Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Las BRUJAS De La Biznaga Coahuila: El Pueblo De Las Brujas - Historias De Terror - Voces De La Noche
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- 0:01Speaker 2: Buenos días queridos suscriptores, para más relatos como este, denle
- 0:06like y comparte, sin más, comenzamos. La Viznaga era un
- 0:15ejido perdido, en medio de una región semidesértica del norte
- 0:19de México. A mediados de los años 60, el camino de
- 0:24terracería que lo conectaba con el municipio más cercano se
- 0:28recorría en más de dos horas y en temporada de
- 0:31lluvia se convertía en nodazales, que dejaban incomunicadas a las
- 0:35familias por semanas. La mayoría de las casas eran de adobe,
- 0:40con techos de láminas sostenidos por vigas de mezquite. Los
- 0:45patios tenían corrales improvisados, donde criaban cabras y gallinas, y
- 0:49cada casa guardaba una pila de leña al costado, para
- 0:53cocinar y calentar agua. No había luz eléctrica en todo
- 0:58el ejido, las noches se iluminaban con lámparas de petróleo,
- 1:02que dejaban escapar un humo espeso, que impregnaba las paredes,
- 1:06las familias se conocían entre sí, y la vida giraba
- 1:10alrededor de la siembra de frijol, maíz y cártamo. El
- 1:15aislamiento de la viznaga hizo que los relatos y leyendas
- 1:19crecieran con fuerza, desde generaciones anteriores se hablaba de brujas
- 1:24que habitaban el ejido y que por las noches realizaban
- 1:27aquelarres en los lomeríos. Por eso la gente lo bautizó,
- 1:32elegido de las brujas. Los ancianos decían que cuando había
- 1:37luna llena, era mejor no salir después de las ocho
- 1:40de la noche, porque los caminos se llenaban de luces
- 1:43extrañas que parecían moverse de cerro en cerro. Algunos aseguraban
- 1:49escuchar carcajadas de mujeres y el crujido de ramas aunque
- 1:53no soplara viento. Los padres aconsejaban a sus hijos que
- 1:58cerraran bien las ventanas y dejaran una escoba recargada detrás
- 2:02de la puerta, porque según la tradición, eso confundía a
- 2:06las brujas y las alejaba de la casa. Los rumores
- 2:11aumentaban cada año con nuevas historias. Algunos decían que las
- 2:15veían volar sobre los techos como pájaros gigantescos, otros que
- 2:19escuchaban pasos en las azoteas y sentían un peso extraño
- 2:23en el pecho mientras dormían. Las mujeres mayores colgaban ajos
- 2:29en las entradas, y los hombres acostumbraban poner cruces de
- 2:32palma seca en las ventanas. Las noches de luna llena
- 2:37se convirtieron en motivo de miedo, nadie se atrevía a
- 2:40ir al molino ni a visitar a un vecino después
- 2:43de que caía el sol, y el ejido se hundía
- 2:46en un silencio, que hacía más intensos los aullidos de
- 2:50los coyotes. En ese ambiente nació y creció don Jacobo,
- 2:55quien con el tiempo se convirtió en juez ejidal, era
- 2:59un hombre robusto, de bigote espeso y mirada seria. Lo
- 3:03conocían por su honestidad y por no exagerar jamás sus palabras.
- 3:07Si don Jacobo contaba algo, el pueblo entero lo daba
- 3:12por cierto, desde joven había trabajado en el campo y
- 3:16había sido testigo de varios sucesos extraños que nunca se
- 3:20atrevió a ridiculizar. Él mismo decía que había cosas que
- 3:25no tenían explicación y que en la viznaga se vivía
- 3:28bajo una regla no escrita, respetar a las brujas para
- 3:32no llamar su atención. Entre todos los personajes que alimentaban
- 3:38la reputación del ejido, había una mujer que destacaba. Se
- 3:43llamaba Marta, era alta, de piel morena y cabello negro
- 3:47recogido en una trenza que le llegaba a la cintura.
