Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / El Demonio Sin Piel Se Llevó A Mis Amigos ( Recopilación De Halloween #1 ) - Voces De La Noche
Transcript
- Familia También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos. Cuando tenía once años, experimenté un suceso inolvidable y aterrador en Halloween. Aquella fue una noche que nunca olvidaré. Mi nombre es Jorge y mi familia era extremadamente religiosa. Aquella era la razón por la que celebrar Halloween estaba estrictamente prohibido en nuestra casa, ya que mis padres creían que era una festividad relacionada con el mal. Sin embargo, como niño, tenía un deseo inquebrantable de salir a pedir dulces con mis amigos. Siempre pedía permiso, pero la respuesta era siempre un rotundo no. Pero aquel año algo cambió en mí. Con la noche de Brujas acerca de ons mis amigos insistían en que me uniera a ellos. Me dijeron que me esperarían al final de la calle de nuestro vecindario y decidí que esa vez no necesitaba el permiso de mis padres. Sabía que, como de costumbre, mi iglesia realizaría una misa para evitar la celebración de Halloween y mis padres asistirían. Fingí sentirme un poco mal antes de la misa y después de algunas dudas, mis padres finalmente decidieron dejarme en casa sólo para que descansara. En cuanto cruzaron la puerta, puse en marcha mi plan. Quería un disfraz, pero los materiales en casa eran escasos. Tomé una sábana vieja y la agujereé para que pareciera un fantasma. Mis amigos se burlaron de mi disfraz, pero yo estaba decidido a unirme a ellos. Vestían disfraces geniales. Uno era un villano de películas de terror con un guante de cuchillas que parecían reales y el otro llevaba una máscara de jocke y genuina que parecía aterradora. Juntos fuimos a pedir dulces y por un par de horas, todo fue grandioso. Sin embargo, la noche comenzó a tornarse inquietante cuando Juan, el amigo que solía meternos en problemas y que, de hecho, mis padres me tenían prohibido juntarme con él, sugirió que fuéramos a explorar la famosa casa embrujada. La historia que rodeaba a esa casa era espeluznante. Los trabajadores que intentaron terminarlas sufrían misteriosos accidentes mortales, lo que llevó a la creencia de que la casa estaba maldita. No sabía si debía unirme a ellos, pero mis padres aún no habían regresado y quería que la noche fuera inolvidable. Así que acepté la propuesta. Caminamos por las oscuras calles guiados únicamente por la luz de nuestras linternas y nuestros disfraces. Finalmente llegamos a la casa embrujada. Su apariencia era aterradora. A pesar de estar en construcción, la estructura estaba en un estado de obra negra perpetua. Las las, las pocas ventanas estaban rotas, las tablas sueltas colgaban de las paredes y el viento soplaba con un aullido escalofriante. Mientras caminábamos a la puerta, recuerdo rezar para que estuviera cerrara, para que no pudiéramos entrar, pero para mi mala suerte, sólo bastó un empujón para tener acceso. Nuestros pasos resonaban en el interior de la casa. Mientras avanzábamos con cautela, el polvo y la oscuridad se cerraron sobre nosotros. Haciéndonos sentir como si estuviéramos adentrándonos en un lugar prohibido. Poco a poco nos aventuramos más profundo en la casa y los chillidos del viento se mezclaban con nuestros susurros nerviosos. A medida que explorábamos la casa embrujada, descubrimos que su interior era aún más inquietante que su exterior. Las paredes estaban cubiertas de extrañas pinturas y grafitis, todos ellos relacionados con símbolos oscuros y perturbadores. El suelo crujió bajo nuestros pies, creando unas sensa nda de que la casa estaba viva y respiraba por sí misma. Los pasillos estaban llenos de puertas que parecían conducir a habitaciones interminables. Cada vez que abríamos una de esas puertas, sólo encontrábamos más obscuridad y abandono. La atmósfera en la casa se volvía cada vez más opresiva y la sensación de que no estábamos solo se hacía más intensa. De repente escuchamos un ruido que venía del segundo piso. Nuestros corazones se aceleraron y las linternas iluminaron el pasillo, pero no pudimos ver nada. Juan, siempre, el más osado, se adelantó para investigar y los demás los seguimos a regañadientes. Nuestros corazones latían con fuerza mientras explorábamos la casa embrujada. Al subir al segundo piso, un estruendo ensordecedo hizo que todos nos detuviéramos en seco. Miramos directamente a una de las habitaciones temerosos de lo que pudiéramos encontrar. La tensión era palpable en el a y nuestros ojos se enfocaron en el rincón oscuro de la habitación. Sin embargo, en lugar de una aparición terrorífica, lo que vimos fue un gato negro que corría asustado, provocando el estruendo al derribar algunos objetos. El felino se deslizó entre nosotros y se perdió en la oscuridad de la casa. Aquella experiencia nos hizo reír nerviosamente, liberando parte de la tensión que habíamos acumulado. Todos deseábamos mostrarnos valientes ante los demás. Aunque el susto del gato nos hizo reír, no pudimos evitar sentir que la casa ocultaba secretos más oscuros y perturbadores. Continuamos explorando con precaución, recorriendo pasillos que parecían sin fin y abriendo puertas que revelaban habitaciones vacías y polvorientas, a medida que avanzábamos notamos que las pinturas en las paredes se volvían más grotescas y perturbadoras. Los símbolos oscuros parecían cobrar vida ante nuestros ojos, como como las si estuvieran trazados con sangre fresca en lugar de pintura. La opresiva atmósfera de la casa parecía intensificarse como si las sombras y susurros se cerraran a nuestro alrededor. Aún así, ninguno quería aceptar su propio miedo, por lo que decidimos seguir explorando la casa. No había mucho que ver, aparte de algunos grafitis en las paredes inmateriales de construcción abandonados. En un momento nos quedamos en la habitación, la cual olía menos a humedad. Mis amigos encendieron una pequeña fogata y comenzamos a contar historias de terror. Para aquel punto me la estaba pasando genuinamente bien, miré mi reloj y me di cuenta de que no faltaba mucho para que la misa en mi iglesia terminara y pronto tendría que volver a casa. Sin embargo, Juan propuso que aún teníamos tiempo suficiente para una historia más, y esa historia era la de la misma casa en la que nos encontrábamos. Juan afirmó que su hermano le había contado una historia aterradora sobre la casa. Aunque Juan no era precisamente un gran narrador, finalmente se centró en el relato. Su hermano le había dicho que esta casa era especial porque albergaba la entrada al infierno. Según él, por los pasillos de la casa se paseaba un demonio con sus órganos expuestos, una figura grotesca y aterradora que causaba pesadillas en cualquiera que se atreviera a entrar la historia de Juan me asustó profundamente. Aunque había escuchado muchas historias sobre la casa embrujada, nunca había oído nada parecido. Mi mente comenzó a imaginarse aquel ser. Cada pensamiento era más horrible que el otro. Traté de ocultar mi miedo diciendo que era hora de volver a casa o mis padres me descubrirían. Marcelo, nuestro tercer amigo, estuvo de acuerdo y manifestó que era hora de marcharse. Juan un tanto molesto por abandonar la historia inacabada. Finalmente se dio y no siguió. Mientras Srs. Descendíamos las escaleras para salir de la casa, pero para nuestra sorpresa, las escaleras parecían no tener fin. Seguimos descendiendo durante lo que pareció una eternidad, pero la parte inferior no llegaba Nunca. Comenzamos a sentirnos atrapados en una pesadilla surrealista. La ansiedad nos invadió. Mientras nos dábamos cuenta de que no podíamos encontrar una salida, no importaba cuánto caminábamos. Las escaleras descendían sin cesar. Mientras continuábamos descendiendo por las interminables escaleras. La ansiedad y el miedo se apoderaron de nosotros. Las linternas comenzaron a parpadear y fallar y la obscuridad se cerró a nuestro alrededor, convirtiéndonos en empresas de la opresiva atmósfera de la casa embrujada. Nuestra desesperación creció a medida que continuamos descendiendo por las escaleras interminables. Ahora, en medio de la oscuridad, las paredes se cerraban a nuestro alrededor como si la casa misma intentaba para atraparnos en su oscuro abrazo. Cada paso que dábamos parecía llevarnos más profundamente en la pesadilla de esa casa embrujada. El ambiente se volvió más opresivo a medida que avanzábamos y nuestras linternas comenzaron a parpadear. Las paredes de la escalera parecían moverse y el sonido de susurros incomprensibles llenó el aire. Mientras avanzábamos, nuestras voces se llenaron de inquietud y nuestras risas nerviosas se transformaron en murmullos de temor. Estábamos asustados y sin saber qué hacer A continuación. Juan, el líder de nuestro pequeño grupo, propuso volver a subir. Después de todo, al mirar hacia arriba, podíamos ver el segundo piso de la casa y tal vez podríamos encontrar una manera de escapar. Desde ahí. La idea de Juan parecía ser nuestra única opción, así que nos dispusimos a regresar por donde habíamos venido. Sin embargo, mientras ascendíamos las escaleras, nuestras linternas iluminaban cada vez mes y el pánico comenzó a apoderarse de nosotros. Nos sentíamos atrapados en un laberinto de pesadillas, sin saber si realmente encontraríamos una salida. Las linternas titilaban y a medida que subíamos, la obscuridad parecía cerrarse sobre nosotros. Las paredes crujían y se retorcían como si la casa misma respondiera a nuestra presencia. Los murmullos incomprensibles se intensificaban y un frío glacial nos envolvía, haciéndonos sentir que estábamos subiendo hacia lo desconocido. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, llegamos de vuelta al segundo piso. Pero para nuestra sorpresa. No nos encontramos en una parte familiar de la casa. Las paredes estaban cubiertas con pinturas aún más grotescas y las puertas que se extendían frente a nosotros eran como portales a lo desconocido. El aire era espeso, con un olor extraño y nauseabundo que nos hacía sentir mareados. A medida que caminábamos por el oscuro pasillo, todos intentábamos recordar donde había una ventana con un árbol afuera. Recordábamos haberla visto, pero en ese momento la ventana parecía haber desaparecido. La desesperación creció a medida que avanzábamos a tientas en la oscuridad. Finalmente, las linternas se apagaron por completo, sumiéndonos en la negrura total. Golpeé mi linterna un par de veces con cierta desesperación, hasta que finalmente mi linterna se encendió, dejándome ver con horror que me encontraba completamente solo. Estaba solo en ese oscuro y extraño pasillo del segundo piso. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. No podía escuchar las voces de mis amigos ni siquiera sentir su presencia. Era como si simplemente se hubieran evaporado. La sensación de que la casa misma había conspirado para separarnos. Me envolvía en las sombras. Mis pasos resonaban en la ora oscuridad y la tensión en el aire era insoportable. Intenté mantener la calma, recordando que la ventana con un árbol afuera podría ser mi única salida. Avancé con mi escasa luz tratando de mantener mi coraje. A pesar de la creciente sensación de inquietud. El pasillo parecía sin fin y cada paso que daba sólo profundizaba la sensación de aislamiento y desesperación. No podía dejar de pensar en mis amigos Juan y Marcelo y en cómo podríamos haber terminado separados de esa manera. En medio de la casa embrujada. A medida que avanzaba, los murmullos oscuros parecían intensificarse y los símbolos grotescos en las paredes comenzaron a tomar formas más aterradoras. Las sombras parecían moverse a mi alrededor y un frío glacial se infiltraba en mi piel. Mientras caminaba, noté que las pinturas en las paredes parecían cobrar vida, como si los símbolos oscuros se movieran y susurraran secretos ocultos. Los pasillos parecían estirarse infinitamente en todas direcciones y las habitaciones que se abrían parecían retorcerse y cambiar como si estuviera atrapado en un laberinto retorcido. Mi corazón latía con fuerza mientras miraba a su alrededor. Mis amigos habían desaparecido en la oscuridad y la sensación de soledad era abrumadora. A pesar del miedo que sentía, sabía que debía encontrar una salida. Intenté volver sobre mis propios pasos, pensando que de esta forma volvería a encontrar a mis amigos, pero rápidamente me di cuenta de que el pasillo no tenía fin. Caminé durante lo que parecieron horas. Susurros incomprensibles llenaban el aire a mi alrededor y los símbolos en las paredes parecían moverse y cambiar. La atmósfera era opresiva y el temor me rodeaba. Mientras caminaba por el pasillo, escuché voces. Susurrantes a mi alrededor eran voces que hablaban en un idioma desconocido y no podía entender lo que decían. La tensión creció a medida que avanzaba y la sensación de ser observado me atormentaba. En medio de mi desesperación, comencé a correr. Ya no me importaba en qué dirección me dirigía. Sólo quería encontrar la salida o al menos a mis amigos. Mis pasos resonaban en los oscuros pasillos y el miedo seguía atormentando. Cada rincón de este extraño mundo parecía lleno de horrores inimaginables y yo era su prisionero involuntario. Corrí sin rumbo fijo en ese pasillo oscuro y desconocido. Mis pasos resonaban en el silencio opresivo que me rodeaba. El miedo se aferraba a mí y mi mente estaba llena de pensamientos aterradores. No sabía si estaba avanzando hacia la salida o si sólo me estaba adentrando más en la pesadilla de esta casa embrujada. Las voces, susurrantes continuaban llenando el aire y no podía comprender lo que decían. Eran como susurros inhumanos y el eco en los pasillos parecía multiplicarlos. La la la t sno ósfera en ese lugar era insoportable y cada vez me costaba más mantener la calma. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad de carrera desenfrenada, encontré otra puerta y esta vez estaba abierta de par en par y una tenue luz se filtraba desde el otro lado. No sabía si debía entrar o no, pero la alternativa de seguir en ese pasillo eterno era aún más aterradora. De repente, comencé a escuchar una voz, una voz que reconocí al instante, como la de mi amigo Juan. Decía que su linterna ya no encendía y que no podía ver nada en la oscuridad. Sus súplicas superaron mi miedo y le dije que esperara donde estaba. Comencé a seguir el origen de la voz, aunque a pesar de escucharla claramente no podía ver a Juan por ningún lado, mi linterna comenzó a parpadear y tintinear, lo que hizo que mi corazón latiera aún más rápido. Comencé a golpearla desesperadamente rezando para que no se apagara por complir, pero de repente escuché un estruendo proveniente de detrás de mí. Era como si un montón de tablas cayera al suelo y giré bruscamente para mirar. Para mi infortunio. Mi linterna se encendió en su máximo esplendor en ese momento y lo que reveló ante mis ojos me dejó sin aliento. Frente a mí estaba un hombre alto más alto de lo que jamás había visto. Sin embargo, lo que resultaba aún más aterrador que su estatura era su rostro o más bien la falta de él. El hombre tenía una sonrisa inhumanamente grotesca en lo que debería haber sido su rostro. Pero lo más aterrador de todo era que parecía no tener piel. Podía ver sus órganos internos, los cuales parecían podridos. Sin embargo, recuerdo verlos palpitar. La escena era impactante y aterradora y me quedé paralizado por el horror. El hombre sin piel se acercó lentamente con sus órganos visibles y esa sonrisa perturbadora que lo deformaba no r no no sabía cómo reaccionar. Estaba atrapado en un estado de choque detrás de él escuchaba los susurros incomprensibles que habían llenado la casa como si estuvieran en su voz, mi amigo Juan seguía gritando desde algún lugar detrás de esa horrenda figura. Intenté dar un paso atrás, pero mis piernas se sentían pesadas como plomo. El hombre sin piel se acercó más y un olor nauseabundo llenó el aire como el hedor de la muerte. Misma estaba paralizado por el terror, mientras el hombre sin piel se acercaba lentamente hacia mí. Su figura grotesca y desagradable, ocupaba todo mi campo de visión y esa sonrisa inhumana que deformaba su rostro parecía hipnotizarme. Los susurros incomprensibles que resonaban a mi alrededor me taladraban la mente y el miedo. Me tenía atrapado en un estado de choque las palabras de Juan seguían llegando desde algún lugar detrás de la pesadilla que tenía frente a mí, el hombre sin piel extendió una mano hacia mí. Sus dedos retorcidos parecían tener una extraña fuerza magnética que me atraía hacia él. Sentía que no podía resistirme, que estaba a punto de ser arrastrado por esa terrorífica criatura. Sin embargo, mi miedo me impulsó a actuar sin importar el peligro, me lancé hacia la ventana más cercana y salté sin importarme un poco que aún me encontraba en el segundo piso. Al impactar contra el suelo, perdí el conocimiento por un momento y cuando finalmente recuperé la conciencia, me encontraba en un hospital con el brazo enyesado debido a la caída, no parecía tener otras heridas notables, lo cual era un alivio. Los médicos y las enfermeras me preguntaron qué había sucedido y les conté mi versión de la historia. Sin embargo, sus miradas de incredulidad me hicieron sentir como si me consideraran delirante. Poco después, policías preguntaron mi versión de los hechos debido a que yo había sido el único que había logrado salir de él aquella casa maldita. El informe policial concluyó que todos nosotros habíamos sido atacados por un hombre en la casa y que, incapaz de procesar lo que había sucedido, había creado una historia ficticia en mi mente. Pero yo sabía que eso no era cierto. Sabía que lo que había experimentado en esa casa había sido realinada. Podría hacerme olvidar la grotesca imagen del hombre sin piel que me había acechado en la oscuridad. A pesar de que la vida continuó. Esa experiencia dejó una marca indeleble en mi alma nunca pude encontrar la explicación de lo que realmente sucedió en esa casa embrujada, ni si el hombre sin piel era una creación de mi mente o algo mucho más oscuro y aterrador. Por lo tanto, el terror seguía siendo parte de mi vida, una sombra que no podía escapar y la casa embrujada se quedó como un ominoso misterio en el corazón de nuestro vecindario. A lo largo de los años, Halloween se convirtió en una fecha que temía profundamente. Cada noche de Halloween, cuando las sombras caían y el viento susurraba, podía verlo desde la distancia. Ese hombre, con su sonrisa, macabra y sus órganos expuestos, me miraba desde la oscuridad y me saludaba como si supiera que yo recordaba lo que había visto. A pesar de que nadie más creía mi historia, yo sabía que la verdad estaba ahí, fuera acechando en las sombras de esa casa embrujada. La memoria de esa noche continuaba atormentándome y nada podría hacerme olvidar la realidad que había presenciado en ese mundo retorcido y aterrador. Aquella noche de Halloween, las nubes grises y la llovizna daban al pueblo un aire siniestro. Vivíamos en un lugar aislado del mundo, lejos de las grandes ciudades, donde las carreteras eran escasas y las distancias enormes. Mi mi el misterio y I la la intriga siempre habían envuelto a nuestro pequeño pueblo y Hallowin era la festividad más esperada de todas para mi amiga Lilly y yo. El gusto por lo paranormal nos había unido a ambas desde muy jóvenes y este año, a mis catorce años, Lilly y yo decidimos que sería especial. El destino elegido era el cerro, un lugar que desde hace generaciones había sido considerado maldito por todos los habitantes del pueblo, y la razón principal para elegir este lugar como nuestro destino en la noche de Halloween era la leyenda de la Bruja María, quien, según la tradición oral, había residido en ese cerro durante siglos. Las historias sobre la Bruja María habían sido transmitidas de generación en generación. Se decía que era una hechicera poderosa, capaz de lanzar conjuros malignos. También se decía lo clásico como que robaba niños y se le podía ver por las noches como una bola de fuego. Lo que sí era cierto era que algunas personas desaparecían de vez en cuando. Mis padres siempre me aseguraron que aquellas personas sólo se iban del pueblo y la gente contaba aquellas cosas sólo para asustar. Sin embargo, los más viejos del pueblo afirmaban haberla visto, pero sus relatos siempre eran demasiado vagos o demasiado increíbles. Lily y yo caminamos a través del oscuro sendero que conducía al cerro. Las hojas crujían bajo nuestros pies y el viento frío nos hacía estremecer. La emoción y el miedo se entrelazaban en mi interior, creando un nudo en el estómago que parecían no desenredarse nunca. A medida que ascendíamos por el empinado sendero, la espesura del bosque se cerraba a nuestro alrededor. Los árboles parecían susurrar secretos oscuros entre ellos y las sombras se retorcían como figuras misteriosas. Los susurros del viento se confundían con risas distantes y lamentos lastimeros, lo que nos hacía dudar de si eran sólo nuestros nervios o si el ser pero realmente estaba embrujado. Finalmente alcanzamos la cima del cerro, donde encontramos una pequeña esplanada rodeada de árboles retorcidos. Extendimos una manta en el suelo, encendimos algunas velas y lámparas de mano y desplegamos el tablero de la hija. La atmósfera estaba cargada de tensión y anticipación y una sensación de inquietud nos rodeaba. Lily miró el oscuro bosque que se extendía a nuestro alrededor y me preguntó con voz temblorosa si estaba segura de que debíamos continuar. Miré hacia el bosque, donde las sombras parecían cobrar vida propia, y mi corazón latió con fuerza. Sin embargo, intenté sonreír con valentía y le dije que debíamos hacerlo que no teníamos que creer en esas viejas historias de brujas y maldiciones. Nos sentamos alrededor del tablero de la huija y colocamos nuestros dedos sobre él, y el viento susurraba a través de los árboles como si los espíritus del bosque estuvieran hablando en voz baja. Comenzamos a hacer preguntas con un nerviosismo palpable en el aire. Durante un rato, el indicador no se movió y nuestras expectativas empezaron a flaquear. Pero entonces, lentamente, el indicador se deslizó hacia la s y luego la I. Nuestros corazones se aceleraron, el ambiente se volvió más opresivo y las velas parpadearon como si algo invisible pasara junto a ellas Lily y yo nos miramos con las manos aún en el tablero de la hija había un silencio tenso en el aire. Cuando la realidad de la situación comenzó a pesar sobre nosotros, Lily, con los ojos llenos de temor, miró hacia la oscuridad del bosque circundante. La llovizna seguía cayendo y la atmósfera se sentía más opresiva que nunca. Mientras manteníamos nuestras manos en el tablero de la huija, una ráfaga de viento siniestro barrió la esplanada, apagando todas las velas y sumiéndonos en una oscuridad absoluta. El bosque alrededor parecía cobrar vida. Susurros incomprensibles llenaban el aire y ramas retorcidas crujían como si algo se moviera entre ellas. Un frío helado se apoderó de nosotros. Mientras el tablero de la ouija comenzaba a moverse con una energía propia. El indicador se deslizaba rápidamente de un lado a otro, deletreando palabras que apenas podíamos comprender. Era como si la Bruja María estuviera tratando de comunicarse con nosotros desde el más allá. Lily temblaba de miedo y yo también sentía un escalofrío recorriendo mi espalda, pero no podíamos soltar el tablero. Estábamos atrapadas en un juego peligroso con fuerzas que no comprendíamos. Lilly tenía tanto miedo que quería soltar el tablero. Sin embargo, recordé las palabras de mi abuela. Ella nos había advertido que si alguna vez lográbamos hacer contacto con un espíritu a través de la huija, no debíamos simplemente irnos, ya que eso sería como dar permiso para que el espíritu cruzara al mundo de los vivos. En ese momento me di cuenta de que no podía permitir que Lidia abandonara la sesión. Debíamos terminar lo que habíamos comenzado. A pesar de su miedo, Lilia sintió con determinación y volvió a poner sus manos en el tablero. Juntas hicimos algunas preguntas tratando de obtener más información sobre la Bruja y su historia. Cada respuesta que recibíamos aumentaba nuestra inquietud. Finalmente, decidimos despedirnos con voz temblorosa. Le agradecimos a María por hablar con nosotras y le pedimos que regresara a su mundo. Sin embargo, sin importar cuántas veces lo dijéramos, la respuesta de la hija siempre era un rotundo. No. La tensión en el aire se volvió casi palpable. Fue en ese momento que una ráfaga de viento huyó a través del cerro, apagando las velas de un solo soplo. El tablero de la Ouija salió volando por rio por los aires y se estrelló contra un árbol cercano. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras la oscuridad se cerraba a nuestro alrededor. Entonces comenzamos a escuchar una risa malévola que resonaba en la oscuridad como un eco siniestro. Las sombras parecían cobrar vida propia y el bosque se llenó de susurros y suspiros inquietantes. Era como si el cerro mismo se hubiera despertado. Lili comenzó a gritar que debíamos irnos de ahí, al mismo tiempo que me jalaba del brazo con los ojos llenos de terror. Nos pusimos de pie de un salto alcancé a tomar una de las linternas, dejando atrás el tablero de la Ouija y las velas apagadas. Corrimos hacia el sendero que nos llevaría de regreso al pueblo con el corazón, latiéndonos con fuerza. Sin embargo, cuando llegamos al camino vimos algo que heló nuestra sangre. A unos cuantos metros de distancia, en medio de la oscuridad, se encontraba una anciana su n su n La figura estaba envuelta en sombras, pero podíamos ver claramente su rostro retorcido en una espantosa sonrisa. Sus ojos eran como dos puntos brillantes en la negrura, llenos de malicia y maldad. El miedo se apoderó de nosotras y nuestras piernas parecieron convertirse en gelatina. Sin embargo, no podíamos permitirnos quedarnos paralizadas. Agarré la mano de Lili y tiré de ella con todas mis fuerzas y juntas comenzamos a correr por el sendero alejándonos de la espeluznante figura que acechaba en la oscuridad, mientras corríamos desesperadamente por el cerro. La risa de la figura siniestra nos perseguía como si estuviera en todas partes. A la vez, las ramas de los árboles parecían alcanzarnos como garras, buscando atraparnos. Si las sombras se retorcían y se alargaban formando figuras aterradoras que nos acosaban, la lluvia seguía cayendo y el viento huyaba a nuestro alrededor. Mientras corríamos sin rumbo por el vino cerro, nunca habíamos sentido tanto miedo en nuestras vidas. Cada sombra, cada ruido nos hacía creer que la anciana estaba detrás de nosotros, persiguiéndonos con su sonrisa diabólica. El agotamiento físico y el miedo nos empujó a adentrarnos aún más entre la maleza del cerro, alejándonos cada vez más del trayecto que conocíamos. Nuestras piernas ya no podían correr y nuestros pulmones ardían con el esfuerzo. Sin embargo, el miedo que nos invadía superaba con creces cualquier dolor físico. Nos dimos cuenta de que estábamos completamente perdidas en medio de la oscuridad y la lluvia implacable. Lily temblaba de miedo mientras las lágrimas se mezclaban con la lluvia. En su rostro me miró con ojos llenos de angustia, buscando consuelo en mi expresión, respiré hondo y le aseguré que todo estaría bien, que encontraríamos el camino de regreso al pueblo. Sin embargo, en mi interior el temor n n n n n n n la a hacerse presente. Caminamos durante mucho tiempo avanzando sin rumbo fijo. Cada paso nos alejaba aún más de lo familiar y la obscuridad que nos rodeaba era abrumadora. Las sombras del bosque parecían moverse como si el cerro mismo se burlara de nuestra audacia. Las ramas retorcidas de los árboles nos observaban en silencio y los susurros del viento parecían ser risas burlonas. A medida que avanzábamos, el bosque se volvía aún más denso y siniestro. La luz de la linterna temblaba proyectando sombras inquietantes en los árboles retorcidos. Cada sonido, cada susurro, nos hacía saltar de miedo. Nos sentíamos como presas en medio de un mundo desconocido y hostil. Finalmente, en medio de la oscuridad surgió entre la maleza, una estructura extraña, hecha de carrizos y penca de maguey una especie de cabaña rudimentaria que no debería estar en medio de la nada. No había luz ni onda señales de vida, lo que resultaba aún más perturbador. La idea de encontrar una casa en semejante soledad era desconcertante. En sí misma, la lluvia no mostraba señales de ceder y el agotamiento nos llevó a tomar una decisión. Aunque no sabíamos quién vivía ahí o si alguien lo hacía, la cabaña parecía ofrecer refugio de la lluvia que nos empapaba hasta los huesos con temor palpable. Nos acercamos a la cabaña y empujamos con cuidado la puerta, que no tenía cerrojo ni traba. La obscuridad que nos envolvió al entrar era completa. No podíamos ver nada en el interior de la cabaña y el silencio era total. La atmósfera dentro de la cabaña era húmeda y cargada, como si el tiempo se hubiera detenido en ese lugar. Mi linterna iluminó débilmente el lugar, revelando una serie de objetos antiguos y polvorientos. Decidimos permanecer en la cabaña hasta que la lluvia terminara. Nos sentamos en el suelo temblando de la de la de frío y de miedo. A pesar de la extrañeza del lugar. Era un alivio tener un refugio de la tormenta. Sin embargo, el silencio de la cabaña era inquietante. No se oía ni el viento ni la lluvia, como si el mundo exterior hubiera desaparecido por completo mientras permanecíamos en la cabaña. La sensación de que algo no estaba bien se hizo más fuerte. Los objetos extraños en la cabaña parecían haber sido dejados ahí intencionadamente, como si alguien hubiera estado realizando rituales o conjuros en ese lugar. Olvidado por el tiempo, las velas, aunque polvorientas, parecían listas para ser encendidas de nuevo. Lily y yo nos miramos compartiendo nuestras preocupaciones en un silencio incómodo. En ese momento escuchamos un ruido tenue proveniente de la oscuridad. Fuera de la cabaña. Algo se movía entre los árboles, pero no podíamos ver qué era. La lluvia había disminuido un poco, lo que permido oír mejor. Decidimos apagar la linterna y quedarnos en la oscuridad, tratando de ser lo más silenciosas posible. La figura que se movía en el exterior parecía acercarse lentamente a la cabaña y el miedo se apoderaba de nosotras. Nuevamente en la penumbra podíamos sentir nuestros latidos como tambores acelerados. Horas pasaron en la penumbra de la cabaña y el agotamiento nos venció. Lily se acurrucó en mi hombro y cerró los ojos. Mientras yo me quedé mirando el fogón, observando las brasas moribundas. El tiempo parecía haberse detenido en ese lugar extraño y la inquietud no nos abandonaba. Un viento helado llenó la cabaña y un escalofrío recorrió mi espalda. Sentí como si alguien se encontrara detrás de mí, pero el temor me impedía girar la cabeza para ver quién. O que era la inquietud que había estado presente desde que entramos en esa extraña cabaña se intensificó y supe que algo estaba mal. De repente, un sonido siniestro comenzó a llenar la cabaña, una risa diabólica que se elevaba en el aire, retumbando en nuestras cabezas. El miedo que sentía se volvió insoportable y finalmente me decidí a actuar. Sacudí a Lily, quien estaba profundamente dormida y la llamé con urgencia. Lily se despertó sobresaltada, confusa y asustada. No le di ninguna explicación, sólo la agarré del brazo y la saqué. Casi a rastras de la cabaña, la lluvia seguía cayendo implacablemente empapándonos por completo, pero en ese momento eso era lo último que nos importaba. Corrimos lo más rápido posible, alejándonos de la cabaña y de aquel lugar aterrador. De pronto Lily se detuvo en seco, mirando hacia adelante con los ojos desorbitados, señalaba a lo lejos donde parecía haber una figura humana parada en medio del bosque. Gritamos pidiendo ayuda a todo pulmón, pero el hombre o lo que fue la parecía ignorarnos por completo. Decidimos acercarnos a la figura desesperadas por encontrar ayuda en medio de ese lugar extraño. Cuando llegamos más cerca, nos dimos cuenta de que no se trataba de un hombre en absoluto. Aquello era una especie de estatua, pero su aspecto era inquietante y estaba hecho completamente de madera, pero tenía rasgos extremadamente realistas, sobre todo en su rostro. La expresión en su rostro parecía congelada en un eterno estado de terror con los ojos desorbitados y la boca abierta en un grito mudo. Al iluminar más allá con nuestras linternas, nos dimos cuenta de que aquel hombre de madera no era el único. Había más y más figuras dispuestas en una especie de círculo alrededor de nosotros. Eran figuras humanas, niños, mujeres, hombres e incluso bebés. Cada uno de ellos estaba esculpido en madera, pero sus rasgos eran increíblemente r rens realistas y expresaban el mismo terror eterno que habíamos visto en el primer hombre. Nuestros gritos de horror llenaron el aire. Mientras contemplábamos la macabra escena, aquellas figuras de madera nos rodeaban como si estuvieran esperando en silencio. El viento soplaba entre los árboles, creando un susurro inquietante que parecía ser un eco de nuestras propias voces aterradas. El agotamiento físico y el miedo habían llegado a un punto crítico. No sabíamos cómo habíamos llegado a ese lugar o que era la extraña cabaña en medio de la nada. Todo lo que sabíamos era que necesitábamos encontrar una salida de ese oscuro y siniestro bosque. Corrimos lejos de las figuras de madera alejándonos de aquel lugar maldito. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia en nuestros rostros y el miedo nos impulsaba a seguir adelante. Sin embargo, el cerro parecía no tener fin y no sabíamos hacia dónde dirigirnos. Mientras corríamos a través de los cros puro y aparentemente interminable cerro, mi corazón latía con fuerza. La lluvia no daba tregua, empapándonos hasta los huesos y las figuras de madera que habíamos encontrado aún atormentaban mis pensamientos. La desesperación crecía a medida que avanzábamos sin rumbo y el bosque continuaba lanzando sombras y susurros inquietantes en nuestro camino. La noche parecía no tener fin y la oscuridad se cernía sobre nosotras, aumentando mi sensación de aislamiento. Cada ruido, cada movimiento de las sombras me hacía saltar de miedo. Lily y yo no sabíamos si estábamos siendo perseguidas, si las figuras de madera nos seguían o si algo más acechaba en la penumbra del bosque. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, encontramos un sendero que parecía llevar de regreso al pueblo. Seguimos corriendo sin mirar atrás, sin detenernos ni un segundo y la lluvia seguía cayendo. Pero eso ya no importaba. Cuando la luz del amanecer comenzó a iluminar el horizonte, llegamos al pueblo. Estábamos agotadas y empapadas hasta los huesos, pero estábamos a salvo. La gente del pueblo nos miraba con asombro y preocupación, pero no pudimos articular una palabra. Habíamos vivido una pesadilla que nadie podría comprender. La amistad entre Lily y yo nunca volvió a ser la misma. Después de nuestra aterradora experiencia en el cerro, a pesar de que compartíamos la memoria de lo que habíamos vivido, no podíamos hablar de ellos sin que el miedo y la inquietud nos invadieran. Una vez más, Nuestra relación se volvió distante como si algo se hubiera quebrado entre nosotras. Un par de años después, Lilly tuvo que irse del pueblo con sus padres. La partida de ésta dejó un vacío en mi vida, pero entendía que ella necesitaba alejarse de los recuerdos oscuros que compartíamos. Aunque nos prometimos mantener contacto, la distancia física hizo que que que nuestras conversaciones se volvieran cada vez menos frecuentes. Yo, por mi parte, decidí quedarme en el pueblo, decidida a advertir a cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar. Había aprendido una lección aterradora en aquel cerro maldito y no podía permitir que otros cayeran en el mismo error. Me convertí en una especie de guardiana silenciosa del cerro, advirtiendo a los curiosos y aventureros que se acercaban a sus oscuros secretos. Cada noche de Halloween. Intentaba siempre estar cerca del cerro para así impedir el paso a cualquiera que intentara comprobar la historia. Sabía que mi tarea era proteger a los demás del terror que habíamos experimentado y estaba dispuesta a hacerlo a cualquier costo. El cerro se convirtió en un lugar prohibido y maldito en el pueblo y las historias de la bruja y las figuras de madera se convirtieron en parte de la leyenda local. La gente evitaba acercarse a ese lugar y mis advertencias eran tomadas en serio. La sombra de aquel oscuro episodio seguía presente en mi vida, pero al menos podía usarlo para proteger a otros. A lo largo de los años, mi misión se convirtió en una especie de legado. Aquel cerro seguía siendo un lugar inexplorado y temido, pero yo estaba decidida a que así permaneciera. La amistad con Lily había quedado atrás y aunque nuestro vínculo se había quebrado el recuerdo de nuestra experiencia compartida. Seguía vivo en mi mente y mientras viva, nadie más se aventuraría en el cerro sin conocer la advertencia de aquellos que habían sobrevivido a la pesadilla. Cuando tenía diez años, mi madre y yo nos mudamos a una vecindad en un barrio de la Ciudad de México, el cual prefiero no mencionar el nombre, puesto que no me gustaría que algún incrédulo vaya ahí en busca de emociones fuertes. A veces es mejor que de r las cosas en el olvido. Mi madre y yo habíamos llegado a ese lugar hacia poco tiempo. Como madre soltera, siempre estaba buscando trabajos que apenas nos permitieran mantenernos a flote y las mudanzas eran una constante en nuestras vidas. Al principio, la idea de vivir en una vecindad no me emocionaba en absoluto. Habíamos tenido un pequeño departamento para nosotros solos fruto de uno de los trabajos temporales de mi madre y estar tan cerca de los vecinos no era algo que me atrajera. Sin embargo, en esta vecindad las cosas no parecían tan malas como en otros lugares donde habíamos vivido. Lo que realmente cambió mi perspectiva fue la amistad que forjé con un grupo de niños de la vecindad. A pesar del poco tiempo que llevaba en ese lugar, me acogieron con los brazos abiertos y pronto nos convertimos en amigos inseparables. Los días pasaban en compañía de risas y travesuras y me sentía afortunado de haber encontrado amigos tan cercanos. Recuerdo que llevábamos unos cuantos meses cuando los meses de octubre y noviembre llegaron y recordatorios del próximo Día de los Muertos comenzaron a aparecer. A mí siempre me habían apasionado estas festividades, incluso desde que era un niño pequeño. Mi fascinación por el terror, las películas de monstruos y las historias espeluznantes me había llevado a proponer una idea que emocionó a mis nuevos amigos celebrar el Día de los Muertos en grande. La idea era simple, pero al menos para mí era emocionante y era hacer una pequeña maratón de películas de terror en mi casa mientras mi madre estaba en el trabajo. Eso podría no ser tan emocionante para muchos. Sin embargo, había muchas películas que por nuestra edad no nos dejaban ver y ese día podríamos verlas sin que nadie nos molestara. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que que una tarde, a sólo tres días de nuestra anticipada reunión del Día de los Muertos, sucedió algo que cambiaría el rumbo de la historia. Mientras jugábamos en la calle, mi pie hizo contacto con la pelota y la envié volando en dirección a una casa vieja y destartalada que se encontraba al final del vecindario. El impacto fue tal que la pelota rompió una de las ventanas de la casa. En cualquier otra circunstancia, me habría asustado por haber hecho eso, Pero como era más que evidente que la casa estaba abandonada, era obvio que no tendría problemas ni reclamos. Así que en ese momento pensé que lo más lógico era entrar a aquella casa para recuperar la pelota. Sin embargo, cuando me propuse hacerlo, uno de mis nuevos amigos me agarró de la playera y me miró con ojos llenos de inquietud. Su voz temblorosa. Me advirtió que no debía, bajo ninguna circunstancia entrar a la casa de los niños Violetas y me quedé perplejo preguntándome a qué se refería. La casa, según yo sabía, estaba abandonada y no tenía ningún conocimiento previo de ninguna leyenda relacionada con los niños Violetas. Mi amigo, con una mirada de miedo, me preguntó si en serio no sabía quiénes eran los niños Violetas. Yo le dije que no, y mi respuesta pareció sorprender a todos mis amigos, Así que todos me dijeron que entráramos de nuevo a la Vecindad para que me contaran la historia, a medida que todos los niños comenzaron a reunirse junto a la fuente en el patio trasero de la vecindad, sentí una mezcla de curiosidad y miedo. Parecía que todos los demás niños ya sabían la historia de los niños violetas y yo me sentía como un forastero en mi propio vecindario. Tomé asiento junto a ellos deseoso de escuchar la espeluznante narración que se avecinaba. La historia que contaron aquel día era aún más aterradora de lo que habría imaginado. Según los rumores, en la época del porfiriato, una familia adinerada habitaba la casa al final del vecindario. Eran el tipo de familia que incluso las familias ricas, aspiraban a ser siempre perfectos y sin ningún defecto, aunque esto cambió cuando descubrieron que la hija menor de esta familia estaba embarazada de nada menos que del humilde trabajador de la hacienda de su padre ocultó la identidad del padre de su hijo por miedo a represalias. Cuando finalmente reveló la verdad, el padre de la familia no estaba dispuesto a permitir que un hijo de un simple trabajador manchara su linaje y le ordenó a su hija que no dijera nada, y decidió enviarla a un colegio de monjas para que pasara ahí su período de gestación. Sin embargo, la joven madre no pudo resistir la tentación de regresar a la casa para reunirse con el hombre que ella amaba. El padre de la familia no tuvo más remedio que aceptar la situación y permida la presencia del trabajador. A pesar de su aceptación, aparente, maldijo al niño que su hija llevaba en su vientre deseando que naciera muerto para que no manchara su reputación. La historia se volvía cada vez más macabra. A medida que avanzaba, se rumoreaba que el padre había contratado a una bruja para asegurarse de que el bebé no naciera con vida. Cuando finalmente llegó el momento del parto, ocurrió algo inimaginable. La joven madre dio a luz a no uno sino dos bebés. Lo que era aún más espeluznante era que ambos bebés nacieron de un tono violeta profundo, como si nunca hubieran recibido oxígeno. No lloraron ni hicieron ningún ruido. Simplemente miraron fijamente al abuelo con sonrisas diabólicas. El abuelo, sobresaltado y aterrado, cayó fulminado por un infarto en ese mismo instante y a partir de ese día, la vida de la familia se convirtió en un infierno. Desgracias siempre enfermedades los asolaron sin piedad hasta que finalmente se vieron arruinados. Los niños violetas fueron considerados como la maldición que había caído sobre la familia, pues las personas del vecindario decían que los llantos de aquellos gemelos se escuchaban en todo el vecindario, impidiéndoles dormir. La desgracia llegó a su punto culminante cuando, en un último intento de escapar de la pesadilla que habían vivido, la familia decidió mudarse de la casa. Sin embargo, días después de su partida, un olor nauseabundo inundó el vecindario y aquel aroma parecía provenir de aquella gigantesca casona ahora abandonada. La gente preocupada entró en la casa al final del vecindario, justamente el día de muertos y se encontró con una escena macabra en el interior de la casa, en las cunas desgarradas y descompuestas yacían los cadáveres de los gemelos Violetas. La imagen era tan horrible que se quedó grabada en la memoria de todos los que la presenciaron. A partir de ese día corrían rumores de que si alguien entraba en la casa en vísperas del día de todos los santos, se encontraría con los niños violetas y una terrible maldición caería sobre ellos. Terminada la escalofriante narración sobre los niños Violetas, mi incredulidad comenzó a crecer. La historia sonaba como una trama sacada de una película de terror. Una más en la larga lista de cliches que había explorado en mis noches de películas, estaba convencido de que mis nuevos amigos estaban tratando de asustarme con un relato macabro pero no iban a lograrlo. Aunque una parte de mí estaba intrigado, no iba a ceder al miedo. Les respondí con una sonrisa desafiante y les dije que no les creía. Les expresé mi escepticismo, sugiriendo que sólo estaban tratando de asustarme por diversión y que yo no iba a caer tan fácil. Pero mi sonrisa desapareció cuando todos los niños compartieron sus propias experiencias y anécdotas. Cada uno de ellos tenía un relato para contar algún familiar cercano que había escuchado los llantos de los bebés violeta o incluso había oído risas infantiles que emanaban de la casa en vísperas del día de todos los santos. A medida que escuchaba sus historias, mi escepticismo se desvaneció Gradualmente. Les pregunté por qué nunca me habían hablado de esta leyenda antes considerando mi amor por el terror, me miraron entre ellos incómodos y finalmente admitieron que nunca se había dado la oportunidad de discutir ese tema conmigo. Sin embargo, afirmaron que la historia era real y uno de los niños incluso relató una experiencia personal. Según él había visto sombras inquietantes. Al volver a casa una noche después de una visita a la tienda de la esquina junto con l su hermano, Dijo que su hermano tampoco creía así que decidió acercarse para mirar por una de las ventanas y pocos segundos después de asomarse, retrocedió con tanto temor que incluso se cayó en el seco césped de la tétrica propiedad. Dijo que había visto dos figuras gateando por la sala de la casa. A pesar de las historias convincentes aún me resistía a creer en la maldición de los niños violetas. En lugar de asustarme más, decidí proponer un desafío. Entraríamos a la casa al final del vecindario el dos de noviembre, en pleno día de muertos para desentrañar el misterio. Fui insistentemente persuasivo, convenciéndolos de que si no entrábamos en la casa, demostraríamos ser cobardes. Finalmente, logré que todos los niños aceptaran mi propuesta, aunque no sin dudas y temores. Durante los días que precedieron a la fecha pactada, todos los niños intentaron disuadirme de llevar a cabo nuestra temerada y expedición. Me sugirieron que sería más sensato seguir con nuestro plan original de ver películas de terror en mi casa. Sin embargo, yo no desistí y les dije que si eran cobardes y no querían acompañarme, estaba dispuesto a entrar solo en la casa. Mi determinación no vaciló y mi entusiasmo creció con cada día que se acercaba. El dos de noviembre finalmente llegó el esperado día. Era un día de muertos. Inusualmente frío y brumoso. Me sentía emocionado y nervioso a la vez mientras nos dirigíamos hacia la casa al final del vecindario. El hecho de que fuera una casa embrujada y que estuviéramos a punto de entrar en ella en el día de muertos lo hacía aún más especial. Los niños de la Vecindad, llenos de emoción y ansiedad, avanzamos juntos hacia la casa en pleno día de muertos. La tranquilidad de la calle contrastaba con la atención que sentíamos en ese momento Recuerdo que incluso tuvimos que esperar un momento antes de adentrarns a rs en la casa, ya que varios vecinos estaban ocupados preparando altares y ofrendas para el día de muertos, creando un bullicio en las calles. Pero una vez que la oportunidad se presentó, no dudamos en correr hacia la casa. Entrar en la casa resultó ser sorprendentemente fácil, ya que las ventanas rotas y sin vidrios facilitaron su acceso. El grupo se deslizó a través de las aberturas y en poco tiempo estuvimos todos dentro de la mansión dos de los niños. Enrique y yo llevábamos linternas que iluminaban las sombras inquietantes que llenaban el interior. La casa estaba sumida en una oscuridad sobrecogedora que parecía devorar la poca luz del exterior. A pesar de la oscuridad y del olor a humedad que impregnaba el lugar. Continuamos avanzando. Había un aire de abandono que se sentía en cada rincón como si la casa hubiera sido testigo de la decadencia del tiempo. El olor de algo en descomposición llenaba el aire como si algún animal se hubiera descompuesto ahí hace mucho tiempo. A pesar de ello, no era suficiente para disuadirnos de explorar más a fondo. La casa era sorprendentemente grande y poco a poco comencé a creer que la historia de los niños violetas podría tener algo de verdad. Mientras explorábamos, llegamos al comedor y lo que vimos nos dejó atónitos. La mesa estaba puesta como si alguien hubiera estado a punto de servir la cena. Había platos, vasos, copas y cubiertos todos en su lugar, como si estuvieran esperando a ser utilizados. Sin embargo, todo estaba cubierto de polvo como si nadie hubiera tocado nada en años. Era una imagen extraña y perturbadora. Algunos de los niños comenzaron a bromear sobre llevarse algunos tenedores y cucharas de la mesa, pensando que podrían estar hechos de plata y que podrían venderlos para conseguir algo de dinero. Pero el miedo y la sugestión provocada por las historias que habíamos oído nos impidieron siquiera tocar los cubiertos. Seguimos caminando por la planta baja, pero no encontramos nada relevante. Decidimos que lo mejor era explorar las habitaciones de la planta superior, ya que ahí podríamos encontrar más respuestas sobre la leyenda de los niños violetas. Los escalones de madera crujieron bajo nuestros pies, a medida que subíamos las escaleras y algunos estaban rotos, lo que aumentó nuestra inquietud. Cada crujido resonaba en nuestros oídos recordándonos que estábamos en una casa aparentemente abandonada y embrujada. Sin embargo, ninguno de los cinco amigos quería demostrar cobardía frente a los demás. Así que continuamos avanzando con determinación hasta llegar al piso de arriba. Una vez arriba, mientras explorábamos las habitaciones del piso superior, una de las linternas comenzó a fallar. Parecía que las pilas se estaban agotando, ya que la luz comenzó a tintinear y finalmente se apagó por completo. Esto dejó al grupo únicamente con la linterna que yo llevaba. Afortunadamente, la linterna que funcionaba seguía alumbrando lo suficiente como para permitirnos continuar explorando. Abrimos la primera puerta que encontramos, que parecía ser la recámara principal de la casa. La habitación estaba en un estado de congelación, con enormes camas cubiertas de polvo y un tocador de madera que en su día debió de haber sido de gran calidad. Sin embargo, el paso de los años no había tratado bien los muebles y todo estaba cubierto de una gruesa capa de polvo. Incluso el espejo tenía una fina capa de suciedad que lo hacía parecer fantasmal. Todos nos sentimos un poco más animados al ver la habitación y algunos comenzaron a bromear sobre la idea de vivir en una casa tan hermosa. Sin embargo, la tensión volvió a apoderarse de nosotros cuando enfocamos la leta interna hacia una de las paredes. Ahí colgaba un cuadro del que seguramente había sido el padre de la familia, junto a su esposa el día de su boda. La imagen era un retrato pintado a mano, pero en lugar de estar en buenas condiciones, parecía haber sido rasguñado de manera violenta. Las garras parecían haber destrozado. La imagen y las facciones del hombre retratado todos nos miramos con expresiones de horror y preocupación y nadie quería dar voz a la pregunta que se avecinaba qué podría haber causado tales marcas. Después de un breve momento de consternación, salimos precipitadamente de la habitación con la sensación de que algo siniestro acechaba en cada rincón de la casa. Una vez fuera, algunos de nosotros debatimos y debíamos seguir explorando o abandonar la casa. Sin embargo, insistí en que ya estábamos ahí, que debíamos revisar cada una de las habitaciones antes de irnos a a regañadientes. Entonces todos estuvieron de acuerdo y continuamos caminando y abrimos la siguiente puerta. Esta habitación parecía haber sido compartida por dos personas, ya que había dos camas en ella y cuando entramos nos encontramos con una escena extrañamente tranquila. Había muchos juguetes de la época, incluyendo muñecas antiguas que, aunque aterradoras, no eran inusuales para la época. Todos nos distraíamos viendo los juguetes e imaginando cómo se entretenían los niños en el pasado. Sin embargo, el ambiente de tranquilidad se rompió cuando escuchamos un crujido inquietante en la habitación. Todos nos giramos en la dirección del sonido, pero la linterna que tenía no alumbró nada. Algunos sugirieron que podría tratarse de una ardilla o una rata dada la antigüedad de la casa. Pero nadie quería quedarse a averiguarlo. Y rápidamente salimos de la habitación y nos encontramos en el oscuro pasillo preguntándonos qué más podría encontrar en esta casa embrujada. Acto seguido. Abrimos la siguiente puerta, que estaba sorprendentemente cerca de la habitación de las cunas. Todos quedamos horrorizados al ver lo que había en esa habitación, dos cunas, tal como lo dictaba la espeluznante leyenda. A pesar de nuestras inquietudes, decidimos entrar y examinar las cunas más de cerca la habitación estaba escasamente amueblada, con sólo las dos cunas, un pequeño taburete, una mecedora y algunos juguetes antiguos y desgastados. A pesar de que los juguetes daban un aspecto aterrador a la habitación, seguimos explorando, tratando de no dejar que el miedo nos dominara. En un momento, uno de los niños sintió algo extraño y me pidió la linterna. Al iluminar la pared quedamos horrorizados al descubrir cientos de arañazos profundos y desgarradores por todas partes. Los arañazos no sólo estaban en las paredes, sino también en el techo, como si algo hubiera trepado por todas partes y causado el daño. La escena resultaba aterradora y macabra. Decidimos que era hora de abandonar la casa. Sin embargo, antes de que pudiéramos salir de la habitación. La puerta se cerró de golpe, dejándonos atrapados en la oscuridad total. Sólo con la tenue luz de la linterna. Para nuestro horror, la linterna comenzó a destellar y se apagó por completo, dejándonos unidos en la más absoluta obscuridad. Pero lo peor estaba por venir en medio de la negrura. Comenzamos a escuchar los angustiantes llantos de dos bebés. El miedo se apoderó de nosotros y empezamos a gritar y forcejear con desesperación para abrir la puerta. Sin embargo, nuestros esfuerzos resultaron inútiles y el pánico se intensificó. Sentimos pequeñas manos trepando por nuestras piernas y algunos aseguraron que los bebés los estaban mordiendo. Finalmente, la puerta se abrió, permitiéndonos escapar de la casa mientras huíamos despavoridos, no pude evitar mirar atrás y vi a los dos bebés completamente violetas, riéndose malévolamente en el suelo. La visión confirmó la terrorífica leyenda que habíamos escuchado, y esa experiencia nunca dejaría de perseguirme en mis pesadillas. Nunca fui buena para hacer amigos durante mi niñez, sin importar cuánto me esforzara. Nunca parecía