Latest / Carne Cruda Podcast / Derroteros: Mobiliario doméstico, con Santiago Alba Rico (CARNE CRUDA EXTRA)
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- Adiós se va igualmente derrotero térgalo bien camino en dirección medio tomado para llegar al fin propuesto conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar o que nos vamos dirección que se da por escrito. Para María Viejo alemán, va a ser buen fin de el libro que contiene un derrotozo luego una línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos en rota o ru derrotero déjate de rotero derroteros. Roso pensar paseando con Santiago Albarrico, Hola, santi qué tal, cómo estás Hola, Javier Buenos Días, qué tal alegría oíste. Sí, si te vi a más alto y claro hoy, por dónde nos vas a llevar en tus derroteros, Pues mira por la convergencia de dos acontecimientos para a llevar a un tema bastante peregrino. A ver de un lado, tú recordarás que en la introducción a mis libros era un ser un cuerpo que tú presentaste y yo contaba la historia de mi sillón de orejas. Yo tenía ese apetito senil de un sillón de orejas en el que embarcar grandes fiestas y grandes lecturas. Y platuralmente me costó mucho encontrarlo en túnet No es fácil encontrar un sillón de orejas e inglés y al final, sin embargo, encontré un usado bastante buen estado. Lo viví a casa con mucha alegría y justo cuando me iba a sentar en él para empezar esa nueva vida de haceres seniles, pues pues sonó el teléfono y había una gran manifestación en el centro de Túnez y pues salí de casa sin sentarme empezó la revolución tunecina, que acabó con el derrocamiento de Belalín, como recordaréis y dio un poco entrada a lo que se llamó entonces. Las revoluciones árabes son tristemente fallidas todas y no me puedes sentar en él en muchos, muchos, muchos meses. Luego luego, es verdad que sí que toran de lecturas, no grandes siestas, porque por essoy de mal dormir, pero sí grandes lenduras. Y, sin embargo, el otro día lo estaba mirando, me levanté de él y me volví y logré con una cierta tristeza recordando esa inauguración de mi sillón asociada a un acontecimiento, pues muy excitante y muy esperanzador, como fue la Revolución turicina, y lo comparaba con la situación que estamos viviendo ahora mismo en túnel, de la que algún día hablaremos, que es exactamente lo contrario. Es un retroceso a una dictadura cada vez más feroz, con detención de opositores, con detención de periodistas, con señalamiento de subsaharianos como causa de todos los males, en fin, un régimen muy feo que ha devuelto esa etapa de olla que en el año dos mil once conseguimos levantar y al mismo tiempo que me ocurría eso y pensar en mi sillón de orejas y en la historia de mi sillón de orejas, pues me llegaba a la petición de un oyente, una petición muy peregrina, y era a ver si podía hablar del mobiliario doméstico de los vales muebles que solemos utilizar en las casas. Y me pareció un reto, porque, en todo caso, javier A, una de las cosas que me gusta de estas conversaciones es esta idea que sugería flover de que todo objeto se vuelve interesante si lo miras fijamente y de una manera que yo creo que se puede filosofar o meditar o reflexionar sobre el mundo a partir de cualquier objeto, a condición de lo que te lo miras fijamente y dije, pues mira es un reto. Vamos a hablar de lo mobiliario doméstico y entonces me acordé hablando de esta idea, de la posibilidad de filosofar sobre cosas en principio, ajenas a la filosofía, me acordé de un ensayito que no sé si has leído. Recuerdan es una cosa rara, extravagante que escribió de Rana, cual que todos conocemos por el cuervo pim por el gato negro, pues un ensayanto un pequeño que se llamaba precisamente la filosofía del mueble, pues es un texto más que nada extravagante, no tiene que ser interesante. Es un texto extravagante que empieza en todo caso, de una manera que recuerda bastante recordarás el otro día hablábamos de prejuicios y de mitos, que hablábamos de los disparates que decía decía Kant sobre los distintos pueblos y que dejamos intestinal. Pues hoy comienza este ensayito haciendo algo muy parecido a lo de Khan diciendo que, bueno, los verdaderos genios de la arquitectura, el de exterior y de interior son los ingleses. Están anglofilia