Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 376 Cuidado con las bromas. José Ordóñez
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- Podcast número trescientos setenta y seis. Una chica, motivada por un repentino impulso, decide empujar a su amiga, que está al borde de un puente sobre un aparente profundo río. La chica termina golpeándose contra una roca que nadie había determinado que existía. No sólo la pequeña de diecisiete años que empezaba a vivir perdió su existencia, sino que además la que decía ser su mejor amiga, la que en un arrebato de euforia, decidió empujarla terminó purgando una condena que le desgració el resto de su vida Por muchacho. Decide hacerle una broma y, con la punta de un destornillador, golpea el pecho de su amigo, quien le acaba de ganar una partida en un juego de mesa. El destornillador da justo en el corazón y éste muere de una manera fulminante. No le sirvió a legar ante juez que eran buenos amigos y que todo se trató de una pequeña broma. El muchacho pagó con un buen tiempo en la cárcel el crimen que cometió, pero al salir del reclusorio, el hermano del difunto decidió vengar la muerte de su hermano, propinándole dos disparos y así continuando la cadena de desgracias. Perdonen si en este podcast me he puesto algo amarillista. Quizá el común denominador de estas historias que he contado es un poco de truculencia, pero créanme que son historias verídicas. Igual que yo, debes conocer algún resultado fatal de una aparente inocente broma que, aplicada de manera desmedida, se convirtió en una tragedia. Vieron ustedes alguna vez la serie de televisión que se titulaba mil maneras de morir estúpidamente. Este programa tenía un común denominador. En los ejemplos que presentaba, la gente hacía cosas estúpidas sin detenerse a calcular los riesgos. En algunos casos, las estupideces no las cometían con ellos mismos, sino que eran bromas salidas de forma para con los demás. Es bueno, como parte de nuestro entretenimiento hacer bromas. Qué dice la palabra de Dios con respecto a las bromas proverbios capítulo número veintiséis versículos del dieciocho al diecinueve como un loco que dispara flechas incendiarias y mortíferas. Así es el que engaña a su prójimo y luego dice sólo estaba bromeando. Imagínate lo que dice la palabra de Dios conforme a las bromas y no se trata de andar tomándose la vida con tanta seriedad que andemos huyendo de un momento de risa por lo que nos pasa o nos hacen. Solo que debemos ser prudentes a la hora de ponernos en modo chistoso cuidar los comentarios que hacemos, porque las bromas con lo que decimos también causan considerable daño efeccios. Capítulo número cinco versículos tres y cuatro dice entre ustedes ni siquiera debe mencionarse la inmoralidad sexual ni ninguna clase de impureza o de avaricia, porque eso no es propio del pueblo. Santo de Dios. Tampoco debe haber palabras indecentes, conversaciones necias ni chistes groseros. Todo lo cual está fuera de lugar haya más bien acción. De gracias los comediantes. Tenemos capacidad de conectar las ideas de manera muy rápida. Desde pequeño lo aprendí me volví versado en el arte de poner apodos era mi método de defensa preferido En el colegio. Los niños más grandes y buenos para los golpes preferían no meterse conmigo. Era fácil que me golpearan todo lo que quisieran por mi contextura pequeña y casi raquítica, pero ellos sabían que yo tenía un poder mucho más doloroso que un simple puño. Con mi capacidad para hablar malas palabras, yo les podía poner un mote, un calificativo o un apodo que durara todos los años del colegio. El morado de un puño duraba unos días, pero un apodo podía marcar toda una vida. En mis años de comediante, no me di mis palabras para hacer reír burlándome de los demás, hasta que un día ya como cristiano, el espíritu Santo me recriminó por llamar por un apodo a una persona y me dijo nunca más volverás a hacer algo como eso, porque esa persona a quien le has puesto un apodo, lleva la imagen de Dios créanme. Desde ese entonces intento no hacer bromas. A veces las pienso. Me río con lo que pienso acerca de lo que pasa, pero le pongo freno a mi boca, a mi mente y a mi corazón, y omito caer en la horrible costumbre de andar poniendo apodos, diciendo cosas obscenas o haciendo bromas pesadas. Amigo, amiga, hay mil maneras distintas de fomentar la alegría entre amigos. Tú también aprendes a frenar tus impulsos y a someterte a la obediencia del espíritu santo ten cuidado cuando establezcas relaciones entre familiares o entre amigos que estén basadas en las bromas pesadas, pues ellas no conducen a la edificación, ni de las familias, ni de las amistades, ni de los grupos de trabajo que Dios te bendiga