Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Los Muertos Vinieron Por Mi Abuela ( Recopilación Contacto Con Los Muertos #2 ) - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos el año pasado, cuando comenzó el nuevo ciclo escolar, mi hijo Emilio entró a la escuela primaria. Es un niño muy alegre y esperaba con mucha emoción ir a su nueva escuela. También me sentía muy emocionada por él, ya que es mi único hijo, así que cada cosa que hace me deja maravillada. La escuela la elegimos algo lejos porque quedaba camino de regreso del trabajo de mi esposo. Como Gael, tiene un trabajo en el que tiene que estar pasando con los clientes, le es más fácil ir por él a la hora de la salida. En cambio, yo trabajo como diseñadora en una empresa de publicidad y no podría salir para recoger lo. Lo s r. Fue así que elegimos un colegio católico que tenía una buena fama de ser el mejor de la zona para dar buena educación. Pasamos varias semanas pensando si era un buen lugar, porque ninguno de los dos es especialmente apegado a la iglesia, pero al final, todos los puntos a favor fueron más pesados que nuestra falta de interés por la religión. Fue una primera semana intensa acomodarnos al nuevo ritmo de vida. Era complicado de a él y yo corríamos todos los días para llevar o recoger al niño a tiempo, mientras que Emilio lo pasaba genial en la escuela. Es de esos niños que hablan, como dice mi mamá, hasta por los codos. Así que era evidente que le encantaba el lugar que elegimos para él. También hablaba de sus compañeros de clase. Cuando le preguntábamos qué había hecho en el salón, nos decía un montón de cosas y a la mitad ya estaba cansada de todo lo que me decía, porque parecía que les dejaban hacer muchas actividades para aprovechar las horas de clase. Estaba feliz con su maestro, un muchacho joven como de unos veintiséis o veintisiete años, que tras la primera semana de clase, nos pidió ir a una junta para presentarse y compartirnos la primera evaluación de los niños. Decía que era el diagnóstico de cómo estaban los niños para poder enfocarse en lo que les hiciera falta o en lo que les gustaba para ponerlos a trabajar de forma adecuada. Mi esposo fue quien se presentó a la junta y me habló muy bien del maestro. Lo que le llamó mucho la atención no había sido ni el plan de trabajo el maestro o algo que tuviera que ver con la escuela. En sí le asombraba la escuela por dentro. Cuando fuimos a ver el lugar, se había enfocado en lo que la Señorita Guía nos estaba diciendo sobre la escuela. Así que me sorprendió cuando me dijo que el edificio era más viejo de lo que parecía. Me dijo rápido los detalles de la junta. Me agregó al grupo de whatsapp de los papás y luego pasó a contarme detalles de les. Mi esposo tiene cierta afición por las construcciones. Le gusta coleccionar modelos a escala. A mí me pareció normal que fuera un edificio viejo de esos de piedra, porque muchas de las grandes casas viejas las usan para hacer comercios, escuelas u otras cosas. Por lo general, son pocas las que se usan como casas de uso normal, así que a mí me parece normal. Eso, aunque también puede ser una de los factores por los cuales las cosas se pusieron raras más tarde. Como mencioné, Emilio estaba muy, muy feliz cada día que lo veía llegando a mi casa. Él duraba un buen rato contando lo que había hecho en la escuela. También me sentaba con él a trabajar su tarea juntos. Fue como al mes del inicio de clases que lo vi más tranquilo. Pensé que ya se le estaba pasando la locura de todo lo nuevo y se estaba acostumbrando a estar en la escuela. Yo no dejo trabajar a su ritmo y contarme las cosas. Gael me contaba lo que le decía el niño cuando iba por el Alto escuela y en un momento comenzó a ser recurrente un grupo de amigos siempre le platicaba lo que hacía a la hora del recreo con clara, Joele y Ker ya estaba teniendo su grupo de amigos, así que todo iba a la perfección. Pero un viernes el niño estaba castigado en la dirección. Cuando llegó mi esposo por él se había peleado con Joel y el Maestro nos dijo que la pelea había comenzado en los baños. Habían ido a lavarse las manos después de jugar con plastilina. Estaban todos los niños limpiándose las manos. Cuando hubo un problema con una toalla de manos. Según Joel, Emilio le había quitado su toalla y comenzaron a forcejear por ella hasta que Joel se cayó y comenzó a llorar raramente. Emilio lo empujaba para no dejarlo levantarse. Le decía que se disculpara con clara. Hasta ahí todo normal. Me dije, pues los niños suelen pelearse por cosas casi sin sentido, así que, mientras no hubiera pasado a mayores, todo estaba bien. Solo me r una inquietud porque sólo habían dejado en la dirección a Emilio. El otro niño se había ido normalmente a la hora de la salida con su mamá, mientras que habían esperado a que viniera alguien por Emilio para hablar con él. Mi esposo me dijo que el maestro estaba esperándolo ahí con el niño. El maestro le dijo a Emilio que le explicara a su papá que había pasado durante la limpieza de manos. Nuestro niño llorando, le contó que joel había estado ignorando a clara, así que él le dijo que ella se sentía triste que le hiciera caso. Entonces Joel le preguntó dónde estaba su toalla y él le había dicho que no la tenía. Como el niño no encontró su toalla, le dijo a Emilio que él la había escondido que le regresara su toalla. Luego Joel lo había empujado y él le respondió. Mi esposo le dijo que iba a hablar con Emilio llegando a la casa para corregir su conducta. El maestro le dijo que eso estaba bien, pero que también tendría que hacer algo más. Fue así que dejó al niño en la silla donde estaba y sacó a mi marido al pasillo de la escuela. Le dijo que no había ninguna niña clara en el salón que si sabía si el niño había mencionado ese nombre o a esa niña antes nosotros, desde que había iniciado el ciclo escolar. Escuchamos que tenía una amiga y dos amigos. La niña era Clara y eso mismo le dijo ga él al maestro, quien le recomendó platicar. Entonces con el niño le dijo que aprovecháramos el fin de semana para estar más cerca de él. Quizás algo le estaba pasando, pero no nos habíamos dado cuenta de eso. Por su parte, nos dijo que era la primera vez que escuchaba decir a Emilio el nombre de Clara. Cuando me enteré de todo eso, me puse muy nerviosa. Primero estaba molesta, luego pensé que algo malo pasaba con los niños. Quizás era una niña de otro salón o algo. Le comencé a dar mil vueltas al asunto, mientras que a él intentaba calmarme. Al final le hice caso me dijo que lo mejor era estar como Usualno pasábamos los fines de semana, pero que intentaría platicar de forma natural, de clara para ver si lograba encontrar la verdad era el domingo por la mañana. Hasta ese momento no había salido el tema y no queríamos interrogar a Emilio. No iba a decirnos nada si estábamos insistiendo. Lo mejor era dejar pasar un poco de tiempo cuando desayunábamos. Gael le preguntó si Clara estaba bien después de la pelea. Él le dijo que no sabía por qué se había escondido llorando y ya no habló con ella porque estaba en la dirección. Después le dije si eran muy amigos. Me dijo que se sentaban juntos, que trabajaban en su cuaderno los dos, porque a ella le escondían sus cosas, así que él le ayudaba. Me asusté si esa niña no estaba entre los alumnos del Salón, porque Emilio hablaba tan naturalmente, de ella. Después nos dijo que el lunes le iba a llevar un dulce para que se pusiera feliz y no supimos qué Contestarle le dije que sí, que iba a vamos a ir a escoger un dulce para ella. Más tarde me quedé mirando a mi marido mientras el niño terminaba su desayuno y se iba a jugar un rato con el celular. Ambos nos comentábamos nuestras dudas intentando que no se diera cuenta que estábamos perturbados. No era un miedo sobrenatural. Lo que sentíamos era preocupación por el niño. Quizás estaba inventando un amigo imaginario, en ese caso, una amiga, pero por qué a esa edad yo sabía que pudo haber comenzado cuando era más pequeño. Podría sentirse sólo porque no le pudimos dar un hermano, pero tampoco me parecía que se sintiera tan mal. Era cercano a sus primos. Íbamos seguido con sus abuelos, tenía amigos en la escuela, no tenía otras actitudes que nos preocuparan. Era raro que de pronto comenzara a hablar de una niña imaginaria que a él estaba seguro que había sido un cambio muy drástico para él entrar a la primaria y no conocer a nadie lo habíamos llevado a otra zona. Le le le lens del kinder donde estuvo. Los otros niños habían pasado automáticamente del kinder a la primaria de al lado. Entonces él podría haberse sentido mal por ser el único que no tenía amigos. Pensé que era algo posible, pero las mamás siempre sabemos de alguna manera las cosas y no me estaba sintiendo convencida algo me decía desde el fondo que no era eso. El lunes fui yo a hablar con el Maestro a la hora de la salida. Le dije que estábamos al pendiente de lo que se ofreciera con Emilio. Le expliqué que habíamos hablado con el niño el día anterior y que para él era normal la presencia de clara, así que no sabíamos si algo estaba provocándole estrés o algo. El Maestro me dijo que iba a programar una consulta con la asistencia psicológica de la escuela para que pudieran darle una valoración, pero que él había esperado unos días para que le comentáramos cómo había pasado el fin de semana. Mi respuesta era la misma. Estaba normal, sólo más tranquilo y no se me veía a correr por todas partes como siempre, y le dije que creía que era porque ya se estaba acostumbrando al cambio de escuela. El maestro me dijo que entonces le iba a ayudar como soporte la consulta con la terapeuta. Accedía a que lo vieran y me dio un papel con la hora y el día. Me dijo que ya estaba agendada la consulta. Además, tenía que haber un padre presente cuando se hiciera la valoración. Los