Latest / Reflexiones cristianas con José Ordóñez / 295 | Mis hijos no valoran las cosas que tienen.
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- Antes de empezar con el podcast doscientos noventa y cinco, permítanme hacerles una amable invitación. Hemos creado nuestra comunidad donde todos los miembros pueden acceder al taller de matrimonios, a las grabaciones de la tercera escuela para padres, a material descargable. Todas las semanas tenemos contenido nuevo. Una semana tenemos sala de consejería a la siguiente semana un nuevo taller con siete diferentes clases sobre una temática específica. Por ejemplo, el primero de septiembre tendremos nuestro primer taller de finanzas para la familia. El quince de septiembre, segundo taller. Cómo disciplinar convenientemente a los hijos y así todas las semanas material nuevo, material descargable y el acceso a las veinte horas del taller de matrimonios y de la Escuela para padres. Ve ahora mismo a José Ordoñez Cristian punto com y ahí encuentras toda la información. Ahora sí, podcast número doscientos noventa y cinco. Desde muy joven, ella y su hermano viajaron a los Estados Unidos. Tuvieron una vida en Colombia con una considerable pobreza, pero al llegar a los Estados Unidos vieron un mundo de oportunidades. Poco a poco, se fueron estableciendo y terminaron con una vida completamente distinta. Ella se casó con un americano muy buena persona, un hombre, como lo califica ella, de noble corazón. Tiene dos hijas que no han visto ni siquiera el primer atisbo de pobreza que vivió su mamá. Son niñas que crecen en un barrio de condición media alta en los Estados Unidos, que juegan golf, que disfrutan de las compras de lo último, en la tecnología de una camioneta con aire acondicionado, de un mundo de posibilidades que su mamá no vio Y cuál es la pregunta que me hace esta mujer en la tercera escuela para matrimonios, en nuestra sala conversacional, me dice mis hijas no conocen ese otro mundo de la pobreza, no valoran las cosas que tienen, no le tienen. Estima a la habitación donde duermen la ropa que se ponen, la calidad de la comida que se comen. Y yo quiero, como madre, que ellas entiendan que en la vida no todo es fácil, que sepan que hay muchas personas que pasan necesidades y que ellas deberían valorar más la clase de vida que Dios les da. Pero parecen no entenderme, ni ellas ni mi esposo que me dice amor. Eso es para la gente criada en Colombia, no para nosotros, los americanos, y entonces qué debo hacer. La respuesta es para ella y para cada uno de ustedes que de pronto puedan estar viviendo situaciones como estas. Hola, yo soy José Ordoñez y les invito a disfrutar el audio podcast del día de hoy. Bienvenidos, voy a responderles poniendo algunos ejemplos que yo realicé, sobre todo porque nos parecemos en algo no criados, con muchas necesidades, pero luego nos vamos a los Estados Unidos. Tenemos hijos y los hijos tienen todas las oportunidades que nosotros no tuvimos y entonces contarles a ellos yo cuando les cuento a mis hijos que cuando le hablamos a Jasmith dire Te, voy a poner un ejemplo. Un ejemplo es que cómo mis hijos comen pollo mis hijos. No se comen el cartílago con lorique. Nosotros escogemos esos huesos, Dios mío, y eso queda. Pero no comen patas de pollo, no comen mollejas, no comen pata frijoles, con garra, con pata y con las duras. Y no sé eso es. Eso solo mito una angus, unas full rockers, las hamburguesas de búfalo Y claro, todo padre, todo padre, quiere llevar a su hijo a darle con excelencia a que una frase que por ahí vamos a estar trabajando, que es tonta, por demás, que mi hijo tenga todo lo que yo no tuve, porque eso es como una venganza que uno le cobra a la vida. Pero se da cuenta que el corazón del ser humano es engañoso más que todas las cosas, porque a veces cuando nos excedemos de esa manera, pues estamos causando en