- 3:51Tenía los ojos oscuros y una forma de mirar que
- 3:54hacía a cualquiera sentirse incómodo, vestía siempre de negro, con
- 3:59faldas largas y blusas bordadas, y rara vez se le
- 4:02veía en la plaza. No intentaba ocultar su fama, ella
- 4:07misma se proclamaba Bruja Negra y aseguraba que podía transformarse
- 4:12en pájaro para volar sobre el pueblo. Algunos vecinos decían
- 4:17que al amanecer encontraban plumas negras frente a sus casas
- 4:21después de escuchar aleteos pesados en la madrugada. Doña Marta
- 4:27vivía en las afueras del ejido, en una casa más
- 4:30apartada que el resto, construida con adobe viejo y un
- 4:34techo que parecía inclinarse por el peso de los años,
- 4:37los niños le temían, y muchos adultos cruzaban la calle
- 4:41cuando la veían venir. Algunos afirmaban que cobraba por hacer
- 4:46trabajos fuertes, maldiciones, enfermedades y venganzas. Otros decían que ayudaba
- 4:53a curar con hierbas y rezos, pero que el precio
- 4:56de su ayuda siempre dejaba una deuda pendiente. Las costumbres
- 5:02del pueblo reforzaban ese ambiente de superstición. Las mujeres se
- 5:06reunían en las cocinas de leña mientras los hombres regresaban
- 5:10del campo y ahí compartían historias de lo que habían visto.
- 5:16Era común que se hablara de luces que aparecían en
- 5:18el monte o de llantos lejanos. En cada fogón había
- 5:23un bracero con carbón encendido donde se echaban hierbas para
- 5:27espantar malos espíritus. Durante la Semana Santa se realizaban procesiones
- 5:33largas con velas que se colocaban en cada cruce de
- 5:37caminos para proteger el ejido, pero el miedo nunca desaparecía.
- 5:43Los domingos la plaza principal se llenaba de niños jugando
- 5:47y vendedores ofreciendo dulces de leche y pan de horno.
- 5:52En esos días de fiesta se olvidaba un poco la
- 5:55fama del pueblo, pero bastaba que alguien mencionara el nombre
- 5:59de Doña Marta o de las supuestas reuniones en los
- 6:02cerros para que el ambiente cambiara. Los ancianos preferían callar
- 6:08y los jóvenes que se atrevían a burlarse terminaban arrepentidos
- 6:12después de escuchar a sus padres contarles alguna experiencia de
- 6:16juventud que los dejaba sin palabras. La Viznaga no tenía
- 6:22iglesia grande ni mercado, sólo una pequeña capilla blanca con
- 6:26una campana que anunciaba las misas una vez por semana.
- 6:31A pesar de la fe católica que se intentaba mantener,
- 6:34la gente creía más en las advertencias de sus abuelos
- 6:38que en las homilías del sacerdote que llegaba del municipio.
- 6:43En cada familia había historias de sustos, caballos que amanecían
- 6:47sudados y exhaustos sin haberlos montado, gallinas degolladas sin rastro
- 6:52de depredadores, niños que despertaban llorando con rasguños en la espalda.
- 6:57Esos relatos formaban parte de la vida diaria y nadie
- 7:01los ponía en duda. En ese entorno crecieron las generaciones
- 7:07de los años 60 aprendiendo a respetar el campo y sus misterios.
- 7:13Los hombres salían al amanecer con machetes al cinto, y
- 7:17regresaban antes de que el sol se ocultara, mientras las
- 7:20mujeres cuidaban el agua que llegaba en burros desde los pozos.
- 7:25La Viznaga era un ejido, donde el tiempo parecía detenido,
- 7:29y su aislamiento había creado una comunidad unida por el trabajo,
- 7:33pero también por el miedo. Para ellos, las brujas no
- 7:38eran un mito contado para asustar a los niños, eran
- 7:41una amenaza real, que podía caer sobre cualquier familia, si
- 7:46no se respetaban las reglas no escritas. Y entre todas
- 7:51las historias, el nombre de Doña Marta se repetía con
- 7:54más fuerza que cualquier otro, porque incluso los más incrédulos
- 7:59aceptaban que había cosas que ella podía hacer y que
- 8:02nadie más se atrevía ni a mencionar. Crecí midiendo las
- 8:07noches por el color de la tierra, cuando la luna
- 8:10se alzaba completa, el suelo se volvía claro como harina
- 8:14y cada sombra se marcaba con filo. En la viznaga,
- 8:18esas noches no olían a descanso, olían a leña verde
- 8:22y a grasa quemada. La oscuridad en el campo era cerrada,
- 8:27sin postes, sin focos, y la luz del cielo apenas
- 8:31alcanzaba para distinguir los mezquites más cercanos. Desde las casas
- 8:36se escuchaba la respiración de los perros, y más allá,
- 8:40un retumbar leve que muchos identificábamos como tambores en el monte.
- 8:46No sonaban a fiesta, sonaban parejos, espaciados, como pasos que
- 8:51no querían perder el ritmo. Yo aprendí a reconocer el
- 8:56inicio de los rituales por tres señales. La primera era
- 9:00el silencio de los animales, las cabras dejaban de balar
- 9:04y los gallos no intentaban cantar fuera de horario. La
- 9:08segunda era una línea de humo que se elevaba detrás
- 9:11de los lomeríos, como si alguien hubiera encendido fogatas en
- 9:15lugares donde nadie vivía. La tercera era un murmullo que
- 9:20venía con el viento, y subía por la calle principal,
- 9:24como un río bajando al revés, voces de mujeres, repitiendo
- 9:28palabras que no entendíamos, interrumpidas por carcajadas cortas que se
- 9:33apagaban de golpe. Esa suma de señales, hacía que las
- 9:38familias aseguraran puertas y ventanas antes de las ocho, y
- 9:42que en los patios se quedaran dos o tres perros amarrados,
- 9:45listos para ladrar si escuchaban aleteos en el techo. Muchos
- 9:51vecinos hablaban de mujeres bailando alrededor del fuego, decían que
- 9:55llevaban plumas negras en el cabello y collares armados con
- 9:59vértebras pequeñas, otros afirmaban haber visto un huento sobre piedras planas,
- 10:04con grasa de origen desconocido. Yo nunca me acerqué a
- 10:09esas reuniones, en mi casa me enseñaron a no tentar
- 10:12la suerte. Lo que sí vi, fueron fogonazos entre los matorrales,
- 10:18círculos de ceniza al amanecer y huellas de pies descalzos,
- 10:22marcadas en la tierra húmeda, huellas pequeñas y otras más grandes,
- 10:26puestas como si hubieran girado en torno a un punto.
- 10:31En una ocasión, cerca del arroyo que se secaba cada verano,
- 10:34encontré plumas negras pegadas a un tronco con resina, no
- 10:39eran de gallina ni de guajolote, eran más largas y
- 10:42más rígidas. Varios campesinos aseguraban que en plena madrugada, aves
- 10:50enormes sobrevolaban sus casas, no hablaban de sopilotes, decían que
- 10:55el aleteo era pesado y lento, como si el techo
- 10:58recibiera golpes de costales. Algunos escuchaban rasguños, otros golpes secos
- 11:04cerca de la chimenea. En más de una casa amanecieron
- 11:09marcas de garras en la lámina y a veces, el
- 11:12polvo encima del techo tenía dibujos circulares que nadie supo explicar.
- 11:18Una familia pegó cruces de palma en cada esquina y
- 11:22dejó un rosario dentro de una taza con agua bajo
- 11:25la ventana de los niños y otra esparció sal en
- 11:28forma de línea frente a la puerta. En mi casa,
- 11:32mi madre regaba ceniza alrededor del corral y ataba listones
- 11:36rojos a las patas de los perros, decía que el
- 11:39rojo distraía a las que venían a robar fuerza y
- 11:43esa noche los perros no durmieron. Los testimonios crecieron hasta
- 11:49volverse guía de conducta, hubo quien colgó tijeras abiertas detrás
- 11:54de la puerta. Hubo quien clavó espinas de guisache en
- 11:58forma de cruz sobre el marco de la ventana. En
- 12:01las cocinas, las mujeres trituraban ruda, pirul y estafiate, y
- 12:06perfumaban con ese humo los catres de los niños. Cada
- 12:11casa encontró su método, pero aún así, cuando el monte prendía,
- 12:15la gente contenía la respiración. El sonido de tambores llegaba
- 12:20por oleadas, entre cada golpe entraba el rumor de cantos
- 12:24con sílabas estiradas y a veces se mezclaba un cascabeleo,
- 12:29como de zonajas hechas con semillas secas. Don Jacobo contaba
- 12:35que en su juventud, antes de hacerse juez ejidal, salió
- 12:39con dos compañeros a vigilar los potreros, fue una de
- 12:42esas noches de luna limpia, cuando la maleza muestra cada
- 12:46sombra y hasta los insectos parecen caminar con cuidado. Entre
- 12:51los mezquites, vieron tres figuras moverse en fila, primero parecían
- 12:56mujeres con faldas largas, luego siluetas que se encogían sin
- 13:00perder equilibrio. Las tres llegaron a un claro, donde había
- 13:05un fogón encendido. No se quedaron a rezar ni a bailar.
- 13:10Se acercaron a las llamas, y según él, se transformaron
- 13:14en pájaros de gran tamaño con un movimiento seco, como
- 13:18si se rompieran por dentro y recomponerse fuera su forma natural.
- 13:23Esas aves alzaron vuelo sin esfuerzo y pasaron sobre sus cabezas,
- 13:27con un viento que les echó polvo en la cara.
- 13:31Desde entonces, él cargó con ese recuerdo como con un
- 13:34peso que no admitía bromas, cada vez que volvía a
- 13:38esa escena, se le apretaban los labios y se le
- 13:41endurecía la mirada. En elegido se decía, que las que
- 13:47dirigían los aquelarres eran pocas y sabían mandar, a la
- 13:50cabeza muchos ponían a Doña Marta, era una persona dura
- 13:54y con una mirada que no rehuía a nadie. Vestía
- 13:58de negro todos los días del año, con listones oscuros
- 14:02trenzados en el cabello. Caminaba sin prisa, con la espalda recta,
- 14:07y en la plaza se detenía donde quería, como si
- 14:10midiera las miradas. No vendía hierbas en el mercado ni
- 14:15atendía en la casa. Ella elegía a quien abrirle la puerta,
- 14:20pedía favores a cambio de trabajos y no escondía sus condiciones,
- 14:24si alguien llegaba a suplicarle que aliviara una enfermedad o
- 14:28resolviera un pleito, exigía pagos concretos, gallinas, dinero, objetos personales.
- 14:34A veces pedía fotografías, no se andaba con rodeos, lo
- 14:40que más inquietaba a la gente no era su fama,
- 14:43sino su seguridad al hablar de brujería, de magia negra.
- 14:48Decía que conocía los pasos para torcerle el destino a
- 14:51cualquiera que le quedara a deber. Los golpes en los
- 14:56techos aumentaron con su presencia, las familias que se habían
- 15:00negado a pagarle, contaban amaneceres con ceniza en los umbrales
- 15:04y ramas en forma de triángulo clavadas en la tierra.
- 15:09En más de una casa los perros se enfermaron de repente,
- 15:12en otras, los bebés tuvieron fiebres que se rehusaban a
- 15:16bajar por días. El rumor de que Doña Marta volaba
- 15:20sobre el ejido se asentó como verdad práctica. La gente
- 15:24actuaba como si fuera cierto, porque los resultados coincidían con
- 15:28las amenazas que se comentaban en voz baja. Yo vi
- 15:33a hombres grandes evitar su sombra a mediodía y a
- 15:36mujeres cubrir a sus niños cuando ella cruzaba la calle.
- 15:40No hacía falta que gritara, bastaba con su presencia para
- 15:44organizar el miedo. Con el tiempo, las medidas de protección
- 15:50se volvieron parte del paisaje, cruces de ocote clavadas en
- 15:54los corrales, sal guardada en frascos de vidrio encima de
- 15:57las alacenas, nudos en listones que colgaban de las cunas.
- 16:02Cuando la luna llenaba el cielo, el ejido respiraba distinto,
- 16:06nadie barría de noche por no sacar la suerte a
- 16:09la calle. Los perros se quedaban con agua fresca y
- 16:13un trozo de pan duro, como si eso bastara para
- 16:16entretenerlos y sentían pasos en el techo. Yo aprendí a
- 16:21escuchar cada crujido de mi casa, a distinguir el peso
- 16:24de un gato, al de un pájaro grande, a medir
- 16:28el tiempo entre tambor y tambor para saber si los
- 16:31rituales se acercaban o se alejaban. A esa vida nos acostumbramos,
- 16:36los que nacimos ahí aceptamos que había reglas que no
- 16:40estaban escritas y aún así pesaban más que cualquier reglamento.