siguientes tres días vi el cambio más radical en mi hijo. Dejó de platicarnos. Todo era como si estuviera en otro mundo. Todo el tiempo se veía tranquilo, no había nada alarmante, cumplía con la escuela e hizo la tarea como normalmente lo hacíamos. También jugaba normal, pero se veía retraído, silencioso y casi deprimido, tanto que Gael también se preocupó. Me dijo que algo estaba pasando, pero no lograba hacer que le contara nada nuestro hijo. La valoración era urgente. Yo no pude llevar a mi niño con la terapeuta, así que tuve que esperar hasta la hora que llegué a mi casa para preguntarle a mi esposo lo que pasaba. Llegué y estaba en la entrada de la casa. Me estaba esperando y me dijo que Emilio había tenido un ataque de ira con la terapeuta. Quise entrar para ir a ver cómo estaba, pero me detuvo. Me dijo que tenía que contarme todo lo que había pasado antes de verlo. Ahora estaba dormido porque tuvo que ir al hospital y lo habían inyectado. Me puse histérica. No esperé a que me dijera ni media palabra. Entré dejando mi mochila con todas mis cosas en la entrada de la casa para ir al cuarto de mi hijo. No entiendo cómo esperaba Gael que me quedara tranquila si me decía que habían salido las cosas mal al punto de que habían tenido que ir al hospital. Al entrar a su cuarto, lo vi acostado. Estaba dormido, como me había dicho, lo moví despacio diciéndole ola con toda la calma del mundo. Al girarse, vi su cara con arañadas en un brazo. Tenía unos moretones. No pude aguantar el llanto. Al parecer él tan poco y lloramos juntos mientras me abrazaba, quedándonos un buen rato. Así, mientras desde la entrada al cuarto nos veía a Gael sin acercarse, imagino que sintió que ese momento era importante para los dos. Después de un rato emilio se durmió de nuevo. Lo vi con una expresión tranquila, así que lo dejé descansar y me fui a la cocina para hablar con mi marido se estaba calentando la cena derrotada. Me senté y comenzamos a discutir en voz baja. Le reclamé porque no me había avisado a tiempo lo que pasó. Además, no sabía qué rayos había pasado para que terminara tan lastimado. Por su parte, Gael me regañaba por no haberle hecho caso. Él quería decirme las cosas calmado para que pudiéramos ver qué hacer, pero no me lograba entender, pues en cuanto escuché que había estado en el hospital nuestro hijo, sentí que tenía que verlo de inmediato. Después de muchos minutos de pelea, lo dejé por la paz. Lo último que necesitaba Emilio era escucharnos pelear. Gael me miraba molesto. Me dijo que si al menos iba a aceptar cenar algo, yo no quería comer. Así que se sirvió la cena y comenzó a comer parado a un lado de la estufa. Vi la mochila del niño debajo de la mesa, la levanté, la revisé y después comencé a sacar los cuadernos para revisar que tenía dependientes para entregar. El lunes en la escuela estaba llena de tierra la mochila, así que la puse en la mesa y la volteé para sacar todo lo que había. Adentro. Entre la tierra estaba una toalla pequeña con un hombre que decía joel i a. Con eso confirmaba que mi niño había sido el culpable de la pelea. Con joel entonces si podría estar enfermo. No entendía qué era toda esa tierra, que él también se había acercado a checar las cosas en silencio. Miraba cómo se me salían las lágrimas. Entre s más encontraba cosas raras. Saqué su bolsa de los colores y adentro sólo estaban los dulces que le había comprado a Clara. Estaban todos mordidos y aún con el plástico, puesto los puse sobre la mesa para verlos. La tierra estaba siendo recogida por Gael mientras revisaba uno a uno los cuadernos que se veían duros como si hubieran estado mojados antes, pero ahora se veían secos y descoloridos. A pesar de tener un forro de plástico. Las tareas en clase estaban inconclusas. Había dibujos en lugar de las actividades. También estaba escrito el nombre de Clara decía Clara e m le mostré el nombre. A Gael se veía que estaba escrito mal, como si hubiera sido el mismo. Emilio me estiró la mano para ver mejor las letras y se cayó una hoja doblada. La tomó y luego me la dio. Era el dibujo de una niña flotando entre los árboles del jardín de atrás. Gael me dijo si ya podía desder decirme que había pasado, que si iba a estar calmada para escucharlo, porque quería que habláramos tranquilos. Y es que tengo que confesar que cuando me pongo de mal humor o estoy preocupada, es imposible que podamos hablar. No puedo ni voltear a verlo sin sentir que todo el coraje se me sale hasta de los ojos. Se sentó en la silla de al lado y me dio un vaso con agua. Me pidió que tuviera la mente abierta para lo que me iba a decir en la tarde. Llegó a la hora de la salida y el maestro lo estaba esperando. Le dijo que era el día de la cita. Además, le comentó que ese día Emilio no había querido trabajar. Se dedicó a hacer lo que quiso, a pesar de las llamadas de atención. Al final, después de que el Maestro le estuvo llamando la atención todo el día, Emilio se había quedado quieto dibujando, así que decidió dejarlo hacer eso por el día para avisarnos que había tenido una mala actitud. El Maestro había visto que Emilio traía la manos llenas de tierra. Le dijo que en donde había estado metiendo las manos para dejarlas así de sucias y le dijo que en la mochila. El Maestro revisó brevemente la mochila a la hora de la salida y se dio cuenta que estaba llena de tierra normal tenía hierbas como las del jardín. Al llegar, Gael le dio la mochila para que él la viera. Se había preocupado mucho diciéndole al Maestro que a Emilio alguien lo estaba molestando, pero el Maestro le aseguró que había sido el niño quien había encontrado la manera de meter toda la tierra a la mochila. Ninguno de los otros niños tenía indicios de tierra. Lo más preocupante es que no sabía cómo había metido la tierra. Le aseguró que Emilio estuvo cerca todo el tiempo. Primeramente, durante la clase no había salido para nada. En segunda, a la hora del recreo, Emilio se había quedado sentado dentro del salón sin querer salir, y el maestro se había quedado a pasar el descanso revisó zando los cuadernos de trabajo. Emilio no había querido hablar en ningún momento cuando el maestro le contaba todo eso a mi esposo, así que, como no hubo respuesta por su parte, se dirigieron a la zona de trabajo social y terapias especiales. Ahí esperaron en la sala la doctora les había dicho que saldría en un momento porque estaba terminando la valoración de una niña. En ese momento, Emilio le dijo a su papá que tenía mucha sed así que le dio permiso de ir a servirse agua del despachador que estaba en la sala. Tras unos minutos, Emilio comenzó a llorar y se acercó su papá para ver que tenía. Le dijo que Clara no lo dejaba tomar agua. Miró el cono de papel donde se había servido el agua. Al fondo había un poco de tierra. Gael tomó un cono nuevo le dijo que Clara tenía que aprender a comportarse porque así no iba a tener amigos. Sirvió agua en el nuevo cono y se lo dio a Emilio, quien se r se tomó toda el agua apurado, pero al momento de terminar lo comenzó a escupir en el cono miró a su papá y le dijo clara no quiere dejar de ser mala mostrándole el pequeño cono con algo de tierra que había escupido. Mi esposo se quedó helado. Me dice que no sabía qué hacer. Se veía como un plan demasiado elaborado para llamar la atención. Sobre todo en un niño de seis años. Salió la doctora y les pidió que pasaran atrás de ellos. Todos los conos de papel se cayeron al suelo, así que Gael se regresó a juntarlos. Todos se dio cuenta que el aro donde se acomodaban los conos para usarlos estaba roto. No supo si estaba así. Ante su emilio estaba buscando hacer más y más difíciles las cosas. Cuando estuvieron adentro, a mi esposo se le pidió que se quedara en un sillón supervisando los juegos que iba a jugar. Emilio le dejó jugar con fichas de colores, con algunas figuras, un rompecabezas, le pidió que siguiera algunas canciones con ella, que repitiera lo que ella cantaba y también le pidió un dibujo. Ese dibujo era el de la niña que flotaba alrededor de los árboles. Todo iba de maravilla hasta que la doctora se dirigió a Gael, dejando a Emilio sólo en una mesa alejada que tenía muchos juguetes para que pudiera jugar mientras hablaba con su papá. No duró mucho unos cinco minutos cuando se voltearon ambos porque un fuerte ruido los alertó. Emilio estaba arrojando todos los juguetes al piso, gritando que se fuera que no quería jugar así y se tapaba la cara moviéndose de un lugar a otro, corriendo cuando lo lograron contener. Estaba todo arañado. Tenía múltiples golpes en las manos y los brazos. La doctora le dijo a Gael que tenían que ir a que lo revisara el doctor, donde explicara en una hoja su diagnóstico, que Emilio se había hecho daño solo pues había reglas muy estrictas dentro del plan. S O n o n o n o podrían hacer que ella fuera despedida. Por eso habían terminado en el doctor, quien había explicado que todos los golpes eran auto infringidos, Así que le recomendó a mi marido llevar lo más pronto posible al niño a atención psiquiátrica. Yo sentí que me iba a morir cuando me dijo eso, pero él creía que algo más estaba pasando. Quizás pullingó algo más. Por eso me pedía que no me cerrara a la posibilidad de que incluso fuera algo sobrenatural, porque sabía que Emilio no podía haberse hecho eso. Así. Solo me sorprendí de que me dijera que hasta podía ser algo sobrenatural, pero no le pregunté más. Me fui directo al cuarto de Emilio, quien seguía dormido. Seguramente tuvo que cansarse por todo lo que pasó y más que cansancio físico. Me parecía que su mente estaba muy lastimada entre la tenua oscuridad. Lo vi recostado de nuevo me dieron ganas de llorar. No sabía qué decisión debíamos tomar en entonces la vida entre las sombras, Escondida debajo de la cama alcancé a divisar el rostro de una niña de cabello muy negro y