en las películas. A los diecisiete años, mientras mi familia luchaba por llegar a fin de mes, Don Felipe me sorprendió con un regalo especial, un reloj antiguo de bolsillo era una pieza hermosa con un delicado grabado en la tapa y me dijo que era un regalo de generaciones pasadas, un legado que debía cuidar. Me emocioné mucho y la verdad a esa edad me gustaba presumir mis cosas en la escuela. Me gustaba que todos pudieran ver lo afortunado que era con el tiempo. La curiosidad me ganó y empecé a investigar más sobre Don Felipe. Pregunté a algunos ancianos de dónde vivía, incluso a miembros de mi familia, pero nadie parecía recordar cómo había llegado a la vida de mi padre. Era como si siempre hubiera estado allí en las sombras, cuidando de mi familia y de mí. Me atormentaba la idea de que mi padrino no fuera lo que aparentaba, porque tenía actitudes extrañas y aunque decía ser amigo de mi padre, siempre noté ese distanciamiento. Cuando iba a la casa a los dieciocho años, don Felipe decidió celebrar mi cumpleaños de una manera extraordinaria. Me llevó al centro a lugares que rara vez visitábamos aquel día. La opulencia y la sofisticación fueron los protagonistas. Me compró ropa elegante y me llevó a los mejores restaurantes y teatros. Era como si estuviera viviendo un sueño, pero no podía evitar sentir que había un precio o que algún día lo abría. Nadie da nada por nada. Esa noche de mi cumpleaños, Don Felipe me llevó a un lugar que jamás habría imaginado. Era una inmensa mansión iluminada por muchísimas luces hermosas. A medida que entrábamos en la mansión, me di cuenta de que había muchos objetos extraños, como gárgolas y cabezas de animales disecadas. Cuando por fin estuvimos en el interior, me llevó a una habitación lujosa donde una mesa estaba cubierta de dinero. En efectivo, don Felipe sonrió y con un gesto misterioso, me entregó una bolsa llena de billetes. Mis ojos se abrieron con asombro y temor. Quizá no me haría rico con ese dinero, pero me ayudaría a pagar unos meses de mi carrera y mis gastos por un rato. Entonces, Don Felipe me habló con una voz más seria. Me dijo que, a cambio de la generosidad que había mostrado durante toda mi vida, esperaba algo de mí. Me pidió que lo acompañara en una serie de actividades. Nada fuera de lo común. Sólo necesitaba que hiciera unos cuantos garabatos en unas hojas negras. No entendía para qué. Además, me pidió algunos cabellos míos y uñas. A pesar de la tentación del dino. Una sensación de peligro me alertó era como si estuviera atrapado en una telaraña siniestra y que cualquier movimiento en falso podría llevarme a una pesadilla sin fin. A pesar de mis miedos, acepté sintiendo que no tenía otra opción. Al final de cuentas, no era la gran cosa. Mi relación con Don Felipe era de fiar por tantos años y accedía a hacer los garabatos darle un poco de mi cabello y mis uñas en un frasco. Al llegar a casa, mi padre estaba más enojado de lo que jamás lo había visto. Me preguntó con furia donde había estado todo el día. No tenía más opción que decirle la verdad que había estado con Don Felipe y le conté todo lo que había sucedido en la mansión. Mi padre parecía atemorizado. Mientras escuchaba mi relato, me miró con seriedad y me dijo que era suficiente, que no podíamos seguir en ese lugar. Yo no quería dejar mi vida ahí, pero no podía renegar. Además, en el fondo sentí que era lo correcto las cosas con mi padrino se estaban poniendo raras y no quería que empeoraran, Así que acepté y con el dinero que Don Felipe me había dado, planeábamos mudarnos de ahí sin decirle a nadie, ni siquiera a él. La noche siguiente, mi familia y yo empacamos nuestras pertenencias con rapidez y sigilo. No podíamos permitirnos quedarnos más tiempo en ese lugar. Bajo la influencia de Don Felipe y sus extrañas actividades, el miedo y la determinación nos impulsaron a alejarnos de ahí. Dejamos atrás nuestra antigua vida. Sin mirar atrás y a medida que mi casa desaparecía en el horizonte, sabía que estábamos dejando atrás algo más que una vida de pobreza. Pero aunque creía que habíamos escapado de Don Felipe, pronto descubriría que sus garras se extendían mucho más lejos de lo que jamás hubiera imaginado. Mi vida se había vuelto una pesadilla de la que no podía despertar y no tenía idea de lo que el futuro me deparaba en esta nueva etapa de mi vida, lejos de michoacán. Al alejarnos de aquel lugar, nos adentramos en un mundo nuevo y desconocido. Aunque pasamos por dificultades económicas. Me sumergí en el trabajo y el estudio extrañaba la comodidad de que Don Felipe estuviera en nuestras vidas solucionando todos nuestros problemas. Pero algo había cambiado. Mi padre parecía no querer mencionar a Don Felipe, a pesar de que nunca había dicho nada malo sobre él. Mi padre se mostraba distante y reservado. Era como si ocultara algo, como si tuviera miedo de lo que podría haber descubierto en la mansión o sobre la verdadera naturaleza de la relación entre Don Felipe y mi familia. A pesar de mis esfuerzos por indagar y entender, mi padre se negaba a hablar sobre el tema. Seguía adelante tratando de forjar una vida mejor para nosotros, lejos de las sombras de Don Felipe. Pero la sombra de ese misterioso padrino aún seguía en mi vida y no podía evitar preguntarme si habíamos dejado atrás un verdadero peligro o sólo eran exageraciones con el tiempo. Nuestra familia se estaba acostumbrando a la vida en el nuevo lugar y las dificultades económicas persistían, pero estábamos forjando un nuevo camino. Sin embargo, un día un problema grave nos golpeó con fuerza, pues mi padre se enfermó gravemente y terminó en el hospital. Los gastos médicos eran muchísimos. Si mi familia estaba al borde del colapso financiero, la situación era muy triste y desoladora. Pasaron los días y mi padre necesitaba una operación urgente, pero no teníamos idea de dónde sacar el dinero. Mientras mi madre permanecía en el hospital cuidando a mi padre, yo me quedé en casa sintiéndome impotente ante la situación de no poder ayudar, de no saber qué hacer. Fue entonces, en medio de la noche, cuando recibí una visita inesperada. Alguien tocó la puerta y pensé antes de abrir porque nadie nos visitaba ahí, pero pensé que quizá era algo importante y abrí y me quedé impactado. Era mi padrino, Don Felipe, que había llegado hasta mi nuevo hogar. No sabía cómo había dado con nosotros, ya que nadie conocía nuestra nueva dirección. Su presencia era un misterio, pero en el fondo, agradecí que estuviera allí en ese momento de desesperación que propósito tenía a Don Felipe. Al reaparecer en nuestras vidas, Don Felipe parecía afectado. Mientras hablaba. Expresó que se había sentido mal porque nunca le dijimos que nos mudábamos si finalmente nos había encontrado. A pesar de la confusión que sentía, lo invité a entrar sin hacer preguntas sobre cómo había dado con nuestra ubicación. Y en ese momento, lo importante era que necesitaba su ayuda para mi padre. Cuando me preguntó sobre mis padres, le expliqué la difícil situación de mi padre en el hospital. Don Felipe mostró preocupación genuina y me aseguró que no debía preocuparme y me prometió que nos ayudaría. Pero esta vez había un precio que debía pagar. A cambio, esa revelación me llenó de inquietud que podría querer de mi Don Felipe. Mi vida ya estaba marcada por el misterio de su existencia y ahora estaba a punto de tomar un giro aún más oscuro. Aunque deseaba salvar a mi padre, no podía evitar sentir que estaba entrando en un territorio peligroso y desconocido, donde las consecuencias podrían ser impredecibles. Don Felipe me miró con seriedad y explicó que sólo se trataba de un simple pacto de sangre. Me dijo que debíamos hacernos una pequeña herida en la mano y estrecharla y que después estaría dispuesto a proporcionarme el dinero que tanto necesitábamos para la operación de mi padre. Confundido y preocupado, le pregunté por qué necesitábamos realizar tal ritual. Don Felipe pareció restar importancia a mis inquietudes diciendo que era un simple protocolo, nada del otro mundo, sólo para asegurarse de mi lealtad y en medio de la urgencia de la situación y mi deseo desesperado de ayudar a mi padre, accedí a cumplir con este peculiar requisito, aunque no entendía completamente sus razones. La noche se volvió aún más sombría. Mientras Don Felipe y yo realizábamos ese extraño pacto, La sangre se mezcló en nuestras manos entrelazadas y en ese momento no podía evitar sentir que había dado un paso más profundo en un mundo del cual desconocía por completo las consecuencias. Tras el ritual del pacto de sangre, Don Felipe cumplió su promesa y me entregó una bolsa llena de dinero que necesitábamos con urgencia para la operación de mi padre. Era un gesto generoso, pero no podía evitar sentir que había un costo oculto en todo esto. Después de recibir el dinero, Don Felipe me miró con una mirada profunda y misteriosa. Recuerda diego que la lealtad es algo que valoro mucho. Murmuró en voz baja. Sus palabras resonaron en mi mente. Mientras veía cómo se alejaba en la oscuridad de la noche de vuelta en el hospital. Con el dinero en mano, pudimos pagar la operación de mi padre durante su recuperación. Mi mente estaba llena de preguntas sobre el verdadero significado de aquel pacto de sangre y lo que Don Felipe esperaba de mí en el futuro. Cuando finalmente mi padre salió del hospital y regresó a casa, me preguntó cómo habíamos conseguido el dinero para pagar la cirugía. Le conté sobre la inesperada visita de Don Felipe y el pacto de sangre que habíamos realizado para obtener el dinero. Al escuchar mi relato, mi padre estalló en lágrimas de enojo y frustración. Me miró con desesperación y me dijo que no debíamos haber aceptado nada de Don Felipe. Sus palabras me golpearon con fuerza, mientras se le expresaba que habría sido mejor dejarlo morir en lugar de incurrir en una deuda con mi padrino. La tensión en la casa se hizo horrible. Mi padre, abrumado por el dolor y la ira, no entendía por qué había aceptado la ayuda de Don Felipe, mientras que yo, en mi desesperación por salvarlo, había tomado una decisión que parecía haber abierto un abismo en nuestra familia, pues la relación con mi padre se volvió aún más tensa a medida que las dudas sobre Don Felipe y el precio de su ayuda persistían. Los días que siguieron al regreso de mi padre de los hospital estuvieron llenos de silencios incómodos y miradas cargadas de desconfianza. Mi padre no podía sacudirse la ira que sentía por la ayuda de Don Felipe y yo me encontraba atrapado en medio de un dilema moral. Había hecho lo correcto al aceptar la ayuda de mi padrino. A medida que el tiempo pasaba, mi relación con mi padre se volvía cada vez más tensa. Después de semanas de enfrentar una relación tensa con mi padre debido a la ayuda de Don Felipe. Un día, cuando salí de la Universidad, me sorprendió verlo esperándome su presencia inesperada me tomó por sorpresa y no podía evitar sentir que había algo más detrás de su visita. Don Felipe me sonrió y me propuso ir a comer diciendo que quería platicar conmigo. Sabía que no podía negarme, ya que él había salvado la vida de mi padre. Asentí y le dije que sólo necesitaba ponerme de acuerdo para una tarea con un amigo y estaría listo para acompañarlo. Señalé a mi amigo que estaba esperando en la cafetería de la Universidad y le dije que iría a comer con Don Felipe. Mi amigo frunció el ceño y me dijo que no había nadie más allá de la mesa en la que yo señalaba. Eso me desconcertó, pero decidí ignorarlo y seguí a Don Felipe. Durante la comida platicamos de muchas cosas. Don Felipe era un conversador ameno y tenía una manera de cautivar con sus historias y anécdotas. A medida que la conversación avanzaba, me sentía cada vez más cómodo en su compañía, pero también experimentaba una creciente sensación de culpa. Estaba traicionando a mi padre al pasar tiempo con Don Felipe, quien seguía siendo un misterio y una fuente de preocupación para mi familia. La dualidad de emociones me agobiaba mientras disfrutaba de la conversación y la compañía sabía que mi padre no estaría contento si se enterara de mi encuentro con mi padrino, pero en ese momento estaba atrapado en una situación que no podía evitar y que complicaba aún más mi vida. Al regresar a casa después de mi encuentro con mi padrino, me encontré con la mirada inquisitiva de mi padre, quien me preguntó a dónde había estado tratando de evitar su desaprobación. Le dije que había pasado el tiempo en casa de un amigo, pero evité mencionar el verdadero motivo de mi ausencia. La vida seguía siendo un desafío económico constante, a pesar de que Don Felipe no sabía yo, dado en el pasado, el dinero volvía a escasear y recaía en mis hombros la responsabilidad de mantener a la familia. Las noches de desvelo se volvieron habituales, mientras me esforzaba por cumplir con mis responsabilidades académicas y laborales. Sin embargo, mi situación empeoró cuando comencé a experimentar fenómenos inexplicables. El insomnio se apoderó de mí y las noches se volvieron insoportables. Los dolores de cabeza se volvieron constantes y los sueños recurrentes me atormentaban. Durante las noches. Escuchaba golpes misteriosos en la ventana, pero al mirar no veía nada ni a nadie. Estos eventos comenzaron a afectar mi salud y bienestar. No sabía por qué me estaba sucediendo esto y la falta de respuestas me causaba confusión y angustia. La presencia constante de Don Felipe en mi vida y la relación que teníamos parecían estar relacionadas de alguna manera con estos extraños acontecimientos, pero no sabía do porque un día después de la escuela, don Felipe volvió a aparecer con su mirada seria y su sonrisa intrigante. Me propuso nuevamente ir a comer y yo acepté, pero esta vez con un motivo claro. En mente necesitaba pedirle dinero prestado para solventar los crecientes gastos en casa. Durante la comida, los tragos fueron amenizando la tarde y sin darme cuenta el tiempo pasó velozmente, Don Felipe sugirió que lo acompañara a donde se estaba quedando para darme el dinero que necesitaba. Aunque las copas me habían afectado no pude resistir su oferta. Llegamos al lugar al que me había llevado. Estaba oscuro y mi mente nublada por el alcohol. Cuando entré, me encontré con una escena espeluznante. Las paredes estaban cubiertas de sangre y en el suelo yacían animales muertos. Las páginas de biblias negras estaban esparcidas y las velas del mismo color arrojaban una luz macabra sobre el lugar. Las imágenes horribles y el olor rancio me hicieron gritar de terror. Le pregunté a Don Felipe qué estaba pasando, quiénes eran esas personas, pero él solo soltó una carcajada que heló mi sangre y en ese momento perdí el conocimiento. Cuando amanecí al día siguiente, me encontraba en un terreno baldío cerca de mi casa. Mi cuerpo estaba lleno de cortadas en la piel y no tenía idea de cómo había llegado a Íñi de lo que había sucedido después de perder el conocimiento. Las heridas en mi cuerpo eran la prueba tangible de que algo terrible había ocurrido en esa mansión. Las preguntas sin respuesta seguían en mi mente mientras trataba de comprender lo que había experimentado y la verdad de Don Felipe fue algo muy feo. Como mencioné, desperté en un terreno baldío, confundido y dolorido. Mi piel llevaba las marcas de cortadas profundas, como si alguien hubiera trazado letras raras sobre mí. No recordaba cómo había llegado a Iñi que había ocurrido después de desmayarme en ese lugar al que Don Felipe me había llevado. Las imágenes de la pesadilla que había vivido en la casa. Oscura y sangrienta seguían en mis pensamientos. Los animales muertos, las páginas de biblias negras y las velas apagadas formaban un cuadro que aún se dibujaba vívidamente en mi mente. Qué significaba todo eso. Me tambaleé hasta llegar a mi casa y cuando entré en mi familia, notó inmediatamente las heridas en mi piel. Las miradas de preocupación y asombros se cruzaron en sus rostros. Les conté sobre el encuentro con Don Felipe y como había terminado en ese terreno baldío lleno de cicatrices, el misterio que rodeaba a Don Felipe había llegado a un punto insostenible. Las noches de pesadillas y los eventos extraños me habían llevado al borde de la locura y ya no podía soportar más la incertidumbre y las sombras sobre mi vida, así que decidí buscar respuestas y me dirigí a mi paz con la esperanza de que él pudiera ayudarme y decirme todo sobre mi padrino. La conversación con mi padre fue intensa y aterradora. Cuando le pregunté quién era realmente Don Felipe, su mirada se llenó de pesar y me contó una historia que me dejó helado, pues me dijo que Don Felipe era el mismísimo diablo y su aparición coincidió con mi nacimiento. Mi padre, enfrentando la pobreza y el temor por nuestro futuro, había hecho un pacto con el diablo para asegurar que yo tuviera todo lo mejor en la vida y no sufriera las carencias que la vida pobre nos deparaba. El Diablo, según mi padre, había acordado regresar cuando yo cumpliera los dieciocho años para sellar el pacto con mi sangre, con la intención de reclamar mi alma. Cuando llegara el momento de mi muerte, las palabras de mi padre llenaron mi alma de miedo. Era como estar en una pesadilla hecha realidad, me enfrenté a la cruda verdad de que mi vida había sido influencia ndo por el diablo mismo. El conocimiento de este pacto infernal sacudió los cimientos de mi existencia. Ahora sabía que mi vida y mi destino no me pertenecían por completo y que enfrentaría un futuro sombrío en el que el diablo tenía un reclamo sobre mi alma. Sabía que cuando muriera, estaría en sus manos y todo eso a cambio de unas monedas. Sentía odio por mi padre por haber permitido que eso sucediera. Estaba en choque y mi madre lloró toda la noche en mis brazos y finalmente corrimos a mi padre de la casa. No queríamos verlo. Había hecho algo imperdonable y a pesar de sus súpicas, no pudimos perdonarlo. Sabía que había un contrato en el que mi alma estaba involucrada y de eso nada ni nadie podría salvarme, porque mi padrino era el diablo relato escrito y adaptado por Lis Rayón