
Entre Altamira y Ronda: el toro que me habita
Hay contradicciones que no se dejan esquivar. Una de las de Fidel es el toro.
Horroriza su muerte en la plaza: la espada que corta el silencio, la sangre que tiñe el albero. Y, sin embargo, atrae todo lo que rodea ese momento: el rito, la música, la estética.
En Ronda lo sintió con más claridad. Pasear junto a su plaza fue como estar ante un templo. No hizo falta entrar: el edificio respira historia y contradicción, esa herencia que fascina e incomoda al mismo tiempo.
El toro como imagen de potencia, de mística, no nació allí. Viene de mucho más atrás: de animales similares como los bisontes…
The skinny
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