Latest / Carne Cruda Podcast / Derroteros: El Elefante, con Santiago Alba Rico (CARNE CRUDA EXTRA)
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- Adiós se va a la luna igualmente derrotero. Pégalo bien, camino direcrio, medio tomado para llegar al fin, propuesto conjunto de datos que indican el camino para llegar a un lugar, pero que nos vamos dirección que se da por escrito para María viaja. Además, en fin de el libro que contiene un derrotazo, luego una línea marcada en el mapa de mareas para guiar a los pilotos en rota o derrotero. Déjate tel derroteros ros pensar paseando con Santiago Albarrico Hola santi Qué tal, cómo estás, qué tal, Javier, qué alegría escucharte en medio de tantas cuitas y tantas sombras. Sí, efectivamente, vamos a poner algo de luz. Vamos a pensar, como llevamos haciendo ya hace algún tiempo a partir del dix a colación de tu libro, catorce palabras para después del capitalismo. Creo que íbamos ya por la letra e por la letra. En efecto, nos corresponde hoy la letra. Sí, y yo había pensado inicialmente en muchas palabras, porque la eco ofrece un espectro muy amplio de palabras apetitosas y había especulado con enigma, con enredo, con envidia, con estrella, con espina, con energúmeno, que es una palabra de origen griego, preciosa o con efigia y con ética. Pero al final me he quedado fíjate con una como mucho más exigente, aunque no lo parezca y complicada y, al mismo tiempo, para mí enormemente atractiva, que es elefante. Elefante y por qué has elegido esa palabra, pues la ha elegido pira adentrado, porque si tú me preguntaras de dónde viene esa palabra cuando dices, siempre tendría que decirte que viene del animal mismo que quizás una de las pocas palabras. Hay otras que coincide enteramente con el objeto que designa el elefante. Digamos que como elefante mismo, pues tiene cuerpo, tiene poco pelo, trompa y grandes orejas y casi no tiene nada más. Esa palabra. Nada no es ni siquiera un símbolo. Lo piensa, por ejemplo, en la paloma o en el águila o en el zorro, que son ellos mismos, pero al mismo tiempo, pues evocan la paz, o el poder o la astucia. En cambio, la palabra elefante está colmada, por así decirlo del objeto. Decía espinosa que el concepto de perro no ladra verdad. Yo creo que el concepto elefante sí barrita, que es el sonido que emiten los elefantes y, desde luego, el concepto de elefante está tta al punto cargado de su propia existencia, que la palabra elefante hace las mismas cosas que hace un elefante sin poder separarse de él. Es verdad que uno piensa cuando escucha la palabra elefante en el elefante mismo lo está viendo al escuchar el palabra, la palabra de dónde viene la etimología, pues mira esto ya sabes que yo, cuando tengo que buscar una etimología, lo primero que hago es acudir a mi biblioteca y sacar las etimologías de San Isidoro de Sevilla, que proporcionan ratos muy placenteros y los conocimientos. Los aves de sobra parte de conocimientos eruditos extravagantes, pues a veces también te proporcionan como surcos o caminos para llegar a sitios inesperados. Para Isidoro, la palabra elefante viene del término griego lofos, que quería decir monte? Por lo tanto, lo que hace Isidoro en suma cuando ve al elefante tan grande, tan voluminoso, tan poderoso, es buscar una palabra que recoja su propia existencia corporal y acude falsamente al griego lofos, que quiere decir monte, porque se imagina un elefante como un monte. Pero bueno, hay otras otras etimologías que explora Isidoro que sí que son ciertas. Por ejemplo, él dice que la palabra barrito que pasa al latín viene en cualquier caso, de una palabra india que designa al animal barrus, pero sabemos que ahora lo que designa metonímicamente es el sonido que emite ese animal. Isidoro cuenta algunas otras cosas muy absurdas, Por ejemplo, pues dice que viven trescientos años y eso no es cierto. Viven entre cuarenta y cincuenta, porque tienen esta ventaja respecto de otros animales de solo tener un