Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Con Ayuda Del Diablo Y Brujería Me Quitaron A Mi Familia Historias De Terror - Voces De La Noche
Transcript
- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Mi nombre es Helena y junto a mi esposo Carlos y nuestro pequeño hijo Miguel, emprendimos un viaje desde nuestro tranquilo pueblo de Chiapas a la bulliciosa ciudad de México en busca de mejores oportunidades. La verdad era que en nuestro pueblo era difícil salir adelante, a pesar de que Carlos trabajaba todo el día. Siempre vivíamos al día y por nosotros realmente no había problema, pero teníamos a Miguel, nuestro hijo, quien tenía necesidades. Si nosotros queríamos darle lo mejor. Siempre había vivido ahí y de hecho, ahí conocí a mi esposo estaba acostumbrada a la tranquilidad de la zona, a las personas, a tenerse, a mi familia y al bello paisaje. Pero sabía que si queríamos mejorar la vida de nuestro hijo, debíamos irnos de ahí. Mi esposo, Carlos, era el mejor. Nos consentía sus posibilidades. Incluso como no había mucho dinero, cortaba flores del campo y me las llevaba o hacía carritos de madera para nuestro hijo. Sentía que me había sacado la lotería con él. Llevábamos seis años de casados y cuatro de novios, diez años y en todo ese tiempo él siempre había sido un hombre amoroso y que siempre se preocupaba por el bienestar de su familia. Carlos me comentó un día que tenía una tía llamada Martina, quien era prima de su mamá y vivía en la gran ciudad. Mi suegra le había hablado de los problemas económicos que teníamos en casa y ella generosamente había ofrecido su hogar mientras nos establecíamos para darle una mejor vida a nuestro hijo. Tuvimos una larga plática sobre esa situación pensando y analizando esa oferta. Sería cuestión de mudarnos lejos para poder vivir mejor y la verdad no sonaba nada mal. Al fin y al cabo, seguiríamos siendo los tres y eso era lo que importaba. Buscaríamos una escuela para Miguel y mi esposo, Carlos, tendría muchas posibilidades de obtener un buen trabajo. Tardaríamos en acostumbrarnos, pero podría ser la oportunidad de nuestras vidas. En ese entonces me pareció lo mejor para nosotros, pero el día de hoy me arrepiento mucho de haber salido de mi pueblo. No tenía ni idea de que sucedería algo tan malo, algo que destruiría a mi familia. Me cuesta contar esta historia porque sufrí muchísimo miedo y tristeza. Pero la cuento porque quiero que se sepa que no debemos confiar en nadie. En fin, Carlos y yo rondábamos los treinta años mientras que Miguel apenas tenía cinco. Dejamos atrás las verdes montañas de nuestro pueblo natal para sumergirnos en la jungla de concreto de la capital. No sabíamos que este cambio nos llevaría al peor escenario y al más aterrador que amenazaría nuestra familia de una manera que jamás habíamos imaginado, principalmente yo, cuando llegamos a la ciudad de México, Martina la tía de Carlos nos recibió con amabilidad. Ella era morena y de cabello corto, ya era algo grande y su casa era espaciosa y parecía ser una solución temporal a nuestros problemas económicos. Sin embargo, desde el primer día, algo en ella me inquietó. Había un aire de misterio en la casa que no podía ignorar. En la sala de la casa había un altar muy raro, en donde no había fotos de santos o de algo relacionado a la religión católica. Sólo había velas, pero eran de color negro. También unas flores blancas, pero estaban secas y desprendían un olor raro. Además, dos pequeños aumedios recargado a la pared Había un mar o en donde no había ninguna foto, sólo una hoja negra. La casa tenía un olor raro, como si algo se estuviera pudriendo, pero no me preocupé porque tendría tiempo de ayudar a la señora Martina a limpiar muy bien cada rincón de la casa y así el lugar sería mucho más cómodo y limpio. Mi esposo consiguió trabajo rápidamente, así que pasaba gran parte del día fuera. En fin, al principio, como dije la señora se portó muy bien con todos, pero conforme