que tenía Poe Y luego empieza a decir que los italianos, pues no tienen la menor noción de lo que es la decoración de interior que nuestro ances es, pues, a pesar de su delicada inteligencia, tampoco va mucho allá. Van muy allá de los españoles y de una cosa curiosa, dice que España en España son todo cortinas que los españoles se chiflan por las colgaduras, pensando en estandartes y grímpolas mediovales. O que de los rusos dice que no amueblan sus casas. Pero en todo caso, lo que le parece peor de todos son los estadounidenses. Los studenses dicen que compatriotas confunden la belleza y la ostentación y de tienen esta frase, que es muy tajante. En todo caso, yo creo que iluminadora que dice que la corrupción del gusto forma parte de la industria de los dólares y hace juego con ella a medida que a medida que nos hacemos ricos, añade enuecen nuestras ideas, pues entonces él para oponerse al gusto de los estadounidenses, al pésimo gusto de sus compatriotas, pues lo que hace es describir su habitación y de y entonces uno se queda un poco atómito como es, pues mira, pues es un aposento que tendría unos setenta metros cuadrados, con una sola puerta y dos ventanas. Y ya aquí empieza la descripción que hace que dudes del buen gusto de Poe y que lo identifiques un poco con sus criticados con ciudadanos, porque él se imagina visillos de tisu de plata, cortinas de seda, carmesí que se corren media un cordón de oro. La alfombra sería con un tejido de sajonia, también carnesí fija de tú dice, realzado sencillamente por una cenefa de oro al corbón que ciñe las piscinas, las paredes revestidas de papel satinado color de plata y tachonado de dibujos arabescos del mismo color carnisí dominante. Ahí mete también un montón de cuadros de mujeres retratos un poco lúgubres a la manera de sull y dice y también mete dos amplios sofás muy bajos de manera de madera de Polisandro, forrados una vez más en seda carmesí como brocados de oro y también dos confidentes, dos butaquitas de Polisandro con un piano de Polisandro sin funda y que estaría abierto una mesa octogonal del mármol más hermoso, incrustada de oro. Y bueno, pues lo pondría yo como el ejemplo de sencillez, pues exactamente con grandes y magníficos floreros de Sevre en fin, pues un candelabro alto con una lamparilla antigua definitiva, pues que cuando él tiene que describir su habitación ideal, pues describe un antro abigarrado en el que a nadie le gustaría pasar una peda, pero en realidad es muy parecido a los ambientes que suele escribir en sus cuentos, porque él era un nostálgico de esa belleza ampulosa, antigua, un tanto recargada, la barroca casi decadentista de muchos de sus cuentos aparece totalmente así es y yo creo que no tiene que ver, en efecto, con un lugar ideal, claro, con su lugar ideal, un lugar y diáloc más. Al final, luego está poblado de misterios, de intrigas y incluso de asesinatos. Porque eso es yo creo que es interesante. Hay un gran crítico literario ya muerto que murió en mil novecientos ochenta y dos, Mario Prash. No sé si se lo conoces, vale la pena leerlo que, aparte de ser un especialista en literatura inglesa, pues tiene un libro que se llama exactamente igual que el depuée que se llama. Este es un gran libro, Es un libro de historia muy voluminoso que se llama filosofía del mobiliario o del mueble, y subtítulo es los cambios de gusto en la decoración de interior a través de los siglos. Allí, cuando llega al siglo XIX, es una cosa muy interesante. No él dice que en realidad, la idea de intimidad, de intimidad doméstica es muy reciente, que es precisamente del siglo del siglo XIX. De ella, citando a Benjamin, dice que es por primera vez que digamos el alma. La casa tiene el alma. Él ha descrito los muebles de los romanos, de los griegos, y él dice que esos son muebles en los que se busca de alguna manera la perfección física, pero que no están pensados para que se viva a su alrededor. Esta idea, yo creo, de esa intimidad espiritual, de esa intimidad física, de la intimidad asociada, a a un lugar, a un lugar cerrada. Es algo que tiene que ver, obviamente, con el siglo XIX y con el asentamiento de una clase en la clase que es la clase burguesa. Y lo digo, es el ánimo peyorativo, al contrario, porque tiene