chino. Ella me miraba como enojada o asustada. Estaba tocando uno de los zapatos que Emilio había dejado tirado debajo de la cama. Me tapé la boca para no gritar, pero las piernas se me doblaron del susto En segundos. Aquella visión había desaparecido. Salí lo más rápido que pude del cuarto para ir con Gael. Le dije que Clara estaba en el cuarto, que había una niña debajo de la cama. Lo abracé aterrada. No sabía si ir por Emilio o dejarlo tranquilo. Aquella niña estaba ahí y si le hacía daño por despertarlo. Al final lo llevamos a dormir con nosotros por la noche. Mi esposo me dijo que había visto la sombra de la niña al lado de Emilio por el retrovisor del carro cuando iban de regreso del doctor, pero que no quería creer que aquello fuera cierto. Pero ahora que yo también la había visto, tendríamos que hacer algo pronto. Lo primero que pensé fue que ya no iba a llevar a Emilio a la escuela, iba a llevarlo a que el doctor lo revisara. Pero como le iba a decir a un doctor que habíamos visto a una niña fantasma, hasta nosotros podríamos pasar por locos como no podíamos llevar a Emilio con el psiquiatra. Lo hicimos, le mandaron medicamentos, pero lo veía mucho peor cuando se los tomaba. Así que dejé de dárselos y sin poder más. Con todo, me derrumbé frente a mi mamá pidiéndole consejos. Ella me dijo que conocía a quién podía ayudarnos. Así que hemos estado yendo con esta persona que aleja espíritus y fuimos durante el último mes Ahora Emilio está de vacaciones de la escuela. La idea es no llevarlo más cambiarlo en cuanto podamos o dejarlo perder el año que comience todo de nuevo, el agosto que viene, tenemos que ayudarlo y no importa cómo le vamos a hacer para que esa niña fantasma o espíritu demonieb se aleje de él. Los familiares vienen por ti cuando es tu hora de morir. Escuché decir a mi abuela cuando platicaba con alguien durante el funeral de un pariente que ya no recuerdo. Ella me decía siempre que había que rendirle su homenaje a nuestros difuntos, porque ellos nos estaban esperando para reunirse con nosotros. La tradición de los novenarios era casi de culto en mi casa y también se hacían oraciones especiales durante las celebraciones importantes del año, como Navidad o Año Nuevo. Eso era algo que no entendía muy bien, pero con el paso del tiempo. Terminé comprendiendo cuando ella falleció. De eso hace dos años. Apenas mi abuela, Margarita, era la mamá de mi papá. Mi mamá había fallecido cuando yo nací, así que ella se encargó de criarme junto con mi hermano. Mi mamá había tenido un embarazo antes de mi hermano Manuel y todo había ido bien. Cuando comenzó a ir al doctor, al enterarse que estaba embarazada de nuevo, dos años después del nacimiento de mi hermano, no le habían detectado el problema que tenía en el corazón. Ella falleció a las horas de llegar a la casa conmigo. Mi abuela era muy unida a mi mamá, ya que ella no tenía familia, así que ella también tenía la fotografía de mi mamá colgada en la pared donde se hacía el álbum familiar ahí donde estaban los tatarabuelos en su día de boda. Los muertos siguen contigo, se despiden de ti te ayudan en algunos momentos difíciles. Decía ella, ellos esperan en la gloria a quienes amaron en vida. Mi abuela era muy católica, pues creció en ese ambiente, ya que la familia de su padre era muy religiosa. Incluso había varios familiares dedicados a ser padres o monjas. Ella no desarrolló ese gusto, pero sí era muy espiritual y llena de amor por la manera en la que ella me platicó sobre los ancestros. No sentía miedo, como otros niños, de ver un fantasma. Yo quería ver a mi mamá. Quería que ella viniera a conocerme, porque ya era una niña grande. Pero es muy diferente que te lo cuenten a que pase. Cuando cumplí veintidós años mi mamá, Margarita, comenzó a presentar problemas en sus piernas, Se hinchaban una tos, se apoderó de ella y al final llegó al doctor muy tarde por su necedad. Al momento de ser internada, ya no se podía hacer nada por sus riñones dejaron de funcionar y comenzó a ir al hospital a que le lavaran la sangre tres días a la semana. El desgaste me pareció evidente y comencé a prepararme para la despedida sufría por verla sufrir. Pasaron los meses y ella se mantenía en un estado no muy bueno, pero seguía luchando. Me parecía sorprendente, así que le pregunté si podía hacer algo por ella para aliviar su dolor. Ella me contestó que nada. Que no me preocupara, pues ella ya sabía que pronto se iba a ir saberlo así tan directamente. Me hizo romper en llanto una cosa era pensar en que iba a pasar aquello y otra muy distinta fue escucharla decir que sólo estaba esperando a que llegara el momento. Me dijo que ella lo sabía, porque la última noche que había estado internada en el hospital, cuando le dijeron que sus señones habían dejado de funcionar, ella pudo escuchar a lo lejos la voz de mi mamá, buscándola la piel. Se me erizó. Recordaba sus historias sobre familiares que vienen ante el fallecimiento de alguien, pero aquello había sido hacía más de tres meses, así que me apiadé un poco de su situación. Pensé que seguramente estaba alucinando. Incluso le avisé al doctor y le hicieron algunas pruebas las que arrojaron que, efectivamente, estaba pasando algo malo con ella. Sus niveles de azúcar estaban muy altos contra su lucha e incluso sus lágrimas. Mi papá la llevó a internarse en el hospital. Necesitaba tratamiento pronto si quería salvarse para vivir un poco más. Ella se veía cansada. Fue la única vez en la vida que la vi molesta conmigo por no interceder. Al momento que mi papá tomó la decisión de dejarla en el hospital. Como el doctor indicó, ella me decía que se iba a ir lejos de su familia, del suelo donde había nacido, su padre, de la casa donde había llegado a sembrar las primeras mazorca a su abuela. Me rompía el corazón, pero tuve que verla en el hospital. Yo la cuidaba todos los días en el horario que no interfiriera con las clases de la universidad. Poco a poco daba señales de mejora, pero ella no parecía estar contenta. Pasaba mucho más tiempo callada a mi lado que, como usualmente, era la cama en la que estaba allí. El cuarto no me ayudaban a hacerla sentir animada. Se veía ensombrecida por la tristeza. También cada que tenía la oportunidad le preguntaba al médico si podía irse a su casa. El tiempo pasaba. Las dos semanas que iban a hacerlas de control se habían convertido en un mes. Mientras tanto, mi abuela se veía más vieja, cada vez más cansada. Era raro verla a veces rejuvenecida como una niña mientras platicaba con algún conocido que iba a visitarla compañeros de la hemodiálisis y o amigos cercanos que quedaban con vida. Pero era aún más raro verla envejecer mientras dormía o permanecía en silencio por mucho tiempo. Su piel se veía más arrugada. Era ver la profundidad de todas las arrugas, haciendo que pareciera una especie de muñeca de papel. También comencé a percibir que su aroma natural cambió. Ahora la mezcla de medicinas no me deja oler su colonia a azar, pero también había un aroma que no lograba identificar qué era. A veces, cuando llegaba a mi turno de cuidarla, el espacio donde ella dormía olía a eso raro que no identificaba. Mi abuela platicaba en voz baja. Cada vez era más frecuente que platicar abajo para ella misma. Me preocupé, así que le pregunté a su doctor, pero me dijo que era parte de la infección que había desarrollado por ya no poder moverse de la silla de ruedas un mal tras otro. Mal afectaba a pesar de que me decían que era normal, yo no lo sentía así. Siempre decía cosas distintas, pero no parecía algo como locura o alucinaciones. Lo que decía parecía coherente. Y es precisamente eso lo que me hace pensar que ella efectivamente invocó a sus ancestros hasta donde ella estaba porque ya no podían buscarla en su casa, donde ella quería morir. Una noche de fin de semana que me quedé a cuidarla durante la noche, me despertó la claridad con la que escuché la voz de mi abuela. Pensé que me hablaba, pero había dicho un hola como estás y cerré los ojos de nuevo, siguiendo en la posición que tenía de dormida, escuché lejano un susurro de un hombre, como cuando la voz está lejos e imaginar que alguien estaba pasando por el pasillo de afuera. Pero mi abuela contestó inmediatamente que le daba gusto escuchar eso me temblaron las piernas. No entendía que había sido ese susurro de voz. Ahí, en el cuarto sólo estábamos ella y yo. Además, la doctora era mujer y había una enfermera. Recuerdo que el corazón me latía con tanta fuerza que lo escuchaba en mis oídos. Me daba miedo pensar que iba a abrir los ojos y me iba a encontrar con la figura de alguien ahí a mi lado, frente a ella platicando, me moví un poco para ver si mi abuela dejaba la conversación que tenía, pero no sucedió. Tras eso le dijo que si ya era hora de irse y me levanté de un tirón preguntándole si estaba bien. Sorprendentemente, estaba sentada y trenzaba su largo cabello blanco. Me miró con los ojos más profundos, estaban vidriosos y los vi grises, el color tan negro que yo recordaba estaba desapareciendo. Creo que ella envejecía a cada or minuto más, cada vez que llegaba alguien más a llevarse un poco de ella. Al principio también creía lo que me dijo el doctor, que la vejez la estaba haciendo desconectarse poco a poco, pero yo escuché esa voz con la que conversaba y aunque no supe que dijo, pero es real que escuché a un hombre contestarle. Por eso, en ese momento decidí ser su aliada para que la dieran de alta y pudiera irse a su casa, el lugar que más amaba en el mundo. Desgraciadamente, la fiebre llegó con más fuerza y con ella la nula posibilidad de regresar a la casa para terminar, de irse con todos los días eran más tristes ya no hablaba, dormía mucho, sudaba por la fiebre y en momentos hablaba mientras no bajaba la temperatura por la infección. Mi papá me dijo que