depredador, aunque es el más peligroso, es decir, el ser humano, pero no llegan nunca más allá de los sesenta, porque sus dientes se desgastan y les es imposible comer y finalmente mueren. Tampoco es verdad, como dice Isidoro, que paran una sola vez. Pueden parir varias veces a lo largo de la vida Y sí es cierto, sin embargo, que tiene una gestación de dos años. Nos gusta mucho, Isidoro, porque es muy creativo y muy imaginativo a la parque poco científico. Pero cuál es la verdadera etimología de la palabra elefante, pues es una palabra griega que, en realidad, cuyo origen, realidad no se conoce que y que quiere decir exactamente eso quiere decir elefante igual que el team, igual que en castellano. Por lo tanto, la etimología misma del término te dirige directamente al cuerpo montuoso, pues hablemos de eso. Hablemos de cómo son los elefantes de ese cuerpo montuoso, pues Mira son obviamente extravagantes. Tienen un aspecto particularmente rara, extravagante. Parecen haber sido inventados por un niño de imaginación desatada fíjate. Me encanta una hora que decía a Chesterton en ortodoxia que no sé por qué de pronto se pone a hablar de los elefantes. Dice que son animales tan complicados y tan inesperados, que dice que si existiera un solo elefante sería extravagante, pero, como hay muchos, dice solo puede tratarse de un complot dura conspiración. Entonces hay que imaginarse esta conspiración de elefantes que a mí me gusta mucho más que otras otras conspiraciones, muchos elefantes respirando al mismo tiempo juntos para obtener determinado, un determinado objetivo. Yo creo fíjate que por este motivo, por la extravagancia de su anatomía, por estas grandes orejotas que en dumbo le permiten hasta volar esta probóscide que se prolonga casi hasta el infinito, pues el elefante es tímido. Yo no sé si tú has reparado en esto, pero creo que sí. Todos hemos pasado por el colegio y todos hemos descubierto algo enseguida que en los colegios comiendo llamar la atención y llamas la atención de dos maneras, si eres muy pequeño o si eres muy grande. Y que ser muy grande, muy alto, muy fuerte, muy voluminoso, muy gordo, es una forma de las más quizá difíciles de exponerse, de exponerse en público y de cuando uno tiene un gran cuerpo, suele ser muy tímido, sientes como vergüenza de tu tamaño. Y a los elefantes que son paquidermos de piel muy gruesa y GRISÁCEA yo, sin embargo, me los imagino siempre un poco un poco, sonrojados y por esto antiguo. Yo creo que hay que defender a los elefantes, a los elefantes desde luego zoológicos, a los elefantes que viven en las sabanas africanas o en las selvas indias, pero también a nuestros propios elefantes, a nuestros que a nuestros seres extravagantes y más allá y más aún allí donde se les hace sufrir, donde sufren o se les hacen sufrir y fíjate. Yo creo que esta timidez se agrada con los elefantes que están en cautiverio. Yo leí hace poco a a una primatóloga chilena. Creo que las máximas autoridades en eccomatología se llama Isabel Berlin que que, sin embargo, de pronto cuando habla de los animales en cautiverio, habla concretamente del caso del elefante. Dice que los elefantes en cautiverio, de pronto duermen de pie, no son capaces de encontrar reposo y, sobre todo, se mueven de un modo, de un modo neurótico. Yo no sé si te he contado alguna vez o los oyentes y han escuchado esta historia que suelo contar, porque para mí es trágica y triste. Elefante del zoológico de Túnez no pues mira elefante del zoológico de Túnez era el objeto de todas las visitas que yo hacía con mis hijos cuando eran pequeños al zoológico de Túnez, que es quizá de los más tristers del mundo. Todos lo son de tuve. Tiene un encanto arquitectónico especial, pero obviamente tiene esta tristeza de los animales en cautiverio, cuya digamos cuida vertiente, didáctica, hay que explotar, pero cuya exposición no deja de producir melancolía. Y ahí había sobre todo un elefante, un elefante maravilloso, un elefante ya viejo, pero