también sus grandes, sus grandes logros que de pronto concibe, como decía Benjamín, el espacio como un lugar donde los objetos se liberan de la servidumbre de la utilidad, donde de pronto puedes introducir objetos que no sirven más que para mirarlos o para que generen una determinada, una determinada historia. Y, curiosamente, beñamen que sabes que era un gran aficionado a la novela policíaca que leyó muchísimo de Alan Poet pues recuerda, en efecto, que, aparte del coleccionismo que es como la expresión máxima de esta intimidad, de esta intimidad doméstica, no utilizar la casa para acumular objetos liberados de la servidumbre de la utilidad, pues él dice que en el siglo XIX, a finales del siglo XIX, sitios s veinte se produce este cambio, este cambio narrativo fundamental. Pasamos de las novelas de aventuras. No pasamos de Walther Scott Conojo y demás a la novela policíaca. La novela policíaca es una novela en efecto, material interior. Es una novela de interior donde no solo los crímenes, sino la solución a los crímenes suele producirse en habitaciones, tramitaciones cerradas. Sí, no termina, termina no como de paciencia, como serlo Holmes que en Fin o Chesterton, en las novelas policiales policíacas de estos dos autores, donde, en efecto, más bien son encubraciones en torno a una mesa y rodeados de objetos que a veces se describen detenidamente, de muchísimos objetos que, efectivamente se describen a veces en interminables enumeraciones. Y estaba pensando, según decía, todo esto, que es pasar el interior de la casa, entendido como el bestia de la casa, al interior de la calle, pensado como la ropa interior, exactamente como la ropa entero. Y más esto, yo creo que se va esta idea, se va profundizando, a medida que, en efecto, la Burguesía va dominando ideológica, discursiva y estéticamente Europa. Hay que pensar. Por ejemplo, hemos hablado, creo que hemos estado una vez cuando hablábamos del fuego, lo que significa en términos de concepción, como de lencería íntimada la casa de ese momento en el que se separa el lugar donde se cocina, el lugar donde está el fuego, del lugar donde se habla, que durante siglos han estado unidos en la baila, donde se cocinaba, el mismo lugar donde se hablaba o uno se sentaba en torno, en torno al fuego y allí, pues, se hilaban, se urdían grandes, esos grandes relatos y además, allí la mujer, pues tenía una gran presencia, tenía un gran peso, esa separación del espacio doméstico entre un espacio para cocinar y comer que se va asociando además al espacio también digamos de evacuar, es decir, donde se realizan las operaciones no íntimas, sino orgánicas, pues se separa del salón, que es cada vez más masculino durante ese periodo y donde, en efecto, grandes hombres con grandes puros, pues se se reúnen para hablar y de alguna manera se identifica la intimidad, donde están los muebles, los muebles buenos, pues están en el salón de oro que servicionueve y esto lo cuenta muy bien otra vez Walter Benjamin. No es ese siglo en el que la riqueza se expresa a través de los objetos de los grandes esas, los grandes cuadros, las grandes bibliotecas, tanto en el exterior como en el interior. Es una época en la que el efecto esos distintivos de clase beblen en la teoría de la clase ociosa, expresan siempre de manera muy muy material a través de objetos y de objetos de alguna manera liberados, en efecto, de la servidumbre, de la utilidad, cuya utilidad es expresar, expresar riqueza claro, porque hay una parte de la casa que sirve para mostrarse al visitante exacta sobre el salón, mientras otro sirve para habitar y para que vivan los que han de la casa y, en efecto, yo creo que una de las cosas muy saludables que han ocurrido, pues al final de del siglo xx S, del siglo XXVII, como de nuevos, se vuelven a unir esos dos espacios separados. Yo creo que cada vez más, al menos a muchos nos gusta caer más, comer, hablar y cocinar en el mismo sitio, y eso es una mesa en la cocina donde puedes reunir con tus amigos y amigas. Pero es verdad que en un concepto del espacio doméstico que va cambiando a lo largo del último, del último siglo, cuáles serían los muebles elementales de nuestra cultura, pues Mira, yo no sé cuáles dirías tú yo voy a decir los que yo creo que