Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Renuncié A Ser Médico Por El Espíritu Que Me Atormentaba Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos en ese tiempo estaba haciendo mi residencia. Estaba por segundo año y tenía un compañero que siempre me pareció raro. Era un muchacho, muy alegre, divertido, muy normal, diría yo, pero siempre parecía hacer cosas inusuales, como que de pronto se iba a otro lado, se paraba en seco, lo veía hablar hacia sí mismo En algunos momentos, como yo soy muy callado, siempre buscaba la forma de platicar conmigo, claro que buscaba llevarse bien con las otras dos chicas que hacían la residencia con nosotros, pero a mí me contaba chistes o. Buscaba la forma en la que nos lleváramos bien tiempo después, cuando me relato un poco porque ya teníamos tiempo de conocernos, me dijo que le había caído bien desde que nos presentamos por primera vez al servicio. Como digo, él siempre ha sido raro. Yo no estimo bastante, pero en ese momento me cansaba seguirle el ritmo. Las personas que me conocen saben que soy una persona callada tranquila. Si participo en los eventos o voy a reuniones, pero me gusta más observar. Lo que voy a contar es algo sobre él, este amigo quien me dio permiso de poder contar lo que pasamos, por lo cual nos volvimos cercanos. Él no dice mucho de cosas paranormales. Es raro que se meta en la conversación cuando alguien saca esos temas y en el hospital no falta la noche en la que alguien está aburrido y comienzan a contar historias de las cosas sobrenaturales que pasan ahí. Mi amigo, al que llamaré Paco para mantener su identidad en secreto, parecía no interesarle esos temas hasta llegó a irse varias veces cuando comenzaban a contar sucesos fantasmales. Como me gusta terminar mi trabajo y no creo en esas cosas. También me iba al escuchar tonterías de aparecidos. Así que poco a poco hicimos como buena relación. Yo quería trabajar, Él trabajaba y seguíamos el ritmo, aunque fuera agotador. Las residencias son muy cansadas. Es muy desgastante el nivel de trabajo, así como las horas de desvelo, pero el grupo que estudiábamos ese año nos ayudábamos, Así que recuerdo con cariño ese tiempo. Al principio no le hacía mucho caso a Paco, A pesar de que se le notaba que buscaba llevarse bien conmigo, Yo no era grosero ni nada. Sólo no es mi personalidad ser tan extrovertido como él. Íbamos una noche caminando por el pasillo que lleva a Quirófano. Cuando me dijo que sí podíamos regresarnos porque se le había olvidado algo en urgencias, le dije que podía ir solo que a aprovecharía ese momento para ir por un café y que sí quería podía traerle uno paco. Se quedó inmóvil unos segundos mirando el largo pasillo. Luego me miró diciéndome que prefería que fuéramos juntos. Me pareció una tontería perder el tiempo. Así si yo podía ir por el café y él, por lo que se le olvidó, insistió dos veces más, pero yo me irrité, así que le dije que iba a ir de una vez por el café porque no tenía tiempo para sus asuntos. Caminé por el pasillo. Intenté no voltear, pero me pareció curioso que no sentí que me siguiera. Usualmente eso hacen las personas cuando uno se va caminando molesto, pero al mirar desde la vuelta donde termina el pasillo, justo para pasar por el lugar donde desinfectan todo el material del hospital, vi que paco estaba parado donde lo dejé. No se movía. Tampoco me miraba a irme estaba mirando a un punto en la nada. Me arrepentí de como lo traté. Quizás estaba muy cansado o algo más. Si yo ni siquiera le había preguntado de buena manera que había perdido, se veía concentrado en otra cosa, como cuando te quedas muy profundamente en tus pensamientos, a pesar de que lo vi así, no regresé. Me fui por el café rato. Después lo encontré. Sentado afuera de los consultorios en las sillas para pacientes. Le había estado marcando para localizar, pero jamás contestó. Al llegar a la sala de descanso, no lo encontré. Quizás no había encontrado lo que perdió, pero tampoco sabía si lo que estaba perdido era muy