no tanto al que acudíamos a ver todos los hondos a la vuelta del verano acudimos como siempre al zoológico y el elefante había desaparecido, se había muerto y por qué había muerto. Te contaría esta historia es que es muy tristemente. Estaba en cautiverio. Sólo hacía un gesto, un movimiento. Estaba separado de la libertad por un pequeño foso que él imaginaba que era superable y que, desde luego, desde fuera parecía lo bastante insignificante como para que de una zancada lo cruzase. Pero pero él retrocedía. Reculaba con su enorme cuerpo voluminoso, tomaba carrerilla y con la lentitud un elefante, pero a la máxima velocidad se dirigía hacia este pequeño foso que le libertad y cuando llegaba al borde, levantaba la pata, se detenía y sin atreverse reculaba de nuevo y volvía a empezar. Y era el único movimiento que hacía el elefante. Y cuando a la vuelta del verano acudimos al zoológico y no lo vimos y nos contaron que sería muerto, imaginamos lo que había ocurrido el elefante, bien porque de pronto juzgó que sus fuerzas eran suficientes, pero demasiado tarde porque entre tanto había envejecido. Más bien porque en realidad buscase suicidarse, pues optó saltar el foso cayó en él y tuvieron que sacrificarlo bueno, más o menos. Fue una muerte heroica. Fue una muerte heroica, una muerte digna. Y esto es lo que mis hijos y yo recordábamos siempre de este elefante, de ese valor final que había tenido. Pero al mismo tiempo, es obvio que nos quedamos muy tristes porque lo había hecho, como casi todos, demasiado tarde y demás había pasado al acto demasiado. Es una historia que llena de melancolía y, al mismo tiempo, de ternura hacia ese animal tan gigantesco. Y hablando de la muerte, me acuerdo de los cementerios de elefantes, que son un territorio muy particular. Sí, es verdad fíjate, que es un mito. Creo que el cementerio de elefantes no existe. Es verdad que se ha descubierto que los elefantes tienden a morir cerca de los ríos. Y allí donde hay un río, pues se encuentran varios esqueletos de elefantes ancianos, porque hay procesos de distes hidratación que los empujan hacia el agua en los últimos minutos de su vida. Pero es un mito, es un mito precioso que también tuvo un coste grande para los elefantes, porque en el siglo XIX, en mito llevó a muchos cazadores a buscar ese mítico cementerio de elefantes para proveerse fácilmente de marfil. Pero es un mito precioso en el sentido de que este animal tímido y vergonzoso al que le produce, pudor estar en público ocupando tanto espacio, pues también le da como vergüenza a morirse. Y entonces, cuando una cierta edad es lo que cuenta este mito, pues se retiran a un lugar, a un lugar previamente acordado, donde mueren discreta y colectivamente. Y alguna vez he pensado de dónde vendrá el mito, pues el mito, como digo hay algunos algunos especialistas zoólogos como un tal Rooper, es el drake que lo asocia a esta costumbre, que tienen los elejantes de acudir al agua. Y ahí donde hay un río, pues suelen acudir a los mismos puntos a proveerse de agua. Y, por lo tanto, es frecuente que haya varios elefantes muertos cerca cerca de las orillas de los ríos. Pero yo quiero creer que hay que buscarla la razón más allá y tiene que ver con la búsqueda. Siempre en el mundo animal pensemos en las fábulas desde eombo de buscar en el mundo animal, Por un lado, nuestros defectos, pero también el cumplimiento de nuestros deseos o la proyección de aquellas utopías antropológicas más banales que a veces no conseguimos llevar a cabo. Y esto de la muerte, de la muerte discreta, pues es, como sabes, ya es difícil morir, aprender a morir, Y más en una sociedad como la nuestra hemos dado muchas veces que se ha emancipado de los cuerpos y de la fragilidad, pues es aún más difícil el morir si eres viejo Y aún más escribía yo un artículo recientemente. Si tienes poder, hemos visto cómo hay muchos, muchas personas mayores, muchos viejos, que han tenido, que quieren poder y que no saben buscar ese cementerio de elefantes para morir. Discretamente, y creo, por lo tanto que el cementerio de elefantes. Nos debería recordar que existe sin duda la posibilidad de morir como juntos y sin llamar demasiado la atención llevados por esta vergüenza de la que hemos hablado otras veces, de la vergüenza de ser frágil, la brgüenza de ser mortos y, al mismo tiempo, la lucidez de saberse mortal, de no aspirar a la inmortalidad y menos a través de un poder que es siempre muy frágil. Es frágil, elefante, es mortal como cualquier ser vivo, pero al mismo tiempo es grande y pesado y se ha utilizado como arma de guerra. Es poderoso. Año hay pobrecitos. Javier, esto me suscita muchísima, muchísima ternura y mucha piedad, porque claro he muerto escrito así, al animal como grande voluminoso que se siente en evidencia, ocupa mucho espacio que se sonroja y de pronto ese animal, ese animal que es muy frágil, pues es utilizado desde la antigüedad. Fue utilizado en la antigüedad como el equivalente de lo que es un carro armado, un tanque, al parecer, el primero, según cuenta el propio Isidoro, fue pirro primero en utilizarlo contra los romanos. Todos recordamos un acontecimiento que a más como épico y que nos han exaltado desde desde pequeños en el colegio, que es, en la Segunda Guerra Púnica, el traspaso de los Alpes de Aníbal con elefantes una crueldad enorme, porque además los llevaban desde África a la Nieve y aún así consiguió llegar a las puertas de Roma con sus elefantes. Fíjate Hasta qué puntos los elefantes le han considerado armas de guerra y las más poderosas que después de la Segunda Guerra Púnica, entre la segunda y la tercera, los cartagineses, que habían perdido la segunda, firmaron una especie de tratado de versalles por el cual se comprometían a no criar elefantes, porque los elefantes, en la memoria de Roma evocaban esa terri derrota frente frente a animal. Y entonces, bueno, pues se les prohibió criarle antes, lo que hizo que en la Tercera Guerra Púnica fuera muchísimo más fácil, pues acabar con los cartagineses, acabar con el propio Kartago, que es cipión el sobrino del africano, pues acabó destruyendo y arrasando de tal manera que cuando intentaron reconstruirla los lobos acudían de noche para destruir cuenta polibio lo que habían construido los romanos por el día y bueno, pues los elefantes jugaron un papel muy grande en la Antigüedad como armas de guerra y han jugado en otras culturas un papel claro muy serio como transporte, por ejemplo, en la India. No son camiones, son animales de carga, totalmente son camiones, son grouers. Hay una película muy bonita, aunque yo creo que no no no tan orientalista de Roberto Rossellini en el año cincuenta y nueve, que se llama India Batribuomi. Y ahí hay una escena preciosa de cómo los trabajadores, después de utilizar a los elefantes para arrancar árboles, trasladarlos, construir casas, los bañan en los ríos y el placer que sienten los elefantes en el agua tumbados. Mientras estos indios, trabajadores indios, les pasan la almohaza y el cepillo enormes por ese cuerpo casi infinito que sin comprendes la desproporción que existe entre el uso que se hace del elefante y el placer que siente un elefante cuando es tratado bien, cuando es tratado con cariño. Oye y, por cierto, hablando de las cuestiones que rodean al elefante, se hablan siempre de su enorme y gran memoria. No sé si tiene que ver con su tamaño, pues mira, pues es cierto. Esto también lo citabais. Se moria elefante, se dice memoria de elefantes y se opone. Además, da de pez el pez parti que tiene un poco más de memoria de la que le atribuimos en esta sabiduría. Así plebeya, pues tiene un poco más de memoria, pero muy poca. En cambio, elefante tiene muchísima memoria. Es completamente escretamente cierto. Por ejemplo, te cuenta un biólogo que las elefantas hembras africanas. Son capaces de reconocer sonidos emitidos por familiares que abandonaron el grupo doce años antes que barbaridad barbo, y también son capaces de recordar los sonidos que emiten cuando llaman desde lejos unos cien individuos de su misma, de su misma especie. Y, además, son capaces también de distinguir distintas tribus humanas, porque una son más amenazadoras que otras, porque, como te he dicho antes, el único depredador reconoce elefantes precisamente el ser humano. Así que tiene una gran memoria. La pregunta es viene de su cerebro. El cerebro elefante pesa unos seis kilos. Es un peso enorme si lo comparas con él del ser humano, que pesa sólo un kilo y medio más o menos un kilo seiscientos, pero en realidad es muy pequeño respecto de su tamaño. En cambio, fíjate tú que lo que tiene el elefante es un corazón muy grande, un corazón que pesa veintiuno kilos. O yo me acordaba, me acordaba de aquella, de aquella, de ese capítulo de mi libro a catorce palabras. Pero el después del capitalismo en el que hablo o palabra cuerda, no sé si lo recuerdas, y yo ahí hago como isidoro y digo voy a aventurar am en una g que sé que es falsa y relacionar la palabra cuerda con el término latino cordis, que quiere decir corazón. No hay más que una pura asonancia, pero es verdad que de corcordis de corazón vienen, por ejemplo, términos como acuerdo o como recuerdo. Y entonces hay que preguntarse. Cuando hablamos de memoria, recordamos con él, con el cerebro, o recordamos con él con el corazón fíjate que, por ejemplo, en francés, en francés, aprenderse algo de memorias, aprendérselo Parker, aprendérselo de corazón, a meterse loco con él, el corazón. Y hay un poema que me gusta mucho y que citaban, ese libro de Eugenio Montale, este gran poeta del siglo XX, que dice un verso, que dice scorgatos, strumento cobre que se traduciría correctamente al castellano como desafinado instrumento corazón. Pero claro, ese desafinado es un desacordado, un descordado instrumento corazón que es casi una redundancia y en italiano, además, cordato no solamente quiere decir desafinado o desacordado, quiere decir también olvidado. Y podemos decir olvidado instrumento corazón. Si recordamos con el corazón. Olvidar el corazón es olvidar por completo el órgano de la memoria. Y creo que vivimos en una sociedad en la que, de alguna manera hay una pérdida de la memoria, en una doble dirección, en creciente y racionalidad que se traduce en bisteralidad. Pero la visceralidad no es cordialidad. Y lo que hay que recordar, lo que hay que recuperar como fuente básica de memoria son todos sus juegos de asonancias, consonancias y resonancias de los que hemos hablado en otras ocasiones. Claro sí, recordar con el corazón me está pareciendo una imagen muy hermosa y en realidad es así. Las cosas que recordamos con más lucidez, con más vividez, son las que hemos sentido profundamente con el corazón. Lo que siente el elefante profundamente es miedo a los humanos por razones obvias, como antes decías, pero también y eso es muy llamativo a los animales pequeños. Sí, hay otro mito, que es el miedo de los ratones. Parece que no parece que incluso hay elefantes que han cuidado en cautiverio a antones a los que han proporcionado alimento, pero sí que es verdad que los que les producen a los elefantes, los animales pequeños, sorpresa más que miedo. No el mito este del clinio, el viejo de los ratones que se metían por la trompa del elefante, pues no tiene ninguna ningún fundamento, porque aún a un elefante le bastaría con soplar para que el ratón no saliera disparado como de una cerbatana. Pero es verdad que hay toda una serie de fábulas y de cuentecitos de la relación entre los elefantes y los animales pequeños. Está del ratón que no tiene fundamento, pero que bueno al menos no recuerda que los elefantes, que tienen mucha memoria y mucha inteligencia, ven mal y los animales entre las piernas, que se mueven pequeños porque les producen sobresalto. Pero no encuento que a mí me gusta mucho y es un cuentecito en este caso chino, que es el de un elefante y un Colibríva un elefante por un camino y de pronto