Latest / El Mural del Alma / Episodio 68 - Dios y Handel
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- Amigos, Qué bueno que estén aquí disfrutando de todo el vasto contenido que tiene la tecnología, no que tiene YouTube, que tienen las plataformas de podcast y ustedes estén aquí se toparon con ese contenido. Yo les doy la bienvenida a esto que se llama el mural del alma. Soy su anfitrión. Mi nombre David Fernando Guera. Y para los que no tienen quizás el conocimiento de este podcast, les quiero contar que desde el año dos mil diecinueve estamos haciendo este contenido y bueno invitarlos para que sean parte de él conectados con nosotros a través de todas las plataformas de podcast y en este primer episodio en video, lo que se llama video podcast. Entonces, para contarles a todos esta dinámica del video podcast, la vamos a emitir una vez al mes, pero cada semana, pues obviamente, los audios no ya saben que estamos en YouTube, en este canal donde me están viendo en este momento, donde no se encuentran como el mural del alma. También estamos en las diversas plataformas de podcast, como Deezer, Outble, Spotify, Apple MUW, Apple Podcast, Google Podcast, en igh Heard, todas estas plataformas y también en Facebook. Estamos también como el mural del alma. Me había presentado por si eras moscas eh mi nombre David Fernando Guera. Bienvenidos a un episodio más. Este sería sesenta y ocho, algo así de nuestros episodios dos temporadas, pero este es el primero que lo logramos a través de el audio, no solamente, sino también del video. Así que, familia, vamos a reflexionar juntos, reflexiones con estilo propio, reflexiones de la vida, reflexiones de principios y valores y como lo dije en un episodio anterior del mundo, del mural del alma. Nunca voy a dejar de hablar de Dios en cada una de estas reflexiones, pero no para que, como que ay Dios, no pretendo y es mi esfuerzo de cada día presentarle a Dios de una forma diferente, no tradicional. Así que les invito para que me acompañen en este viaje y en esta reflexión del día de la fecha. Bueno, una reflexión de esas que son súper interesantes. Quiero compartir el día de hoy con ustedes en el mural del alma. Bueno. Quién no conoce esa pieza clásica llamada El mesías, esa esa canción o esa instrumental de música clásica de George Friedrich Hendel. Espero decirlo bien no soy tan experto en alemán. Yo no soy experto en alemán. No es mucho de mí, pero voy a contarles la historia detrás de esa gran canción llamada El mesías. Búsquela en YouTube en Spotify, porque por derechos de autor, no le puedo reproducir ni siquiera un extracto de esta pieza clásica. La lectura de la Biblia durante veinte días, mientras que componía la música para el oratorio El Mesías, produjo un cambio de vida en George Friedrich Handel, el gran compositor, había llegado a un fatal momento de su vida, cuando todo le parecía inútil. Ya nadie se complacía en escuchar sus composiciones musicales. La inspiración había huído de él y estaba digámoslo así en bancarrota. Una noche profundamente desanimado, regresó a su casa, obsesionado por una sola idea descansar, dormir n s olvidarlo. Todo, subió con lentitud las gradas de su humilde estudio mecánicamente, encendió las velas sobre su mesa de trabajo y, enseguida frunció el ceño qué contendría aquel paquete que descansaba sobre el escritorio lo abrió y al ver la palabra oratorio lo tiró a un lado. Quién se estaba burlando de él. Todos sus últimos esfuerzos en componer oratorios habían fracasado. Rompió en mil pedazos la carta, pisoteó con cólera el suelo y luego cayó sobre su cama deseoso de dormir, pero el insomnio se apoderó de él. Una tempestad agitaba su pecho. Al fin se levantó, encendió nuevamente las velas y llevó el manuscrito hacia la luz. Leyó el tio el mesías y enseguida las palabras consolaos, consolaos. Éstas le llamaron la atención. Era el maravilloso principio de la poesía y a la vez un desafío celestial al ánimo apagado del compositor. Apenas había leído las primeras palabras cuando éstas empezaron a traducirse en un lenguaje musical que dilataba, elevándose triunfalmente hacia el cielo. Una vez más, hendel oyó tonos musicales. Después de una larga sequía de inspiración con los dedos temblorosos, pasaban las páginas. Se sentía llamado a elevar su voz con gran fuerza en un numeroso coro, ya oía vibrar los instrumentos al soplo poderoso de las tubas. Sostenido por los acordes fulminantes del órgano, desapareció el cansancio fue bañado en un mar de tonos musicales que corrían como olas sobre su alma. Agitando la inspiración dormida, tomó su biblia y empezó a leer las profecías del mesías prometido su advenimiento. En fin, su ascensión al padre. El fuego divino ardía nuevamente en su ser Las lágrimas inundaban sus ojos. Tomando la pluma, comenzó a traducir sobre el pentagrama, lo que resonaba en su mente y su corazón. Sus dedos corrían incansablemente y de pronto se vieron las hojas de papel cubiertas de extraños signos musicales. La ciudad dormía bajo el manto de una densa oscuridad, pero el espíritu de Handell estaba iluminado por una luz celestial y su cuarto vibraba de música. Día y noche. Estuvo entregado a su tarea y vi vi vi VI vi nda y respirando una atmósfera de ritmo y tono. Cuanto más se acercaba el fin de su composición con mayor violencia le azotaba el temporal de esta furiosa inspiración, ya pulsaba a las cuerdas del clavicordio, ya cantaba, ya escribía con ligereza hasta agotar la fuerza de sus dedos. Nunca antes había vivido una similar batalla musical que daba solo una palabra para ser ungida de la iluminación. El amén de dos sílabas, Pero esas dos sílabas debían ser construidas sobre un monumento que alcanzara los cielos. El compositor dilató la primera sílaba hasta sentir que llenaba no solamente una catedral, sino también la misma cúpula del cielo. Al fin, después de veinticuatro días, un milagro en el mundo de la música, fue terminado el oratorio, la pluma cayó al suelo y hendel durmió por diecisiete horas a levantarse, se sentó al clavicordio y tocó con desbordante alegría. La última parte de el Mesías. Una vez que hubo terminado, un amigo le dijo nunca en mi vida he escuchado cosa parecida Hendel con la cabeza inclinada. Respondió Dios. Me ha visitado, amigos, qué cosa tan impresionante. Y yo nunca conocí a la historia del Mesías de Hendel, una de sus melodías más famosas que bueno tiene como ese corte casi tétrico, pero que con todo y eso es uff como que uno se siente en una atmósfera UFFF como que uff Dios estoy como en otro planeta, como como qué pasa aquí. O sea impresionante, es una de las melodías más conocidas de este compositor alemán, George Hendrid Hendel. Y ahí está la historia detrás de esta gran pieza de música clásica. Pero hay un detalle que yo quiero compartir con ustedes aquí en el mural del alma, en este episodio y tiene que ver precisamente con las cosas que nos pasan, las cosas que pasan en la vida, las cosas que nos suceden en la vida. Cuántas de las veces estamos angustiados, atribulados, desesperados, pero necesitamos una intervención sobrenatural, algo o alguien que nos venga a confortar, porque no podemos más, no aguantamos más Hendel, sin buscar fervorosamente, porque seamos honestos. Según lo que leí en esta reflexión, Hendel, nada que ver con Dios. Estaba desesperado sus composiciones. Ya podríamos decirlo en términos más modernos, ya no rankeaban a nadie le gusta, no tenía inspiración. Cuántas de las veces usted y yo pensamos en algún momento la vida ya no tiene sabor. Para mí, la vida ya no tiene sentido Para mí ya estoy cansado de vivir la rutina, ya estoy cansado de hacer todos los días lo mismo. Mi vida no tiene razón de ser. Tal vez, en un momento del pasado sí lo tenía, tal vez, en un momento x sí tenía sentido, pero ahora siento que no hay motivos para vivir. Algunos dirán siento que esto ya no tiene ni pies ni cabeza. Pero es ahí como en el caso de Hendel, se encuentra con algo que le da la chispa a esa inspiración, un oratorio, su biblia y un encuentro con Dios que se suscitó usando la música como una herramienta. Sabe Dios quiere encontrarse con todos y cada uno de nosotros. Lo que pasa es que o nos escondemos o no queremos saber nada de Dios por la razón que sea, no sé. No quiero ahondar tampoco en posibles sucesos que desencadenen eso. Pero creo que si alguien se identifica conmigo en esto, sabe de qu él estoy hablando. Pero como quiera, y eso es lo que quiero compartirle a esta hora. Dios no se encuentra. Dios nos encuentra de qué lo hace. Lo hace en no escatima absolutamente nada, ni maneras ni formas. No. Él busca siempre la manera y él no va a descansar. Esa es la noticia. Él no va a der es cansar hasta encontraros cómo lo hizo con Hedel, su conexión, con el cielo con Dios fue a través de la música y de ahí salió una pieza que todos conocemos que automáticamente la escuchamos y ya es identificable. Qué espera usted, qué espero yo para tener el encuentro con el creador el libro de Apocalipsis en la vila en el capítulo tres verso veinte. Jesús dice yo estoy a la puerta y llamo si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él y él conmigo. O sea, cuando alguien atiende el llamado de Dios, él se vuelve nuestro amigo. Cuando uno cena con alguien es porque hay una relación de intimidad muy interesante, una relación de amistad entrañable o, en el caso de los que somos casados, una relación de él matrimonio muy fuerte, muy solia. A eso se refiere con los términos. Entraré a él, cenaré con él y él conmigo. Jesús quiere ser nuestro mejor amigo. Lo que pasa es que el orgullo a veces no nos deja, no nos deja abrirle la puerta a Dios para que entre en nuestra vida y en nuestro corazón. Entonces, para terminar esta reflexión, les quiero decir algo. Dónde está Dios. La gente se pregunta, pero es que dónde está Dios. Que yo lo busco, yo le oro le rezo como quieran llamar, pero no me escuchas. Yo siento como que no me oye. Yo siento como que me desamparo. Yo siento como que me dejó. Y muchas personas están llenas de rabia con Dios. No es casualidad que me estén viendo y escuchando y yo entiendo. Yo entiendo sentir eso porque uno ese m dónde estabas Dios. Cuando más te necesité Dios siempre está. Lo que pasa es que no nos acercamos con la suficiente confianza como para pedirle a él. Y la buena noticia. Otra buena noticia que les comparto es que él está para todos. No hay que hacer protocolos, no hay que sacar citas por teléfono, como decir buenas hágame un favor. Yo necesito a Dios a qué horas lo encuentro, a qué horas tiene tiempo, a qué hora tiene disponibilidad. Él está veinticuatro siete. Él está veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año, todo el tiempo. Él dijo clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Eso está en jeremías. Capítulo treinta y tres, verso tres. Él está para todos. Dejemos ese miedo o quizás esa pena o quizás ese orgullo, y corramos como el niño corre a los brazos de su papá, podamos nosotros correr a los brazos del Seño. Señor A los brazos de Dios, sabiendo que él está presto para todos y cada uno de nosotros. Bueno gente, hasta aquí la reflexión del día de hoy. Gracias por verme o escucharme Según la plataforma donde están, recuerden que los video podcasts los vamos a estar emitiendo una vez al mes, pero los audios se van a mantener, como hemos venido manejando siempre. Cada semana ustedes van a tener la oportunidad de escuchar los episodios del mural del alma dos temporadas, Así que si usted no escucha alguno de los episodios anteriores, les recomiendo a que lo haga y que, bueno, por qué no pegarse una maratón del mural del alma para que juntos podamos reflexionar de la vida, de las cosas y de Dios. Mi nombre David Fernando y Guera. Gracias por acompañarme nos encontramos en el próximo episodio para seguir escribiendo juntos aquí, en el mural del Almachacha, Chacha chi