pasaban los días, fue tomando una actitud hostil conmigo y con mi hijo. Cuando mi esposo estaba en casa, ella se portaba muy linda y amable, pero en cuanto se iba, su actitud cambiaba conmigo, era seca y hasta grosera. Incluso regañaba a mi hijo por tonterías, y eso me molestaba mucho. Entonces decidí sólo hablarle para lo indispensable, sólo dedicarme a limpiar sin hacer preguntas ni nada. A medida que pasaban los días, su comportamiento se volvía cada vez más extraño. Mi hijo Miguel comenzó a tener pesadillas todas las noches me decía que, por alguna extraña razón, soñaba con su tía Bailando una rara danza en medio de la noche o a veces que se quemaba vivo sueños bastante horribles para un niño tan pequeño. Era muy feo escuchar esas cosas. La verdad no me gustaba el comportamiento de la señora ni el hecho de que mi hijo soñara esas cosas. Y algo raro que me gustaría agregar era que, a pesar de que trataba de limpiar cada rincón a una sí, olía muy raro como si algo estuviera pudriéndose. Además, varias veces encontré gusanos como los que se comen a los cuerpos muertos en las esquinas de la casa. Mi esposo no se daba cuenta de nada. Todo el día trabajaba y yo no quería decirle lo que estaba pasando, porque no quería arruinar el progreso que estábamos teniendo. Él se sentía muy feliz en su trabajo y viviendo en la gran ciudad, así que tenía que aguantar un poco más hasta que pudiéramos mudarnos a otra casa. Mi matrimonio estaba muy bien. Me sentía muy feliz con mi esposo, como siempre, me llevaba flores muy lindas que compraba en el centro y a mi hijo le llevaba carritos o juguetes nuevos, y eso era lo que me daba esperanza y fuerzas para seguir en esa casa con ese ambiente tan desagradable. La señora me miraba feo e incluso a veces me decía que no entendía cómo su sobrino se había fijado en mí que él era muy guapo. Otras veces me gritaba que había hecho mal el quehacero. Le decía a mi hijo que no podía tomar galletas de la cocina. Yo estaba harta y al final no podía decirle nada, porque sabía que necesitábamos quedarnos un rato más ahí. No confiaba en ella, pero no tenía opción. Un día, mientras estaba sola en la casa porque Doña Martina se había ido al mercado, decidí explorar un poco más a fondo. Fui a la habitación de mar, donde nunca nos permitía entrar y encontré la puerta cerrada con llave. Eso era obvio, pues no quería que absolutamente nadie entrara ahí. La curiosidad me llevó a buscar la llave por todos lados. De hecho, pensé que no la encontraría porque seguramente se la había llevado en su bolsa. Pero, para mi buena suerte, después de revisar todos los cajones y cada rincón, finalmente logré encontrarla en una maceta que estaba en la entrada de la casa y entonces pude abrir la puerta. Mi hijo Miguel, estaba dormido, así que estaba completamente sola En eso. Por un momento pensé que quizá estaba exagerando que, a lo mejor su cuarto no tendría nada raro y seguramente de ser así, me sentiría culpable de haber entrado sin permiso, pero la curiosidad me estaba matando. Entré lentamente deseando que la señora Martina no llegara en ese momento. Si no me iría muy mal, incluso podía llegar a corrernos valdría la pena. Finalmente, si no encontraba nada raro, entonces estaría más tranquila a primera instancia no vi nada raro. Todo era normal, pero de pronto me di cuenta de que había algo en el fondo. Tapado con una sábana blanca. Me quedé pensando si quitar la sábana o no, me acerqué y decidí quitarla. Y lo que vi ahí me heló la sangre Bajo la sábana había un altar similar al de la sala, pero mucho más elaborado, velas negras, una figura de cabra negra, símbolos extraños y una foto de Miguel. Me quedé sin aliento. Al ver eso mi mente comenzó a llenarse de preguntas y temores sobre lo que estaba sucediendo en esa casa. Continué examinando el altar en la habitación de Martina. Mi corazón latía con fuerza y sentí como si un balde de agua fría me hubiera caído en la cara. Al ver la fotografía de mi pequeño Miguel en medio de aquel extraño altar. No sabía qué pensar, pero no sabía que esto no era normal, porque había una imagen de mi hijo en este altar oscuro. Decidí mirar más de cerca los símbolos en el altar, algunos de los cuales no reconocía en absoluto. Las velas negras me daban escalofríos. Me invadió un miedo profundo y una sensación de que algo terrible estaba ocurriendo en esa casa. Entonces sucedió algo horrible. Escuché que desde la cocina, unas patas de animal se acercaban rápidamente hacia el cuarto y cuando miré era una horrible cabra negra. Sus ojos estaban inyectados de sangre y de su hocico. Salía un líquido y gusanos de los que había encontrado anteriormente. Sentí que el alma se me iba y me cubrí con mis manos, pero esa cosa desapareció de repente. Mientras el miedo se apoderaba de mi mente y las preguntas me invadían. Oí el ruido de las llaves en la puerta principal. Martina estaba regresando del mercado pánico y confusión se apoderaron de mí, no n o s o s RS. Así debía quedarme y enfrentarla o huir de la habitación antes de que me descubriera. Opté por la segunda opción. Rápidamente volví a cubrir el altar y me apresuré a salir de la habitación. Mientras regresaba a la sala intentando aparentar normalidad. Me di cuenta de que no podía seguir ignorando lo que estaba sucediendo en esa casa. Tenía que hablar con carlos y descubrir que sabía sobre su tía y su extraño comportamiento, pero tenía miedo de cómo podría reaccionar él si le revelaba lo que había descubierto. No quería arruinar su sueño de tener una vida mejor, así que decidí no decirle nada. La noche cayó y no dejaba de pensar en el altar y en la cabra que había visto. Mientras mi esposo y Miguel estaban dormidos. Me senté en la cocina decidida a confrontar a Martina y a buscar respuestas. Sabía que debía hacerlo en silencio para no despertar a mi familia con una mezcla de determinación y temor. Esperé a que todos estuvieran profundamente dormidos antes de aventurarme a hablar con ella. Ella estaba preparando café mientras veía un programa en la televisión y yo estaba en la cocina completamente callada. Cuando terminó de preparar su café, se sentó y me miró con recelo y me dijo que si no pensaba ir a dormir que la verdad quería estar sola porque mi presencia no le gustaba. Respiré profundamente y con todo el valor que pude comencé a hablar. Le dije que sabía lo del altar en su cuarto hilo de la cabra, que sabía que era bruja y que estaba metiendo a mi familia en sus porquerías. Me miró con odio, como nadie me había mirado en la vida. Después se levantó y se acercó a mí siendo sincera, me dio miedo tenerla tan cerca. Sus ojos irradiaban coraje, sus arrugas parecían más pronunciadas, su boca mal pintada bufaba y sin pensarlo me dio una cachetada. Me quedé en chock completo. No podía creer que la tía de mi esposo me hubiera pegado. Me toqué la mejilla y en ese momento sentí el impulso de agarrarla del cabello y desquitar todo mi coraje, pero no podía me trajé mi enojo y la miré sonrió malévolamente y me dijo que dejara de meterme en lo que no me importaba. Yo le respondí que sí me importaba porque la foto de mi hijo estaba en su altar demoníaco. Ella me dijo que no me preocupara, que no era nada que realmente ni yo ni ni hijo le importábamos. Sólo era un paso que se tenía que seguir para conseguir lo que quería. Mis manos temblaban mientras escuchaba a Martina hablar con desdén sobre mi hijo y sobre mí. Sus palabras me llenaron de un miedo aún más profundo que quería ella qué estaba tramando. Sabía que no podía dejar que esto continuara, así que decidí ser firme. Le respondí con determinación, a pesar de mi miedo, que no permitiría que pusiera en peligro a mi familia. Le exigí respuestas y le dije que iba a descubrir sus verdaderas intenciones sin importar lo que fuera necesario. Martina me dijo que dejara las cosas así. Al fin y al cabo, no me convenía tener problemas con ella y si yo le decía a mi esposo todo eso, ella usaría magia negra para hacerle daño a mi hijo. Al ver mi cara de horror, sólo se rió de manera loca y se levantó para irse a su habitación. Mientras ella se retiraba. Supe que debía actuar con prudencia. No podía contarle a Carlos lo que había sucedido. No aún tenía que investigar más a fondo y, si era necesario, buscar ayuda externa. Mi mente estaba llena de preguntas y sabía que debía encontrar respuestas antes de que fuera demasiado tarde. Me fui a acostar y mientras trataba de dormir, empecé a pensar en que querían decir sus palabras. Entonces caí en cuenta que si no quería nada de mí nir de mi hijo, en entonces querría algo de mi esposo, pero que era no lo entendía, pero tenía miedo. No quería que le sucediera nada malo a mi familia. Quería que el tiempo pasara rápido y que mi esposo, Carlos, me dijera que ya podíamos irnos De ahí. Lloré por el miedo hasta quedarme dormida. Al día siguiente, cuando mi esposo se fue a trabajar, intenté hablar con Martina, decirle que, por favor, no nos hiciera nada malo, que pronto nos iríamos de su casa. Si era eso lo que le molestaba. Pero ella hizo como si no me hubiera escuchado y salió por unos momentos. Hubo paz en esa casa, terminé la limpieza y salí al parque con mi hijo. Después regresé justamente cuando mi esposo llegaba del trabajo y fue ahí donde todo comenzó. Al llegar a casa, mi esposo me regañó por haberme salido sola con el niño, me gritó y a pesar de que intenté explicarle que sólo habíamos ido por un helado al parque, él hacía caso omiso, simplemente grito, gritaba y gritaba. Jamás lo había visto así en los diez años que llevábamos juntos, Nunca me había alzado la voz en cualquier problema que teníamos. Siempre lo discutíamos hablando y se resolvía rápido. Pero en esa ocasión era como si mi esposo fuera otra persona. Pensé que quizá era por el estrés del trabajo que después se le pasaría y todo estaría bien, pero me equivoqué. Me metí en la habitación con mi hijo, Miguel, y mi esposo comenzó a golpear la puerta con fuerza. La verdad, en esos momentos tenía miedo. Le tenía miedo a mi propio esposo, algo que antes parecía imposible. Se cansó y dejó de tocar. Escuché que la señora Martina estaba hablando con él y le decía que debía ser más duro conmigo y con mi hijo para que no sucedieran ese tipo de cosas. Luego le dio de cenar y cuando por fin se le pasó el coraje, tocó la puerta y me dijo que lo disculpara me abrazó y comenzó a llorar diciendo que no erra. Entendía por qué se había comportado así. Eso alivió mi corazón y le dije que no había problema. Se quedó dormido y yo salí a la cocina hasta que escuché que Doña Martina se había ido a dormir. Cociné algo para mí y para mi hijo y después nos fuimos a dormir. Al otro día, mi hijo comenzó a quejarse de que sentía dolor en la espalda. Lo revisé y me di cuenta de que tenía marcas, como si alguien lo hubiera rasguñado. Sabía que eso era obra de la señora Martina y el coraje se apoderó de mí. Quería hacerle sentir lo mismo que yo sentía, pero no quería poner a mi hijo ni a mi esposo en peligro, Así que decidí no decir nada. Le puse una pomada a mi hijo e hice como si nada, aunque por dentro me ardía la sangre. Los días siguientes mi esposo siguió portándose muy raro, muy grosero y distante. Incluso había ocasiones en que ni siquiera saludaba a mi hijo al llegar a casa. Era una persona total meno diferente. A medida que los días pasaban, la situación en esa casa se volvía cada vez más insoportable. Mi hijo, Miguel, continuaba teniendo pesadillas y ahora también mostraba moretones y rasguños en su cuerpo. Sabía que tenía que tomar una decisión drástica para proteger a mi familia. Una noche después de poner a dormir a mi hijo, me enfrenté a Carlos y griega le conté lo que había descubierto en la habitación de Martina y cómo su comportamiento y el de Miguel habían cambiado desde que llegamos a esa casa. Mi esposo, en lugar de apoyarme, comenzó a gritarme y me dijo que dejara de decir tonterías que no dijera esas cosas de su tía querida ella jamás haría nada malo. Entonces, cuando intenté hablar de nuevo, me dio un golpe que me tiró al suelo, Me levanté llena de miedo y de incredulidad y me fui corriendo al cuarto. Mi esposo llegó y me apretó las mejillas diciendo que jamás dijera nada malo sobre su tía. Solo sentí con terror y en ese momento quería alargarme con mi hijo, pero no tenía a dónde ir ni un peso. El día siguiente era domingo y mi esposo no iba a trabajar. No quería verlo, No quería ver a la señora Martina odiaba estar ahí en el desayuno. Noté algo raro en la convivencia de mi esposo y su tía. Carlos le hablaba muy cariñosamente a su tía y ella a él le daba de comer en la boca y parecía muy feliz cuando hablaba con ella y en cuanto yo le preguntaba algo, su expresión cambiaba y me veía con odio y me decía que me callara que su tía estaba hablando. Me fui a llorar al baño. No quería que mi hijo me viera mal. Luego mi esposo se metió a bañar y la señora Martina se fue al centro por el mandado. Así que aproveché esos momentos para entrar de nuevo al cuarto de la señora Martina, pero no encontraba la llave. Busqué por todos lados, si nada, hasta que en el llavero de mi esposo vi que había muchas llaves y probé por alguna extraña razón él tenía la llave del cuarto de su tía. No tenía tiempo para pensar, porque me metí y vi de nuevo el altar, pero esa vez ya no estaba la foto de mi hijo. Ahora era la foto de mi esposo y una vela roja en medio de las negras y la misma cabra negra. Había una hoja con algo escrito en ella. Cuando leí lo que decía que de totalmente asqueada. Eran frases en donde esa vieja bruja pedía tener a mi esposo en sus brazos, tener su amor y todo de él salí corriendo De ahí le toqué la puerta del baño. A mi esposo le dije lo que había visto, pero en lugar de demostrar enojo o confusión, me tomó del cuello y me gritó que dejara a su tía en paz, que no tenía por qué estar en su cuarto. Las lágrimas cayeron por mis mejillas y rápidamente cerré la habitación y lloré abrazando a mi hijo. Tenía a que irme de ahí, pero no sabía cómo. Así que decidí salir a pedir ayuda con los vecinos, pero nadie quería ayudarme. Nadie me creía porque todos eran amigos de Doña Martina. Estaba claro que mi esposo no me daría ni un peso y no podía robarle. Toda la tarde estuve fuera con mi hijo. Sabía lo que me esperaba al regresar, pero ya no me importaba. Sólo quería encontrar la manera de irme. De ahí Era obvio que la asquedosa señora Martina había embrujado a mi esposo y era por eso que había cambiado tanto y que me trataba tan mal. También la razón por la que mi niño está sufriendo de pesadillas y rasguños. Cuando regresé, estaba preparada para recibir los gritos, pero lo que vi rompió mi corazón y me dolió como nada en la vida. Mi esposo estaba con su propia tía y cuando los vi en vez de que se disculpara me gritó que me largara que a ver si así, entendía que a la única que amaba era a su tía. No dije nada. Guardé lo más que pude y tomé la cartera de Carlos. Ya no me interesaba quitarle el dinero. No me importaba que se enojara. Después y me fui con mi hijo a la central de autobuses. Era el único lugar seguro. Tomé un autobús de regreso a mi pueblo, sin entender que había pasado la bruja de Doña Martina, había embrujado a mi esposo y había invocado al diablo para eso, y era obvio que yo no podía competir contra el mal. Estaba cansada por los malos tratos, por el ambiente y lo que le pasaba a mi hijo. No sabía que iba a pasar con ellos, pero ya no me importaba. Hasta el día de hoy. No he vuelto a ver a Carlos Corté relación con toda su familia. Aunque me buscaban por el niño. Hice una nueva vida lejos de mi pueblo, he salido adelante con mi hijo y lejos del mal y bueno, al final me di cuenta de que el mal existe y que puede robarte lo que más amas. La vieja Bruja ganó y el diablo ganó. Relato escrito y adaptado por Lis Rajon