importante. Incluso pudo ser el celular y yo estaba marcándole desesperado para saber si se iba a dormir primero un rato o podía hacerlo. Yo salí a buscarlo porque me preocupó. Cuando lo vi sentado, llegué molesto a preguntar porque no me contestaba. Me dijo que no había escuchado las llamadas porque estaba en vibrador el celular. Le pregunté si había encontrado lo que perdió y y que era tan importante como para regresarse a urgencias para encontrarlo. Me dijo que lo había encontrado, pero no me dijo que era. Después se quedó callado mirándome Estaba con esa sensación de que le había pasado algo malo. Se veía decaído. Le pregunté si estaba bien. Le dije que su café estaba en la sala de descanso y me dio las gracias. Mandándome a dormir, dijo que él se quedaba despierto. Lo vi no verme veía otra cosa. Me hablaba, pero no era directo a mí. La sensación de que pensaba en otra cosa me incomodaba. Pero lo que realmente me hizo irme de ahí sin decir nada, no fue mi orgullo, fue la sensación de que alguien estaba detrás de mí. Me fui sin decir nada, el escalofrío en la nunca me quedó, pero no vi nada. Jamás había sentido algo parecido en mi vida y tampoco lo he vuelto a experimentar. Esa semana estuvo intranquilo, lo vi más cansado de lo usual. Estaba molesto con él. Me parecía una tontería su fatiga porque el servicio no estaba tan lleno, así que el trabajo no estaba acumulado. No me explicaba por qué se veía tan acabado. Las chicas también habían notado su cambio. Estuvieron animándolo en los ratos que nos juntábamos para el pase de guardia a los ocho días de aquello. Decidí hablar con él directamente porque había estado tan bien descuidado en su trabajo y eso era algo peligroso para un doctor. Lo busqué. Cuando estaban las chicas entrando a su turno, nosotros íbamos de salida y le dije que le invitaba a un café, pero no quiso a los segundos me dijo que mejor si aceptaba la invitación, pero que no iba a pedir café. Me miraba de una forma inquietante. Después de un rato de estar platicando del trabajo, me soltó sus pensamientos, así como los tenía sin filtros o delicadeza. Me preguntó si había sentido algo raro los últimos días. Me dijo ser sencillo a cosas que las personas no ven y algo malo estaba acechando a todos en el servicio. Me contuve de reírme. También me quedé en silencio. Me imagino que cualquiera al que le digan esas cosas tendría preguntas, pero yo me quedé en blanco. Después pensé en las veces que lo veía inquieto la forma en que desaparecía los ratos enormes que pasaba fuera del consultorio de la especialidad. Incluso pensé en su agotamiento. Supongo que juzgó mi silencio como algo bueno, y ahí fue donde me comentó que sentía cosas sobrenaturales. Me dijo que no pensara mal de él, que simplemente era algo que toda su vida lo había llevado y que, además, por esa razón había elegido ser doctor. Quería ayudar a las personas después de que le recomendé ir a que le dieran medicamento para el estrés. Comenzó a contarme que no era algo directo, que no era de esas personas que dicen pueden hablar con los muertos o pueden ver demonios o esas cosas, sino que podía sentir los lugares y a veces comenzaba a inquietarse o a tener la sensación de ir a algún cuarto de los pacientes por una especie de presentimientos. Siempre había sido así para él, pero todo había cambiado así a unos días donde de la nada había visto a alguien parado en el pasillo de quirófanos, una mujer. Ella nos miraba fijamente. Yo estaba en silencio revisando mi tabla con los pendientes. Él sintió un frío que le invadió desde los pies hasta el torso. Poco a poco, no pudo con la sensación de peligro que sintió. Se quedó parado. Luego fingió que había olvidado algo para alejarse. De ahí. Yo no quise seguirlo. Aquella entidad nos miraba, pero no podía decir nada. Temía pasar a su lado o sentir que lo tocara. Se veía muy real, me dijo, pero también era horrible. Tenía el rigor mortis en la cara. Era una mueca de dolor congelada en su rostro. Los labios permanecían ligeramente curvados en mi