son igual que eso que hay cuatro elementos en la tierra, el aire, agua y el fuego, pues quizá yo diría que tres se habrían añadir otros tres o cuatro. Ahora vemos cuáles son los que, pero yo creo que son, desde luego, la silla a la mesa de la ama. No claro, si hay una silla, una mesa, hay una cama en un mismo lugar, y ese lugar tiene techo. Ya podemos hablar de casa, ya podemos hablar de un lugar habitable, en el sentido en que podemos decir qué habitar significa el estar en un lugar donde podemos vincular en nuestro cuerpo a ciertas costumbres, a a ciertas repeticiones. No sé, pero eso es la descripción de la celda monacal. En realidad, cuando empieza el ser humano a cur necesita armarios y estanterías. Bien, ahora hablamos de los aparios en la estantería. En efecto, llevo son otros elementos junto a otro que, si quieres, parece ornamental, pero desemos otro día porque dedicarle un derroteros completo, que es que es el espejo. Pero fina de tu mensa. Yo pensaba que eran esos tres elementales recordando una visita que hice en Segovia a la habitación de la pensión donde vivía Antonio Machado, cuando estuvo destinado como profesor a dar clases del francés en Segovia. No sé si la has visitado. Sí, sí, sí, la visité de cichs y ahí lo único que hay es una cama, una asona y una y una mesa, exactamente porque canten Machado. Es verdad que era un hombre muy sobre maneral. Me gusteo era un poco monacal, pero en realidad, si lo piensas bien, es cierto todo luego puedes añadir cosas a partir a partir de ahí. Pero con esos tres elementos tienes, tienes ya una casa y bueno, es verdad que los tres elementos s s tienen una historia muy larga. Empezamos por la silla, pues como casi todo, porque en realidad creemos que todo en Occidente proceder en los griegos, pero todo procede en realidad de Egipto. Es verdad que muchas veces a través de los griegos, que concibieron siempre la civilización egipcia como una civilización superior, que tenía memoria, que tenía archivos, que tenía muebles, etcétera. Pero bueno, digamos que hay que recordar que la silla es Egipcia. Frente a una tentativa ideológica curiosa por parte del nazismo de apropiarse en la silla como un invento nórdico y árida, solo los pueblos inferiores se sentaban en el suelo, en la tierra o en taburetes. Lo de la idea del respaldo no la imaginaban los nazis en términos de mayor comodidad, sino en términos de mayor dignidad, mantenía el cuerpo en una postura ergida, una postura si quieres regia, porque, además, es cierto todos esas sillas antiguas que conocemos desde Egipto a Roma, el solio tenía más que ver con el trono. Eran psímbolos de poder y la diferencia era tanto de cultura como de clase pueblo. Menudo los plebeylos, pues se sentaba en el suelo en taburetes, y sólo los reyes o los príncipes o los nobles, pues tenían sillas o sillones con respaldo y la silla, en todo caso, fíjate cuando uno piensa en una silla, cuando uno piensa en eso, en el eidos de silla, en el eidos platónico de silla, pues yo siempre pienso en las dos sillas que pintó Bang en el año mil ochocientos chon ocho claro que la recuerdas una de ellas que es famosísima, que es la silla vacía de Bancox. Sabes que Bangó compró esa silla, junto con otras once cuando invitó a r N a pasar una temporada a su casa, una relación que acabó luego de la manera más tormenditosa y más displicente por parte de Grogan, que acabó difundiendo la idea de la locura de bang Badoka, adoraba a a Bogani y que sentía un respeto infinito por él, pues compró ni más ni menos que doce sillas. Pero de esas doce sillas, pues una acabó siendo la de Banggogo y otra acabó siendo la de Gogano, y él pintó las dos, que se dice las sillas vacías de Banglo. Pero mirar una es la silla de Bangwugo, donde se ve como una expresión metonímica de su identidad, se ve su pipa y su tabaco, y la otra es la silla vacía de Goban, donde se ve un candelabrito y algún otro objeto como para representar betonímicamente la identidad de Gogan. Y bueno, pues, yo creo que esas son las sillas, la silla las semanas, mimbre de madera, el mimbre exactamente esa así no es la forma, la apariencia externa, es de madera y mimbre, que es como la silla clásica, la silla por antonomasia, la silla por antonomasia, que, además, es