encajar con el resto de las personas. Fui víctima de acoso escolar durante años y la preparatoria no fue diferente. Mis padres, en un intento por animarme, solían decirme que sólo tenía que ser yo misma y que algún día encontraría amigos que me aceptarían tal como era. Finalmente, cuando llegué a la Universidad, esas palabras se volvieron realidad, el pequeño departamento que mis padres alquilaron en un edificio compartido con otra chica resultó ser el comienzo de una amistad que cambiaría mi vida. Ella estudiaba fotografía y era increíblemente amable y rápidamente nos hicimos amigas y por primera vez en mi vida sentía que tenía a una amiga verdadera y para mi suerte, esa amistad prevalece hasta el día de hoy. Ella también tenía un grupo de amigas y me integraron con facilidad. Nunca antes había sentido una sensación de pertenencia como ésta. La normalidad y la rutina se convirtieron en algo maravilloso hasta que una tarde todo cambió. Era un fin de semana y después de muchas horas de estudio, mi amiga y yo decidimos que necesitábamos un descanso. Ambas estábamos acostadas en nuestras camas mirando vídeos en nuestros teléfonos. Entonces de la nada, mi amiga saltó de la cama y me mostró un video en su teléfono. El vídeo era increíblemente o si le le n r s s. S. S or a dos personas cubiertas con sábanas blancas dándoles la apariencia de fantasmas. Luego tomaban una serie de fotografías en diferentes lugares. Al principio no supe qué pensar al respecto, ya que esa tendencia no me llamaba mucho la atención y nunca había participado en ninguna de las modas vidales que inundaban las redes sociales sonreí y le dije que estaba bien. Sin embargo, ella, sin perder el ánimo, insistió en que debíamos hacerlo. Su entusiasmo era contagioso y me explicó que no sólo sería divertido, sino que también enriquecería su portafolio fotográfico. Tenía muchas ideas para lugares interesantes que podíamos visitar y capturar como fantasmas. Incluso mencionó la posibilidad de acampar en el bosque para obtener tomas nocturnas únicas. Yo no era una apasionada de la idea de acampar, ya que siempre me había considerado más una persona de interiores, pero su emoción por él proyecto hizo que no pudiera negarme. Pensé que las otras chicas podrían resistirse a la idea de acampar, pero para mi sorpresa, todas aceptaron entusiasmadas. La idea de explorar el bosque por la noche y fingir que eran fantasmas parecía irresistible para ellas. A pesar de mis inseguridades y mi desagrado por la idea de acampar en el bosque. No quería ser la única en quedarse atrás, así que me sumé al entusiasmo del grupo. Al principio no le di mucha importancia al asunto y pensé que tal vez con el tiempo, el entusiasmo por esta idea pasaría y que todo se olvidaría, aunque al principio parecía que así sería un día. Me metieron en un grupo de whatsapp llamado campamento del terror. El plan era rentar una cabaña en el bosque y hacer paradas en algunos lugares que mi amiga tenía en mente. Todo apuntaba a que el aclamado día sería el treinta y uno de octubre y el uno de noviembre ya no podía echarme atrás, así que me preparé para la aventura sintiendo una mezcla de emoción y ansiedad. No sabía por qué estaba sintiendo eso, puesto que el campamento era en una cabaña y no al aire libre. Sin embargo, algo dentro mío me decía que era una pésima idea ir el día del viaje. Finalmente llegó y todas mis amigas se prepararon para partir al principio. Todo parecía ir bastante bien. Empecé a pensar que sólo estaba preocupándome de más y que esa voz interna que me decía que no era una buena idea acampar era simplemente el eco de malas experiencias de mi infancia cuando rara vez me invitaban a lugares, pues si lo hacían era para burlarse de mí. Salimos temprano por la mañana. Mi amiga, la fotógrafa tenía en mente muchos lugares que quería visitar y debíamos llegar a todos antes de que anocheciera en el bosque donde planeábamos acampar. Nuestra primera parada fue una capilla abandonada que se veía on y artística, incluso preguntamos a una persona de las zonas si había escuchado historias de apariciones. Ahí el hombre aseguró que el espíritu de un padre solía rondar el lugar. Pero para nuestra sorpresa no experimentamos nada inusual. La capilla se encontraba tranquila y no sentimos ninguna presencia extraña. Después de un rápido almuerzo, nos dispusimos a preparar nuestros disfraces para la sesión de fotos. Los disfraces eran sencillos sábanas con dos agujeros para los ojos. Mi amiga nos dio instrucciones sobre cómo posar y en menos de treinta minutos habíamos terminado. Cabe destacar que las fotos no se tomaron con teléfonos, sino con la cámara profesional de mi amiga, por lo que no pudimos ver los resultados de inmediato. Ella nos explicó que quería editarlas y agregarlas a su portafolio y excedimos, ya que estábamos haciendo esto para ayudarla. Después de tomarlas fotos, subimos al auto y continuamos el viaje. Eran alrededor de la una treinta de la tarde, por lo que todavía teníamos suficiente luz y no teníamos prisa por llegar al área del bosque, donde planeábamos acampar. Hicimos una parada en un pequeño restaurante donde aprovechamos para sacarnos algunas fotos en el estacionamiento, aunque el lugar no era aterrador ni tenía la atmósfera que mi amiga buscaba. Cumplía con la temática. Tomamos sólo unas cuantas fotos, ya que mi amiga nos recordó que aún faltaban algunos lugares en su lista y que debíamos continuar nuestro viaje. La siguiente parada en nuestro viaje nos llevó a un río, un lugar que parecía perfecto para lograr la atmósfera escalofriante que queríamos. La idea original de mi amiga era meterse al río para la sesión de fotos, pero el frío de la temporada en pleno octubre y noviembre hizo que ninguna de nosotras accediera a la idea de mojarnos. Así que mi amiga se tuvo que conformar con tomar fotos en las cercanías del río antes de volver al auto, sintiéndonos aliviadas por no haber tenido que enfrentar las frías aguas. En ese momento, todas comenzamos a proponer que sería mejor dirigirnos directamente a la cabaña en el bosque donde planeábamos acampar. Hacía mucho frío y la idea de ponerse las sábanas encima significaba que tendríamos que quitarnos nuestros éteres y sudaderas para que no abultaran demasiado debajo de las Sábanas. Sin embargo, mi amiga nos pidió que al menos hiciéramos una parada en el Cementerio, uno de los lugares que más deseaba visitar. Después de un largo debate, mis amigas y yo finalmente accedimos. Condujimos durante otras dos horas hasta llegar a un cementerio que mi amiga ya había seleccionado para otra sesión de fotos. El lugar estaba en excelentes condiciones y se notaba que se le daba mucha imponda a las tumbas. Las tumbas eran elegantes y algunas tenían capillas construidas ahí mismo. Le pregunté a mi amiga cómo había descubierto este lugar y si estaba bien tomar fotos ahí, ya que parecía ser privado y no público. Ella me explicó que su difunto abuelo estaba enterrado ahí, por lo que tenía acceso al lugar y sólo tomarían algunas fotos rápidas. Antes de volver al auto, caminamos por el cementerio durante unos diez minutos. Aunque había visitado cementerios en el pasado, esta ocasión se sentía diferente. Nunca antes me había sentido tan vigilada en un lugar como éste, a pesar de que mi abuela me había dicho cuando era una niña que en los cementerios no podían asustar, que eran sitios de descanso para los muertos y que no había nada malévolo en ellos. No podía evitar la sensación de que algo o alguien no seguía. Le expresé mi incomodidad a mis amigas en más de una ocasión, pero pero ella ya se aseguraron que no sentían nada extraño. Finalmente, encontramos un lugar ideal para la sesión de fotos. Era un gran mausoleo que parecía pertenecer a una familia. Comenzamos a quitarnos las sudaderas y a ponernos las sábanas, preparándonos para posar entre las tumbas y cerca del mausoleo. En algún momento de la sesión de fotos me sentía cada vez más incómoda y tenía la sensación de que mis amigas no estaban mostrando el respeto que merecían. Las tumbas de los difuntos se estaban sentando en ellas o acostándose junto a las tumbas, fingiendo que eran las suyas. Incluso una de ellas se metió en una tumba acavada para un funeral que se llevaría a cabo pronto, fingiendo que estaba siendo enterrada. Ahí, a pesar de mi preocupación, no les dije nada por miedo a que se molestaran conmigo y simplemente traté de seguir la corriente, tratando de respetar lo más posible, pero al mismo tiempo, tratando de no parecer una aburrida. En algún momento de la sesión de fotografías, mi amiga encargada de las fotos, propuso que nos tomáramos una foto todas juntas, sentadas en diferentes partes del mausoleo. Pensó que esto daría un efecto de que los fantasmas estaban saliendo de aquel hermoso mausoleo nos indicó dónde debería sentarse cada una. Pero quise opinar sobre la idea, ya que me preocupaba que los muertos se sintieran ofendidos. Mis amigas se rieron pensando que era una broma, ya que ninguna de ellas creía realmente en eso. No sabían que yo sí creía y cuando mencioné que no estaba bromeando, tomaron el comentario un poco más en serio. Sin embargo, aún no parecían