- 16:45Cuando las fogatas prendían en el monte, nadie se preguntaba
- 16:49si eran reales o no. Lo importante era cerrar, proteger
- 16:54y resistir la noche. Y cuando la primera luz del
- 16:58día tocaba los cerros, salíamos a revisar, para ver que
- 17:02hacía falta, algún animal, un bebé o alguna persona, que
- 17:06hubieran necesitado para sus aquelarres. Esas marcas se volvieron la
- 17:12contabilidad del miedo, con ellas sabíamos si la noche nos
- 17:15había rozado o nos había pasado por encima. Las historias
- 17:21de la Viznaga no se contaban como leyendas para asustar
- 17:24a los niños, se transmitían con nombres, fechas y detalles
- 17:28tan exactos que no dejaban espacio para la duda. A
- 17:33principios de los 60, cuando el ejido apenas se estaba organizando
- 17:37para abrir más tierras de cultivo, empezaron a circular relatos
- 17:41de accidentes inexplicables, que coincidían con noches de tamborazos y
- 17:46carcajadas en el aire. Los campesinos decían que las brujas
- 17:51marcaban a sus víctimas antes de hacerles daño y que
- 17:54quien se atrevía a enfrentarlas terminaba pagando caro. Uno de
- 18:00los primeros casos que se recuerda con claridad es el
- 18:04de Don Vicente, un hombre fuerte que cuidaba ganado. Una
- 18:08madrugada salió a revisar el corral porque sus perros no
- 18:11dejaban de ladrar. Llevaba una lámpara de petróleo en la
- 18:16mano y una escopeta colgada en la espalda, horas después
- 18:20lo encontraron tirado en medio del camino, con una pierna
- 18:23rota y la lámpara apagada a un lado. Lo extraño
- 18:28fue que no había huellas de resbalones, ni piedras que
- 18:31pudieran haber provocado la caída. Don Vicente juró que vio
- 18:36una sombra negra pasar frente a él y sintió un
- 18:39empujón tan fuerte que no le dio tiempo de reaccionar.
- 18:44Su relato corrió por todo el ejido, y a partir
- 18:47de entonces, muchos hombres dejaron de salir de noche, aunque
- 18:51escucharan ruidos en los corrales. También estaba el caso de
- 18:57la familia Hernández, vivían en una casa apartada, cerca de
- 19:01un arroyo seco que servía de camino natural para llegar
- 19:04a los cerros. Una mañana encontraron cruces invertidas hechas con
- 19:09ramas clavadas frente a su puerta. Esa misma semana su
- 19:14hijo menor enfermó de una fiebre intensa, que no cedía
- 19:18con test ni rezos, los padres lo llevaron hasta el municipio,
- 19:22donde el médico dijo que no había explicación para su estado.
- 19:26El niño murió en cuestión de días, y los vecinos
- 19:29aseguraban que Doña Marta se había disgustado con el padre
- 19:33de familia, por no cumplirle un pago, y que esas
- 19:37cruces fueron su advertencia. Nadie se atrevió a pedirle explicaciones.
- 19:44Don Jacobo, antes de convertirse en juez ejidal, trabajaba como
- 19:48peón en distintos ranchos, y fue testigo de tragedias que
- 19:52lo convencieron, de que algo más que superstición rodeaba a
- 19:56la abiznaga. Contaba la historia de un vaquero, que amaneció
- 20:00con tres caballos muertos en su potrero, todos tendidos de lado,
- 20:05sin señales de lucha ni heridas. Los animales parecían haberse
- 20:10desplomado al mismo tiempo, la noticia se propagó rápido, porque
- 20:15esos caballos eran valiosos y estaban en perfecto estado de
- 20:18salud la tarde anterior. Esa noche, varios vecinos dijeron haber
- 20:24escuchado un chillido agudo, que recorrió el ejido y los
- 20:27despertó sobresaltados. Al amanecer, el vaquero aseguró que en el
- 20:33corral había huellas grandes, como de ave, impresas en el
- 20:37barro fresco. Esos sucesos marcaron un antes y un después,
- 20:43la gente empezó a poner más atención a cualquier señal rara,
- 20:47plumas negras en las ventanas, ceniza en los pasillos, marcas
- 20:51en la tierra. No eran simples rumores, los detalles se
- 20:56repetían en voz baja entre las familias, como una guía
- 21:00de advertencias. Nadie dudaba de lo que contaba don Jacobo,
- 21:05porque su carácter serio no dejaba espacio para exageraciones. Cuando
- 21:10alguien mencionaba que vio un bulto negro sobre un techo,
- 21:13los demás bajaban la mirada y hacían una cruz con
- 21:16los dedos sin pedir más detalles. Doña Marta se volvió
- 21:22el centro de muchas de estas historias. Ella misma alimentaba
- 21:26su fama con comentarios directos. Decía que podía volar sobre
- 21:31el ejido para vigilar a quienes le debían dinero o
- 21:34favores y que las casas de los morosos nunca la
- 21:37hacían perderse porque el monte le hablaba. Aseguraba conocer nombres
- 21:43completos y secretos de familias enteras sin que nadie se
- 21:47los contara. Con el tiempo, incluso personas de otros pueblos
- 21:52empezaron a buscarla para pedir trabajos fuertes. Algunos llegaban en mulas,
- 21:58otros en camionetas polvorientas, cargando ofrendas que incluían botellas de mezcal,
- 22:04carne seca y gallinas vivas. Los vecinos los veían pasar
- 22:09con nerviosismo, sabiendo que ir a tocar a esa puerta
- 22:12tenía consecuencias. El miedo no evitó que un grupo de
- 22:18hombres armados intentara enfrentar las historias, decidieron seguir las luces
- 22:23que aparecían en los cerros durante las noches de luna llena.
- 22:27Se organizaron seis, todos jóvenes, armados con machetes, rifles viejos
- 22:33y lámparas de mano. Se internaron en el monte, convencidos
- 22:38de que descubrirían quién estaba detrás de las reuniones. Esa
- 22:43noche no hubo luna, solo estrellas, caminaron durante horas guiados
- 22:47por destellos que parecían moverse como si los llamaran. Al amanecer,
- 22:53aparecieron en un paraje desconocido, a kilómetros del ejido, cansados,
- 22:58deshidratados y sin entender cómo llegaron ahí. Juraron haber caminado
- 23:04en línea recta, pero sus huellas formaban círculos en torno
- 23:08a los mismos arbustos. Cuando regresaron, la mitad del pueblo
- 23:12los recibió con incredulidad y la otra mitad los miró
- 23:16con respeto, porque nadie más se atrevió a repetir esa expedición.
- 23:22Los accidentes siguieron marcando la vida diaria. Se conocía el
- 23:26caso de una mujer que perdió el equilibrio al bajar
- 23:29de su burro frente a su casa y cayó de cabeza.
- 23:33Nadie escuchó ruido de pelea, solo un golpe seco. Días
- 23:38antes había discutido con Doña Marta por una deuda, y
- 23:42ese mismo año, un hombre perdió toda su cosecha de
- 23:45maíz en una sola noche, los celotes maduros amanecieron arrancados
- 23:50y tirados en el suelo, sin marcas de animales. Los
- 23:54vecinos contaron que la noche anterior escucharon risas que iban
- 23:59de parcela en parcela y algunos aseguraron que vieron luces
- 24:02pequeñas como candiles flotando a ras del suelo. Los niños
- 24:08crecimos con esos relatos como parte de la educación. Se
- 24:12nos enseñaba a respetar el monte y a no hablar
- 24:15mal de nadie en voz alta porque las palabras corrían
- 24:19más rápido de lo que creíamos. Cada casa tenía sus
- 24:23propios métodos para protegerse, unos dejaban tijeras abiertas bajo las camas,
- 24:28otros rezaban oraciones antiguas que no estaban en los libros.
- 24:33Las abuelas sabían leer señales en el vuelo de los
- 24:36opilotes y en el canto de las lechuzas. Si una
- 24:40de estas aves se paraba en un tejado, era señal
- 24:44de muerte, no importaba si el pájaro era común, su
- 24:47presencia bastaba para que las mujeres llenaran tazas con agua
- 24:51bendita y las colocaran en las ventanas. Don Jacobo afirmaba
- 24:58que lo que hacía especial a la viznaga era que
- 25:00los sucesos tenían pruebas, no eran cuentos de borrachos ni
- 25:04rumores sin sustento. Había huellas, marcas, objetos extraños dejados como aviso.
- 25:12Años después, cuando ya era juez ejidal, recordaba esos días
- 25:17como una etapa en la que el miedo era parte
- 25:19de la rutina. Y aunque nunca acusó directamente a Doña
- 25:24Marta de esos males, aceptaba que las coincidencias eran demasiadas.
