Latest / Cultura y Audiolibros / Morella (Edgar Allan Poe) | Cuento de Terror 18
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- La eternidad, el amor incondicional, la muerte y el misterio de lo desconocido. Estos son los temas que no se esperan. En Morella de Poe conoceremos a un hombre cuya vida cambia de forma irrevocable cuando se enamora de una mujer llamada Morella, una mujer misteriosa cuya inteligencia y fascinación por lo oculto, lo atraen y lo perturban al mismo tiempo, su amor o obsesión trascenderán a la muerte. Te has preguntado alguna vez por una presencia que no puedes explicar ni entender con ustedes. Morella Morella consideraba a mi amiga Morella con un sentimiento de profundo, aunque muy singular. Afecto, habiéndola conocido casualmente hace muchos años, mi alma desde nuestro primer encuentro, ardió con un fuego que no había conocido jamás. Pero ese fuego no era el de eros y representó para mi espíritu un amargo tormento darme cuenta gradualmente de que no podría definir su insólito carácter ni controlar su vaga intensidad. Sin embargo, nos tratamos si el destino nos unió ante el altar. Nunca hablamos de pasión ni pensé en el amor. Aún así, ella huía de la sociedad y dedicándose a mí, me hizo feliz Asombrarse es una felicidad y soñar es una felicidad. La erudición de Morella era profunda, como espero mostrar. Sus talentos no eran de orden vulgar y su potencia mental era gigantesca. Lo percibí en muchas materias. Fui su discípulo. No obstante, pronto comprendí que, quizá a causa de haberse educado en Pressburg, ponía ante mí un gran número de esas obras místicas que generalmente se consideran como la simple escoria de la literatura alemana. No puedo imaginar por qué razón esas obras constituían su estudio favorito y constante si con el tiempo llegaron a ser también mi estudio. Hay que atribuirlo a la simple pero eficaz influencia del hábito y del ejemplo. A pesar de esto, si no me equivoco algo tiene que ver mi razón. Mis convicciones, a menos que esté completamente equivocado, no estaban en modo alguno basadas en el ideal y no se descubriría como no me equivoque por completo ningún tinte del misticismo de mis lecturas ya fuera en mis actos o en mis pensamientos. Persuadido de esto, me abandoné sin reserva a la dirección de mi esposa y me adentré con firme corazón en el laberinto de sus estudios. Y entonces, cuando sumiéndome en páginas aborrecibles. Sentía un espíritu aborrecible encenderse dentro de mí, venía a morella, a colocar su humano fría en la mía y hurgando en las cenizas de una filosofía muerta. Extraía de ellas algunas graves y singulares palabras que, dado su extraño sentido, ardían por sí mismas en mi memoria. Y entonces, hora tras hora, permanecía a su lado, sumiéndome en la música de su voz, hasta que su melodía se infestaba de terror. Una sombra caía sobre mi alma, palidecía y me estremecía interiormente ante aquellos tonos sobrenaturales. Así, el gozo se desvanecía en el horror y lo más bello se tornaba horrendo. Como inam se convirtió en gena. Resulta innecesario expresar el carácter exacto de estas disquisiciones que brotando de los volúmenes que he mencionado constituyeron durante tanto tiempo casi el único tema de conversación entre Morella y yo. Los entendidos en lo que se puede llamar moral teológica las concebirán fácilmente y los ignorantes poco comprenderían, en todo caso, el vehemente panteísmo de ficte, la palingenesia modificada de los pitagóricos y, por encima de todo, las doctrinas de la identidad, tal como las presenta a Shellyn, solían ser los puntos de discusión que ofrecían mayor belleza a la imaginativa Morella. Esta identidad y amada personal la define con precisión. Mr. Lod creo diciendo que consiste en la cordura del ser racional y como por persona entendemos una esencia inteligente dotada de razón y como hay una conciencia que acompaña siempre al pensamiento, es esta la que nos hace a todo ser eso que llamamos nosotros mismos, diferenciándonos así de otros seres pensantes y dándonos nuestra identidad personal. Pero el principium individuationes la noción de ese identidad que se pierde o no para siempre. En la muerte. Fue para mí en todo tiempo una consideración de intenso interés, no sólo por la naturaleza pasmosa y emocionante de sus consecuencias, sino también por la manera especial y agitada, como la mencionaba Morella. Pero realmente había llegado un momento en que el misterio del carácter de mi esposa me oprimía como un hechizo. No podía soportar por más tiempo el contacto de sus pálidos dedos, ni el tono profundo de su palabra musical, ni el brillo de sus melancólicos ojos. Y ella sabía todo esto, pero no me reconvenía. Parecía tener conciencia de mi debilidad o de mi locura y sonriendo lo llamaba destino. Parecía también tener conciencia de la causa desconocida para mí, de aquel gradual desvío de mi afecto, pero no me daba explicación alguna ni aludía a su naturaleza. Sin embargo, era mujer y se consumía día a día con el tiempo una mancha roja se fijó constantemente en sus mejillas y las venas azules de su pálida frente se hicieron prominentes. Llegó un momento en que mi naturaleza se deshacía en compasión, pero al siguiente encontraba la mirada de sus ojos pensativos y entonces mi alma se sentía mal y experimentaba el vértigo de quien tiene la mirada sumida en algún aterrador e insondable abismo diré que anhelaba con un deseo fervoroso y devorador el momento de la muerte de Morella. Así era, pero el frágil espíritu se aferró en su envoltura de barro durante muchos días, semanas y meses tediosos, hasta que mis nervios torturados lograron triunfar sobre mi mente y me sentí enfurecido por aquel retraso y con un corazón demoníaco, maldije los días, las horas, los minutos amargos que parecían alargarse a medida que declinaba aquella delicada vida como sombras en la agonía de la tarde. Pero una noche de otoño, cuando el viento permanecía quieto en el cielo, Morella me llamó a su lado. Había una oscura bruma sobre toda la tierra, un calor fosforescente sobre las aguas y entre el rico follaje de la selva de octubre hubiera dicho que caía del firmamento un arco iris. Este es el día de los días, dijo ella cuando me acerqué un día entre todos los días para vivir o morir. Es un día hermoso para los hijos de la tierra y de la vida a y más hermoso para las hijas del cielo y de la muerte. Pese su frente y ella prosiguió, voy a morir y a pesar de todo, viviré Morella. Nunca has existido días en los que hayas podido amarme, pero pero a la que aborreciste en vida, la adorarás en la muerte. Por ella, repito que voy a morir, pero hay en mí una prenda de ese afecto. A cuán pequeño que has sentido por mí por Morella y cuando parta mi espíritu, el hijo vivirá. El hijo tuyo el de Morella, pero tus días serán días de dolor de ese dolor que es la más duradera de las impresiones, como el cipreses el más duradero de los árboles, porque han pasado las horas de tu felicidad y no se cosecha dos veces la alegría en una vida, como las rosas de paestrum. Dos veces en un año. Tú no jugarás y a más con el tiempo, el juego del tejo, pero, siendo desconocidos el mirto y el vino, llevarás contigo sobre la tierra tu sudario, como hace el musulmán en la meca. Por ella exclamé Morella, como sabes esto, pero ella volvió su rostro sobre la almohada un leve temblor, recorrió sus miembros y ya no oí más su voz. Sin embargo, como había predicho ella, su hijo el que había dado a luz al morir y que no respiró hasta que cesó de alentar su madre, su hijo, una niña vivió y creció extrañamente en estatura y en inteligencia, y era de una semejanza perfecta con la que había desaparecido y la amé con un amor más ferviente de lo que creí posible sentir por ningún habitante de la tierra. Pero antes de que pasara mucho tiempo, se ensombreció el cielo de ese puro afecto y la tristeza, el horror y la aflicción pasaron veloces como nubes. He dicho que la niña creció extrañamente en estatura y en inteligencia. Extraño en verdad fue el rápido crecimiento de su tamaño corporal. Pero terribles pob terrible fueron los tumultuosos pensamientos que se amontonaron sobre mí mientras observaba el desarrollo de su ser intelectual. Podía hacer de otra manera cuando descubría a diario en las concepciones de la niña, las potencias adultas y las facultades de la mujer, cuando las lecciones de la experiencia se desprendían de los labios de la infancia y cuando veía a cada hora la sabiduría o las pasiones de la madurez, centellear en sus grandes y pensativos ojos, como digo cuando eso se hizo evidente ante mis sentidos aterrados, cuando ya no pude ocultarlo a mi alma ni rechazarlo con mis facultades estremecidas, como puede sorprender que sospechas de naturaleza espantosa y emocionante se deslizaran en mi espíritu o que mis pensamientos se volvieran despavoridos hacia los cuentos extraños y las impresionantes teorías de la enterrada morella que de la curiosidad del mundo. Un ser a quien el destino me mandaba adorar y en el severo aislamiento de mi hogar, vigilé con una ansiedad mortal todo lo concerniente a la criatura amada. Y mientras los años transcurrían y mientras día tras día, contemplaba su santo apacible y elocuente rostro, mientras examinaba sus formas que maduraban día tras día, descubrían nuevos puntos de semejanza en la hija con su madre, la melancólica y la muerta. Ya cada hora aumentaban esas sombras de semejanza más plenas, más definidas, más inquietantes y más terriblemente terribles en su aspecto. Por qué, que su sonrisa se pareciera a la de su madre? Podía soportarlo, aunque luego me hiciera estremecer esa identidad demasiado perfecta, que sus ojos se parecieran a luz de morella? Podía soportarlo, aunque también penetraran a menudo en las profundidades de mi alma, con el intenso e impresionante pensamiento de la propia morella y en el contorno de su alta frente, en los bucles de su sedosa cabellera, en sus pálidos dedos que se sepultaban dentro de ella, en el triste y bajo tono musical de su palabra y, por encima de todo, o por encima de todo, en las frases y expresiones de la muerta, sobre los labios de la amada de la viva. Encontraba pasto para un horrendo pensamiento devorador, para un gusano que no quería perecer. Así pasaron dos lustros de su vida y hasta ahora mi hija permanecía sin nombre sobre la tierra. Hija mía y amor mío eran las denominaciones dictadas habitualmente por el afecto paterno y el severo aislamiento de sus días. Impedía toda relación. El nombre de Morella había muerto con ella. Nunca hablé de la madre al la hija. Me era imposible hacerlo. En realidad, durante el breve período de su existencia, la última no había recibido ninguna impresión del mundo exterior, excepto las que le hubieran proporcionado los estrechos límites de su retiro. Pero, por último, se ofreció a mi mente la ceremonia del bautismo en aquel estado de desaliento y excitación, como la presente liberación de los terrores de mi destino y en la pila bautismal dudé respecto al nombre y se agolparon en mis labios muchos nombres de sabiduría y belleza de los tiempos antiguos y de los modernos, de mi país y de los países extranjeros, con otros muchos muchos delicados de nobleza, de felicidad y de bondad que me impulsó entonces a agitar el recuerdo de la muerta enterrada. Qué demonio me incitó a suspirar a aquel sonido cuyo recuerdo real hacía refluir mi sangre desde las sienes al corazón. Qué espíritu perverso habló desde las profundidades de mi alma cuando, entre aquellos oscuros corredores y en el silencio de la noche, musité al oído del santo hombre, las sílabas Morella. Qué ser más demoníaco retorció los rasgos de mi hija y los cubrió con los tintes de la muerte. Cuando, estremeciéndose ante aquel nombre apenas saudible, volvió sus límpidos ojos desde el suelo hacia el cielo, vi cayendo prosternadas sobre las losas negras de nuestra cripta ancestral. Respondió aquí estoy estas simples y cortas sílabas cayeron claras, fríamente claras en mis oídos y desde allí, como plomo fundido, se precipitaron silbando en mi cerebro. Años, años enteros pueden pasar, pero el recuerdo de esa época jamás no desconocía las flores y la vid pero el abeto y el ciprés proyectaron sus sombras sobre mi noche y día y no conservé noción alguna de tiempo o del lugar y se desvanecieron en el cielo las estrellas de mi destino, y desde entonces se ensombreció la tierra y sus figuras pasaron junto a mí como sombras fugaces, y entre ellas sólo vi una moreña. Los vientos del firmamento suspiraban un único sonido en mis oídos y las olas en el mar murmuraban eternamente Morella, pero ella murió y con mis propias manos la llevé a la tumba y reí con una risa larga y amarga al no encontrar vestigios de la primera Morella en la cripta donde enterré a la segunda? Y reí con una risa larga y amarga al no encontrar vestigios de la primera Morella en la cripta donde enterré a la segunda? Gracias por unirse a cultura y audiolibros. Acompáñame en este breve resumen y análisis resumen. La narración está en primera persona y es contada por un hombre sin nombre, que se casa con una mujer llamada Morella. Ella es una mujer misteriosa y muy inteligente, con una fascinación intensa por los estudios ocultos y metafísicos su marido, Aunque inicialmente se siente atraído por su profunda sabiduría, con el tiempo, comienza a temerle debido a sus extrañas ideas y su obsesión con la vida eterna. Por ella se obsesiona con la idea de la trascendencia de la identidad y le habla a su marido sobre cómo el alma puede sobrevivir a la muerte. Con el tiempo, ella cae enferma y su salud declina en su lecho de muerte. Da a luz a una hija y poco después fallece. Su último acto es bautizar a su hija con su propio nombre Morella. Aunque en el nada narrador no lo revela hasta más tarde en la historia, el narrador se siente a la vez atraído y repelido por su hija, quien crece rápidamente y muestra una asombrosa semejanza con su madre fallecida. La niña, también llamada Morella, demuestra tener una inteligencia excepcional y su presencia continuamente recuerda al narrador su relación con la morella original. A medida que la niña crece, la semejanza con su madre se vuelve cada vez más evidente, tanto en apariencia como en intelecto. El narrador comienza a sentir un miedo abrumador, llegando a la aterradora conclusión de que la madre y la hija son la misma persona. Finalmente decide bautizar a la niña en una iglesia y cuando el sacerdote pregunta el nombre, el narrador pronuncia morella. La niña responde, yo soy ella y cae muerta. Al instante. El narrador regresa a la tumba de la primera morella, sólo para descubrir que la arno está vacío. Análisis por ella, publicado por primera vez en mil ochocientos treinta y cinco, es uno de los cuentos más cautivadores y enigmáticos de Poe Sumerge al lector. En un mundo donde los límites entre vida y muerte, amor y terror, realidad y sobrenatural se desdibujan y entrelazan la historia de Morella y su hija, ambas de igual nombre, ofrece una exploración profunda y perturbadora de la naturaleza de la identidad y la trascendencia del alma. La primera Morella es presentada como una figura misteriosa, imbuida de una sabiduría casi sobrenatural y una atracción hacia los estudios metafísicos. Su obsesión con la trascendencia de la identidad, que va más allá de la muerte física, no sólo plantea preguntas filosóficas, sino que también se convierte en la profecía central del cuento. La forma en que Poo utiliza la inteligencia y el carácter enigmático de Morella para atraer y luego asustar al narrador es su una hábil representación de cómo lo desconocido puede ser a la vez fascinante y aterrador. La relación entre Morella y su marido es compleja y ambivalente. Su amor inicial da paso al miedo y la repulsión, ya que la muerte de Morella no pone fin a su presencia en la vida del narrador. La tensión entre el amor y el terror es un tema recurrente en la obra de Poe y alcanza su cumbre en el cuento. El amor que el narrador siente por Morella se transforma en un terror insoportable, ya que la identidad de ella parece trascender la muerte y encarnarse en su hija, la segunda Morella, la hija sirve como una manifestación tangible de la filosofía de su madre. Su crecimiento acelerado, su asombrosa semejanza con la madre y su inteligencia inusual constituyen un misterio inquietante que consume al narrador la ambigüedad. En cuanto así, la hija es realmente una reencarnación de la madre. O simplemente un reflejo de la obsesión del narrador. Añade un una capa de complejidad a la historia. La revelación final de que el ataúd de Morella está vací o deja al lector en un estado de incertidumbre y asombro. Este relato también se destaca por su lenguaje rico y poético. P utiliza la prosa para crear una atmósfera etérea y onírica que amplifica la sensación de lo sobrenatural. Las descripciones detalladas y la elección de palabras transmiten una sensación de desasosiego que permea toda la historia. Morella es una obra maestra literaria que va más allá de una simple historia de terror. Es una exploración profunda de temas complejos como la identidad, la trascendencia, el amor y el miedo. La habilidad de poe para entrelazar estos elementos en una narrativa cohesiva y apasionante hace que la obra sea una lectura inolvidable. La historia desafía las nociones convencionales de la realidad y obliga al lector a enfrentarse a preguntas fundamentales sobre la exinción y la naturaleza del ser. La ambigüedad y la complejidad del escrito aseguran que la historia continúe resonando y desafiando a los lectores, mucho después de haberla leído