se encuentra un colibrí que es el animal, el pájaro más pequeño de la naturaleza, que está tumbado sobre su espalda y levantando las dos patitas hacia el cielo. El elefante está a punto de pisarlo, se detiene, lo ve, se percata de su existencia y le pregunta extrañado que qué hace allí. Y entonces el colibrí le dice que le han llegado noticias de que el cielo se va a caer sobre la cabeza, que el mundo va a derrumbarse y que él ha adoptado esa postura para para parar el golpe. Y entonces el elefante, obviamente, se echa a reír y dice pero cómo tú, criatura insignificante y débil, crees que puedes parar el golpe del mundo. Cuando caiga sobre nuestras cabezas, le dice no. O sea, no soy tan tan tonto como crees elefante. Pero pensado que otros animales más grandes como tú, al verme le darían esta pregunta y se pondrían aquí a mi lado a ayudar a sostener el mundo. Entonces creo que es una bonita fábula que también nos recuerda hasta qué punto los pequeños y los grandes, pues debemos todos los momentos y frente a toda clase de adversarios y enemigos, pues ponernos de acuerdo para sostener el mundo entre todos. Sí, me parece preciso el el cuento y, además, la imagen de un elefante tan gigante y un colibrita pequeño echado sobre la espalda, sosteniendo el mundo que se viene sobre ellos exactamente. Y bueno, pues creo que luego nos queda sobre los elefantes. Repasar una una dos cosas, una canción y una y una expresión que yo querría unir fíjate. La canción no sé si sigue cantando. Los niños la cantan todavía, pero supongo que sí, que está de un elefante. Se balanceaba sobre la tela de una araña. Exactamente no, y como no sé cómo vieron que no se caía, fueron a buscar otro elefante. Yo no sé si tú recuerdas que en aquellas noticias inventadas que yo leía en carne cruz hace años, sí, sí, pues no sé si leí esta porque pertenecía a una a una producción anterior o no, pero yo aplado la noticia era cinco elefantes, una noticia como urgencia. Cinco elefantes se balancean en la tela de una araña. Y la noticia era que, como no se caía, había llamado un sexto, a un séptimo, a un octavo, a un noveno, a un décimo. Habían llamado a miles y miles y miles y miles de elefantes y nunca se caía. Y la pregunta era cuántos elefantes más aguantará. Y había hay un tipo que, curiosamente, esa piedaba Halle, aunque yo lo llamé denceslao de la Universidad de Chicago, que mientras ayudaba a montar a otro enorme elefante blanco africano, pues descartaba que hubiera ningún peligro diciendo que la única manera de saber cuántos elefantes soporta una tela de araña es añadir uno tras otro hasta que se venga abajo y decía ya es demasiado tarde para dejar el experimento. Eso decía este buen hombre. No, y cuando el periodista le preguntaba pero bueno, y qué ocurrirá si se viene abajo con un millón de elefantes, entonces este tal halle respondía bueno. Esa es una posibilidad que solo los derrotistas agoreros contemplan entonces. Claro, esto me lleva a relacionar la canción del elefante en su hotel adran con la expresión un elefante en una cacharrería. Ah sí, la recuerdas claro, claro ha centrado como un elefante en una cacharrería. Exactamente has entrado en un orifante en una cacharrería. Entonces, creo que estamos en ese momento en el que pobres elegantes vamos a decir que nadie que nos han metido por pomera voluntad, pero que estamos metiendo muchos elefantes en distintas cacharrerías. Yo comparaba en algún artículo España, esa España difícil que había ganado las elecciones, compleja, contradictoria, llena de bichos raros, con un tinglado muy frágil. Y creo que nuestra derecha, pues es un elefante. Es un elefante en una cacharrería, pero creo que también fíjate de algún modo. El ser humano en la naturaleza. Es un elefante en una cacharrería. La naturaleza, pues podemos imaginarla, aunque no sea cierto, aunque es verdad que la naturaleza sobrevivirá al ser humano, aunque sean formas bacterianas, pero es verdad que imaginamos la naturaleza, La podemos imaginar como una frágil tela de araña cada vez cada vez cada vez más. Y entonces creo que es importante no meter más elefantes en la cacharrería y no preguntarnos una y otra vez cuántos elefantes más admitirá o cómo podremos añadir un elefante que, el lugar de sumar a los otros elefantes de alguna manera, los neutralicen o los conjure por v por la vía tecnológica. Entonces esto de que frente a la naturaleza fíjate leí hace poco un libro muy interesante de piedra do que se llama el Velo de Isis que sobre el concepto de la naturaleza a lo largo de la historia de la filosofía, y hablaba de estas dos actitudes frente a la naturaleza, la actitud que él llama prometeica de la que hemos hablado en otros derroteros y lo que él llama la actitud órfica, que sería más bien la contemplativa, la estética, la poética o la desinteresada. Y yo pensaba hablando del elefante humano en la cacharrería de la naturaleza y recordando, por ejemplo, la película Openheimer y el programa Este Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica. Pues pues, recordaba hasta qué punto es dif difícil sustraerse a la condición de elefante en una cacharrería, Porque, naturalmente, la actitud digamos, prometeca tiene consecuencias que todos lo hemos visto asociadas a eso que se llama progreso, que nos ha llevado a olvidar que no podemos desarrollar las fuerzas destructivas sin desarrollar también las fuerzas productivas, sin desarrollar también las fuerzas destructivas. Pero también digamos que la actitud desinteresada acaba siendo muy funcional a la visión prometérica. Quiero decir si tú piensas en Openheimer y en todos los científicos, los físicos que acabaron de alguna manera facilitando la fabricación de la bomba atómica, no se acercaron por razones políticas, sino por razones totalmente desinteresadas, por este placer del descubrimiento, de ir más allá de entender algo que no entendían sin darse cuenta de que ese placer del conocimiento, y esto es una contradicción a la que nos tenemos que enfrentar en un mundo como este en un contexto prometeico, pues puede ser muy muy funcional a los prometeicos. Y no hay que meter elefantes en cacharrerías, pero si hay que meterse en la piel de los elefantes para caminar y vivir al ritmo de la naturaleza, es la lentitud de la que tantas veces nos hablas exactamente, porque el efecto elefante es lento y me acuerdo además, Mira estaba acordándome de una conversación que tuviera hace años nos encontramos por la calle. Por casualidad fuimos a tomarnos un café con amador Fernández Sabater y hablábamos esto, hablábamos de la lentitud. Y entonces él, cuando al despedirme dijo te voy a mandar un poema y demandó un poema de th Lawrence, el autor del amante de la y de Chatterlin, de que recobrás. Si pasado y quiero un poema. Se llama el apareamiento del elefante y entonces es que es muy bonito ver interesante. Lo voy a leer, así como para cagar Bendice el elefante, ese enorme y viejo animal es lento para parearse. Encuentra una hembra y ninguno parece apurarse. Ambos saben esperar que la simpatía lenta muy lentamente en sus tímidos y vastos corazones. Se asiente mientras en las riberas vagabundean y beben y se apacientan y huyen en pánico entre las malezas de la selva por la manada y duermen en vasivo silencio y despiertan juntos sin una sola palabra. Así, lentamente, los ardientes corazones inmensos de los elefantes se llenan de deseo y por fin, las grandes bestias se aparean en secreto ocultando su juego. Son las bestias más sabias y las más viejas, así que saben perfectamente esperar la más solitaria de las fiestas, el generoso banquete. No desgarran, no arrebatan, no la ceran. Su sangre inmensa se mueve con las mareas cada vez más cerca hasta que desborda y se aprendamos de los elefantes a ir despacio. Claro que sí, pues así despacio. Lentamente nos vamos a ir tú y yo alejando paso a paso como dos elefantes, barritando barritazo suavemente, irritando suavemente, nos vamos perdiendo