abiertos amoratados. La piel era de una palidez transparente. Sus ojos eran grandes, como si el miedo estuviera en ellos escondido. Las pupilas eran opacas, completamente negras y la zona blanca de los ojos se veía amarillenta. Sus cabellos se veían grasos, se pegaban a su cuello y cara como si estuvieran humedecidos. Llevaba la bata del hospital, pero se veía rota como si fuera muy vieja. Además, tenía manchas como si hubiera sangre o solución antiséptica en ella no alcanzaba a verle los pies era transparente. Un escalofrío me llegó desde atrás de las orejas al escucharlo y sentí como se enfrió poco a poco el ambiente. Mientras paco me describía a aquella mujer se veía cansado contando sus ojos. Parecía que iban a dejar soltar lágrimas. Le dije que pensara que le creía que confiara en mí que iba a hacer. Con eso se quitaban los espectros. Me dijo que jamás le había pasado algo así. Lo peor es que lo tenía loco verla en todos lados. Los reflejos de las ventilas le regresaban la mirada de aquella mujer, una mirada de furia inquietante. También siempre la veía en la esquina de la sala de usos múltiples, ahí donde nos reuníamos a pasar las guardias. Tomaba mi café con tranquilidad, pensando en cómo iba a convencerlo de llevarlo a psiquiatría. Era obvio que Paco estaba teniendo un cuadro de alucinaciones muy severo. Mientras pensaba eso, él seguía describiéndome cómo la mujer se colaba en todas partes. Me dijo que la causante de que a una de las chicas se le atorara el cabello en una ventana que terminó por arrancarle un mechón de cabello había sido ella. Obviamente, no le creí eso había sido un accidente. Además, los últimos ocho días todo había estado como de costumbre. Lo único diferente era su actitud y su apariencia enferma. Cuando terminó de enumerarme los momentos en que aquella aparición se había manifestado. Según él, tomé aire para decirle de la forma más calmada si quería que lo acompañara a valoración. Él se molestó muchísimo conmigo. Me dijo que sí. Me contaba eso era en confianza que no esperaba que lo fuera a juzgar de loco de inmediato. Estaba tan molesto que se paró de golpe, sacó la cartera y se puso a buscar un billete para dejar los gastos de su desayuno antes de irse intenté calmarlo, pero no me escuchaba en ese momento la taza en la que yo estaba tomando café se estrelló. Dejando caer el asa. Miré a todos lados. Paco se veía casi azul de susto. Me paré de inmediato le toqué un hombro para sacarlo de sus pensamientos. Inmediatamente me dijo ves sigue aquí, incluso fuera del hospital. Yo le dije que quizás algo entró por la ventana y le pegó a la taza, pero la mesera que recogía la la taza me pedía disculpas diciéndome que no entendía por qué aquella taza había reventado. Parecía que estaba tan caliente el café que no había soportado la temperatura. Paco salió de la pequeña fonda, un lugar de comida económica a una cuadra del hospital. Tras eso evitó hablarme para algo que no fuera trabajo. Yo podía vivir con eso con su falta de conversación, pero la situación comenzó a tornarse algo siniestra. Dentro de los turnos llegó el punto de que quería preguntarle más sobre sus visiones. Primero fueron las chicas. Ellas nos habían dicho que las habían encerrado en el baño para aseo del personal. Se habían metido a bañar y cuando quisieron salir, la puerta no se abría por nada, ni siquiera pateándola. Así que comenzaron a gritar. Tras un rato en el que llamaron las enfermeras, que escucharon los gritos al personal de mantenimiento, lograron abrir con una barra el cuarto, pues parecía que se había hinchado la puerta hasta quedar atorada en todo el marco. Al romper un poco, la puerta se dio, pero no se abrió. Fácilmente parecía que algo la estaba deteniendo, algo como bolas de hilos de cabello negro. Era tan inexplicable aquello que comenzaron los rumores de que las regaderas estaban embrujadas. Cuando escuché aquello, inmediatamente pensé en Paco ese día él no había querido ir por nada del mundo a la zona de descanso. Al momento de terminar