convencidas de que debiéramos preocuparnos. Una de mis amigas miró directamente al mausoleo y preguntó si estaba bien tomarse fotos ahí como si estuviera hablando a los muertos. Pero no pasó absolutamente nada, lo que llevó a un tono burlón en su voz mientras decía que eso sonaba como un sí para ella. Todas se rieron levemente y concordaron en que eso también podría interpretarse como un sí y decidieron tomar sus lugares cerca del mausoleo para la fotografía. Al no tener más argumentos en contra y sintiendo cierta presión social, decidí que estaba bien y me unía al grupo en el mausoleo. Mi amiga preparó la cámara con el temporizador para tomar la foto y correr hacia su lugar. Antes de que la Cámara disparara la fotografía. Justo cuando se escuchó el click de la Cámara, todas sentimos algo extraño. Fue como un escalofrío helado que recorrió cada parte de nuestro cuerpo. Instintivamente nos volvimos a mirarnos y nos quitamos las sábanas de inmediato. Estábamos a punto de expresar nuestro desconcierto en voz alta cuando escuchamos la voz del cuidador del cementerio, quien nos informó que no podíamos estar tomando fotos ahí mirándonos entre nosotras y sintiéndonos inquietas. Esperaba que mi amiga explicara que su abuelo estaba enterrado ahí, como me había dicho cuando llegamos. Sin embargo, en lugar de hacerlo, ella rápidamente recogió su cámara y nos incitó a correr sin pensarlo dos veces ante la urgencia en su voz y la inminente llegada del cuidador del cementerio, todas entramos en pánico y comenzamos a correr a toda prisa sin detenernos hasta que volvimos al auto. Mi amiga encendió el auto y nos alejamos rápidamente del lugar con la adrenalina corriendo por nuestras venas. La experiencia en el cementerio se volvió un borrón en nuestras mentes a medida que avanzábamos. La euforia de la adrenalina y la distancia que pusimos entre nosotros y el cementerio hicieron que olvidáramos rápidamente lo que había sucedido. Después de tomar la última foto, en ese momento nos estábamos riendo de la situación y cuestionamos a mi amiga o s sobre pdo por qué habíamos salido corriendo si un familiar suyo estaba enterrado ahí. Ella riéndose con nosotras, reveló que en realidad no tenía ningún familiar enterrado en el cementerio. Simplemente le pareció un lugar hermoso y apropiado para la sesión de fotos que quería. Admitió que realmente no sabía si estaba permitido, por lo que había salido corriendo de esa manera, nos alegramos de haber captado el mensaje y reímos ante la travesura que habíamos llevado a cabo. Agradecimos haber escapado sin problemas y continuamos nuestro viaje riendo y recordando nuestra travesura en el cementerio. Dos horas después llegamos al bosque, donde habíamos reservado la cabaña, Nos entregaron las llaves y entramos en el lugar, que resultó ser bastante acogedor y prometedor. Aprovechando la luz que nos quedaba, Salimos nuevamente para tomar más fotografías en el bosque que rodeaba la cabaña, tomamos más fotos de las que habíamos tomado en los otros lugares, ya que todas estábamos de mejor humor y más dispuestas a cooperar. Cuando finalmente oscureció, tomamos unas cuantas más y volvimos a la cabaña y pasamos la tarde riendo y compartiendo anécdotas de terror que habíamos escuchado a lo largo de los años. Ya que era Halloween ni deseábamos asustarnos un poco, Decidimos que era hora de ir a dormir. La cabaña. Tenía las camas dispuestas en una hilera, pero sólo había dos camas, lo que significaba que dos de nosotras tendrían que compartir una cama, mientras que la quinta amiga tendría que conformarse con el sofá. Después de un breve debate, decidí dormir en el sofá, permitiendo que mis otras cuatro amigas compartieran las camas. Así lo hicimos y finalmente todas nos quedamos profundamente dormidas. Cerca de las tres de la madrugada, fui despertada por unas risas provenientes de la habitación entre abrí los ojos a una adormilada y miré a mi alrededor. Al principio me asusté un poco, ya que no estaba acostumbrada a ese lugar. Aunque rápidamente mi cerebro se puso en marcha y recordé que no estaba en mi hogar, sino en una cabaña en el bosque. El susto inicial se desvaneció y noté que mis amigas también estaban despiertas. Sin embargo, no estaban recién despertando como yo. Más bien se estaban riendo. Una de ellas la que se había metido a la tumba recién cavada se había levantado sonámbula y deambulaba por la cabaña chocando contra las paredes y encendiendo todas las luces. El resto de nosotras no pudo evitar reírse y comenzamos a grabarla planeando mostrarle el video al día siguiente. Al principio, la situación nos pareció graciosa, ya que su sonambulismo la hacía parecer bastante torpe, pero de repente, nuestra diversión se convirtió en preocupación. No s uestra amiga sonámbula empezó a azotarse contra una de las paredes de la cabaña de una manera violenta y alarmante. No era el típico comportamiento sonámbulo tranquilo en el que las personas caminan de manera sosegada y luego se despiertan después de un choque leve. Esto era diferente y cada golpe era tan fuerte que era imposible que no se hubiera despertado en el proceso. Incluso se hirió la frente con uno de los golpes y todas nos alarmamos. Intentamos detenerla. Una de nosotras incluso puso su mano justo donde estaba a punto de golpearse con la cabeza, pero esto no pareció frenar su impulso. En lugar de eso, siguió azotándose con una fuerza sobrenatural. Incluso lastimó la mano de nuestra amiga en el proceso, aunque afortunadamente la herida no fue grave. Después de varios intentos de despertarla, finalmente logramos que se acostara de nuevo en la cama, justo cuando pensamos que la pesadilla habían terminado. Nuestra amiga abrió los ojos de una manera inquietante. Nos miró a todas y sus dientes castañaban como si tuviera frío y luego en un tono perturbador, dijo mientras me miraba fijamente. Tú le pareces bastante bonita. Después de pronunciar esas palabras, se acostó de nuevo como si nada hubiera sucedido. Esta escena nos dejó completamente desconcertadas y, aunque nos resultó perturbadora, decidimos no darle demasiada importancia en ese momento. En su lugar, curamos la herida en la frente de nuestra amiga y regresamos a nuestras camas tratando de averiguar qué hacer al día siguiente. A la mañana siguiente, mi amiga se despertó un poco asustada por la herida en la frente le explicamos lo que había sucedido y que no sabíamos por qué se había comportado de esa manera. Sin embargo, ella afirmaba no recordar nada de lo que había pasado durante la noche, lo cual era extraño, ya que siempre recordaba sus sueños. Esta vez era como si su mente hubiera estado en blanco hasta que despertó por la mañana. Pensamos que tal vez se trataba de un extraño caso de sonambulismo y decidimos no darle demasiada importancia. Nos preparamos para desayunar mientras nuestra amiga, que había estado tomando las fotografías con su cámara, revisaba las imágenes para ver cuáles servían y cuáles no. Cuando salimos a decirle que era hora de desayunar la, encontramos pálida y visiblemente perturbada. Nos dijo que de alguna manera había alguien más disfrazado de fantasma en las fotos que nos había tomado. Esto nos desconcertó, ya que sólo éramos cinco, pero en las fotos había una sexta figura. Incluso el disfraz de esa persona no coincidía con el nuestro, ya que su manta Lucía vieja y amarillenta por el paso de los años. A diferencia de nuestras mantas, las primeras fotos lo mostraban como un punto lejano en el fondo, pero con el tiempo se acercaba más y más. En la última foto prácticamente estaba detrás de mí. Estábamos asustadas y confundidas sin entender quién o que era esa figura, ya que no parecía un fantasma real, sino más bien una persona disfrazada. Las fotos revelaron que este ser comenzó a aparecer en el cementerio, lo que nos hizo pensar que se nos había pegado. Desde ahí aterradas, decidimos regresar a nuestras casas, aunque cuando compartimos la historia con otros pocos nos creyeron. Pensaron que era una broma elaborada y que la figura extra en las fotos era sólo un amigo que se prestó para darle veracidad a nuestra historia. Sin embargo, la pesadilla no terminó y comenzamos a ver a la persona disfrazada de fantasma en todas partes. En el cuarto donde nos quedábamos, la veíamos de ambular o caminar por la cocina, el baño o incluso pasar por las puertas como una persona sonámbula. No nos decía nada ni intentaba asustarnos de manera directa, pero su presencia constante nos llenaba de miedo. Lo que nos aterraba aún más era que, a diferencia de las demás, parecía tener una afinidad especial conmigo. A veces las otras chicas ya no la veían, pero yo seguía viéndola en mi departamento. Esta experiencia me llenó de un profundo temor que no podía superar. Finalmente, en marzo, una amiga nos llevó con una amiga de su abuela, quien era una bruja, para que nos hiciera una limpia y la Bruja nos confirmó que el ser se nos había pegado en el cementerio. Afortunadamente, después de varias sesiones de limpias, pude liberarme de aquel fantasma. Desde entonces he evitado ir a cementerios por miedo a que algo similar vuelva a ocurrir. Relatos escritos y adaptados por Lisa Herna antes