Latest / Niebla en el bosque con Evelith von / Le Gané Al Diablo En Su Propio Juego Historias De Terror - Voces De La Noche
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- Familia. También pueden encontrar el contenido en Spotify, Amazon Music y a Paul Podcast. Les dejaré los enlaces en la descripción y en los comentarios. Sin más. Comenzamos hace ya muchos años que sucedió. Lo que les voy a contar fue a mi primo Ramiro, quien vivía en un pequeño pueblo pintoresco de México llamado San Sebastián. Era el típico pueblo, con sus calles adoquinadas, casas de colores vibrantes y gente extraña por ser un pueblo retirado de la civilización. Si se le podría llamar así, ocultaba muchos secretos. El lugar era frecuentado principalmente por aquellos que querían buscar una solución a todos sus problemas emocionales, económicos o conflictos con otras personas. Digamos que era considerado el catemaco de la zona central del país. Lo que les contaré ha sido una historia que ha viajado entre mi familia por décadas. La historia de mi primo Ramiro ha sufrido algunas alteraciones. Sin embargo, yo conservo la versión más pura, pues fue contada directamente por él. Hacia mí se decía que en las noches de luna llena, el diablo llegaba a organizar juegos macabros. A quienes se atrevían. Si le ganaban, les concedería una petición, No importaba lo ridícula que fuera él la concedería, pero sí perdían. No sólo el alma podían perder, sino también la misma vida. Era una leyenda que se contaba en el pueblo a cierta hora de la noche. El pueblo quedaba desierto, pues nadie se atrevía a salir, aunque también había poco alumbrado. El miedo estaba a la orden del día. Mi primo Ramiro tenía tanta curiosidad sobre todas estas historias macabras, pues siempre fue fanático de ellas, así que tomó la decisión de sólo ir a explorar para ver que podía encontrar. Sabía aquel lugar donde se reunía el diablo, era el cementerio del pueblo. Exactamente no sabía en qué punto, pero tendría que buscarlo, Así que una noche se armó de valor, tomó sus cosas y se fue a buscarlo. Al llegar a las puertas del cementerio, hacía algo de viento. Estaba un poco nublado y parecía que la lluvia estaba cerca. El campanario de la iglesia ya había replicado la medianoche y él ya estaba listo para actuar. Sin embargo, no pudo dar un paso más. No es porque no quisiera, sino porque no podía. Había algo que lo detenía. Intentó dar un paso hacia dentro, pero algo no lo dejaba pasar. Era como si de los hombros lo estuvieran deteniendo así duró por varios minutos. No tenía explicación alguna y pensó que quizás su mochila se estaba atorrando con algo. Por eso no lo dejaba avanzar. Las ideas más ridículas se le vinieron a la mente, pero no pudo pasar. Desilusionado, decidió retirarse. Por esa ocasión ya llevaba mucho tiempo, así que decidió que pensaría en otro método para entrar lo malo, es que quizás sólo tendría un par de noches más de luna llena. Las siguientes noches fue lo mismo. Procuró estar antes de las doce para ingresar, pero no lo logró. Aunque se aventara de frente algo invisible, lo sostenía y lo arrojaba al suelo. Fue entonces cuando mi primo Ramiro se percató de que no estaba solo ahí. Estaba un perro observándolo. Estaba sentado en la aceda parecía divertido mirando como mi primo una y otra vez intentaba entrar. Mi primo optó por regresar al siguiente día, pero justo antes de retirarse miró al perro y lo insultó diciéndole que se fuera de ahí. Obviamente, el can no le hizo caso. Mi primo se alejó unos metros, se dio la media vuelta y justo en eso pudo ver cómo el perro atravesó la puerta sin problema alguno. Mi primo regresó con él, pues era probable que ya se pudiera pasar, pero cuál sería su sorpresa que no todo seguía igual. Realmente, mi primo no entendía qué pasaba, pero del otro lado, el perro lo observaba como si con la mirada se estuviera burlando de él. Mi primo tomó la decisión de regresar al día siguiente, pero ahora con un poco de ayuda, pues si no podía entrar pronto, tendría que esperar todo un mes para volver a intentarlo. Tenía a su mejor amiga, se llamaba Carolina y, al igual que él, las historias de suspenso y eventos inexplicables le encantaban. Ella sabía la situación de mi primo, que por mucho tiempo ya tenía en mente entrar al lugar, pero cuando escuchó que mi primo no podía entrar, esto le llamó tanto la atención que le pidió permiso para que lo acompañara. Mi primo ya pensaba pedirle su apoyo, por lo que no se negó a la solicitud de su amiga. Cuando ambos se encontraron en el lugar, mi primo se dio cuenta de que no estaban solos. Nuevamente, el perro estaba ahí con ellos. Mi primo se acercó a la puerta y le mostró a Carolina que no podía ingresar. Ella hizo lo mismo y efectivamente, no podía ingresar. El cielo se aclaró y como si eso le hubiera dado una idea a mi primo hizo algo desagradable. Tomó al perro por sorpresa y lo aventó hacia el cementerio y éste pasó sin problema. Carolina sugirió que quizás los animales no tenían esa especie de restricción. Se acercó y se dio cuenta de que su mano atravesó sin problema a la puerta. Fue cuando miró al cielo y se percató de que la luna había atravesado una nube que la cubría. Carolina comentó que era por la luna si ésta se encontraba cubierta, no había acceso al cementerio. Mi primo, Ramiro, recordó las noches anteriores el cielo estaba nublado y pocas veces había podido ver el resplandor de la luna. Durante esas noches se apresuró a entrar junto con Carolina y por fin tuvieron nr suerte, pues lograron entrar, comenzaron a avanzar. Traían consigo un par de linternas oxidadas, pero funcionales. No sabían por dónde buscar. A pesar de que era un cementerio relativamente pequeño por las noches parecía a otro lugar. El ambiente se volvía cada vez más tenebroso, el viento resonaba y cada sombra que veían a su lado parecía que tenía vida propia. Intentaron no pisar ninguna de las tumbas o tirar algún arreglo floral que les habían dejado. No querían faltarle al respeto a los seres que estuvieran descansando en paz. En algunas ocasiones, mi primo tuvo la sensación de haber visto gente caminando entre las tumbas cercanas. Aunque sabía que podía ser una posibilidad. No era algo usual entre los habitantes de San Sebastián frecuentar el cementerio de noche, pero pronto llegaron a lo que parecía ser un claro. Se dieron cuenta de que, efectivamente, había dos personas más ahí. Mi primo, Ramiro, lo reconoció como el hijo del carnicero Alfredo, de tan sólo unos veintidós años, el cual se alegró de ver. A mi primo y a Carolina les preguntaron qué hacían ahí y é les confesó que iba a participar en los Juegos del Diablo. Tenía varias complicaciones de dinero y no tenía cómo pagar sus deudas. El otro participante no lo conocían, no parecía ser del pueblo y era muy callado, pues no se presentó. Esperaron por varios minutos y nada ocurría. Mi primo sólo quería investigar sobre el lugar, pero no contaba con que hubiera más gente, algo decepcionado porque no pasaba nada. Mi primo le pidió a Carolina que se fueran. Incluso Alfredo estaba por irse con ellos, cuando de pronto entre las sombras se escuchó un ruido. Los pasos de lo que parecía ser un animal grande se escuchaban llegar de pronto una figura imponente terrorífica y de una altura gigantesca. Hizo acto de presencia. Su rostro no parecía ser el de una cabra con enormes cuernos, pero con facciones semihumanas. Su cuerpo estaba cubierto de pelo, mientras que sus manos tenían uñas largas y puntiagudas, pues se trataba del mismo diablo. Mi primo no sabía qué sentir en ese momento si terror o emoción, pero seguro era más terror que nada. No sabía si debía correr o quedarse. Sin embargo, sus piernas no le respondían y no podía quitar la mirada de encima de aquel ser demoníaco ante ellos. No podía creer que en verdad estuviera mirando al mismo diablo. Aquel ser dio un par de pasos más cerca de ellos y con una voz tan grave como de ultratumba, les explicó las reglas del juego. Cada jugador se enfrentaría a sus peores miedos y huir de él sería un juego sencillo, el juego de las escondidas y quien lograra escapar del cementerio ganaría. Pero para aquellos que fueran capturados serían condenados a una vida llena de pesadillas y sufres preguntó si alguno tenía algo que decir y como si fueran liberados de un candado. El aliento regresó a cada uno de los que estaban ahí. Mi primo ya sentía las piernas. Nuevamente, Carolina fue la primera en hablar con voz temblorosa. Le dijo que ella no venía a participar, Ella sólo venía a mirar, y justo antes de que mi primo también dijera lo mismo, el diablo le contestó que, con el solo hecho de poder entrar al cementerio ya estaba participando. El diablo contó un total de cinco participantes. Mi primo se dio la vuelta, pero sólo miró a cuatro jugadores. El diablo levantó su enorme mano y contó con sus dedos de forma regresiva. Con cada dedo que bajaba a mi primo le daba un vuelco el corazón y cuando estaba por llegar a uno, se dio cuenta de que él era el único que se había quedado. Los demás ya habían corrido, incluyendo Carolina. Mi primo corrió como loco tratando de recordar los lugares del cementerio. En sus anteriores visitas pensó en meterse a una de las pequeñas capillas y esconderse para buscar el mejor momento para salir del cementerio. Entonces se dio cuenta de que había una pequeña estancia no muy lejos de donde se encontraba. Corrió hacia ella y se deslizó hasta la entrada. Ahí se quedó esperando a ver qué podía suceder. De pronto sintió un golpe en el pie. Se trataba del otro sujeto que se habían encontrado junto con Alfredo. Le decía que se fuera de ahí, que ese era su escondite. Mi primo trató de tranquilizarlo, pero el sujeto estaba cada vez más alterado hasta el punto de elevar la voz. No tuvo otra opción que alejarse de ahí para evitar que los encontraran. Corrió más no sin antes escuchar un horrible grito de terror a sus espaldas. Se dio la vuelta y se percató de que la estancia donde se encontraban tenía un fulgor intenso de color rojo y mi primo, Ramiro, estuvo tan sólo uno segúndo de perder. No sabía dónde podía estar. Carolina no vio hacia dónde se había ido, pero en ese momento lo que más quería mi primo era salir del cementerio. Quizás sólo le faltaban unos metros para encontrar. La salida fue cuando vio no muy lejos de donde él se encontraba a Alfredo, quien estaba oculto detrás de una enorme tablilla. Mi primo trató de acercarse, pero en cuanto Alfredo notó su presencia, trató de hacerle señas para que se fuera. Entonces se escucharon paso cerca de ellos. El diablo pasó entre las tumbas como si nada, como si se tratara de algo habitual en él. Mi primo contuvo la respiración, estaba algo agitado y de su boca exhalaba vapor. Temía que el diablo lo encontrara. Por esto, por varios segundos, el diablo caminó entre las tumbas y a tan sólo un par de metros de donde se encontraba mi primo, el diablo parecía olfatearlo. La respiración ya no la podía aguantar más, ya tenía que rer respirar y justo cuando ya no podía soportarlo, escuchó que alguien le gritaba al diablo. Se trataba de Alfredo, que de algún modo había logrado escabullirse y ahora llamaba la atención del diablo. A lo lejos con la intención de que mi primo se salvara. El diablo rápidamente fue detrás de Alfredo. Mi primo recobró el aliento agitado y tosiendo logró volver a respirar. Se apresuró como pudo a la entrada. Podía verla a lo lejos. Sí, conforme se acercaba a la salida. Sentía que el aire le faltaba. Esto era demasiado para él. Entonces se dio cuenta de que no era el único cerca de la salida. Carolina estaba tan sólo unos pasos, pero no avanzaba. Ramiro no entendía por qué Carolina se había quedado tan cerca de la entrada y no salía, pues tuvo muchas oportunidades. Fue entonces que lo recordó y miró la luna y estaba cubierta por densas nubes. Entonces no había forma de salir tan fácil, pues estaban nundo atrapados. Mi primo, como pudo, se acercó a Carolina, quien, al verla de cerca, la encontró llorando. Ella le dijo lo mismo. Intentó varias veces salir, pero no lo había logrado. Le contó que había visto cómo el diablo atrapaba a Alfredo y lo sacudía como si se tratara de un conejo recién casado. Esto hizo que a mi primo le temblaran más las piernas y comprendió que había hecho mal en llevar a Carolina a ese lugar. Le pidió una disculpa y le prometió que saldría bien. Los pasos del diablo se escucharon cerca de ellos. Mi primo estaba por sacrificarse como lo había hecho Alfredo por él. Entonces él lo haría por Carolina y cuando estaba a nada de salir de su escondite, escuchó un fuerte ladrido. A lo lejos. Se trataba del perro al que habían metido a la fuerza. El diablo se colocó en cuatro patas y corrió hacia el animal. Fue cuando mi primo se percató de que el perro era el participante faltante. Carolina miró al cielo y se percató de que había un espacio entre nube y nube en el que pasaría la luna le indicó a mi primo que tan sólo esperara y que ambos salieran a lo lejos. Se escuchaba como el diablo agarraba al Khan y lo hacía llorar. De pronto. Todo se iluminó con la luz de la luna llena y fue el momento preciso en que los dos corrieron hacia la salida. Detrás de mi primo. Pudo escuchar que algo trotaba hacia ellos. Se escuchaba el gruñido de la bestia a tan sólo unos metros, pero salieron del lugar justo a tiempo. Ambos se miraron y se dieron cuenta de que habían sido muy afortunados al escapar, mientras que del otro lado de la puerta, la temible figura de la bestia los observaba con desprecio. Se quedaron varios minutos sentados en el piso recuperando el aliento y las energías. La verdad es que hablaron de volver a entrar a buscar a Alfredo, pero el miedo era más grande y no se animaron, así que decidieron regresar cuando hubiera más luz. Esa mañana, cuando ambos llegaron de nueva cuenta a la puerta, se dieron cuenta de que podían entrar como si nada, incluso había alguna que otra persona en el lugar. El primero que encontraron fue al sujeto que había corrido de la capilla a mi primo. El tipo estaba desvariando como si estuviera atrapado en una especie de dimensión oscura. Parecía que estaba condenado a sufrir eternamente. Pocos metros después se encontraron con Alfredo, quien estaba acostado sobre una tumba lo ayudaron a ponerse de pie. Se le podía ver una profunda tristeza en sus ojos, algo definitivamente no estaba bien. A quien no lograron encontrar fue al Khan por más que buscaron. No lo hallaron, así que sólo salieron con Alfredo y al otro sujeto lo dejaron a su suerte, pues no lo conocían. Mi primo se enteró de que días después este sujeto se había quitado la vida. Lo encontraron río abajo desplomado sobre la arena, mientras que Alfredo intentó hacer lo mismo, pero sin éxito. No tuvo más que sufrimiento a consecuencia de sus actos. El tiempo pasó y la historia de Ramiro y Carolina se volvió leyenda. Nadie se había vuelto a atrever a hacer lo mismo. Cuando yo platiqué con mi primo Ramiro y le pregunté que se había ganado, él me respondió nada. No me gané nada, aunque para hacerles honesto. Es uno de mis familiares con mejor suerte económica y una larga vida está cerca de cumplir los noventa años y se le ve bien. Se casó con Carolina, quien está en las mismas condiciones. Ambos lograron vencer al diablo en su juego y si se llevaron su premio, aunque yo creo que no lo ha notado. Relato escrito y adaptado por lengua de brujo