Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Mi Aterradora Experiencia Con Una Bruja Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos. Cada vez que pienso en mi infancia, suelo querer enfocarme en los momentos felices con mis padres y amigos. Sin embargo, hay una historia a la cual siempre estará presente y es momento de contarla. Tenía apenas diez años cuando viví la experiencia más aterradora de mi vida. Nací y crecí en un pequeño pueblo donde las historias de terror eran moneda corriente, pero ninguna superaba la infame leyenda de cuello largo. La historia que todos contaban hablaba de una Bruja que había sido en algún momento una curandera amable y generosa. Durante la Revolución, algo cambió en la vida de la Bruja y eso marcó el destino de todo el pueblo. Los niños comenzaron a desaparecer y el miedo se instaló en cada rincón. La inacción de las autoridades forzó a los habitantes del pueblo a tomar la justicia en sus propias manos, condenando a la mujer sin juicio alguno, a ser ahorcada a un lado del río. Pero antes de su ejecución, la Bruja pronunció una siniestra advertencia nunca podrán librarse de mí Desde entonces. La leyenda hablaba de una venganza sobrenatural que perseguía a todo el pueblo. Después de la ejecución de la Bruja, un silencio tenso cayó sobre el pueblo. Las desapariciones de niños cesaron y la tranquilidad regresó al pueblo. Pero la advertencia de la Bruja nunca fueron olvidadas. Pasando de generación en generación pasaron años y parecía que la leyenda no era más que eso. Hasta una noche fría de octubre, mis amigos y yo habíamos crecido con esta historia y con el tiempo se volvía aún más escalofriante. Quienes aseguraban haber sobrevivido cuello lado la contaban haber visto una figura con un cuello inhumanamente largo, separado del cuerpo por varios metros. Según la historia, esto se debía a que murió ahorcada. Algunos valientes se aventuraban al río en la noche en busca de un encuentro con la Bruja, pero la mayoría nunca vio nada. En realidad, como desearía que aquel hubiera sido mi caso. Un día, un nuevo niño llegó al pueblo Abraham, siendo un chico de ciudad. Se burló de nuestras historias de terror. Este aseguró que en la ciudad no creían en aquellas tonterías y ya que se había hecho muy cercano a mi grupo de amigos nos propuso ir al río para así demostrarnos que eran puros inventos. Dudamos al principio, pero todos queríamos vernos valientes ante el chico de ciudad, por lo que terminamos aceptando la obscuridad envolvió el pueblo cuando nos encontramos en un punto. Cada uno de nosotros llevaba linternas, bocadillos y tiendas de campaña n o de la rs en la luna como testigo, nos dirigimos al río con abram liderando el camino y su risa desafiante, resonando en la noche. El sonido del agua del río creaba una atmósfera inquietante mientras avanzábamos hacia el lugar donde se contaba que el cuerpo de la Bruja fue arrojado y por lo tanto solía acechar una brisa fría soplaba entre los árboles y las ramas crujieron como si escondieran secretos oscuros. Avanzamos con cautela con las linternas parpadeando en la oscuridad, mientras los árboles parecían susurrar palabras incomprensibles. Cuando finalmente llegamos a la orilla del río, la luna llena brillaba en el cielo, iluminando el agua de manera espectral. Era un espectáculo hermoso y aterrador. Al mismo tiempo, mis amigos y yo intercambiamos miradas nerviosas y aunque habíamos venido en busca de cuello largo, ninguno de nosotros estaba seguro de lo que encontraríamos. Después de escuchar los chistes de Abraham y ver a mis amigos sonreír nerviosamente, decidimos encender una fogata alrededor de la fogata. El miedo que todos compartíamos. Seguía latente, a pesar de que habíamos llegado al río para desafiar la leyenda de cuello largo. La obscuridad de la noche y el silencio del bosque mantenían nuestra ansiedad a raya. A medida que avanzaba la noche, el cansancio nos invadía la idea de dormir. Comenzó a ganar terreno en nuestras mentes. Habíamos dicho a nuestros padres que pasaríamos la noche en casa de otros amigos y acampar en aquel lugar nos pareció la mejor idea. Después de todo, parecía que habíamos perdido el miedo al río, o al menos eso pensamos. Tendimos nuestras tiendas de campaña. Cerca de la fogata que ahora se había convertido en brazas titilantes. Abraham seguía bromeando, haciendo chistes sobre cómo la bruja nunca se atrevería a acercarse a valientes como nosotros. Su risa retumbaba en la noche, pero no podía