su turno había pedido a alguien más que le llevara su mochila. Salió con el uniforme dispuesto a cambiarse al baño de la gasolinera, pues en ese momento estaba prohibido salir con el traje quirúrgico a la calle para tomar transportes públicos. Pensé que Paco había hecho aquello a escondidas. Por eso su actitud tan evasiva y sospechosa a los dos días nos tocaba guardia nocturna. Iba a comprobar o desmentir que Paco estaba desequilibrado mentalmente. Era demasiado lo que pasaba. Incluso sospeché de él como el autor del incidente de las regaderas. Al momento de comenzar el turno lo vi normal, se veía recuperado más tranquilo, no lo vi separarse ni buscar la soledad sospechosamente. Al momento de ir al siguiente pendiente, pasamos de nuevo por el pasillo que nos llevaba A los quirófanos me dijo que la mujer estaba de nuevo parada en el pasillo. Le dije que en donde que yo no veía nada. Incluso le reclamé porque pensé que ya se le había pasado el episodio de estrés, pero al momento de que paré en seco para mirarlo directamente, él salió volando hacia atrás desde mi ángulo justo al lado de él, vi como si algo lo hubiera empujado con fuerza hasta tirarlo al suelo boca arriba, lo vi ponerse rígido. Parecía que algo le oprimía la garganta. Pude ver muy claramente cómo se hundían unas marcas de dedos en su garganta mientras él se se ponía rígido con la boca abierta intentando respirar de inmediato. Me fui a su lado. Comencé a darle los primeros auxilios. Grité para que llegara a alguien desde urgencias para llevarlo a una sala. Desde las cámaras de vigilancia se puede ver que cae hacia atrás como si algo lo hubiera empujado. Después se ven los primeros auxilios cómo se recupera del episodio y cuando lo subimos a la camilla para llevarlo a observación en urgencias. Lo extraño es que más de una persona notó o mejor dicho, notamos que cuando Paco parecía tener una convulsión atípica en el piso, su sombra había crecido. Paco duró dos semanas hospitalizado por el trauma en la cabeza por cómo había caído al suelo. En sus resultados no se veía nada raro ni en la sangre, porque muchos aseguraban que usaba drogas, pero todo estaba limpio, incluso los electroenfalogramas. Aquellos que mostraban que su actividad en el cerebro era normal. Nadie se explicaba aquel episodio, Así que la justificación a lo que nadie pudo aclarar fue que había tenido un momento de estrés tan intenso que su cuerpo había reaccionado ante eso de una forma muy violenta. Yo estaba ahí con él e incluso podría haber dicho que era estrés, porque tampoco yo le creía, pero vi con mis propios ojos como algo lo asfixiaba e incluso durante el episodio me dio un aroma muy fuerte a desinfectantes que no tendría por qué oler de esa manera en ese momento y menos en ese lugar, pues era el mismo que desprendía todo el conjunto de cosas que se usan para hacer algún procedimiento quirúrgico a los pacientes. Contra mi propia lógica, creí en las palabras de Paco, quien reaccionó llorando cuando le dije que le creía que algo sobrenatural había pasado. Desafortunadamente, para Paco, aquello había dejado una mancha en su carrera. Ahora algunos médicos dudaban de su salud y eso podría comenzar a tener problemas para conservar el internado también sus posibles puestos de trabajo futuros. Paco lo sabía, pero prefería que todos pensaran que estaba enfermo de estrés a hablar acerca de aquella mujer que veía en el servicio, pues si se detectaba el mínimo problema mental o cualquier cosa que se interpretara como eso, podría quedar completamente quemado ante la comunidad médica. Esto era, que no podía ejercer la medicina e incluso podría perder su cédula profesional. Mientras se recuperaba, me decía que, desde que no había puesto un solo pie cerca de los demás compañeros ni a los consultorios, había estado mejorando. Él pensaba que aquella mujer quería algo, pues durante el ataque había escuchado bien claro que le decía que ellos tenían la culpa, no tenía la menor idea, pero severamente la mujer estaba pegada a todo el