nuestros hijos que ellos depositen la confianza y la probabilidad de que ellos sean felices teniendo cosas y disfrutando cosas que a veces son subvaloradas. Ellos no valoran, no valoran el que jueguen tenis y golf y tengan una piscina y tengan un carro y tengan el aire acondicionado, porque además, nunca han adolecido de cosas como esas. Te voy a contar mi práctica y la práctica que yo puse durante años. Yo no los pongo a aguantar hambre para que sepan lo que es el hambre. Sí, no los puse a vivir mal para que sepan lo que es vivir mal, Pero hice ejercicios como estos durante muchos años. Cuando yo venía, dado que tenía una buena categoría en la aerolínea en la que yo vi viajaba, me permitía tener tres maletas. Yo la llenaba de juguetes. Me iba para el good Will en los Estados Unidos y compraba bueno. Yo no. Jazmith, es la experta para esa vaina. Yo no sé cómo compraba Barbis a un dólar y muñecos y pelotas y yo me traía cajadas llenas de ropa. También en el Goodwill, en el mercado de las pulgas compramos muchas cosas. De hecho, aquí no se lo van a contar a nadie ni le van a decir a Jasmit que yo dije a mí me encanta llegar a Estados Unidos y me voy para el goood Will a ver les describo a los que nunca he estado en un Goodwill. Son unos stoters, son unos stors, unas tiendas, grandes bodegas en donde la gente va y todo lo que no necesitan. La casa bailoota ya ahí lo regala. Entonces encuentras ropa de segunda en muy buen estado, juguetes muebles al americano. Todo el tiempo está cambiando y cuando vas allá, todas las cosas son de segundas. Algunas inclusives son nuevas, sino que nunca las utilizaron. Y a mí me gusta ir allá porque haya encontrado vestuario para actores, para mis personajes encuentro más caras cosas y cosas raras. Entonces me encanta ir a comprar allá y dentro de las cosas que compraba muchos muñecos y Ropa de Bebé estaba en muy buen estado y nos la traíamos para Colombia y hacía este ejercicio con mis hijos. Me iba a los barrios subnormales, estacionábamos la camioneta y les pedí a mis hijos que, por favor, les regalara a esos niños. Cuando mis hijos llegaban a esos barrios y los niños venían descalzos mocosos, llenos de mugre. Así, organizábamos una fila y le pedía yo a mi hijo que a cada uno de los niños le fuera regalar. Luego pedía yo en la casa más pobre, más pobre del barrio, más subnormal, en la ciudad de Bucaramanga, y me llevaba a mi hijo, a mis hijos y entrábamos. Bueno, es que entrar, es que ni puerta había entonces gente viviendo sobre unas lonas tapados, con unos cartones, en piso de barro con unas camas y a eso se le puede decir camas y al lado, una pequeña cocina con una hollita llena de sopa y les decía yo a mis hijos. Mira tú ves te das cuenta y le preguntaba a la señora Cuántos duermen en esa cama. Cinco, cinco duermen en esa cama. Mira el colchón, mira el frío qué hace aquí y decían las señoras no, Y cuando llueve por debajo de la cama, pasa el agua y le decía le destapaba. Yo la olla mire esta familia tomó. Este fue el almuerzo de esta familia el día de hoy y mira cómo se visten esos niños y lo que comen. Valora hijo la vida que Dios te dio. Lo hice en algunas oportunidades y también los llevé a la cárcel. Yo metí a mis hijos a la cárcel. Me iba dictaba conferencias en las cárceles, hacía reír, les regalaba un show a las reclusas. Luego les daba un mensaje. Pero me llevaba a mis hijas mujeres y les daba el recorrido por la cárcel. Mira cómo viven las presas de mi país, mira la necesidad que hay aquí afectiva y les mostré a mis hijos. Me los llevé a dos cárceles, a los varones y les mostré cómo es una cárcel. Por dentro les hablé, les mostré la crudeza de la vida para que tuvieran la oportunidad de valorar lo que tienen y pienso de hecho que son ejercicios que los padres. Consecuentemente, tenemos que hacer. Organiza una cruzada. Lleva a tu hijo para que conozca cómo viven los niños que adolecen de oportunidades, llévanlos a lascarcel Lleva a s a los hospitales, porque también los llevaba a los hospitales para ver hacíamos en los recorridos que hacíamos a veces con casarroca aquí, en Bucaramanga, nos íbamos al Ramón González de urgencias y veíamos la gente enferma tirada en los pasillos. Y esa era, como digamos, una disculpa para entablar una conversación con mi hijo, diciéndole hijo ya ellos sabían sabía de mi papá no podría hacer estos ejercicios, pero ya sabemos que eso, además, después se convierte en un sermón que nos va a dar valora, mira la vida y creo que tú deberías hacer lo mismo. Creo que deberías inclusive invitar a tu esposo para que viniera y conociera Colombia, a mi hijo dentro, a mi hijo José Daniel, dentro dentro del proceder que tenían ahí, en el Cálvaro y Chapel, donde ellos estudiaban, los llevaron en alguna oportunidad a México Y él lo llevaba además, porque, como mi hijo habla a los dos idiomas fueron niños americanos que por primera vez pisaban un barrio subnormal y le decía y los niños, los compañeros de mi hijo, decían cómo vive esta gente en estos barrios anormales. Y mi hijo le dijo no, no los anormales. No son ellos los anormales, somos nosotros, porque la mayoría del mundo vive así. Tus hijas creadas en los Estados Unidos con tantos beneficios, quizá puedan llegar a ver el mundo de la pobreza como anormal y tú necesitas ir llevarlas y que vean el mundo anormal en el que ellas viven. Porque lo anormal sí, ese porcentaje pequeño de los ricos en el mundo, ese es el mundo anormal. El mundo normal es que el mundo pasa necesidades, Las familias pasan necesidades y creo que dentro de los procesos de educación que todo padre debe tener con sus hijos es llevarlos a que conozca la dureza del mundo. De hecho, hay una manera como educan en los Estados Unidos a los muchachos que potencialmente se pueden convertir en rufianes. En malandrines y en antisociales cuando están empezando a cometer sus primeros actos delictivos. Los llevan a una cárcel de máxima seguridad y los meten allá en donde los que llevan diez, veinte, treinta años los gritan, los ofenden, les dicen mira quieres llegar aquí, quieres dormir así y los meten a la celda y le dice por qué le haces eso A tu padre. Yo le hacía lo mismo a mi papá tú lo puedes y los gritan los ponen a tener una experiencia demasiado chocante para advertirles a esos muchachos que hoy son pequeños anticias ideales para que se den cuenta que probablemente de seguir por ese camino, lleguen a experimentar situaciones tan duras como esas. Regálale a tu hijo un poquito de frío y un poquito de hambre regálale un poquito de necesidad para que aprenda a valorar lo que tú le estás dando en casa. Termino, invita a tu esposa Colombia y compren muchas más. Váyanse para un Váyanse, para un Woodwill, compren cajas de muñecos y de ropa. Y luego no es difícil en cualquier ciudad de Colombia irse a un barrio subnormal y que tus hijas y tu esposo conozcan el mundo de la normalidad en la que vive la gente. Bueno. Espero que esta respuesta le haya ayudado a todos aquellos que necesitan saber qué decirle a los hijos, qué mecánicas emprender para que aprendan a valorar las mejores condiciones de su vida. Ya lo sabes. Hemos creado una comunidad donde se encuentran todos los videos de la tercera escuela para padres y del tercer taller para matrimonios, veinte horas de clases, materiales descargables y todas las semanas un nuevo contenido. Una semana consejerías, otra semana un nuevo curso. Obviamente, mes a mes iremos incrementando todo nuestro contenido para que lo puedas disfrutar. Por ahora les deseo que tengan un lindo día que Dios les dé la sabiduría suficiente para enseñarle a los hijos que no todo en la vida es fácil, que hay cosas que cuesta conseguir y que deben valorar todas aquellas que ellos poseen. Que Dios te bendiga