- 25:29Para muchos, la Viznaga dejó de ser sólo un ejido
- 25:33agrícola y se convirtió en una tierra marcada. El apodo
- 25:37de elegido de las brujas dejó de ser broma y
- 25:41pasó a formar parte de los mapas de boca en boca.
- 25:45Quien llegaba a vivir ahí lo hacía sabiendo que en
- 25:48esas tierras había reglas invisibles que no perdonaban a quien
- 25:53se atrevía a ignorarlas. Cuando don Jacobo asumió el cargo
- 25:58de juez ejidal, ya cargaba con décadas de historias que
- 26:02circulaban en la abiznaga, su nombramiento lo convirtió en la
- 26:06figura a la que todos acudían para pedir soluciones, desde
- 26:10pleitos por linderos hasta decisiones sobre el uso de los pozos.
- 26:15Sin embargo, el respeto que le tenían no lo blindó
- 26:19del ambiente de temor que crecía año con año. En
- 26:23las reuniones comunitarias, donde antes se hablaba sólo de cosechas
- 26:27y ganado, empezaron a escucharse quejas sobre maleficios, animales muertos
- 26:33y sombras de brujas nocturnas. Jacobo intentó poner orden, decía
- 26:38que no era bueno vivir con miedo, que la tierra
- 26:41pedía trabajo y no superstición, pero por dentro cargaba con
- 26:45sus propios recuerdos, había visto lo suficiente en su juventud,
- 26:50como para saber que había cosas que no podía explicar.
- 26:55Él mismo contaba que una noche, mientras revisaba documentos en
- 26:59su casa, escuchó un golpe seco sobre el tejado, era
- 27:03común que los sopilotes se posaran en las láminas, pero
- 27:07ese sonido no era de patas ligeras. Era pesado, acompañado
- 27:12de un aleteo que retumbó en el silencio, tomó la
- 27:15lámpara de petróleo y su escopeta y salió al patio.
- 27:20La luz amarillenta alcanzó para mostrarle, una figura agazapada sobre
- 27:25su casa, no era un pájaro conocido, el animal tenía
- 27:29el tamaño de un becerro, alas plegadas y ojos brillantes
- 27:33que lo miraban fijamente. Jacobo levantó el arma, pero el
- 27:38miedo lo paralizó, el ave giró la cabeza con un
- 27:41movimiento lento y alzó vuelo sin hacer ruido, dejándolo con
- 27:45el corazón acelerado y el eco de sus alas en
- 27:48el aire quieto. Esa noche no durmió, y al amanecer
- 27:53revisó el techo, encontró marcas profundas en la lámina. Cuando
- 27:59llegó a la plaza para una reunión ejidal, vio a
- 28:02Doña Marta sentada en una banca, con el brazo derecho
- 28:05vendado desde el hombro hasta la muñeca, la gente empezó
- 28:09a mirarla con recelo, algunos comentaron en voz baja, que
- 28:13la herida coincidía con el lado en el que el
- 28:15ave había apoyado sus garras. Otros aseguraron que esa noche
- 28:20escucharon risas cerca de sus corrales. Ella no negó nada,
- 28:26caminó con calma por la plaza, saludó a quienes se
- 28:29cruzaron en su camino y se marchó sin explicaciones. Desde entonces,
- 28:35cada desgracia en el ejido parecía apuntar hacia ella, pero
- 28:39nadie se atrevió a confrontarla directamente. El ambiente se volvió tenso,
- 28:46las familias comenzaron a reforzar las ventanas con tablas, a
- 28:50dejar veladoras encendidas toda la noche y a dormir con
- 28:53machetes al lado de la cama. Los perros ladraban más
- 28:58seguido y la gente empezó a mudarse. Algunos vendieron sus
- 29:02tierras a precios bajos y se marcharon al municipio o
- 29:06a otras rancherías, pues decían que el ejido estaba marcado
- 29:10y que no valía la pena criar a los hijos,
- 29:13en un lugar donde las risas nocturnas parecían burlarse de
- 29:16las oraciones. Cada vez que una familia se iba, los
- 29:21demás lo sentían como una derrota, la comunidad se reducía,
- 29:25y los que quedaban aprendían a callar y vivir con
- 29:28miedo a las brujas, en especial a la bruja Marta.
- 29:33Doña Marta mantuvo su actitud desafiante, aceptaba visitantes en su casa,
- 29:38que seguía apartada del pueblo, muchos llegaban desde otros lugares
- 29:43en busca de sus trabajos fuertes. Se rumoraba que la
- 29:47casa estaba llena de velas negras, frascos con líquidos oscuros
- 29:52y figuras hechas de barro y hueso. Los pocos que
- 29:55entraron a su vivienda decían que tenía un altar cubierto
- 29:59de plumas y piedras y que la sensación dentro era sofocante.
- 30:04A pesar de las historias, nadie intentó sacarla del ejido,
- 30:09era como si todos supieran que enfrentarla sería peor. Los
- 30:14años en que don Jacobo fue juez, estuvieron marcados por
- 30:18este clima de desconfianza, las asambleas ejidales ya no eran
- 30:22sólo para discutir siembras o caminos, muchas veces terminaban en discusiones,
- 30:28sobre qué hacer con las señales que aparecían en las parcelas.
- 30:33Había quienes proponían organizar patrullas nocturnas, pero la idea siempre
- 30:38se desvanecía. Las experiencias del grupo de hombres que se
- 30:41perdió en el monte seguían frescas en la memoria de todos.
- 30:46Sabían que intentar perseguir a las luces solo traería más problemas.
- 30:52Don Jacobo, en privado, confesaba que se había resignado, decía
- 30:57que el ejido tenía dos realidades, una visible, con tierras,
- 31:02animales y gente trabajadora, y otra que se movía en silencio,
- 31:06marcada por supersticiones que se cumplían como si fueran leyes naturales.
- 31:12Nunca habló mal de Doña Marta en público, ni la
- 31:15acusó formalmente de nada, pero tampoco negó las sospechas que
- 31:19se acumulaban sobre ella. Con el tiempo, la biznaga se
- 31:25ganó su fama más allá de los límites del estado,
- 31:28gente de pueblos vecinos empezó a llamarlo, elegido de las brujas,
- 31:33muchos venían sólo a ver el lugar, otros buscaban a
- 31:36Doña Marta con intenciones que nadie cuestionaba. La población disminuyó
- 31:41poco a poco, algunos solares quedaron vacíos y las casas
- 31:46abandonadas se llenaron de polvo y telarañas. Para quienes crecieron ahí,
- 31:51cada pared vacía era el recordatorio de una familia que
- 31:55se había ido para escapar del miedo. Los descendientes de
- 32:01esa generación todavía cuentan estas historias. Hablan de Doña Marta
- 32:06como si siguiera viva, con el mismo respeto y cautela
- 32:10de antes, dicen que murió en su casa sin recibir
- 32:13visita de ningún sacerdote, y que el día que la enterraron,
- 32:17el cielo se oscureció aunque era verano. No hubo campanas
- 32:22ni cantos, su tumba no tiene cruz ni nombre, pero
- 32:26siempre hay flores secas sobre ella. La gente que visita
- 32:30la viznaga pasa por el panteón y pregunta cuál es
- 32:33la tumba de la bruja, y los ancianos sólo levantan
- 32:36la mano y señalan desde lejos, sin acercarse. Yo crecí
- 32:42escuchando estos relatos de boca de don Jacobo, con los años,
- 32:46él se convirtió en una especie de cronista de elegido,
- 32:50guardaba los nombres de las familias que huyeron y recordaba
- 32:54cada caso extraño con una precisión, que hacía temblar a
- 32:58quienes lo escuchaban. Nunca intentó convencer a nadie de que creyera,
- 33:03sólo decía que había visto y vivido lo suficiente para
- 33:06no dudar. Hoy, la Viznaga sigue siendo conocida como el
- 33:13ejido de las brujas, el camino de terracería ya está
- 33:16pavimentado y hay electricidad en las casas que quedan, pero
- 33:21el ambiente es el mismo. Las noches de luna llena
- 33:25todavía ponen nerviosa a la gente y los visitantes escuchan
- 33:29los rumores con curiosidad. Para nosotros, que crecimos bajo esa sombra,
- 33:35no hay discusión posible. Las brujas existieron y aún existen,
- 33:41sus señales siguen en las láminas viejas, en los corrales
- 33:44y en las historias que los mayores cuentan junto al fogón.
- 33:48Para quienes vivieron aquella época, el miedo no fue un cuento,
- 33:53fue una certeza que marcó cada paso que dimos en
- 33:56esas tierras. Relato anónimo