servicio porque pensaba que estaba muerta por su culpa. O quizás había pasado a a algo horrible que la llevó a la muerte y pensaba que eran ellos. Hasta donde yo recordaba no conocía a una paciente con las características que me había dicho Paco. Siempre he sido de personalidad bastante curiosa, así que comencé a investigar entre enfermeras, los de trabajo social y mis mismos colegas. Le pregunté a los residentes de último año si conocían alguna paciente con las señas que había dado Paco. En Mascaré esa absurda búsqueda paranormal con mentiras cobrando también algunos favores. Mientras mi ya amigo Paco descansaba a punto de ser dado de alta, Había sido medicado contra la ansiedad y estaba casi listo para reincorporarse al trabajo. Le conté mis avances. Todo llevaba a que había una chica joven que había fallecido un año antes. De que nosotros llegáramos, me enteré de su apellido, así que con eso podríamos preguntar a alguien por lo que había pasado. Afortunadamente, Paco tenía el don de caerle bien a todos, Así que fue la señora de trabajo social quien le contó toda la historia de aquella paciente sin negarle la información, y Paco, por su parte, juró que era sólo por curiosidad casi como conocer un rumor que había entre los pacientes. Alicia era su nombre, era una chica joven de veintitantos y había fallecido por una peritonitis aguda. Sus familiares habían dicho que sucedió por culpa del doctor que la atendía el hospital. Tenía en el registro que se había dictaminado que fue una complicación normal por el procedimiento que se le realizó. Paco lo tenía claro. Esa ánima quería matarlo porque pensaba que era él el que la había matado, pero también se dedicaba a provocar accidentes a todos los que llegáramos ahí. Así que Paco resolvió que tendría que ir a la Iglesia a pedir ayuda al padre o a quien sea para librarse de aquel espectro. No supe mucho de lo que hizo. Al salir de alta. Le habían dado cinco días más de incapacidad y lo vería hasta el lunes de la siguiente semana de un mes de agosto, muy lluvioso. Esa noche estuve solo en la guardia. Le había mandado un mensaje a Paco, pero no me contestó. Los pacientes comenzaron a ponerse mal. Otros más llegaban de emergencia y llamé a una de las chicas para que vinieran a cubrir. Se estaba poniendo de terror el hospital. Muchas urgencias acompañadas de una tormenta que iba y venía haciendo que incluso llegaran accidentados. Cuando me di cuenta de la hora eran eso de las cuatro de la mañana. La tormenta hacía bajar un poco la luz. Las bombas del agua en algunas zonas del hospital se habían apagado. El hospital estaba bajo cierto caos. Cuando me descubrí caminando por aquel pasillo que lleva a los quirófanos, pensé por un momento en el episodio que había vivido paco alcé la cabeza tras recordar or lo que pasó con él en aquel piso, recordé la sombra, ese extraño movimiento de la piel en su cuello y su terror al describir a aquella entidad terrorífica. Entonces brevemente, la vi caminar desde lejos del pasillo allá en la puerta de acceso a la zona del jardín. El aire se agitó sincronizándose perfectamente con un rayo que iluminó todo mientras las luces parpadeaban, prendiéndose y apagándose. El trueno intenso que hizo vibrar todos los vidrios me hizo temblar las manos, por lo que dejé caer la tabla que llevaba. No me creía lo que veía. Aquella figura femenina impregnada de ese aroma extraño me miraba con odio. Luego desapareció cuando un grito rompió todo el silencio que había en el hospital. Una anciana gritaba en medio de una crisis senil. A lo lejos la escuchaba. A partir de ese día, jamás dudé de las palabras de paco. Tampoco volví a ver nada y, por su parte, mi ahora mejor amigo había decidido dejar el inter pues decía que el espíritu comenzó a seguirlo, no dejándolo en paz, hasta que dejó de ejercer la medicina ni las peregrinaciones las limpias o alguna de esas cosas que hizo para poder librarse de ella, lo pudieron ayudar a librarse de su Ira. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo