Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / La Muerte Acecha Mi Cuarto Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más, comenzamos en los hospitales. Es muy común que las personas fallezcan y muchos en el personal médico tenemos que tomarnos eso de forma natural para poder seguir con las actividades. Yo trabajo en Cirugía. El año que inició la pandemia, por falta de espacio, pusieron varias especialidades en el mismo piso. Estábamos a reventar. El piso era una locura de tantos pacientes que había. Pero lo peor que pasó no fue a causa de tanta gente, sino que algo extraño, como dice la gente, algo sobrenatural. He de mencionar que no creo mucho en las cosas paranormales, pero hay dos o tres cosas que no he podido a expar y aunque me imagino existe alguna explicación, no la he buscado porque siempre la prioridad es el trabajo. Quizás algún día encuentre las respuestas a lo que pasó aquel mes de octubre del año dos mil veinte, cuando comenzó la locura por saturación y el terror de las personas por el virus. También teníamos cirugías que no podían esperar. En ese momento me encargaba de cirugía general. El encargado del servicio tenía más de sesenta años, así que había decidido ir a cuidarse del contagio a su casa. Por ese momento recibí muchas cirugías normales, como vesículas o úlceras, algo que es casi rutinario en el servicio. El detalle era que no podíamos atender de forma normal a los pacientes. No había posibilidad que sus familiares estuvieran todo el tiempo al pendiente, nos faltaba personal y la saturación era abrumadora. Por eso mismo pienso que todas las historias que me contaron las enfermeras del piso cuatro era porque siempre provoca cosas en la mente de las personas el estrés constante. Cuando llegué al servicio por primera vez tuve que compartir los lugares con las especialidades de cardiología y ortopedia, Así que había pacientes de todo tipo de los que estaban estables hasta de los que estaban inestables o podían cambiar su estado a grave de un momento a otro. Antes de que pasara esto, estaban sólo los pacientes de nefrología en ese piso y las enfermeras tenían algunas historias a las que llamaban la Ronda de la muerte. El nombre era porque había una especie de silueta oscura que se aparecía cerca de los pacientes que iban a fallecer. La ronda era porque este espectro o como dicen las historias, la misma muerte, se pasea acerca del paciente dos o tres días antes de que fallezca. Una vez vista a la sombra siempre se cumplía la sentencia. No había paciente al que lo hubiera rondado la muerte y no hubiera fallecido a los días de ver al espectro. Eran conocidas tres historias. La primera era la de la silueta de la muerte. Contaban las enfermeras que, por la noche, en la guardia de una antigua jefa, ella había visto por primera vez a la figura. Había sido de recién que había tomado el puesto. Algunas compañeras ya le habían dicho que por las noches era más frecuente ver a la muerte rondar cerca de aquellos que seguían en su lista y le advertían para que no se asustara cuando pasara ella. Al principio creía que querían hacerle una broma como una especie de bienvenida al puesto. Así que se pasó varias semanas en alerta, esperando el susto para que no la tomaran desprevenida, pero no pasó nada. Fue hasta el tercer mes de estar a cargo que una noche, cuando se colocó en el centro del control a revisar los expedientes, vio por primera vez la ronda de la parka. Esa noche era verano. Las puertas de emergencia se quedan abiertas, vigiladas, pero abiertas para que circule el aire al interior porque hace demasiado calor. La jefa había visto de reojo que alguien estaba parado en las escaleras de emergencia. Volvió la mirada dos o tres veces y sólo una vez medio alcanzó a ver que la figura entraba por el pasillo. Tras estar parada afuera siguió trabajando. Miró de nuevo al pasillo del fondo, pero ya no vio nada más en las escaleras de emergencias. Regresó a su trabajo y preguntó a los que estaban terminando de organizar el área de trabajo si ya tenían hambre. Así fue que todos decidieron ir a cenar de una vez porque el turno estaba tranquilo. Sólo se quedó la jefa, el doctor dormía un rato en el consultorio y una compañera enfermera se había quedado para vigilar. En lo que los demás regresaban de la cena, la chica que se había quedado a cuidar le dijo que había visto que un paciente grande se había sentado solo y no sabía cómo. A pesar de presentar debilidad siempre, la jefa fue con ella rápido a ver que pasaba. Ambas al llegar vieron que una figura se deslizaba hasta el final del cuarto, pasando hacia el último espacio de la camilla. Al final del cuarto, tras esta visión fueron a revisar al paciente, que estaba solo sentado sin nadie al lado. Acomodaron al paciente como de costumbre y regresaron al control. Después la jefa revisándolos. Anaqueles de medicamento había visto salir aquella sombra del mismo cuarto, donde había ido a revisar al paciente inquieto. Dos guardias más pasaron así viendo de reojo que salía alguien del cuarto. Aquel también había visto que, de forma extraña, el elevador se abría cuando ella sentía que alguien pasaba por el pasillo y aunque sentía la presencia de alguien acercándose al alzar la vista, no veía nada. Pero el elevador se abría solo, pues el botón parecía haber sido presionado por alguien para pedirlo. Tras esos dos días, a pesar de que el paciente inquieto no padecía algo grave, había fallecido súbitamente por una complicación menor. Al pasar aquello, la joven enfermera le había preguntado a la jefe enfermera si ella también había visto a la sombra caminar por el pasillo hacia el fondo del cuarto. Ambas habían visto lo mismo. Así fue que la historia comenzó a circular con más fuerza entre el personal del hospital. El segundo encuentro con la muerte, rondando lo tuvo un doctor nefrólogo. Contaba que él sí creía que la muerte avisaba en ese piso a quien le tocaba, pero que él lo usaba para preparar a los familiares para lo que iba a pasar. Le había pasado la primera vez donde, haciendo la revisión de algunos pacientes a colocación de catéter le había tocado ver cómo una figura doblada en la esquina para desaparecer era algo rápido. Sólo alcanzaba a ver que alguien iba delante de él allá a lo lejos y luego doblaba rápidamente así alguno de los cuartos. Al principio pensaba que era algún familiar, pero poco a poco se dio cuenta que eso no tenía sentido. Siempre era en cuartos diferentes. Además, siempre era la misma silueta. La constante era que aquella sombra se paseaba por las madrugadas. Siempre la veía después de las tres de la mañana. Más de una vez coincidió que la figura aparecía cerca de los cuartos de los pacientes que fallecían a los pocos días. Para él era casi una coincidencia, pero una madrugada había estado muy cargado de trabajo. Además, uno de los pacientes presentaba un cuadro de fiebre incontrolable. Era la cuarta vez que iba a verlo tras el llamado de las enfermeras. La situación se estaba complicando y estaba pensando en moverlo a la unidad de cuidados intermedios. En ese momento llegó a la puerta, desde donde alcanzó a escuchar que el paciente estaba hablando muy bajo. Creyó que algún familiar estaba ahí escuchándolo en medio de la de las alucinaciones por la fiebre. Desde la puerta también alcanzó a mirar que había alguien parado a su lado, pero no alcanzó a divisar bien. Miró rápidamente a otro paciente que lo detuvo preguntándole algo y al regresar la mirada no había nadie. El paciente cayó en paro a las horas de aquel encuentro también una enfermera. Contaba que el familiar de un paciente que se encontraba justo al final del cuarto le comentaba que tenía dos días mirando como los pájaros de los alrededores se golpeaban al intentar entrar al cuarto, pero como la ventana estaba cerrada, no lograban pasar. La enfermera extrañada le reportó a mantenimiento para que fuera a checar si había algo raro, alguna cosa que provocara que los pájaros se desorientaran o se enfermaran, pero no encontraron nada. Después de eso, el familiar de ese señor mayor había dicho que su padre le contó que un joven hombre lo había ido a saludar y le había contado que los pajes seguían a la muerte. Cuando estaba esperando cerca a los días, el señor había fallecido. Y así fue como se había hecho el mito en aquel piso del hospital, que si veías a una sombra caminar por el mismo pasillo, ingresar a un cuarto, verla cerca de un paciente o que algún pájaro se acercara de extraña manera, era señal que la muerte estaba rondando cerca, esperando el momento para llevarse al enfermo. Cuando llegué a ese piso, al escuchar la historia de la muerte que ronda, me pareció una tontería de los colegas que creen en supersticiones. Para mí, como dije antes, es normal que las personas fallezcan en los hospitales. No es necesario que pase algo paranormal para llevarse a los enfermos. Todos están ahí por algo y mi trabajo es hacer lo mejor que pueda para que salgan bien de sus cirugías. Si se recuperen de la mejor forma Durante la primera guardia caótica. Por tanto, internados, las enfermeras estaban hablando de que iban a ir a rezar para que fuera una buena guardia, pues una de las compañeras del turno vespertino les había comentado que la muerte andaba rondando los pasillos que ya la habían visto pasar por dos cuartos desde la noche anterior y querían librar un buen turno. Dejé sus historias de lado y seguí pasando mis seguimientos posquirúrgicos a los días. Vi que varios pacientes habían fallecido en una sola noche. Era rarísimo que tres pacientes bajaran de un mismo piso, pero como había de varias especialidades mezclados, no le tomé importancia. Aunque las enfermeras insistían que la muerte estaba cerca al día siguiente, las enfermeras habían puesto una pequeña imagen muy austera de una virgen. Estaba dentro de una bolsa de plástico, ya que había muchas prohibiciones de cosas que poner o usar en ese momento, ya que se buscaba tener lo menos posible de infecciones cruzadas a causa de materiales ajenos al hospital. Pasaron los días y una noche observé de reojo una silueta de una mujer delgada sentada al lado de una cama donde un paciente dormía tranquilo con las luces apagadas a ese hombre. Me tocó regresarlo del paro cardíaco porque casualmente logré ver que algo pasaba con él mientras pasaba de regreso por el pasillo. Al principio me molesté porque su familiar no se había quedado para recibir los informes tras lo sucedido, pero luego me sorprendió que era su padre el que estaba cenando en la parte de abajo. Cuando pasó todo era imposible lo que vi. Además, la figura que yo había visto brevemente al lado del paciente dormido no se parecía ni cercanamente al papá del joven. Yo vi una mujer no entendía lo que pasaba, pero tampoco me iba a poner a investigar. Mi prioridad son los pacientes, no cazar fantasmas. Pasaron unas semanas y ya me estaba acostumbrando a pasar guardias tranquilas. Poco a poco fui olvidando el mito de la muerte que ronda. No escuchaba que alguien más lo mencionara, a pesar de que siempre se prestan los descansos para platicas que muchas veces terminan en historias de fantasmas. En ese momento, al fin me fue asignado como ayuda a otro doctor suplente. Íbamos a pasar el turno de cirugía juntos, así que ya no tendría jornadas tan largas. Podía estar tranquilo. Ahora que éramos dos en el servicio, nos llevamos bien. El trabajo se sentía fluido y poco a poco comencé a sentir el alivio de dormir al menos una o dos horas seguidas por la noche para aguantar las guardias. En esos días nos habían dejado un pequeño espacio en la oficina del piso para poder llenar los formatos, hacer el papeleo general y demás cosas, pero también comenzamos a usarlo para poder dormir un rato sentados en las sillas. Era descansar ahí o no hacerlo. Las reglas no nos habían dejado espacio para dormir. Las áreas comunes como colchones o la cafetería, estaban cerrados o se limitaban a pocos usuarios para evitar el contagio del personal por el cruce del virus. Debido a la convivencia. A pesar de todo, teníamos que seguir trabajando. Eso no podía detenernos. Yo estaba bastante harto una noche a causa de una paciente que parecía habría que mandarla a interconsulta a psiquiatría por su ansiedad. Tras la cirugía e iba revisando su expediente para ver todos sus antecedentes. Cuando, al alzar la vista, pude ver casi imperceptible el pasar de una figura esbelta oscura hacia dentro de la oficina. Me quedé parado en seco. No me moví intentando darle explicación a lo que había visto a los segundos. Salió mi compañero para decirme que iba a bajar a atender una urgencia. Pasé a la oficina y me acomodé para para dormir un rato, pero lo que pensé ver me había dejado con una sensación extraña. Por qué vi de tan cerca aquello Quizás me faltaba sueño. Todavía pienso que pudo ser eso, pero realmente sentí muy cerca esa presencia, por lo que de inmediato recordé aquellos relatos. La muerte estaría pasando en un lugar donde no había pacientes y la vi de muy cerca. No pude dormir la sensación de estar siendo observado desde una esquina. No me dejaba en paz. Al día siguiente me fui tarde. Había muchas hojas sin terminar. Me había quedado mucho rato pensando en la aparición, Así que se presentó la oportunidad de conversar un poco con la Jefa de enfermeras. Ella me dijo que desde hacía unos días, todos los del turno habían visto rondar a la muerte. Quizás habría un turno muy movido en los próximos días. Me preguntó si yo también había presenciado su andar por los pasillos, le dije que no y me fui no quería seguir dándole vueltas al asunto. Tras esa breve conversación, sólo falleció una mujer muy mayor que había sufrido una fractura tras caer en el baño de su casa. De ahí en más nada. Recuerdo bien claro el número de pacientes y que revisé a los que podrían pasar a un Estado más delicado de un momento a otro los de otras especialidades cuando les pregunté también estaban tranquilos, pues al parecer no tenían muchos pacientes con posibilidades de recaer de forma súbita. Pensaba que todo estaba tranquilo, así que no entendía por qué me sentía tan inquieto. A pesar de mi malestar. No podía seguir sintiendo esa ansiedad, así que seguí con todo lo más normal que pude. Intenté no pensar en eso y fue sencillo, pero cuando de nuevo vi la ronda de la parca, sentí que había cruzado una línea que no entendía. Pensaba que aquella presencia realmente me estaba anunciando la muerte, pero no entendí por qué. Además, en ese or momento la vi en circunstancias completamente diferentes a las usuales. Iba caminando apurado a la oficina a sacar unas recetas, cuando, por el reflejo del vidrio alcancé a ver una presencia oscura que me seguía por la espalda, me giré asustado, pero dueño de mí mismo no iba a gritar o hacer algún ruido, y eso sólo por terquedad, pero no quería que nadie supiera lo que estaba viendo. Tras unos segundos de mirar a mi espalda, de nuevo me giré y observé con terror que la Presencia ahora estaba más lejos, pero seguía detrás de mí. Alcanzaba a ver la delgada, silueta, oscura y casi transparente. Detrás de mí el reflejo me dejaba ver que era una presencia oscura alargada, que no me dejaba ver claro un rostro, pero que sabía perfectamente que me estaba mirando. La figura no se movía ni un milímetro. Emitía una especie de transparencia extraña que me hacía pensar que el viento podría llevarse aquella visión En ese momento, el miedo, si me heló las piernas no supe reaccionar me congelé. Quise alzar la mano para tocar la perilla. Así podría abrir la puerta, pero la muerte me estaba viendo fijamente. No pasó mucho tiempo, o eso creo yo miré aquel espectro negro desvanecerse poco a poco hasta que pareció que una estela se disolvió en el ambiente. Solté todo el aire que estaba conteniendo y a pesar de que fue muy breve, puedo recordar tras estos años muy claramente a ese espanto, esa figura delgada como si fuera un hueso cubierto de negro, como un manto oscuro que camina. Tengo que admitir que tras aquella visión imaginé de inmediato que la muerte me perseguía porque yo era el siguiente en morir. Nadie me había contado de un médico que muriera tras haber encontrado a la muerte o ser visitado por ella. Pero podría ser, pues todo apuntaba que si ella llegaba a donde está tu cama te toca. En ese momento yo dormía en él es oficina. Además, me perseguía de cerca abrí la puerta. Mi colega estaba despierto viendo videos en la computadora. No sé qué semblante habré tenido al entrar que dejó de lado su serie para preguntarme cómo estaba. Me preguntó si me sentía mal. De forma automática, le dije que sentía que me faltaba dormir. Me dejó el escritorio con el asiento él se iba a poner al corriente por mí en lo que dormía un poco me tomé el pulso. Sentí que estaba agitado, pues había sido demasiada impresión para mí. Traté de bajar el susto platicando de trabajo. Ambos nos quedamos quizás unos diez o quince minutos hablando, A pesar de que él me dijo que ya quería salir para pasar al baño. Yo no entretuve, no quería quedarme solo, pero tras ese tiempo él abrió la puerta para salir y desde mi posición recargado en el escritorio alcancé a ver nítidamente como la figura negra giraba en la esquina desapareciendo. Sentí que el cuerpo se me puso helado mientras toda la sangre corría hacia mis piernas. Jamás había sentido lo que era el terror. Creí firmemente que la muerte me estaba esperando, pero se había marchado al ver que no era yo quien salía para seguirme. Me quedé como tonto mirando a la puerta cerrada. Después me paré como enloquecido. Me tomé el pulso, la temperatura, la presión y resolví en ese mismo momento ir a pedir un favor al laboratorio para tomarme algunas pruebas, pues quizás podría enterarme si me pasaba algo grave antes de que la muerte me tocara para llevarme con ella. Salí de ahí aún sin descansar me. Fui al laboratorio y pasé un día más, haciéndome pruebas, me reporté como enfermo, me hice análisis completos de sangre. Incluso fui con un amigo a una revisión rápida del corazón. Quizás por ahí estaba el problema silencioso. No tengo que mentir. No salió algo en las pruebas. Absolutamente nada Estaba más sano que la última vez que me hice un chequeo y comencé a culparme por mi paranoia. Así que fui a pedir que me medicaran. Pensé que la ansiedad por la carga de trabajo, más la sensación de peligro por la pandemia, estaba acabando con mi tranquilidad. Justo antes de comenzar mi turno fui por el medicamento para la ansiedad. Me lo tomé, fui a checar mi entrada y me dediqué a trabajar, como usualmente lo hacía. Raramente mi compañero no apareció. Falleció durante la mañana en un accidente con su moto. Lo extraño es que jamás volví a ver aquella figura. Tampoco volví a escuchar que alguien la viera. Y duré trabajando ahí otro año más, la vida me puso en otro lugar, pero me quedé con esa duda hasta la fecha. No entiendo qué era lo que decían que venía por los pacientes. Si era la muerte, no sería evidente que seguiría ahí llevándose a los enfermos. No entiendo por qué desapareció junto con mi colega. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo