Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Liberamos A Mi Perro Del Demonio Que Se Apoderó De El Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más comenzamos la siguiente historia. Nos sucedió a mi hermana y a mí hace algunos años. Fue algo que nos marcó mucho y que nos hizo darnos cuenta de que realmente la realidad supera a la ficción. Mi nombre es paola y mi hermana se llama Teresa. En ese entonces teníamos veintitrés y dieciocho vivíamos en una casa algo pequeña que rentábamos en Mazatlán. Realmente éramos de Puebla, pero nos habíamos mudado juntas hasta allá porque yo iba a hacer mis prácticas y como mi hermana había terminado la prepa e iba a tomar un año sabático, decidió irse conmigo estudié turismo y era un gran lugar para poner en práctica mis conocimientos. Fue difícil al principio, pues no encontramos trabajo tan fácil, pero en cuanto lo conseguimos, todo estaba perfecto. Yo iba por las mañanas a mis prácticas en un hotel en la zona dorada y en las tardes trabajaba en uno de los restaurantes de la playa. Mi hermana, por otra parte, sólo iba a trabajar por las mañanas en un supermercado. La verdad, en esos tiempos no nos pasaba por la cabeza nada paranormal. La casa era muy pequeña, pero tranquila. Jamás habíamos sentido malas vibras o el aire pesado. Nada pasaba ahí, pero el problema nunca fue la casa. Fue algo más. Pasaron un par de meses y la verdad nos estaba yendo muy bien, a pesar de que extrañábamos nuestro lugar de origen Mazatlán. Es un lugar muy bello y conocimos a muchas personas increíbles. Una de ellas era la dueña de un local llamada Belén. Tenía un pequeño puesto al que reglamente íbamos a cenar, pues estaba cerca de la casa. Vendía tacos y chorreadas. Comenzamos a llevar muy bien con ella. Era muy amable y en cualquier cosa que necesitábamos, siempre estaba para nosotras. En fin, una tarde noche llegué a casa después de un largo día y me encontré con la sorpresa de que había un perro ahí. A mí me encantan los animales, pero esa vez no me emocioné. Simplemente fue algo que no me esperaba. Le pregunté a mi hermana Teresa qué significaba eso y me dijo que lo sentía, pero que no había tenido otra opción más que adoptar al perrito. Me contó que había ido con la señora Belena cenar un rato antes y que se dio cuenta de que tenía al perro amarrado a un árbol y cuando le preguntó por él, la señora Belén le dijo que se lo habían regalado a su esposo, pero que ella no lo quería, así que lo tenía ahí hasta que la perrera fuera por él. Mi hermana, que tiene un buen corazón, le dijo que, por favor, no dejara que se lo llevaran, porque en las perreras muchas veces sacrifican a los animales y eso era injusto. La señora Belén le dijo que entonces se lo llevara porque ella no lo quería y que ya lo había ofrecido a otras personas y nada. A mi hermana le pareció extraño, pues el perro era un jaske con los ojos azules muy profundos, era negro con blanco y la verdad era bonito ya estaba grande. Era un perro adulto y normalmente esos perros los venden y no tenía sentido que no lo quisieran ni regalado, así que no tuvo opción y lo llevó a casa. Me dijo que se llamaba Tomy y que se quedaría con nosotras. Me quedé pensando en que era una pésima idea, pues era un perro grande y seguramente la dueña de la casa no estaría contenta, pero sabía que si decía que no a mi hermana se le rompería el corazón. Pero se me ocurrió que quizá podríamos intentar regalarlo para que tuviera una familia y nosotros no tuviéramos problemas y sin n s s s s. Sincera el animal me parecía un poco raro, a pesar de parecer un jask irreal y ser muy bello con esos ojos y ese pelaje tenía algo raro. No podría explicarlo completamente, pero su mirada parecía vacía y tenía una expresión como de enojo. Pero bueno, sólo era cuestión de resguardarlo unos cuantos días hasta que encontráramos otro dueño. Eso no lo sabía mi hermana, pero sabía que cuando sucediera, lo entendería. Tommy se quedó en casa con nosotros y al principio todo parecía estar en orden. Mi hermana y yo nos esforzamos por cuidarlo y darle cariño, pero conforme pasaban los días noté que su actitud no era del todo normal. Por las noches se ponía inquieto y comenzaba a aullar de una manera desgarradora. Nos costaba conciliar el sueño con ese lamento lastimero resonando en la casa. Me despertaba sobresaltada y mi hermana también se sentía incómoda. Por sus aullidos nocturnos. Además, no parecía querer interactuar con nosotros, a pesar de nuestros esfuerzos por jugar con él o acariciarlo. Incluso no se ponía feliz cuando alguna de nosotras llegaba a casa. Siempre mantenía esa mirada fría y distante como si ocultara algo. En este punto puede parecer extraño el no confiar de todo en un animal, porque ellos son puros e inocentes. Pero ese perro tenía algo que no estaba bien. Una noche, mientras mi hermana y yo intentábamos calmar a Tommy, notamos que algo estaba mal. El perro no estaba mirando hacia nosotras, sino hacia una esquina oscura de la sala. Sus ojos azules brillaban con furia mientras gruñía y ladraba en dirección a la nada. Estábamos asustadas y confundidas que estaba perturbando tanto a Tommy. Había algo en nuestra casa que no podíamos ver. El suspenso se hizo presente y a pesar de que ya había buscado otro dueño para el perro, nadie que llevárselo. Mandaba fotos a mis conocidos y siempre me decían que si al darse cuenta de que era un perro de raza, pero cuando lo veían en persona, se arrepentían de inmediato y se iban como si hubieran visto al mismísimo diablo. Era una situación complicada, pues ese suceso había cambiado nuestra rutina y nuestra vida en Mazatlán. Una noche en la que mi hermana y yo ya estábamos dormidas, un sonido extraño me despertó, me senté en la cama y traté de captar que era ese sonido. Se escuchaba afuera de la casa. Eran las patas de un animal corriendo la curiosidad y el miedo me estaban matando porque podría ser algo malo y debía cerciorarme de que no fuera así. Me levanté de la cama y busqué a Tomy por todos lados dentro de la casa y nada. Era imposible que se saliera, porque todo estaba completamente cerrado. Era como si hubiera desaparecido. Estaba confundida y asustada se l s rs, pero pensé que quizá estaba bien escondido. Por ahí abrí la puerta de la casa y a primera instancia no vi nada. La casa estaba al lado de un terreno baldío y era de ahí de donde salían esos sonidos. Se escuchaba un animal correr muy rápido. Por un momento pensé que era Tommy, pero era algo imposible. La casa estaba completamente cerrada y yo había visto con mis propios ojos a Tomy antes de dormir decidí saber qué era lo que estaba haciendo ese ruido y me subí a una silla para ver sobre la barda que dividía la casa del terreno. Tuve mucho cuidado porque la barda tenía pedazos de botellas rotas justamente para que nadie entrara. Y cuando me asomé, vi algo que me puso la piel de gallina. Era mi perro Tomy, corriendo frenéticamente llevando un animal en el hocico. No alcanzaba a ver muy bien, porque todo estaba oscuro, pero parecía un dato o un tlacuache hasta podría decir una gallina. Tommy corrió hasta un extremo del terreno baldío, así que tomé la silla y me fui hacia donde se había ido. Me subí y me asomé para ver si me daba cuenta de que animal era el perro. Estaba parado con el animal en el hocico aún, pero lo raro era que Tommy no había salido en todo el día y que nunca se escuchó el sonido del animal muerto agonizando y además, por lo que vino había ni una gota de sangre, pero unos momentos antes parecía que el perro estaba casándolo. Tomy comenzó a devorar al animal sin piedad, pero de él no salía nada de sangre. Era como si estuviera seco, pero no olía a podrido ni nada. Me quedé en choque hasta que de pronto una voz muy grave y extraña que parecía salir del cielo, comenzó a hablar, pero no se entendía que decía. Eran alrededor de las cuatro de la mañana y nada de lo que estaba pasando era normal. Me metí corriendo a la casa. La verdad no me importó dejar a Tomy afuera, sólo quería estar a salvo. Me quedé pensando en que era imposible que el perro estuviera afuera y más aún en ese terreno porque estaba completamente cerrado. Nadie podía entrar ahí, ni siquiera podía haber saltado, porque con el vidrio se habría lastimado. La voz extraña que provenía desde el cielo en medio de la noche me tenía aterrorizada. No podía entender lo que decía, pero sabía que no era nada bueno. Mi hermana, que había sido despertada por todo el alboroto, salió de su habitación y se unió a mí en la sala. Tommy seguía afuera devorando ese extraño animal sin dejar rastro de sangre. Le conté a Teresa lo que había pasado y primero se mostró un poco escéptica, pero después de buscar a Tommy dentro de la casa, sin éxito, me creyó. Juntas intentamos buscar una explicación lógica a esta pesadilla. Nos asomamos por la ventana, pero no había nada fuera de lo común. Todo estaba en or silencio. Mi hermana Teresa me convenció de buscar al perro. Entonces abrimos la puerta para traer a Tommy de vuelta a la casa, pero cuando miramos al terreno baldío, Tommy ya no estaba ahí. El miedo estaba en mi mente por completo. No podíamos entender cómo el perro había desaparecido. Nos aventuramos fuera de la casa llamando su nombre en vano, pero no obtuvimos respuesta. Nuestros vecinos no parecían haber oído nada. Inusual regresamos a casa aún atemorizadas y confundidas. El perro había desaparecido sin dejar rastro, al igual que el animal que había casado. Pasamos una noche inquieta tratando de entender lo que había ocurrido. No encontrábamos explicación para los sucesos paranormales que habíamos presenciado. A la mañana siguiente. Al despertar, descubrimos que tamiy había amanecido dentro de la casa como si nada hubiera pasado eso, En vez de tranquilizarme, me hizo tener muchísimo más o como era que el perro estuviera en el terreno la noche anterior y por la mañana ya estuviera en casa como si nada. Mi hermana estaba temblando de miedo cuando lo vio dormido en la sala. No sabíamos qué hacer. Aclaro que nosotros queremos mucho a los animales y hemos tenido perros desde que éramos niñas. Es por eso que el comportamiento de Tommy nos parecía tan extraño y fuera de lugar pasaron los días y a pesar de que hacíamos todo lo posible porque lo adoptaran, simplemente no sucedía y había momentos en que se comportaba normal, pero otros en los que no mucho. Por ejemplo, a veces se quedaba viéndome fijamente, pero con los ojos llenos de odio, no con la inocencia de un animal. Mi hermana y yo estábamos desesperadas. Teníamos miedo de que algo peor pasara y si tuvimos razón, la mañana de un domingo estábamos en casa, pues ese día no trabajamos y ese día tampoco encontramos a Tommy por mini ningún lado de la casa, pero tratamos de pensar que seguro estaba escondido. Fuimos a la tienda para comprar algo de desayunar, pero algo nos dejó inmóviles. Tommy estaba afuera en la calle y, además de eso, estaba comiendo algo nos acercamos con cuidado y lo que vimos nos asqueó y nos perturbó demasiado. Estaba comiendo a lo que parecía ser un gato muerto, pero ya en estado avanzado de putrefacción. Sólo era la mitad del gato, pues ya se había comido la otra mitad. De pronto la vecina salió y al ver esa escena, comenzó a llorar desconsoladamente diciendo que ese era su gato, que unos días antes se había salido y no había vuelto. No supe qué decir, pero mi hermana le dijo a la vecina que lo sentía mucho, que nuestro perro de por sí era muy travieso. La vecina fue por una pala y se llevó al animal en descomposición. Lo enterró y nos nos dijo nunda. Nada más. Miré a Tomy con coraje y le dije que se metiera a la casa. Pero, como no hacía caso, mi hermana y yo tuvimos que meterlo cargando entre las dos. Ya no desayunamos ese día porque estábamos enojadas y asustadas. No entendíamos por dónde salía el perro. Además, tenía sentido que los perros no se llevaran con los gatos, pero comerse un gato en estado de descomposición ya era otro nivel. Yo ya estaba cansada, no estaba disfrutando el proceso de mis prácticas y mi hermana no estaba feliz en Mazatlán, pero no queríamos dejar solo a Tomy a su suerte. A pesar de todo, era un animal. Aunque el incidente con el gato muerto dejó claro que algo estaba seriamente mal con él. Mi hermana y yo estábamos asustadas y frustradas sin saber qué hacer con esta situación. Decidimos buscar ayuda. Contactamos a un veterinario local y le explicamos el extraño como comportamiento de Tommy. Él nos recomendó llevarlo a su clínica para un examen más detenido y aunque era un jas que adulto, pensamos que tal vez había algún problema médico que causaba su comportamiento anormal. El veterinario examinó a Tommy y realizó pruebas, pero no encontró ninguna afección médica aparente que pudiera explicar su conducta. Nos quedamos sin respuestas, pero el miedo continuaba. Los días pasaron y mientras seguía en nuestra casa, Tommy ocasionalmente mostraba momentos de calma y otros de extrema agresión. Empezamos a sentir que vivíamos en una constante tensión, sin saber qué esperar de nuestro propio perro. Entonces, una noche ocurrió algo que nos hizo temblar del miedo. Estábamos viendo la televisión en la sala tratando de distraernos de todo lo que había sucedido. Cuando Tommy comenzó a gruñir y ahullar de manera incontrolable. De repente, la puerta de la sala se abrió violenta erra, como si alguien la hubiera empujado con fuerza. Las luces parpadearon y se apagaron. Mi hermana y yo estábamos aterradas y Tommy seguía ahullando. En medio de la oscuridad. Escuchamos pasos y risas que parecían provenir de ninguna parte. Sin pensarlo. Salimos corriendo de la casa, dejando todo atrás, incluyendo a Tommy. Nos resguardamos en una de las tiendas de la esquina y esperamos un buen rato hasta que se nos pasó el susto. Regresamos a casa y Tommy estaba acostado en el sillón, muy asustado. Lo abracé y tratamos de calmarnos. Eran muchas cosas las que estaban pasando, pero no sabíamos qué hacer así que decidimos ir a ver a Doña Belén. Al otro día. Ella era la señora del puesto de tacos quien le había regalado a Tomy, a mi hermana, para que nos explicara quién se lo había regalado a ella o que estaba pasando. Cuando llegamos nos dejó totalmente sorprendidas darme cuenta de que el puesto estaba completamente vacío y su casa también había desaparecido por completo. En ese momento me di cuenta de que eso significaba que algo estaba mal. Cuando estábamos a punto de ir, nos salió una señora de la casa de al lado y nos preguntó si buscábamos a Doña Belén, a lo que nosotros asentimos, nos pidió que nos acercáramos y nos preguntó el motivo. Quizá necesitábamos desahogarnos, porque, sin pensarlo le contamos todo lo que había pasado. Desde que Doña Belén nos regaló a Tony ella se quedó estupefacta y nos dijo que sabía perfectamente lo que estaba pasando. Nos invitó a pasar a su casa para contarnos. Entramos y comenzó a relatar que Doña Belén le había contado que ese perro lo tenían desde que era muy pequeño, sólo que nadie lo veía porque estaba en su patio trasero. Le dijo que habían pasado algunos años con él y todo estaba perfecto, pero que de un día para otro, el animal comenzó a comportarse de maneras extrañas, como si no fuera él. Los días pasaban muy lentos para Doña Belén, para su hija, pues ya era insoportable convivir con el perro. Doña Belén no entendía qué estaba pasando hasta que su hija no aguantó la presión y le confesó que, junto con su mejor amiga, habían jugado con la huija en una pillamada y que todo había salido mal y por lo visto, dejaron entrar a un espíritu que tomó el cuerpo del perro, quien estaba en la misma habitación y desde ese día todo había sido muy complicado para la familia. Es por eso que dejaba amarrado al perro afuera de su casa, hasta que vio la oportunidad perfecta de deshacerse de él y después de eso se mudaron. Quién sabe a dónde Esa revelación me cayó como balde de agua fría. No podía creerlo. Todo comenzó a encajar. Le dimos las gracias a la señora y nos fuimos sin saber qué hacer. Cuando llegamos a casa, plancamos sobre qué haríamos con esa situación y decidimos acudir a un padre para que bendijera nuestra casa y, por supuesto, a Tommy. Más tarde fuimos a la iglesia y le contamos todo al padre, quien quedó de ir. Al día siguiente estábamos un poco más tranquilas al saber que la situación podía resolverse y la verdad en el fondo estaba muy triste por lo que le estaba pasando a Tommy, porque él no tenía la culpa. Cuando llegó la noche, me fui a dormir. Ya habían pasado unas dos horas cuando escuché que tocaban la puerta de mi cuarto salí y era mi hermana quien estaba susurrando que afuera. Se escuchaban unas voces. Le dije que fuéramos a ver qué era. Aunque teníamos mucho miedo, debíamos saber qué estaba pasando. Se escuchaban voces hablando muy bajito. Por un momento pensé que eran mis vecinos nos asomamos a la ventana y nos dimos cuenta de algo horrible. Tommy estaba parado en dos patas y al parecer, quien hablaba era él y estaba frente a un hombre de túnica negra. Nos fuimos corriendo a mi cuarto y nos pusimos a rezar hasta quedarnos dormidas, pidiendo que ya fuera el día siguiente para que llegara el padre. Al amanecer fuimos a la sala y vimos que ahí estaba Tommy durmiendo como si nada. Un rato. Después llegó el padre y comenzó bendiciendo los cuartos. Cuando Tommy escuchó los rezos, comenzó a retorcerse en el piso y a aullar de maneras extrañas. El padre le roció agua bendita y lloró por Tommy, quien seguía moviéndose muy feo y podría jurar que escuché que el perro habló. Fue un tormento ver y escuchar todo eso hasta que, después de mucho tiempo se quedó inmóvil y dio un grito como de humano. Después de eso, el ambiente cambió por completo. Abracé a mi hermana y le dimos las gracias al padre Tommy. Desde aquel día comenzó a comportarse como un perro normal y hasta el día de hoy está con nosotras y nunca más Volvió a comer portarse como antes. Soy muy feliz de haberle quitado ese peso. No fue justo que mi perro sufriera de esa manera. Relato escrito y adaptado por Lis Rajon