curioso y es bueno que pensemos que ese es el leído, es platónico, porque esa es la silla digamos de las clases populares en la secuela, silla de pueblo, que las mujeres y hombres de pueblo sacan a la calle al crepúsculo cuando deja de quedar el sol de esas sillas, que el pueblo gaditano de algar recordarás en la noticia hace unos meses ha pedido a la unesco que proteja como un patrimonio, un material de la humanidad. Bien bien, bien, dicho la costumbre de charlar en sillas de madera y mimbre. Y esa es la ley dos de silla. Si pensamos, en cambio, en las camas, pues la cama, lo raro es la misma palabra Kama. Ribieron un artículo sobre la camisa que fuera parte de ese libro, que leíste del último libro que sí, pues ahí que que en realidad es un término que sólo figura por primera vez en las etimologías de Isidoro de Sevilla en el siglo I. Isidoro de Sevilla es una maravilla serán enciclopedista cristiano, a veces absolutamente delirante en sus etimologías, pero es muy interesante y él, pues, cita por ponidades el término Kama y por eso él, de una manera abusiva, deriva camisa de cama como la prenda de ropa que se utilizaría para dormir en la cama, que la Cámara en ese momento no es el lectum, el lecho, el hecho que el término latino que ha dado lugar a la mayor parte de los términos romances para referirse al mueble llamado kama. Si piensas en le en lecto, pues solo en castellano y en portugués, solo en castellano en portugués, esos tenemos del término cama y la cama, pues fue un habido también todas clases de camas, camas con dosel a más altas, camas bajas. En todo caso, creo que es importante también recordar que la cama es uno de esos muebles que grandes o pequeños, sean jergón yacija o colegio nupcial, son inseparables de algún modo, de una de las cosas más raras que hacemos los seres humanos, lo más necesarias, que es desactivarnos varias horas a lo largo del día, la tercera parte de nuestras vidas. Y también, naturalmente, no sólo asociado esa desactivación regeneradora de las fuerzas, sino también va asociado a quizá a uno de los placeres centrales y al mismo tiempo, digamos más más civilizados, más refinados y más complejos que hay que es el de la sexualidad. La Cámara podría ser un objeto absolutamente anticapitalista, pero, por otro lado, también podría ser utilizada por el capitalismo para que descansemos rápidamente para volver al trabajo. Claro que sí. En efecto, y, sin embargo, fíjate tú que el capitalismo, si pudiera hasta nos retiraría las camas. Y sin duda y si piensas en que bueno esto lo contaba Johann Hari en este libro. El valor de la atención que conviene desde luego, leer cuenta cuántas horas de sueño ha perdido la humanidad en los últimos cuarenta años. Cada vez dormimos menos, los niños cada adorme menos y los adultos también duermen cada vez menos. Y esto como consecuencia de toda una serie de estímulos, entre otros, los tecnológicos y entre otros las presiones laborales que hacen que haya hemos ido los seres humanos renunciando cada vez más a horas de sueño. Y eso es inquietante, que era el tercer y que era el tercermiento que es la mesa, que yo creo que es importantísimo mesa. También es curioso el castellano mesa lo hemos derivado directamente demensa en latín, cuya lengua quería decir exactamente lo mismo que en castellano. Y, sin embargo, hay otras lenguas el catalán, el taula tabola en italiano estable en francés, en las que se coge más bien digamos también como una metonimia, un asinto que se utiliza bien el material para designar el objeto. Y la mesa es verdad, es que es un invento extraordinario, porque es, como sacar del propio pecho, una extensión en la que podemos materializar tanto nuestros apetitos como nuestras ideas. La mesa sirve fundamentalmente para dos cosas, una una para escribir y a mí una cosa que me inquieta. No si te has dado cuenta yo que, por desgracia, luego muchas veces en hotel y es que en ciertas habitaciones de hotel de hoteles recién hechos muy modernos y ya no hay mesa, porque se entiende que ya nadie escribe o nos escribe con papel, con bolígrafo, ni siquiera con una máquina de expedir ni siquiera con un ordenador. Ahora lleva uno su dable o algún apara el dispositivo electrónico que se puede hacer reposar sobre las propias piernas y, por tanto, la mesa que, en un retroceso civilizatorio notable, empieza un poco a desaparecer. Y la mesa luego, mesa es decir, mucho más que un objeto. Es quizás referirse a aquello que también define un poco la humanidad, que es la hospitalidad, y y la palabra, esta idea singular que yo creo que sí es muy griega, que es lo de la sisquemia, el hecho de comparar la mesa de tal manera que hacemos dos cosas que en principio parecen ser incompatibles, que es comer y hablar con el mismo órgano, que es la boca, al mismo tiempo que introducimos en ella alimentos, sacamos de ella palabras Y hay una retroalimentación clara entre el placer del alimento y el placer de la palabra. Si, además que la hospitalidad hasta el punto está centrada en la mesa, que hasta muy recientemente, que los mafios nos han violado hasta sus propias reglas, el único lugar donde un mafioso sabía que no lo iban a matar, sobre todo los maciosos italianos, era la mesa. Y comiendo porque la mesa era era sagrada Y alguien que hace sentar a otro en su mesa, lo que está haciendo es declararle que él no es comestible, que el anfitrión no es un caníbal y que el invitado no es un comestible y compartir alimentos y palabras es justo la manera, de alguna manera, tranquilizarse los urnos respecto de los otros. En términos civilizados, decía es que mesa pro viene del latín inmensa, que era ese altar en el que se hacía la ofrenda de comida y ahí viene el de hecho. Creo que la palabra comensal. Pero no es un invento latino, no es un invento romano. Es un invento de egipcio. No, no claro, es un momento egipcio, como he dicho, como todos, porque se me olvidó decir que la cama también a un elemento egipcio. Si tú piensas, sencillamente en la tumba de Tankamón se parece a la tumba del Pankan, bastante a la habitación ideal del garradan pollet Algo pasa porque ahí hay además una cama. O sea, que los egipcios, los ticios ricos, obviamente se lo llevaban todo al otro mundo. Se llevaban objetos que conocemos como muy familiares hoy y, por lo tanto, la mesa estaba también en el antiguo Egipto y yo creo que en todo caso, se puede hablar de mesa allí donde dos o más personas se detienen. Te tienen, digamos el flujo de la reproducción de la vida. Se detienen para compartir alimentos, en torno a un fuego, en torno a una tabla, a un a un tablero de madera. Pero también se ha convertido el lugar de trabajo en lugar de escritura, por ejemplo. Claro sí, eso decía antes es importantísimo para los escritores. Desde luego, se ha convertido en un lugar, en un lugar fundamental de trabajo, donde uno deposita sus ideas, hay una relación como de te vuelco volcamos nuestras ideas encima de la mesa. También es el lugar donde se habla, de mesa de negociaciones. Una vez más, con esta importancia que tiene la palabra, la relación entre la palabra y la mesa, lugar de encuentro y luego deja de tú uno y pensaban esto de cocina y mesa y palabra. No me acordaba de lomos oviéticus, de especil a alex evic, el Premio Nobel de Bielorrusa, que contaba con todo detalle como el único lugar donde podían hablar libremente bajo el régimen soviático. Los soviéticos. Era precisamente esas cocinas que se convirtieron. Se convencieron, de hecho, un poco en el motor, en la matriz de la perestroika. De ahí, de esas cocinas en las que se comía y se hablaba al mismo tiempo, pues salieron todos los cambios que se produjeron en la Unión Solética y todos los cambios que se pudieron se produjeron al final, todas las tentativas fallidas de democratización. Salieron de esas mesas, de la cocina oye y hablando del origen de las palabras claro. No hemos dicho de inicio que mueble proviene de lo que se mueve frente al inmueble es la casa del edificio que permanece inmóvil, pues, y de cosas más curiosa, por como pensamos en un mueble, pensamos no vienen algo en algo pesado, que tiene pactas, que no se puede desplazar del sitio. Y más bien, en lugar de oponer mueble a inmueble, o ponemos un mueble a móvil, al teléfono, móvil, al portátil, que eso son de alguna manera los nuevos objetos, que es de lo que yo quería acabar hablando, porque si el siglo XIX es ese siglo en el que la riqueza se expresa a través de objetos que sólo son útiles en la medida en que