disipar completamente la la vi que sentía en mi interior. Mientras los demás se acomodaban en sus sacos de dormir, Yo no podía dejar de mirar el río, a pesar de que había estado ahí tantas veces antes. Mi mente estaba llena de la leyenda, de cuello largo y la quietud del lugar sólo servía para intensificar mis temores. Finalmente, el cansancio me venció y cerré los ojos, pero mi mente estaba lejos de estar en paz. En el momento en que me sumergí en el sueño, me vi a mí mismo caminando solo por la orilla del río. La luna llena iluminaba el camino y la belleza del lugar no se podía negar. Me sentía inquieto como si estuviera siendo observado por algo invisible. Mi corazón latía con fuerza mientras avanzaba. Entonces de la nada, una sombra masiva se proyectó sobre mí. Antes de que pudiera reaccionar, Una mano oscura y retorcida emergió del agua y se aferró a mi tobillo con una fuerza sobrenatural n s or desesperadamente, pero la mano tiró de mí hacia las profundidades del río. El agua se volvió turbia y oscura y la sensación de ahogo se apoderó de mí. Traté de gritar, pero sólo burbujas de aire escapaban de mis labios. La mano continuaba tirando de mí hacia abajo, hacia un abismo sin fin. Finalmente fui arrastrado a las profundidades del río, donde la obscuridad me envolvió por completo. El agua fría me rodeaba y la sensación de ahogos se hizo insoportable, justo cuando parecía que ya no había esperanza. Me desperté sudando y temblando, me incorporé en mi saco de dormir. El sueño había sido tan vívido y aterrador que me costaba recordar que estaba en el campamento con mis amigos. Quise volver a dormir y olvidar ese sueño, pero algo en mi interior me decía que algo estaba mal. Mientras recuperaba la compostura y mi respiración volvía a la normalidad, Noté por el nulo resplandor de afuera que la fogata se había extinguido por completo y que mis amigos estaban profundamente dormidos en sus tiendas de campaña. La obscuridad del bosque era opresiva y no podía sacudirme la sensación de que algo había cambiado. Desde que cayó la noche. Cuando cerré los ojos e intenté relajarme, noté un movimiento inusual. En la entrada de mi tienda de campaña, la cremallera se movió lentamente y una cabeza humana comenzó a asomarse en el interior de la tienda. Esta cabeza parecía flotar en el aire con una expresión pálida y demacrada y ojos huecos que parecían absorber la luz de la luna. Mi corazón se detuvo en ese momento mientras observaba con horror la cabeza flotante que había invadido mi tienda de campaña. Parecía que cuello largo se había convertido en una entidad aún más siniestra. La cabeza se acercaba lentamente a mí. Su mirada estaba fija en la mía. Temiendo lo peor, intenté gritar, pero mi voz se quedó atrapada en mi garganta. Los ojos huecos de la cabeza parecían penetrar en mi alma. Me llené de un miedo indescriptible. Era esto una pesadilla o la venganza sobrenatural que la bruja había prometido. La cabeza flotante continuó avanzando hacia mí. Podía sentir su presencia fría y espeluznante. Mis amigos seguían profundamente dormidos, ajenos a la pesadilla que estaba ocurriendo en la tienda de campaña. Mi mente luchaba por comprender lo que veía, mientras mis instintos gritaban que debía huir. El horror se apoderó aún más de mí Cuando pude ver mejor la cabeza, la cual no estaba flotando, sino que era sostenida por un largo cuello. No podía apartar la mirada de aquel espectro. Parecía una visión sacada de mi pesadilla, pero era real. No sabía qué hacer. Mi garganta seguía cerrada por el miedo. La cabeza se acercó más y pude ver los detalles macabros de su rostro. Su rostro estaba lleno de arrugas y heridas por las cuales aún escurría una ora mezcla de pus y sangre podrida. No podía creerlo. Estaba ahí dentro de mi tienda, observándome con malicia en sus ojos vacíos. Estaba en chock, incapaz de moverme o gritar. Finalmente, cuando la cabeza se inclinó hacia mí, como si estuviera a punto de susurrarme un secreto, no pude soportarlo más un grito de pánico brotó de mis labios rompiendo el silencio de la noche. Había visto a la bruja cuello largo y ahora el terror se apoderaba de todos nosotros. Cuando todos estuvieron cara a cara con la espantosa cara de la bruja, todos pidieron contemplar sus ojos huecos, los cuales nos miraban con Malicia. De pronto su boca comenzó a esposar una macabra sonrisa. Luego un sonido siniestro brotó de sus labios mientras se reía de forma escalofriante. El miedo que sentí en ese momento era indescriptible. Me sumí en un pánico absoluto mientras contemplaba a la bruja era real y no po or negar su existencia con un grito desesperado. Rompí la tienda de campaña con mi vieja navaja Suiza. Había sido un regalo de mi padre. En mi cumpleaños estábamos atónitos ante la visión aterradora que teníamos frente a nosotros revelando el resto de su cuerpo. Era un espectáculo macabro que se quedó grabado en mis pesadillas para siempre. El cuerpo de la bruja era esquelético como si la carne se hubiera derretido, dejando sólo huesos y piel tirante su piel tenía un tono azul pálido y estaba arrugada como si hubiera estado sumergida en el agua durante siglos. Los harapos que vestía colgaban de su cuerpo macabro. Sin embargo, lo peor eran sus extremidades. Sus brazos y piernas se deformaban de manera grotesca hasta el punto de parecer más extremidades de una criatura monstruosa que las de un ser humano. Sus dedos terminaban en garras afiladas y sus movimientos eran torpes y erráticos, como los de un ser que había perdido toda humanidad. Nos quedamos petrificados ante la abominación que se cernía sobre nosotros. La risa de la Bruja seguía llenando el aire retumbando en nuestros oídos como un eco maldito. Era como si todos los horrores de las historias de cuello largo se hubieran vuelto realidad. En ese momento, la bruja avanzó lentamente hacia nosotros, moviéndose de manera espasmódica y emitiendo sonidos aterradores. Parecían no seguir las leyes de la física como si estuviera más allá de nuestra comprensión. La luna llena iluminaba su figura distorsionada, arrojando sombras aterradoras a su alrededor. Abraham, el chico de ciudad que inicialmente se burló de nuestras historias, estaba temblando de miedo. Ninguno de nosotros sabía cómo enfrentar a esta entidad sobrenatural que había acechado al pueblo durante generaciones. Nuestra valentía se había desvanecido en la oscuridad de la noche. La bruja sor su brazo retorcido hacia nosotros. Sus garras amenazadoras brillaban a la luz de la luna, temiendo por nuestras vidas. Corrimos en direcciones opuestas tratando de escapar de su macabra presencia. Las ramas de los árboles nos rasgaron la piel mientras huíamos a través del bosque. La risa de la bruja seguía persiguiéndonos como si estuviera en todas partes. A la vez era un sonido que cortaba el alma y nos impulsaba a correr aún más rápido. Sabíamos que no podríamos escapar de la maldición de cuello largo, pero teníamos que intentarlo. El pánico nos obligó a correr en diferentes direcciones sin un plan ni una dirección precisa. Sólo queríamos huir de la pesadilla que teníamos frente a nosotros. Yo seguía a Abraham y juntos corrimos sin aliento, sin detenernos, hasta que nuestras piernas ya no pudieron más estábamos en un lugar desconocido del río, perdidos y sin saber a dónde dirigirnos. Aún podía escuchar las risas siniestra de la Bruja resonando en mis oídos. Mientras nos escondíamos detrás de una vieja carreta abandonada, la madera crujía bajo nuestras manos temblorosas y el miedo seguía amenazando nuestros corazones. No sabíamos qué hacer ni a dónde ir. Sólo queríamos permanecer ocultos hasta que la luz del día nos protegiera de la pesadilla que habíamos encontrado. Los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar aquella parte del río y poco a poco, el miedo fue cediendo espacio a la esperanza. La risa malévola de la Bruja se desvaneció y finalmente el río recuperó su apariencia tranquila y serena, pero yo sabía que nunca podría olvidar lo que había presenciado. A pesar de la luz del día, Abraham y yo seguimos escondidos detrás de la vieja carreta. El miedo nos mantenía paralizados y ninguno de nosotros podía creer que la entidad de pesadilla no nos hubiera encontrado. Nos preguntábamos si nuestros otros amigos habían corrido la misma suerte y temíamos lo peor. Finalmente, reunimos el coraje para salir de nuestro escondite. Todo parecía tranquilo y no había rastro alguno de la bruja, aunque temíamos volver al río a recoger nuestras cosas, por lo que optamos por no hacerlo. Decidimos que lo más importante era regresar a casa. Nos aventuramos a alejarnos del lugar con la esperanza de encontrar a nuestros otros amigos. Mientras caminábamos de regreso, nos encontramos con nosotros. Tres miembros de nuestro grupo estaban igual de asustados y aliviados de vernos como nosotros lo estábamos. Al encontrarlos, nadie sabía cuál sería nuestro siguiente paso. Habíamos vivido algo que parecía increíble, tan increíble que sabíamos que nuestros padres jamás nos creerían. Si se lo contábamos. Además, podríamos meternos en problemas por desobedecer y pasar la noche en el río. Por lo tanto, todos pactamos mantener el secreto. Nuestro regreso al pueblo fue silencioso como si el terror que habíamos enfrentado aún se aferrara a nuestras almas. Cada uno de nosotros estaba sumido en sus pensamientos, recordando la visión espantosa de cuello largo y los horrores que habíamos presenciado en la noche. La promesa de mantener el secreto nos unía, pero la pesadilla seguía persiguiéndonos. A medida que nos acercábamos al pueblo, la vida cotidiana continuaba como si nada hubiera sucedido. La gente en las calles iba y venía ajena a los horrores que habíamos vivido en el río. Era como si nuestra experiencia hubiera sido un sueño, una pesadilla que sólo nosotros recordaríamos. Después de aquella experiencia aterradora, la amistad entre nosotros ya no fue la misma. Estar juntos nos recordaba el evento traumático y el grupo se disolvió con el tiempo. Algunos de nosotros incluso abandonamos el pueblo en busca de nuevas oportunidades y una vida lejos de los recuerdos r per srs. De esa noche entre los que se fueron estaba yo. Esto debido a que mis padres decidieron brindarme una mejor educación y me enviaron a vivir a la ciudad con parientes. En la ciudad crecí y traté de dejar atrás el pasado convenciéndome a mí mismo de que todo lo vivido aquella noche no había sido más que una simple pesadilla. Una simple pesadilla la cual aún de vez en cuando me atormentaba por las noches y para ser franco por más que lo intente, una pequeña parte de mí no creía que aquella fuera una pesadilla. Cuando tenía casi veinte años, mi padre enfermó gravemente y tuve que regresar al pueblo. Estar ahí de nuevo me llenó de nostalgia, pero también de temor. Pasé tiempo, junto a mi padre hasta su último suspiro. Después del funeral, decidí tomarme un trago en el bar del pueblo tratando de calmar mis emociones y recuerdos. Fue ahí donde me encontré con Abraham, aunque estaba visiblemente ebrio. Aún me reconoció. Hablamos un poco sobre los viejos tiempos, pero Abraham mencionó la noche que nunca olvidaríamos. Sus palabras me llevaron de vuelta a esa pesadilla y su rostro reflejaba la gravedad de lo que habíamos vivido. Cuando Abraham mencionó aquella noche me quedé en choc. Me negaba a creer que aquella horrible pesadilla que me atormentaba con frecuencia fuera más que una simple creación de mi mente. Mi voz temblorosa. Apenas pudo articular que no sabía a qué se refería. Con todo eso, Abraham pareció no dar importancia a mis intentos de evitar hablar del asunto y se disculpó conmigo. Dijo que si no hubiera sido tan escéptico de niño, quizás no me habría arrastrado a vivir. Aquella espantosa noche intenté tranquilizarme negándome a enfrentar mi propia realidad. Me levanté del bar con la intención de volver con mi madre, pero a medio camino, algo dentro de mí me impulsó a desviarme de mi camino directo a casa. Sin razón aparente, me encontré dirigiéndome hacia el río. No sabía por qué lo hacía, No tenía un propósito en mente. Simplemente lo hice. Llegué al río y bajé de mi auto. El entorno parecía normal y pacífico, justo como lo recordaba. Sin embargo, estar ahí en ese lugar hizo que los recuerdos vividos aquella noche golpearan mi mente de manera abrumadora. Estaba seguro de que no se trataba de una simple pesadilla. La realidad de lo que había ocurrido me golpeó como una ola No había olvidado aquella noche con la bruja de cuello largo, como había intentado convencerme a lo largo de los años, me enfrenté a la verdad y esa verdad era aterradora. No puedo decir que volví a ver a la bruja en esa visita al río para hacer mi historia más interesante. Eso sería una mentira. Lo que hice fue regresar a mi auto y conducir de regreso a la ciudad junto con mi madre. Juré en silencio que jamás volvió vería a aquel pueblo. La pesadilla de cuello largo dejó una cicatriz imborrable en mi mente y no quería arriesgarme a encontrarme de nuevo con esa espantosa entidad que habitaba en las sombras del Río. Mi vida continuó en la ciudad, tratando de alejar de mis pensamientos los recuerdos de aquella noche aterradora, pero sin importar cuánto lo intente. La historia de cuello largo siempre estará presente en mis pesadillas y en los rincones más oscuros de mi mente. Aquella noche en el río me marcó de por vida y nunca podré escapar por completo de su influencia. Relato escrito y adaptado por Aurora Escalante