siempre decía incoherencias que no le hiciera caso, pero yo le insistía que la familia estaba llegando por ella. Mi papá me decía que me callara, que no lo dijera en voz alta, porque los muertos todo escuchan. Además, ella se iba a mejorar, así como mi abuela me había inculcado esas. No sé cómo llamarlas si tradiciones o ideas. Mi papá también pensaba en todas aquellas historias que su madre le contaba y a pesar de que sabía lo que mi mamá Margarita quería, me dijo que sólo eran cuentos de señoras, que no me pusiera pesada, que me dedicara a cuidar a mi mamá y a apoyarlo con los horarios más pesados para ir a cuidarla en el hospital. Ella había cumplido un mes y cinco días desde que llegó al hospital. Cuando, de nuevo, mientras dormía, escuché que caía agua, me desperté buscando el origen de ese sonido, Miré a mi abuela y ella estaba dormida. Revisé que todo estuviera en su lugar. Tampoco la bolsa que colgaba parecía estar rota. Miré alrededor y todo estaba en orden, ya estaba alucinando. Intenté leer un poco para pasar el rato porque se me había espantado el sueño, pero de nuevo el sonido de agua cayendo me interrumpió. Me levanté de la silla, revisé la cama, los sueros, incluso toqué las paredes, no había ni rastro de agua. De pronto su voz me asustó y me dijo que de donde había salido aquella cascada tan bonita. Le pregunté cuál cascada y ella me señaló el lugar donde estaba tocando en la pared y me dijo ahí esa cascada tan bonita. Me le quedé viendo asustada. Creo que estábamos compartiendo la alucinación o algo, porque ambas estábamos de acuerdo con algo. Había agua en el cuarto, pero yo no veía nada. Yo sólo la escuchaba. Ella la veía y quizás no había nada. Ahí fui con la enfermera y de nuevo le pusieron medicamento. Me dijo que estaba alucinando. De nuevo, no tuve el valor de decirle que yo escuchaba como si hubiera agua corriendo. Además, antes de salir del cuarto, la enfermera me dijo que sí, que perfume usaba. Me sorprendí, ya que yo no usaba más que desodorante, pero ella quería saber el nombre del perfume tan dulce que olió. Al momento de entrar al cuarto, le dije cualquier cosa. Así me di cuenta que el aroma raro que comenzó a llegarme era una especie de perfume muy ligero. Miré a mi abuela dormida y juro por Dios que le vi a la muerte a un lado por un segundo. La sombra oscura de la parca la estaba mirando dormir En unas horas. De nuevo regresó la fiebre, Así que mientras hacía efecto el medicamento que le dieron, le cambiaba los trapos con agua para ayudar a que se mantuviera fresca y no subiera más la temperatura de su cuerpo. En medio de las alucinaciones. Ella me decía que esa cascada era la cosa más bella que había visto y que un señor le decía que se metiera a bañar ahí iba a bajar su fiebre. No había ningún señor, pero le seguí la corriente mientras me contaba que era alguien que no conocía, pero que le preguntaba muchas cosas donde había crecido. También le preguntaba por su mamá. Tras mucho rato, la fiebre cedió. El médico dejó indicaciones y me dejó más tranquila. Parecía que había librado otra crisis, pero seguía delicada, así que estuve diciéndole que luchara. Ella comenzó a llorar y abrió los ojos levemente sólo para mirarme directamente y me dijo así que eres una nieta de Apolonio. Me quedé congelada, pues algo raro le estaba pasando. Respiraba con fuerza y parecía que estaba sacando todo el aire de su cuerpo sin regresarlo del todo y me ponía nerviosa. Comencé a temer que la hora estuviera cerca. El llanto llegaba, pero tenía que aguantar para que ella no me viera mal. Mi papá, mi hermano, una tía y yo nos turnábamos para cuidarla, pero sólo mi tía me dijo abiertamente que su mamá estaba en proceso de irse. Me lo dijo una mañana. Yo llegué a eso de las siete de la mañana para quedarme todo el día y mi tía Jaqueta, me dijo que su madre estaba en gracia de Dios esperando irse. El sacerdote había ido a darle la comunión al cuarto y después de eso sintió que su mamá estaba llena de luz. Le dije que los muertos la estaban visitando, que había visto cómo le hablaba a la nada. Me preguntó qué decía y le conté que ella saludaba preguntaba cómo estaban platicaba de lo que hizo o hacía. Mi tía se persignó, me dijo que me pusiera a rezar para hacer el proceso menos largo. También dijo algo como que quien sabe que había hecho ella en vida para que los muertos llegaran así por ella. Ella creía que eso era malo, que vinieran por ti, pero poco a poco me di cuenta que eso era lo que mi abuela esperaba. Dos días antes de irse platicó conmigo como si nada estaba sentada en la cama y me pidió que la bañara le estaba lavando el pelo. Cuando la puerta se abrió de la nada se giró la perilla, dejando entrar un aire muy helado al cuarto. Mi abuela sonrió y me dijo que había venido José Le dije, ocultando mi miedo, que sólo había sido el aire que quizás estaba confundida. En ese momento, mi mochila se movió y cayó por completo al suelo, dejando visible todo lo que traía adentro. Mi abuela me dijo que estaba cansada que si ya había terminado lo más rápido que pude, le sequé el cabello y lo trencé. Me dijo que le prendiera a la tele para que José se entretuviera de nuevo. Sentí que el miedo me delataba por las manos. Sentí una sensación de temblor con calor que no puedo explicar y le dije a mi abuela que no había nadie, que nadie había llegado desde hace rato. Ella me replicó que no fuera grosera que José, su hijo, estaba sentado en el sillón donde estaba mi mochila. Tardé un buen rato en acercarme a recoger lo que se había tirado. Preferí quedarme en la silla al lado de la cama para evitar sentir algo desagradable. Mi abuela habló un poco con José o él con ella mientras dormitaba, contestaba o preguntaba y yo no sabía qué hacer. Era evidente para mí que mi abuela sí estaba viendo algo, pero según el médico, ella estaba alucinando por la infección. Mientras miraba mi celular, ya por la madrugada, mi abuela dejó de hablar y decidí que tenía que ponerme a rezar un rato. El cuarto se sentía pesado. Además, ya se habían movido dos cosas sin que nadie las tocara. Una fue mi mochila y la otra a la puerta. Busqué en el celular el rosario porque no recordaba de memoria lo que decía y comencé a rezar bajo. Justo cuando iba a terminar el segundo misterio, escuché bien claro que dijeron más fuerte. Me callé y miré a mi mamá Margarita, que estaba roncando. No tuve el valor de seguir rezando. Me sentía muy abrumada. En ese momento llegó la enfermera y cuando entró por un minuto, se detuvo mirando a todos lados y me preguntó por la señora que había entrado de visir. Le dije que no había nadie más que yo. Ella me dijo que quizás se había equivocado y salió de nuevo el miedo me invadió y por primera vez en mi vida quería estar lejos de mi abuela, la mujer que más amaba en el mundo, mi mamá de crianza. Salí al baño a lavarme la cara. Eran las tres y media de la mañana. Lo vi en el gran reloj al final del pasillo donde estaban los baños. Entré intentando calmarme, me lavé la cara. Pensaba en si decirle a mi tía que me dejara descansar unos dos días para poder calmarme, pues podría estarme afectando demasiado lo que estaba pasando con ella. Me lavé la cara de nuevo y me la sequé con el suéter que traía. Me dieron ganas de fumar un cigarro, pero no podía salir por mucho tiempo. Imaginé que podría decirle a la enfermera que la cuidara un rato en lo que regresaba, pues de verdad necesitaba salir. De ahí miré mi reloj y ya llevaba cinco o diez minutos. Ahí tenía que regresar y al momento de ir a la salida, una puerta del baño se abrió sola activándose el bajante de la taza, que era automático. Escuché unos pasos, pero no atinaba a saber de dónde venían. Pensé que había sido un error en los sensores. Me acerqué al baño para confirmar mi idea, pero en cuanto me acerqué al baño, la puerta se me cerró en la cara azotándose. Me hice para atrás poco a poco mirando la puerta, pero ahora la puerta de al lado se movió agitándose, así que corrí para afuera directo con las enfermeras. Llegué a su lugar muy asustada. Me vieron tan agitada que el doctor salió a verme mientras estaba preguntándome si estaba muy nerviosa por lo que pasaba con mi abuela. Se cayeron de la barra de enfermería. Todos los expedientes. Parecía que se habían deslizado cayendo todos en un ruido seco, porque todos nos habíamos callado al presenciar aquello. Justo después la alarma de la camara de mi abuela se activó el doctor, la enfermera y yo corrimos al cuarto. Al llegar vi cómo mi abuela se movía desesperada de un lado a otro. Inmediatamente apretaron un botón que hizo que llegaran otras enfermeras con un carrito y me sacaron del cuarto. Desde la entrada veía lo que le estaban haciendo. Le pusieron un tubo en la garganta. También le pusieron otras cosas y también aumentaron las bolsas esas que iban a sus venas. Tras todo eso, yo sentí que el alma se me iba del cuerpo. Mi abuela ya se estaba yendo apenas si había quedado viva conectada al respirador. Al salir, el doctor me dijo que mi abuela estaba muy delicada y también me explicó lo que había pasado. Pero no recuerdo bien, ya que desde ahí, parada a unos metros de ella, alcancé a ver cómo se movieron las sábanas que la cubrían en una forma que parecía que alguien se había sentado en la cama e inevitablemente grité. El doctor y las enfermeras entraron de nuevo al cuarto. Mi abuela había caído en paro cardíaco. En ese momento yo estaba en crisis. No podía creer lo que estaba viviendo todas esas señales de los espíritus cerca de ella. Mi abuela sólo aguantó un día más. Fue tiempo suficiente para que todos vinieran a despedirse. Yo no me moví del hospital ni para cambiarme de ropa. Estaba aterrada, pero no quería dejarla. Mi papá salió llorando del cuarto y cuando me abrazó, me dijo que mi mamá estaba con ella porque olía a su perfume. Comencé a temblar. No podía hablar y tampoco recuerdo claramente lo que le dije a mi papá, pero tras eso me dio una crisis nerviosa. Mi abuela falleció mientras yo estaba dormida en uno de los sillones de la recepción. Pensé que iba a arrepentirme de no estar con ella, pero no fue así, ya que soñé con ella y se despidió de mí. Al momento de su partida, mi hermano y mi papá estaban afuera del cuarto hablando con el doctor y les impresionó que por un minuto o menos es es es c nó echaron como si varias personas pasaran platicando por afuera del cuarto, pero no se vio pasar a nadie. Hace un tiempo tuve que realizar la supervisión para la remodelación de un edificio que se iba a usar como un conjunto de departamentos. Este edificio era relativamente nuevo. Fue construido en la década de los sesentas, pero había pasado por diversas situaciones por lo que había quedado abandonado. Había estado encaminado a ser un gran hotel de lujo con grandes cuartos destinado a las personas con más dinero de la ciudad, pero jamás logró resaltar o llamar la atención de los turistas. Poco a poco se fue descuidando hasta que quedó en muy mal estado. El dueño de ese momento decidió no invertir ni un peso más en su reconstrucción y buscó venderlo por muchos años. No lo había logrado. Los rumores de que tenía una maldición el terreno eran demasiado importantes para los posibles compradores, así que al final decidían no comprarlo, dejando así que el edificio se deteriorara más y más, como había quedado más de veinte años de abandonado. Hacían que existieran más y más leyendas urbanas sobre este edificio, así que comenzó a tener problemas de vandalismo. Muchos jóvenes se metían sin permiso al lugar para poner su marca de que habían logrado pasar pese a los fantasmas, pero otros más se metían a realizar rituales. Hubo una época en la que eran muy populares, por así decirlo, los rituales satánicos, sobre todo en la época de los ochenta. El edificio fue blanco de muchas de estas personas creyentes de lo demoníaco, así que, poco a poco, la decadencia y la mala fama del edificio hicieron que se devaluara hasta que fue comprado a un precio de risa. La razón por la que conozco de esas cosas es porque trabajo para una empresa de construcción que también maneja remodelaciones o adaptaciones de lugares con fines comerciales de profesión. Soy arquitecta, pero este trabajo se convirtió en una buena oportunidad para mí, así que ya llevo muchos años en el mercado de la remodelación. A lo largo de los diez años que llevo trabajando en esto, me ha tocado vivir algunas situaciones paranormales o que son parte de las supersticiones de las personas que trabajan en este ámbito, así que me han tocado algunos trabajos complicados, no por el trabajo en sí, sino por las personas involucradas, tanto trabajadores como compradores e incluso el propio dueño de la empresa. El trabajo más difícil y que más me ha impactado es precisamente el del edificio que he descrito. Al inicio. Todo parecía ir en contra al momento de comenzar la revisión de la estructura es algo difícil de imaginar, pero desde el día uno que nos empezamos a encargar del proyecto entre los trabajadores que habíamos llevado para comenzar a sacar toda la basura que había comenzado a dejar la gente tras años de vandalismo, uno de los limpiadores se dio una descarga eléctrica con un cable que parecía inofensivo. Afortunadamente, el trabajador no falleció, pero era imposible que algo así pasara, pues desde el inicio nos habían dicho que la luz estaba suspendida en todo el edificio, así como el servicio de agua, como son proyectos que conllevan mucho dinero. Jamás salió este accidente en ningún medio de comunicación y se nos apresuró a presentar el proyecto de remodelación lo más pronto posible, porque buscaban dejar lo funcional para comenzar a vender los espacios. Hice la propuesta, fue aprobada y se comenzó a trabajar a marchas forzadas. Pensé que tras ese incidente, lo mejor era mandar a algún electricista para que garantizara que no iba a suceder otro accidente de ese tipo. Todo quedó bien. Los primeros meses se quitó mucho de lo que no servía. Se comenzaron a cerrar algunas partes y a establecer la distribución de los departamentos. Pensé que todo estaba tranquilo, pero el ingeniero me llamó una tarde para comunicarme muy molesto un problema. Los planos de la planta baja y el sótano no compaginaban con lo que había en esos pisos. Fui de inmediato a la obra para saber lo que estaba pasando. Me metí al piso uno y me di cuenta que había algunas paredes que estaban de más, pero yo había recibido los planos directamente del anterior dueño. Al final, después de algunas horas de problemas con el ingeniero, decidí ceder y le dije que iba a rehacer los planos. Los trabajadores siguieron con sus asuntos. Había que continuar, así que se iba a comenzar del segundo piso en adelante el proyecto. En lo que terminaba de rehacer el plano, le pedí al ingeniero que me acompañara al segundo piso para que revisara las estructuras y este regañadientes aceptó ir No le caía muy bien al ingeniero Mario Alberto, pero tenía que seguir trabajando, así que intentaba ser suave. Pese a su carácter. Nos llevamos a dos pasantes y unos trabajadores para que nos acomodaran la luz en el sótano. Primero revisamos parte por parte, me di cuenta que era mucha la diferencia que había entre los espacios que decía el mapa con lo que se veía. Físicamente, tras pensarlo, se mandó a autorización que se tiraran las paredes que no deberían estar ahí. No atentaban contra la estructura del edificio, pero no entendíamos por qué había grandes espacios que estaban cerrados. Uno era una especie de lavandería que tenía un pequeño espacio del tamaño de un cuarto de dos metros por dos metros, que no tenía puerta para entrar. Era como si fuera parte de una columna o algo. En el primer piso era un espacio más grande, pero igual no encontrábamos la entrada. Todo parecía turbio e incluso el hecho de haber entrado a esos pisos me daba las en la urnas de que algo andaba mal. También me dijo lo mismo el señor Mario. Él pensaba que aquellos espacios eran una habitación de pánico que había puesto el diseñador del edificio omitiéndolos de los planos para que no los encontraran fácilmente otras personas. Mientras platicábamos de cómo le íbamos a hacer, los trabajadores habían regresado al segundo piso para comenzar con el enjarre y la construcción de las paredes que se tendrían que poner. Los ruidos de trabajo hacían eco en todo el edificio porque se encontraba completamente solo los dos practicantes habían ido a cumplir con alguna tontería del ingeniero. A quien le encantaba ponerlos a hacer cosas no importaba. Lo que fuera. La idea era mantenerlos ocupados. Cuando estábamos discutiendo los detalles de los nuevos planos. Escuché las risas de alguien muy joven, era algún niño o niña riendo y el eco de esa risa se escuchó tan claro que vi venir corriendo hacia nosotros, a los dos chicos. Yo fingía que no había escuchado nada. No era la primera vez que en una obra se escucharan cosas. Muchos edificios viejos tienen sus historias e incluso sus fantasmas, pero es algo de lo que no tenemos que hablar e incluso se tiene que ocultar por el bien de la empresa. Al final, el señor Mario Alberto nos prohibió hablar de las risas de niños que habíamos escuchado, porque si un rumor se extendía a los demás trabajadores, iban a extender más y así iba a haber muchas situaciones incómodas alrededor del proyecto. A los días, uno de los chicos me mandó un mensaje directamente para decirme que viera un video que había tomado al momento de trabajar en el sótano. Era menos de un minuto. Se escuchaba su voz diciendo que lo estaban asustando que una niña se escondía detrás de una columna. Algo borroso por cómo movía la mano al momento de grabar. Pero sí parecía que alguien se escondía detrás de la columna que mencionaba. Cuando vi el video, sentí miedo esa sensación que tienes cuando sabes que estás viendo algo real. Además, este chico no tenía ningún motivo por el cual hacer eso, pero le pedí que mantuviéramos las cosas entre nosotros como ya nos habíamos puesto de acuerdo, aunque el que lo decidió fue Mario. Después de esos mensajes comencé a recibir llamadas donde me decían que algunos albañiles estaban diciendo que no querían ir a seguir trabajando, que no les importaba que les terminaran de pagar o no, que había cosas raras que estaban pasando mientras hacían sus labores. Decidieron hacer una junta. Cuando el dueño del edificio preguntó directamente al dueño de la constructora si era verdad el rumor que le había llegado. Nos juntamos todos en el edificio para darle un tour al jefe para así demostrarle que iban bien los avances y que, además, lo que decían que pasaba en el edificio sólo era pr provocado por las supersticiones que habían quedado tras el abandono de la construcción. Esa mañana de lunes llegamos todos temprano. Comenzamos a supervisar muy minuciosamente el trabajo de cada persona. Yo revisaba los últimos toques de la propuesta para el sótano y el piso uno. Por lo pronto no íbamos atrasados con las fechas, pero los que decían tener problemas con los sustos que les daban al momento de estar trabajando no querían seguir. Dos de los quince contratados se habían desaparecido, dejándonos el trabajo. Apenas íbamos a encargarnos de hablar con todos para calmar su miedo. Cuando pasando por el segundo piso, donde estaban más avanzadas las remodelaciones, se desprendió una de las luces que se habían puesto para iluminar el pasillo entre los departamentos. Parecerá Kiche, pero todos los que estuvimos presentes escuchamos unas risas. No le hizo daño a nadie la lámpara caída, pero no le hizo nada de gracia al dueño de la constructora, que pensaba estábamos haciendo todo lo posible por acabarle el negocio. Las cosas se siguieron poniendo tensas. El inversionista estaba molesto. Pensaba que no íbamos a hacer un buen trabajo porque se caían las cosas apenas puestas. Fue por eso que el dueño se puso especialmente duro con todos los procedimientos. Además, lo teníamos muy seguido en la construcción. Revisando los avances. De poco a poco comenzaron a haber retrasos. Sucedían cosas con los materiales. Se echaban a perder. Las paredes no parecían secar de forma adecuada. Los albañiles tenían un grupo en el que se pasaban los videos de las cosas paranormales, que pasaban más de uno. Se había llevado un susto horrible cuando veían la sombra de unos niños correr por entre los pasillos oscuros. También llegaron a ver cómo algunas cosas se movían solas, sobre todo las palas. Parecían que estaban jugando con ellas. No eran videos especialmente tétricos, porque parecía que las palas se movían por el aire, pero era imposible que entrara el aire así en el sótano, como eran inofensivos los espectros. El jefe de la obra y yo nos hicimos de la vista gorda. Acomodábamos las cosas, omitiendo que a veces se tenían que parar las obras por horas porque no había manera de hacer funcionar la mezcladora. Al final de largos ocho meses, la estructura había tomado forma. Faltábanos acabados y sobre todo el sótano, así como el piso uno, que era donde más pasaban contratiempos. Trasladé mi oficina al piso uno. Desde ahí comenzamos a supervisar la obra de forma más directa. También era una forma de hacer presión. Necesitábamos terminar el trabajo en tres meses más. Estando directamente en el edificio, pude entender lo que sentían las personas que trabajan aquí todos los días. Era una sensación sofocante que parecía ir desapareciendo conforme subías piso por piso. Después del cuarto piso, no se sentía nada ahí. Los trabajos habían terminado primero. Ahora me enfrentaba a tener que estar yendo para soportar el mal carácter del señor Mario, quien, por tener más años trabajando en la empresa, se daba ciertas atribuciones que no le correspondían. Me quedé a trabajar en otras cosas que necesitaba arreglar en la oficina instalada en el primer piso. Me mantenía trabajando ahí porque quería ver que estaba mal con los pisos problemáticos. Una tarde me quedé con los trabajadores del turno nocturno. Ellos estaban encargados de terminar de cambiar el cableado, porque todo estaba lleno de algo raro, como algo pegajoso, más parecido a esos juguetes de niños que se pegan por todos lados el de protección civil. No supo decirnos qué era. Así que quedó el reporte en que había demasiada humedad en el edificio y se tenía que cambiar algunas cosas más. Estaba redactando los reportes convenientes para poner al tanto al jefe, pues el señor Ingeniero había decidido enfermarse de pronto cuando había más trabajo. Los practicantes hacían lo que podían, pero sin la autorización mía o del ingeniero a cargo, no podían hacer mucho. Estaba molesta por tanta tontería y me salía a fumar un cigarro. Me senté en las escaleras tratando de mantener la mente en blanco. Me tomaba mi tiempo de recuperación mental. Aunque escuchaba algunos sonidos en las escaleras al sótano, intenté ignorarlos. No pude más. Cuando escuché que eran pequeñas pisadas las que retumbaron haciendo eco en las escaleras. Se escuchaban muy claras. Me tomé con una mano el crucifijo que usaba pidiéndole a Dios que me protegiera. Me levanté para ir de nuevo a la oficina. Miré hacia arriba porque sentí que me cayó un poco de tierra que me sacudí sin darle importancia, pero una pequeña cabeza se asomó en el recodo de la escalera. Al siguiente piso, comencé a decirme que si no le ponía atención, iba a desaparecer, que si lo veía, era darle poder que sí me mostraba con miedo. Iban a pasar más cosas. Así que, aunque sentía en todo mi cuerpo la rigidez que te da el miedo, me regresé despacio a mi lugar, pero los sonidos no dejaban de escucharse. Se escuchaba como que rodaban cosas. Llegué a la oficina y jalé la puerta, pero no se abría tomé aire. Después de moverla, varias veces estaba segura que la dejé abierta y las llaves estaban adentro. Me calmé y dije que quien sea que estuviera jugando una broma abriera o iba a ganarse un buen problema, pero nadie me contestó. Eso me asustó más. Además, era imposible que alguien de los trabajadores quisiera hacer una broma. Así forcejé con la puerta un rato más, así que Harta fui directo al segundo piso a pedir un desarmador y un martillo para quebrar la chapa de la puerta. Ángel, un chico nuevo, me dijo que él me ayudaba a abrir la puerta para que no batallara. Acepté su ayuda y bajamos al primer piso. Cuando llegamos a la oficina estaba abierta. Muchos de los papeles estaban en desorden. Comencé a decir maldiciones, preguntando quién había sido el que estaba haciendo todo aquello. Dentro de mí era evidente que algo sobrenatural estaba pasando. Era imposible que alguien hiciera eso sin dejar huellas o sin que escucháramos algo. Mi ángel, que venía conmigo, había escuchado salir a alguien y no me había tardado más de diez minutos en subir y bajar compadecido de mi enojo. Ángel me dijo que podía ayudarme a recoger los papeles y que yo podía acomodarlos poco a poco, pero le dije que no se preocupara y me metía a comenzar a limpiar el desastre. Todo estaba tirado y aunque no se había echado a perder ningún papel o al n ndo una cosa si estaba todo desordenado y no podía irme dejando todo así. Cuando estaba recogiendo, noté que había más tierra de la normal y en el monitor de la computadora vi claramente las huellas de un niño eran pequeñas con dedos delgados. Nadie con esas manos estaba en el edificio tragué saliva y ángel lo notó. Miró las huellas persignándose y me dijo que eran los niños que habían estado apareciendo durante los trabajos. Al día siguiente regresé dispuesta a que se terminara el trabajo, aunque no estuviera el señor Mario, así que convoqué a los trabajadores. Al sótano les dije que iban a tirar las paredes para dejar el espacio libre que ya había llegado la planta de energía, así que no tenían que estar batallando con que se les estuviera apagando el equipo. Fue una experiencia peculiar. Se escuchaban algunas cosas raras, se desconectaban solos los aparatos. Costaba más trabajo tirar una de las paredes y y comenzaron a aparecer más y más problemas. Para no terminar el sótano. Regularmente subían a la oficina para avisarme de un nuevo problema. Incluso se había perforado una tubería algo en el edificio. No quería que destapáramos el cuarto ese que no estaba especificado en el plano. En el segundo piso no había habido tanto problema. Sólo nos aseguramos que no hubiera ninguna entrada o salida y lo tapamos todo. Si uno se fijaba bien, entendía que aquello no era un espacio vacío, pero no teníamos más tiempo para tirar todo y reconstruir. Pero como en el sótano iba a quedar el estacionamiento forzosamente, había que terminar de dejar todo libre para los cajones de los carros. Tras todo lo que pasó, uno de los trabajadores más grandes me dijo que sí podían rezar a las almas de los que estaban obstruyendo el trabajo. Como no había nada más por intentar me unía la petición. Consiguieron unas velas en una p tienda cercana, las pusieron en forma de cruz y todos pedimos permiso para que nos dejaran terminar el trabajo. Mientras pedíamos eso, las llamas de las veladoras bailaban sin que hubiera corriente de aire. Tras orar unos padres, nuestros y aves marías dejaron las veladoras prendidas en un altar improvisado lejos de donde iban a comenzar a tirar las paredes. Poco a poco fueron cediendo una a una las paredes y al llegar al lugar oculto. Cuando cayó la primera parte del muro, todos fuimos testigos de que una cara de niñas se asomó por el agujero. Todos nos hicimos hacia atrás, unos maldiciendo y otros pidiéndole a Dios era una niña. Vimos a una niña allí adentro tiraron más pedazos con unos marros para ver si había alguien o algo. Teníamos que estar seguros mientras caían los pedazos. Me asomaba de vez en cuando para ver si había algo, pero no se veía nada. Cuando metieron una linterna en el espanto se dieron cuenta que era un cuarto con unas escaleras internas que daban al segundo piso. Ambos espacios estaban conectados. Alguno de los dueños anteriores había mandado a hacer eso en secreto o desde el principio estaba planeado. Parecía un cuarto de pánico de esos que se construyen para refugiarse. Cuando pasa algún peligro, terminaron de derrumbar toda la pared y quedó claro que ese cuarto había sido utilizado. Había algunos envases viejos de refresco, latas de verduras, ropa, llena de tierra, sucia y rota. Un trabajador fue hacia la parte de arriba a comprobar que fuera seguro subir por aquellas viejas escaleras de metal. Arriba No había mucho, pero sospechosamente olía a muerto. No sabía si era por el tiempo que había permanecido cerrado o por algo más, llamé a unos conocidos para que vinieran a hacer un peritaje secreto. No queríamos que se filtrara la idea de que había ocurrido un descubrimiento incómodo para la entrega de la obra. Ellos no encontraron nada. El olor era por una razón desconocida. Especulaban que era por la cantidad de latas o cosas que antes eran comestibles. Así que seguimos con la obra mientras limpiaban. Vi que el acceso a aquel cuarto era originalmente por la parte de arriba, pero que se había tapado la entrada haciendo una pared nueva. Alguien había ocultado aquel cuarto con mucho cuidado. Al final se tiró todo. La obra quedó entregada y todos olvidaron todo. Pero yo tengo mis propias conclusiones sobre todo aquello pues hasta el último de los días que estuvimos ahí se siguieron escuchando pasos de niños e incluso sus risas. Un trabajador de yeso fue asustado en el baño por una niña que le abrió la puerta. Así que, al recordar la cantidad de ropa que encontramos en los cuartos secretos y que mucha era pequeña, creo que alguien le hizo cosas terribles a una niña ahí. Lo peor es que pienso que no sólo fue a una niña, pues las risas son varias. Además, se han visto siluetas de niños pequeños en los pasillos. Es horrible pensar lo que pudo pasar ahí para que esos niños sigan en aquel lugar atrapados. Ni la oración que hicimos les pudo ayudar a salir de ese ciclo de cárcel en el que se encuentran. Creo que sus fantasmas rondan porque ellos no sabían muy bien lo que les pasaba. Incluso puede que no sepan que murieron. Es triste imaginarlo, pero lo es aún más pensar que no encontraron indicios de nada, así que no se puede investigar nada ni buscarlos. Al final se van a quedar ahí a menos que alguien confiese algo del pasado o entre los cimientos encuentren algo que pueda dar un indicio del por qué siguen entre esos pasillos. Yo soy corredor. Me dedico a trabajar en una empresa de venta de utensilios de limpieza, pero en mis tiempos libres hago deporte para relajarme. Para mí ya era costumbre salir a correr los fines de semana o durante mis vacaciones también participaba en carreras abiertas de varios kilómetros. Como digo, es un pasatiempo que me he tomado muy en serio. Por eso, antes que nada, soy corredor y lo disfruto mucho. Hubo una época cuando estaba en mis treintas que comencé a hacer ruta para correr en la barranca de Cuentita, un lugar muy famoso para ir a hacer caminata en Guadalajara. Fue un año después del encierro de la pandemia cuando decidí salir a correr un viernes. No iba a festejar con la familia ni los amigos. Estaba muy agotado por situaciones personales que me azotaron todo el año. Estaba en ese momento en el que no quiere saber de nadie lo mejor era alejarme y esperar a que las cosas estuvieran mejor con el tiempo. Recuerdo que me desperté muy temprano. Tomé mis suplementos, me puse la ropa que más me gustaba para salir a correr. Agarré mi carro y sólo le avisé que saldría a correr a list la chica que me estaba apoyando en el trabajo como secretaria. Llegué a eso de las ocho de la mañana. Había algunas personas, así que me puse los audífonos para no prestarme a que me hablaran. Quería correr solo y vi que varios iban en esos grupos, que son clubes de personas que se juntan para correr. Me aproximé a la bajada como de costumbre. Comencé a calentar un poco. Pensaba en muchas cosas, así que iba concentrado. No me di cuenta de que había dejado el celular en mi pantalón y no en el brazalete en el que lo dejaba. Era una mañana fría. Poco a poco dejé de ver a muchas personas, ya que muchos se quedaban a medio camino por lo intenso de la subida de regreso. El lugar estaba seco se veía el pasto y los árboles cafés. Todo era una especie de naturaleza muerta. Seguí en mi camino, llevaba en mochillas, dos sons litros de agua y una barra de cereal. Por sí me sentía mal. El camino me hizo sentir más cansado y harto de lo que esperaba. Sinceramente, muchos pensamientos malos pasaron por mi cabeza. Esperaba acabar con todo de una vez en algún momento e imaginé que ese podría ser un buen lugar. Tardarían en encontrarme y además, sólo lis sabía en dónde estaba. Estábamos de vacaciones, por lo que no la vería hasta tres días después, un tiempo bueno para que las cosas terminaran. Seguí corriendo y por ratos trotaba por lo difícil de la bajada. También era sofocante pensar realmente me encontraba en una muy mala situación mental y lamento mucho haber pensado en morir. Quizás por eso me perdí. Cuando llegué a un lugar muy adentrado en la barranca, el camino ya no se veía con claridad. Se notaba que muy poca o casi nada de gente pasaba por ahí. En lugar de detenerme, seguí caminaba, Miraba que no había nadie e imaginado que hasta algún animal podría llegar a hacerme algo. Pero lo más importante sería buscar un lugar idóneo para realizar lo que estaba convencido que quería. Mientras caminaba, planeaba el como y con qué. La tarde me dio de lleno con el sol en lo alto me quemaba la cara, pero no quería ver qué hora era. Raramente tampoco tenía hambre y me estaba sumiendo en algo que parecía no tener retorno mucho rato. Después encontré un lugar cerca y era el río. No contaré los detalles de lo que pasó por las personas que van a conocer mi historia, pero aclaró que no soy una persona especialmente negativa. Simplemente en aquel día me sentí mucho peor porque era el supuesto final para reiniciar todo, con muchas posibilidades, pues de eso se trata el año nuevo, pero yo no me sentía con ninguna posibilidad. Era otro año que lo pasaba. Solo pasó un rato y el sol se sentía menos intenso y el aire frío. El a r el a la uero hacía que bajara la temperatura tras una lucha interna. Al darme cuenta de lo que estaba intentando hacer, afortunadamente pude frenar mis pensamientos. Sabía que tenía que comer algo para comenzar la subida, porque iba a ser difícil y sin comer más que una barra energética y me terminaba el agua. Así podría más o menos aguantar. Comencé a subir rápido. Cuando me di cuenta que el sol parecía estarse ocultando. Muy pronto me busqué el celular para ver el GPS. Necesitaba encontrar una ruta corta porque me iba a alcanzar la noche. No tenía mi teléfono. Seguía con los audífonos puestos, pero no recordaba en qué momento dejó de escucharse la música. Quizás muchos kilómetros atrás había tirado el celular. No había de otra Regresaría por donde vine. Intentaba acordarme lo más que podía, pero por la situación mental que tenía, no recordaba muchas partes, así que me guié por el sentido común. Así llegué a una zona muy empinada para subir, pero un pequeño camino se divisaba más arriba. Quizás había encontrado el camino principal y si era así, sería más fácil subir. Subí por la orilla de las piedras y al momento que vi el camino de tierra, también vi a un par de hombres, unos cuatro o cinco que estaban moviendo unas bolsas. Quise regresarme porque no era buena señal ver algo así en medio de la nada, pero me resbalé y me fui para abajo rodando. No fue un lugar tan alto. El problema es que caí parado, o al menos eso es lo que pienso, porque se me rompió el tobillo derecho por la fuerza de caer parado. Seguro di un grito horrible por el dolor me desmayé. No sé cuánto tiempo pasó para que despertara, pero ya era de noche. No se veía nada y sentía algunos animales recorrerme el cuerpo me moví como pude para tocarme el tobillo. Sentí que estaba totalmente movido el tobillo, así que maldije mi suerte, porque si me iba a morir, no quería que fuera así. Me quité la pequeña mochila que llevaba ahí seguía todo en su lugar, sólo la botella con agua estaba totalmente deformada por la caída. Estuve revolviendo la mochila intentando buscar algo para alumbrarme, pero no llevaba nada. Ahí había ocultado la cartera, estaba sólo la barra de cereal y el termo para el agua totalmente deformado. Miré a todos lados. No podía distinguir mucho. La luna estaba casi por completo oscura. Se veían las estrellas de una forma increíble, pero no me ayudaban a guiarme hasta algún árbol. Dado que pudiera sacar una buena vara que me sirviera de bastón, me moví arrastrándome hasta una piedra enorme. Ahí me recargué. No sabía qué hacer. Lo único que me quedaba era esperar que Ali se le ocurriera preguntarse si estaba bien. Mentiría si dijera que no estaba asustado, pues lo estaba y mucho miraba con miedo a todas pas Si no me encontraba un animal, quizás serían los tipos que estaba moviendo bolsas Más arriba la oscuridad parecía jugarme bromas, pues entre la maleza podía ver figuras que se movían. El silencio me hacía sentir muy fuertes los movimientos de algunos animales, entre las hojas o las ramas de los árboles cercanos. Primero miré algo como unos ojos rasgados de color amarillo. Mirarme a lo lejos toda esa oscuridad no me dejaba darle forma a lo que era. Eso podía ser un tlacuache o algo mucho más grande. Se movía de un lado a otro con una forma serpenteante, y eso me puso en alerta. Moví los brazos a los lados sin dejar de mirar al frente. Busqué algunas piedras y comencé a ponerla cerca de mí. Pensé que si me iba a atacar algún animal, al menos daría pelea y lo podía matar a pedradas. El animal no se acercaba, sólo parecía serpentear de un lado otro luego de un rato. Ya no lo vi pero el ruido de algo corriendo entre las plantas secas me ponía en aviso. Algo me acechaba. Comencé a sudar frío, pero al mismo tiempo la temperatura estaba tan baja que sentía en tumidas mis piernas, sobre todo la que tenía dañada por la caída. Afortunadamente, no neva en Guadalajara ni las temperaturas son tan extremas. Sabía que de eso no me iba a morir. El problema sería el agua o los animales que llegaran a oler mi sangre. Duré mucho rato con la adrenalina listo para pelear contra cualquier animal, pero no pasaba nada y la falta de comida y la lesión comenzaron a Pasarme factura me sentía mareado, así que con el entumecimiento, sin darme cuenta, me quedé dormido, aunque pudo ser también un desmayo desperté. Cuando escuché unos susurros, me espanté pensando que iban a hacer aquellos hombres sospechosos. Me aferré a mis piedras esperando a que pasaran cerca. No tenía nada que reflejara con la luz, así que la oscuridad me ocultaba bien. Los susurros seguían y poco a poco lo sentí más cerca, pero las personas de las que salían. Aquellas voces jamás aparecieron. Pensé que estaba escuchando cosas por el choque y me conformé con saber que estaba salvado de que me encontrara a alguien que podía dejarme mucho peor de lo que estaba. Escuché el sonido de agua que corre. Seguro que seguía cerca del río, pero no me había dado cuenta. Comencé a tener más frío y más frío hasta que dejé de sentir los labios. Comencé a Culparme pensé que aquello me pasaba porque yo estaba buscándolo. Tuve un buen rato de pelea interna de nuevo por la sensación de culpa, coraje e impotencia. Era una tontería salir a correr, perderte y terminar con un tobillo roto. Mis posibilidades de sobrevivir se veían muy pocas. Así que cayendo en mi realidad por primera vez en mi vida, tuve miedo de morirme comencé a pedir la de la or Dios, alguien con quien hacía mucho tiempo no hablaba. Quería un milagro. Si jamás me había hecho caso, pensaba que ese era un buen momento para que apareciera o algo para poder ayudarme a salir de donde estaba. También recordé a mi difunta madre y comencé a pedirle que me ayudara a ella si podía. En medio de todos los pensamientos, recordé que mi madre era muy devota a las ánimas del purgatorio. Ella decía que eran muy milagrosas. No recordaba ni una sola oración ni la del padre nuestro, así que comencé a improvisar como pude. Estaba totalmente quebrado mentalmente el frío me tenía adormilado y al final de mucho rato, pensé que lo mejor sería irme sin poner más resistencia mientras me dejaba llevar por la sensación de frialdad en el cuerpo. El dolor iba cediendo poco a poco hasta que se volvió algo lejano y aquellos ojos que había visto antes se volvieron a encontrar con los míos en n en s entre la oscuridad. Aquellos ojos amarillos resaltaban junto con otros más que me veían cerré los ojos abandonado a la muerte. Sabía que si ya no estaba sintiendo el dolor de la pierna, era seguro que me fuera a ir pronto. Al final, mis pensamientos eran sobre mi madre, orando sentada a la orilla de la cama. Ella en bata con las manos juntas en petición oraba por todas aquellas almas que habían muerto con dolor y que no podían salir de su sufrimiento. Recuerdo que le dije que yo era una de esas almas y con dolor le pedía que me ayudara a dejar de sufrir que viniera por mí para llevarme de nuevo entre sus brazos. En medio de la oscuridad, comencé a ver que pequeñas luces se movían. Pensé que eran luciérnagas. Era ver un montón de puntitos de luz. En medio de lo oscuro pensé que soñaba. Cuando vi moverse las luces a mi alrededor, dejé de sentir el dolor por completo y tampoco me sentía asustado. Los animales se escuchaban, pero pero ya no lo sentía cerca. Incluso los insectos que estaban trepando por mi cuerpo en todas partes dejaron de moverse. Ya no lo sentía de verdad. Pensé que me había muerto. Las luces iban y venían. Cuando cerraba los ojos totalmente, ellas parecían brillar un poco más, así que abría los ojos para saber qué era lo que estaba pasando una pequeña luz. Se acercó al frente de mi cara. Tomé fuerza para poder tocarla y no me sorprendió. Cuando la atravesé los rumores de voces se escucharon de nuevo. Comencé a alzar la voz. No importaba quién fuera. Quizás podrían ayudarme, así que pedía auxilio, pero no parecía que me escucharan las voces seguían hablando a lo lejos entre ellas. Escuché que algo corría. Luego, algunos sonidos como de chillidos y un montón de tierra me cayó encima con ella. Venía un conejo aturdido que me golpeó la cara de unas patadas. Tosí por todo el polvo que sentía mientras me sopo levantaba al animal del cuerpo todavía no terminaba de medio sacudirme. Cuando cayó sobre mi otro conejo. Estaban peleando mientras levantaban la polvadera y, como pude, les comencé a hacer señas. Mientras les decía que se fueran por error, me movió la pierna y cuando pasó eso grité por el dolor. Entonces supe que estaba vivo. Las luces comenzaron a aparecer a lo lejos. Sentí que algo malo me iba a pasar. El dolor del pie era fuerte, pero aguantaba para no hacer ruido, porque aquellas luces parecían moverse Cuando hablaba, ellas se movían muy lento y desaparecían mientras los murmullos iban y venían, así que me di cuenta de que ellas eran las que estaban hablando. Me sorprendí al pensar aquello, pero tenía toda la lógica del mundo, así que decidí Hablarles les dije que no me quería morir, que me ayudaran entre los murmullos lejanos. Escuché que me decían algo como no te va a pasar nada. Estamos aquí, la la, la, la luz poco a poco se fue concentrando como si fuera una linterna de noche. Muy tenue y en un punto entendí dentro de mi ser que tenía que seguir eso, pero con el pie así de lastimado, dudaba, aguanté el dolor y me puse a gatear entre la tierra las piedras y cuanto había ahí, me movía lento y la luz parecía convertirse en pequeños destellos. Desde lo lejos, aquella luz tenue parecía a una persona caminando. En ese momento no me pregunté nada ni dudé sólo quería salir con vida de la barranca, así que, por alguna razón confiaba plenamente en aquella entidad semi transparente que me guiaba entre la oscuridad. En un momento, el cansancio me venció, así que me tiré boca abajo a dormir de reojo. Alcanzaba a ver que la luz del día estaba cerca, pero ya me estaba desesperando el sentir que no llegaba a ningún lado. El cansancio era demasiado poderoso. El hambre y la sed me tenían atontado. Desperté sacando mi cara de entre el las hojas. Había sentido que algo me tocaba la espalda con delicadeza alcé la vista hacia donde veía ir a aquella figura, pero no había nada. La oscuridad de la madrugada, aquella oscuridad azul, que estaba acompañada de una ligera capa de niebla, que es muy característica de los amaneceres. En ese lugar, entre esa neblina, los árboles se sentían raros. Era como estar en un lugar diferente. También la sensación de frío o entumecimiento ya no estaba y me incorporé hasta sentarme extrañado mi idea a todos lados. Alcanzaba a ver el río detrás de un montón de árboles pequeños. Tenía que llegar al río. Ahí me iban a encontrar más rápido, pues oculto entre las plantas no sabrían dónde estaba. Tenía que moverme rápido, pues las energías se me estaban agotando y sentía que mis piernas temblaban, pero aún así pude pararme con dificultad. Caminé la pierna me dolía mucho menos de lo que pensé Me iba a doler si la apoyaba un poco para lograr caminar. No miré en ningún momento el estado del tobillo. Me enfocaba enseguida el pequeño camino para llegar a donde sabía que estaba el río. Conforme iba caminando. Comencé a ver a algunas siluetas ocultas entre los árboles. No reconocía qué era eso, pero no sentía temor. Tras dos o tres siluetas que logré divisar me di cuenta que eran personas. Se veían sus siluetas como hombres o mujeres, y algunos tenían ropa que podía pensar era moderna, otras tenían ropa vieja, maltratada e incluso que parecía ser de Hacía algunos años lento y con paso seguro, llegué al final de aquel sendero sin ver de nuevo las luces o la figura blanca que fue indicándome el camino. La luz de la mañana me dio de lleno en los ojos. Desperté tirado cerca del río. El sol me daba de lleno en la cara. No podía levantarme y la pierna me punzaba tanto que sentía que se me iba a salir toda la sangre. Por ahí, sin embargo, a pesar del dolor, no sentía más miedo la seguridad de que pronto iba a estar en mi casa. Me invadía. Me torcí para acomodarme, al menos de lado, para que el sol no me lastimara los ojos y al momento que giré a mi izquierda, se salió una barra de cereal. La miré por un largo rato tentado a comérmela, porque el hambre ya era demasiada, pero pensé en aquello que soñé o aluciné en toda esa gente que estuvo ahí mientras llegaba a la orilla del río. Esas personas o seres de la naturaleza se debían mi agradecimiento. Me encontraran o no me habían ayudado a llegar a un lugar donde al menos tendría acceso al agua para no morir deshidratado. Junté mis manos con la barra. Les di las gracias con toda mi alma por haberme protegido durante la noche. Luego puse la barra lo más lejos que pude, diciéndoles que, por el momento, eso era algo que podía dejarles como regalo por su ayuda. Me quedé dormido casi de inmediato esperando que alguien llegara por mí, y así fue a las horas de aquella oración, agradeciéndoles. Los de protección civil me encontraron, me dieron los primeros auxilios, acomodaron mi cuerpo en una camilla para poder moverme sin lastimar más mi pierna. Todo lo sentí muy lento, quizás por la deshidratación o algo, pero sin duda lo que recordaré para siempre no son a los bomberos. Es la imagen que vi entre la maleza, algo lejos de donde estábamos ahí. De nuevo, una silueta se escondía entre las hojas y las ramas. Me miraba irme. Yo le agradecí por su ayuda y esa silueta regresó y detrás de ella pude ver que se movían las plantas como si algo pasara por ahí. Sin pensar lo mucho, tenía la certeza que eran esas otras figuras que había visto la noche anterior. Ahora que estaba salvado, podían regresar a donde les correspondía. Al preguntar por la barra de Cereal que había dejado a mi lado, todos me contestaban lo mismo. No había nada a mi alrededor. Cuando llegaron varios se tomaron como broma mi comentario. Pensaban que era parte de mi sentido del humor, pero yo quería saber que habían aceptado esa pequeña ofrenda por lo que habían hecho por mí. Después de esa experiencia he buscado algunas explicaciones a lo que vi algunas personas que se dedican al chamanismo me dicen que pudieran ser los seres de los elementos. Ellos me habían guiado para estar a salvo, porque aún no era mi hora. Otras personas me dicen que habían sido los muertos que invoqué al recordar a mi madre y que quizás aquella figura blanca era el espíritu conocida como el ánima Sola, una entidad muy milagrosa que incluso puede salvar de la muerte a aquellos que les son muy fieles. La respuesta más aterradora que me han dado fue una señora que me asegura que son las almas de los difuntos que fallecieron en aquel lugar que ahora buscan salvar a otras almas más, ya que no los pudieron salvar a ellos Tras estos años. Sigo sin poder imaginar que alguna de esas explicaciones sea la real, pero me gustaría pensar que mi madre, de alguna forma, buscó el camino de regreso sólo para poderme dar un poco más de tiempo en este mundo. Relatos escritos y adaptados por Patricia González