expresan, en que expresan riqueza, yo creo que ha habido una volatilización de los objetos en general y, desde luego, de los muebles que han sido sustituidos por electro domésticos, en los electos domésticos o los aparatos electrónicos se caracterizan, por lo contrario, porque nos devuelven a la servidumbre de la utilidad y porque de alguna forma ya no son ya no son objetos. Pierden el cuerpo, pierden carácter formal, ya no hay una relación entre la forma y el contenido y la materia. Hay una tendencia muy clara en general a la emancipación respecto de los cuerpos y de la corporalidad que hacen las casas. Sean cada vez más espacios, espacios diáfanos y donde los muebles fundamentales, aparte de que bueno si iremos teniendo alguna silla, alguna cama y alguna mesa, pues son ya estos gatches y estos dispositivos electrónicos ya ni siquiera la televisión que hablábamos, cómo había sido desplazada por otros artilugios, por esta multiplicación y privatización de las pantallas. Y yo creo que es esto que estamos viviendo. Los llevo veinte años repitiendo esta idea de que vivimos por primera vez en un mundo, en un mundo sin cosas, porque la cosa es algo que, por un lado, dura lo bastante como para poder mirarla y que se vuelve interesante. Por otro lado, es algo que nos cuenta una historia, que nos cuenta la historia de cómo ha sido fabricada, pero también la historia de quién la ha usado. Y por eso es importante que no sé recordar a través de un objeto, la vida de un abuelo, de un padre. Y luego, la tercera característica es que, por mucho que duren, pues acaban volviendo la naturaleza acaban muriéndose. Y las mercancías no son eso, ni los cachets electrónicos son no son. Claro, no son cosas. No tenemos cosas y en un momento jen herencia notable. Eso es exactamente quién va a dejar tener una notable ten herencia. Tú puedes dejar mirar a un amigo al que le dejaron una abuela, Le dejó el estuche de una pluma, una pluma estilo gráfica, claro digamos que puedes decir pues fíjate. Hay cosa más inútil. Bien, pero un estuche de plumas esfica es un objeto y, además que se corresponde mejor que ninguno con esa definición de benllamiento de los objetos que se han liberado de la servidumbre de la utilidad. No puedes hacer otra cosa que mirarlo y recordar a través de ese objeto, de ese estuche de vacío, pues la vida, la cara el cuerpo, las costumbres de tu abuela. Y ahora que hay que por eso defender el mobiliario, del mobiliario básico, porque sigue reuniendo cuerpos, porque no hay que olvidar que los cuerpos humanos son también cosas dudas. Duramos un cierto tiempo, contamos alguna historia pobre o rica y y nos acabamos muriendo y necesitamos como cuerpos que somos como cosas, que somos. Rodearnos también de cosas frente a ese dominio de la merca canda volátil y pasajera claro, porque esas casas sin cosas de las que hablabas son casas sin alma. Y eso me recuerda lo que decías al inicio de Mario Pras de los muebles concebidos como espejo del alma de quien habita esa casa exactamente y fíjate que esto también está desapareciendo, porque cada vez más, todos amuevamos la casa a través de grandes franquicias del mueble, como puede ser IQA, y tenemos más o menos el mismo sillón, la misma silla, la misma mesa y la misma estantería. Pero es verdad que seguimos haciendo ese esfuerzo y yo creo que es lo que de alguna manera determina nos define como humanos esta necesidad que tenemos de dejar nuestra impronta, nuestra huella en los objetos más pequeños que se nos reconozca, a través de los objetos más pequeños que por eso mismo, podemos dejar en que herencia y renunciar a eso, a ese sello, es un poco renunciar a la singularidad vital de cada cuerpo concreto en su paso por el mundo sublunar y, como sé que a ti te cuesta el reconocimiento y eres humilde como el mobiliario de la celda de Antonio Machado, pero luego los oyentes nos lo preguntan. Voy a recordar que el libro, el título de tu libro, del que antes has hecho mención, es catorce palabras para después del capitalismo que, como te dije en su momento, es una delicia de etimología, historia, erudición, filosofía, pensamiento y literatura en torno a las palabras. Y la mejor manera de terminar esta charla santi Muchas gracias, Javier Blazo, mi gran